En defensa de que los directores hagan el imbécil

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… Que sería un Post Breve, pero tampoco quiero que la longitud de los títulos de los artículos sea más larga que los de las pelis italianas de los 70. En serio, que hay cosas como “Confessione di un commissario di polizia al procuratore della repubblica”, “Quel maledetto giorno d’inverno… Django e Sartana all’ultimo sangue” o “La moglie in bianco… l’amante al pepe”. A este último le tengo mucho cariño tanto porque el título en español fue “La enfermera, el marica y el cachondo de Don Pepino” como porque mi abuela solía llamarle al coño “El Pepe”, lo que me parece adecuado para una comedia sexual de la época e inadecuado para mi educación como persona preparada para vivir en democracia.

Quizá debería dedicarme a escribir sobre las mayores locuras que han hecho los italianos a la hora de titular (lo de sacar animales porque sí en decenas de giallos es muy divertido), pero realmente me apetece hablar de un deseo por la sordidez. De ponerme nostálgico y un poco abuelo cebolleta con algo que echo de menos. El otro día publiqué un artículo en La Abadía de Berzano, otro de los pocos blogs independientes que, como nosotros, siguen, no al pie del cañón, sino resistiendo debajo de las ruedas esperando que el retroceso les aplaste. La era de la lectura online, amigos, está muriendo.

Y posts como éste no ayudan.

Tal artículo trataba de la película de Albert PYUN “Mean Guns” (lo podéis leer aquí) y en él acuñaba el término innormal “Hacer el Imbécil Bien Entendido (™)”. Se trata de reivindicar la jovialidad a la hora de rodar. De hacer chorradas con la cámara que no tienen por qué tener sentido narrativo, pero que entretienen visualmente. Zooms locos. Travellings pasados de rosca. Ojos de pez. Planos aberrantes porque sí. Algo que últimamente se ve muy poco con algunas excepciones muy puntuales, como cuando le dieron a Michael Bay la oportunidad de jugar con un dron en “Ambulancia”. ¿Cogió Doctor Explosión el parato y se dedicó a hacer planos generales de paisajes con sutiles movimientos ascendentes como el 99% de los cortometrajes actuales que quieren dar Valor de Producción? Claro que no. Bay hizo lo que se le espera y desea de él. Seguro que cuando vio el productor los brutos de rodaje le dijo:

-Qué, Maiquelbey, haciendo el imbécil.
-Nah, estoy aquí dándole dinamismo a la narración…
-Nah, nah, tú estás haciendo el imbécil…
-Bueno, estoy pasando el dron a ras de paredes descendiendo en vertical con gran rapidez para narrar la desesperación de…
-Que sí, que sí. Haciendo el imbécil.

Y yo feliz con ello casi al mismo nivel que viendo a Gyllenhaal sabiendo perfectamente en qué tipo de película está y pasándoselo bien, por supuesto, ejerciendo su derecho nicolascageiánico a “Interpretar Bien Haciendo El Imbécil” (™). Porque echo mucho de menos los tiempos en los que muchos realizadores se dedicaban a entretenerse con planos un poco de dibujos animados que tampoco tenían mucho sentido con lo que se contaba. Pero que me hacían feliz. En el cine de hoy hay cierto miedo a hacer el chorra y a sacarse la chorra. Bueno, eso último sólo metafóricamente, que ahí tenemos a Louie CK y a John Barrowman entreteniendo los rodajes haciendo el molinete. Que yo muy a favor de hacer eso si se cumplen dos reglas: 1.- Que lo hagas sólo si está tu superior delante y deseas un despido fulminante y 2.- Que no acabes de orinar, para así no salpicar. Claro que el supuesto 1 anula el supuesto 2.

En el cine de alto presupuesto hay mucha contención para no llamar demasiado la atención más allá de con algún chiste visual. Las sacadas de chorra metafóricas se quedan para los típicos planos largos hipertrucados en “Guardianes de la Galaxia 3”, “Los Tres Mosqueteros” o “John Wick 3”. Incluso “Tres Colores: Azul”, que a veces los pesados también tienen derecho a divertirse. Perdón, era una parida para poner otra vez la palabra “Tres”: el travelling cámara en mano siguiendo el puño de Juliette Brioche por la pared tiene su sentido narrativo, aunque no puedo evitar pensar que me recuerda a uno anterior de Lamberto Bava en «Demons». Y meter en la misma frase esas dos películas me da tal placer que me gustaría hacer el molinillo ahora mismo y no hace cuatro horas mientras preparaba las hamburguesas.

Puede que esto sea verdad, puede que sea mentira.

Es verdad.

A lo que iba: De adolescente me encantaban las cámaras alocadas. Sobre todo era muy fan de las películas de bajo presupuesto que intentaban molar pillando una steadycam o fabricándose una propia casera. Ya sabéis: Sam Raimi en las “Posesión Infernal” o Peter Jackson con “Mal Gusto” o “Brain Dead”. Hoy en día, sin embargo, los directores de ínfimo presupuesto que largan sus pelis a Tubi o Prime prefieren la contención. Es difícil encontrar cine de terror cutre alocado. Todos quieren ser serios, finos y elegantes para ver si les sale curro de verdad. Algo como la peli de miedo de Winnie The Pooh debería estar penado por ley. No por mala, que lo es, sino por hacerla totalmente en serio a nivel de guion y, sobre todo, de realización.

Sé que el utilizar mil técnicas absurdas mal pensadas en una peli está mal. Que a Jean Pierre Jeunet o a Raimi le saliera no significa que a otros les valga. Pero es que no hay nada ahora. Parece que las nuevas generaciones han perdido la confianza en su Derecho a Hacer el Imbécil. Yo soy defensor de ver de vez en cuando películas idas de olla. Feck: ayer mismo me tragué la de John Woo rodando acción sin diálogos porque ole sus cojones. No siempre funciona el truco en cuestión, pero al menos es diferente y hace que la cosa se eleve por encima de su manida premisa.

Entiendo que esté mal visto. Durante una época, ver cualquier cosa rodada barata con planos locos recordaba más bien a cortismo de la peor calaña. A menudo con chavales de esos a los que no se les une el bigote con la barba vestidos de traje llevando maletines fluorescentes y haciendo tiros acrobáticos tras haber visto diez veces “The Killer” de Woo. Feck, recuerdo la muy olvidada película de Christopher Guest (Mr Lee Curtis, Conde Rugen y, of course, Nigel Tuffnel) “The Big Picture” en la que aparecía un concurso de cortos de recién graduados en el que parodiaba de puta madre los estilos. Uno de ellos, por supuesto, era en blanco y negro y estaba lleno de planos aberrantes. De hecho, ese plano en particular es el más jodido de usar, porque ha quedado denostado, ahogado, desollado, pasado por la turmix, alimentado a un perro, cagado y usado para abono por culpa tanto de ese cortismo como de “Campo de Batalla La Perra” y “Thor” de Kenneth Bragas. Pero anda que no mola en “Rápida y Mortal”, el ejemplo máximo de Hacer Bien el Imbécil jamás perpetrado en una superproducción. Todo en esa peli es una locura de realización destinada a que cualquier crítico con criterio y sin él se arranque los ojos. Pero yo soy muy feliz viéndola. No querría que todo estuviera rodado así, claro. Pero varias al año no vendrían mal.

Top de hacer lo que te sale de la chorra de alto presupuesto, con permiso del Frankenstein de Branagh

Yo más que nadie entiendo el miedo a hacer estas cosas. No solo porque veo para la sección oficial muchas pelis amateur rodadas como si fuera un vídeo de tik tok (que sospecho que por ahí está parte del problema), sino por dolorosa experiencia personal. Mi primer corto, que nunca veréis, estaba lleno de planos absurdos, incluyendo un travelling de acercamiento (en silla de ruedas, claro) hacia Mariano Peña recorriendo unos tres metros de pasillo a toda velocidad entre que saca el teléfono y habla.

Acabando en contrapicado, POR SUPUESTO. Eso sí: le falta el bigotón.

En el segundo colgué la cámara de dos cuerdas que, al soltarse, hacían que bajara en picado girando 360 grados. Pero cuando llegó ‘CineBasura: La Peli”, Miguel Ángel y yo tomamos la decisión consciente de no hacer el tonto. De rodar justo como lo que denuncio que ya no pasa: siendo contenidos en la realización con el fin de que los planos estuvieran al menos en foco y no temblara la cámara para alejarnos del aspecto amateur que sabíamos seguro que iba a tener la peli. Que una cosa eran los planos y efectos rodados a propósito cutres y otra cosa que TODO fuera demasiado cutre.

Por lo tanto, puedo empatizar con los ultra low cost que se contienen, sobre todo en la era digital en la que, con un manejo decente de DaVinci se puede tener un look decente de imagen. Pero me arrepiento y animo a otros a no seguir siempre ese camino. Y sobre todo no se lo perdono a los que sí tienen un poco de presupuesto. Directores: ¡Liberad a Willy! Esto es, sacaos la chorra (una vez más, metafórica) y haced el imbécil al menos en una peli. En lugar de hacer Ese Drama Intimista Para Ganar Respeto Crítico, rodad una estupidez flipada en un par de semanas. Que igual os sale como a Uwe Boll (que puso en práctica la máxima de Aquí se viene a molar y a la lógica narrativa la dejo KO en “House of the Dead”) y queda lamentable, pero igual podemos volver a tener un “El milagro de P. TInto” o un “Ejército de las Tinieblas”.

Así que salid a la calle. Liad a vuestros amigos. Poned el ojo de pez, cortadle una pata al trípode, pillad el dron a ras del suelo para poner en peligro la seguridad pública, abusad del zoom cual gobierno de Israel con Palestina, montad la cámara en patines, rodad planos con el cámara haciendo el pino puente y, sobre todo, no hagáis humor negro sobre ciertos conflictos bélicos que confirmen que no sólo estamos en la edad de la muerte del cine, sino también en la de cerrar blogs.

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