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Cuando las bandas sonoras tenían versiones disco

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La música disco es a la cultura lo que el bigotón es a la estética personal: sórdido, sí, pero alegre y una fuente de personalidad arrolladora. Ayer mismo vi mi gag favorito del año en “Weird: The Al Yankovic Story” (estoy en ello, estoy en ello) cuando el protagonista da un concierto vestido de amish sin bigote y, al terminar, se quita la barba falsa y el maquillaje que cubría el BIGOTÓN.

Pero, claro, es que no es casualidad que la música disco y el bigote sean hermanos: la imagen básica de este subnorgénero está aquí:

My name is Giovanni Giorgio, but everybody calls me… GLORIOUS BIGOTÓN

Claro que Giorgio Moroder no inventó el disco. De hecho, es un tipo de música que surgió sobre todo en EEUU de discotecas (porque tampoco se partieron mucho la cabeza para ponerle nombre) en los primeros 70 y la cosa se extendió por Europa, el mundo y, posteriormente como veremos, ¡la galaxia! Se trataba de una música de baile con numerosas influencias, pero básicamente eran canciones en 4/4 (esto es, pum-pum-pum-pum en lugar del hoy en día más popular atún-con-pan) acompañado de una base prominente de bajo y arreglos de metales y cuerda, algo de guitarra y, más o menos gracias a Moroder, sintetizadores.

O, resumiendo, la gloria (Gay-nor) musical.

Porque, aun siendo un tipo de música repetitiva, la variedad de arreglos, el énfasis en la melodía, las lentejuelas y, sobre todo, que a veces se bailara con patines, hace que sea uno de los fenómenos sórdidos más importantes de toda la historia de la humanidad. Uno que, desgraciadamente, fue destruido porque la gente no sabe ser alegres (y, un poquito, porque algunos no quería que negros y gays se divirtieran más de la cuenta, no fuera que se les ocurriera tener ideas subversivas como ser felices y tal).

Pero aquí no hemos venido a hacer un repaso de un género musical que duró lo justo para darnos ‘Last Train to London’ y a Paco Fox haciendo la coreografía de ‘Y.M.C.A’ de los Village People en cualquier sitio (bares, la calle, velatorios, oficinas de Hacienda…). Si estáis en Vicisitud y Sordidez es para descubrir los límites a los que puede llegar una moda y, cómo siendo explotada hasta el absurdo, nos da chunguez que alegra el cuerpo y mata al cerebro como media botella de jagger. Que es lo mejor a lo que se puede aspirar en estos inicios tan accidentados de década.

Cuando un género musical se hace famoso, el primer signo de decadencia y vergüenza ajena es que aparezca en publicidad. El segundo y primer escalón para invocar a Satanás es que dicha publicidad la canten niños. El tercero es que sea adoptado por Hollywood. Por ejemplo, este año nos ha dado el placer de ver en pantalla grande a Bad Bunny y que le peguen un tiro a los 5 minutos, lo cual es lo más alegre que se ha podido ver en salas en este 2022.

Por supuesto, la música disco llegó al cine rapidito. Hay que tener en cuenta que mucho funk que está en los orígenes del género ya estaba bien asentado en el cine urbano y la blaxploitation, así que tampoco era de extrañar que todo acabara con grandes musicales en los que Gene Kelly saltaba sobre gente en, sí, patines al ritmo de la ELO y Steve Gutenberg con, sí, bigotón bailaba disco con The Village People y Bruce Jenner (en serio: TENÉIS que ver ‘Can’t Stop The Music’, uno de los grandes olvidados del cine-colonoscopia).

Pero tampoco voy a hablar de eso. Aquí estoy para escarbar un poco más. Para presentar el segundo escalón de invocación a Satanás que fueron tanto las bandas sonoras disco para películas que no tenían nada que ver con lo urbano ni el thriller, así como las versiones sórdidas que se hicieron de los temas más populares de los blockbusters de la época. Porque, aunque os parezca mentira a los que no habíais nacido cuando se estrenó ‘Hackers: Piratas informáticos’ o la mucho más importante ‘Showgirls’, hubo una época en la que salías del cine tarareando el tema principal de las películas.

Cuando se habla de música disco y sordidez cinematográfica, lo primero que se viene a la cabeza de los que han investigado un poco en el tema o aquellos que estaban vivos y no se cagaban en los pañales en los 70 es un nombre: Meco.

Meco Monardo, te pego un meco y me comes el nardo

Meco es el autor del atentado disco más popular de todos los tiempos. En su LP “Star Wars and other Galactic Funk” demostró su maestría en lo que pocos seres humanos pueden dominar a este nivel: provocar vicisitud hasta el punto de date una palmada en la frente tan grande que te salga la mano por la nuca como si estuvieras en “Terrifier 2”.

Lo glorioso es que su versión del tema principal de John Williams (así como otros de la peli un poco más adecuados para hacer el imbécil como The Cantina Band) vendieron a espuertas. Tan popular es que años después fue convenientemente parodiado por uno de los vídeos más vistos de todo YouTube. A ver si lo pilláis:

Efectivamente: la promo del BluRay de Guardians of the Galaxy 2 con David Hasselhoff y Karen Gillan (y los demás, que me dan un poco más que igual porque no son héroes de la canción en alemania ni escocesas pelirrojas) estaba inspirada en esta… cosa. Demostrando así que James Gunn, el autor del homenaje, es un onvre de bien al que todos tenéis que querer y por el que también debéis rezar porque ahora está al mando de DC bajo las órdenes de un psicópata trumpista que igual acaba en la cárcel de todas maneras por haber dado datos de abonados inflados de HBO Max.

Y ya se sabe: una vez que encuentras una fórmula ganadora que te permite comprarte un Pontiac Trans Am Firebird para imitar a Burt Reynolds (¡y quién no querría eso!), pues la repites una y otra vez. Joer: ni siquiera tienes que salirte de John Williams y la temática espacial:

Meco había encontrado un filón publicando estos discos con una subsidiaria de Casablanca Records, la principal discográfica del género que llegó incluso a intentar hacer una peli sobre Dazzler, la superheroína disco que el mundo necesita hoy en día más que la tontada de ‘Wakanda Forever’. ¿Qué hacer a continuación? Pues sencillo: si bien el disco entonces era la Música del Futuro (™) y quizá se podría justificar en un entorno de naves espaciales, tampoco está de más que invadiera el pasado. Para Meco, como para Albert Pyun, el tiempo y el espacio no existen y, por supuesto, un héroe pulp de los años 30 TAMBIÉN puede reimaginarse bailando con pelo afro en Studio 54:

Pero, claro, nuestro héroe no quería ser arreglista de un solo compositor. Es casi como ser terrorista y quedarse atentando siempre en el mismo barrio. Bueno: lo de este señor era terrorismo sin el ‘casi’. Porque luego le tocó el turno de bombardear a base de hard casio a ‘El Mago de Oz’ porque no hay nada que te haga gritar más la expresión “¡PERO QUÉ FANTASÍA ES ESA!” que pensar en Judy Garland con unos arreglos de sintetizador que parecen movimientos intestinales de un chihuahua:

Mientras que Alcalá-Meco intentaba que no lo metieran en la cárcel del decoro, otros aprovechaban el reguero de pis que él dejó. Porque cuando alguien tiene éxito en una empresa terrorista, le salen copiones por todas partes. Versiones disco de temas rock había bastantes, pero ningún éxito del cine estaba a salvo de un buen single para ir a bailar con pantalones campanas mientras te metías cantidades ingentes de droga. Que la gente se cree que la era disco era todo alegría y buen rollo, pero los que hemos visto ‘Fiebre del sábado noche’ sabemos que es chunguez y felaciones poco apasionadas. Sí, amijos: que la nostalgia no os engañe. Esa peli era chunga. Eso sí, habría dado por lo menos todo el dinero que tengo en la cartera ahora (25 euros, que al fin y al cabo tras la pandemia se paga todo con tarjeta) por ver a Tony Manero al ritmo de… LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ:

Claro que lo que me toca más el corazoncito es jugar a ser dios y realmente dar el tercer paso para invocar a Satanás con zapatos de plataforma cuando haces disco… en el cine de terror. Que algunos conoceréis la maravillosa banda sonora de ‘The Visitor’ gracias al Videofobia que hice hace años sobre esa obra maestra del EN QUÉ COJONES ESTABAN PENSANDO. Pero, si bien las influencias estaban allí, no se trataba de música para llevar a las discotecas. Cosa que vinieron a arreglar algunos desaprensivos a los que el poder de Cristo les obligaba a hacerle esta colonoscopia involuntaria a Mike Oldfield y su Tubular Bells, cuya obertura, como muchos sabréis, es bastante más conocido por ser el tema de ‘El Exorcista’. Así que ahora pensad en Reagan potando, pero mientras mueve las caderas a ritmo de violines funk:

Lo gracioso es que posiblemente sea la mejor versión de toda la lista. Para que veáis que cuando alguien se echa un zurullo en mi músico favorito yo sólo puedo aplaudir si el resultado, aun siendo un mojón, es al menos un perfect.

Más chunga y machacona es la versión de un nota llamado Capitán Zorro (Cap Fox para los amigos, si es que le quedó alguno tras obligarles a escuchar esto) de una de mis pelis de terror favoritas: ‘Phantasma’ de Don Coscarelli. Que digo yo que una cosa de terror onírico en la que nadie sabe qué es real y que son pesadillas lo que no necesitaba especialmente era venirse arriba en una escala mayor y tener metales de fondo. O sí, que al menos la bola esa de los pinchos que taladra cabezas era de ese material:

El terror disco sólo nos dio una película que yo sepa: la descomunal ‘Prom Night’, en el sentido del descomunal ataque de risa que te da la secuencia de baile de Jamie Lee Curtis pensando “Por dios, que llegue ya ‘Entre Pillos Anda El Juego’, que tengo mi carrera en el retrete. El retrete estropeado de una estación de servicio”. Sin embargo, sí que hubo un señor empeñado en meter disco en el género, sea en partituras propias o en versiones de otros compositores en vinilos que perpetraba como amenaza al mundo:

De hecho, vio el futuro del terrorismo

Lalo Schiffrin, conocido por todo el mundo por el tema principal de ‘Misssssssión Imposssssible’ y por mí por su bastante ciclada y chunga banda sonora de la serie de ‘El Quijote’ de Gutiérrez Aragón, era un prolífico compositor que durante una época abrazó con la fuerza del converso el sonido disco para sus composiciones cinematográficas, como toda la banda sonora de ‘Rollercoaster’, la peli de catástrofes más olvidada de todas, pero en la que salían Sparks en su etapa Glam Rock.

Pero mucho más conocido es su trabajo para ‘The Amityville Horror’, esa saga que, al estar basada en una historia de dominio público, hoy en día nos está dando una fiesta de pelis de presupuesto ‘medio bocata de calamares’ como, y os juro que no me invento esto, ‘Amityville en el Espacio’. Pues bien: el bueno de Lalo hizo una versión disco del tema principal, una maniobra comercial que más bien podría considerarse como maniobra militar por lo ofensivo del resultado:

Que no fue el único en perpetrar estas maravillas sórdidas, como veremos más adelante, pero sí el que más reincidió. Porque además de otra disco-zación de la música de ‘King Kong’ de John Barry, también atacó al viejo conocido ya de este artículo John Williams:

Que digo yo que hay que echarle mucha imaginación para convertir en música de baile precisamente esa partitura, pero qué sabré de lo que el público discotequero de la época quería. Bueno sí: Cocaína. Quería cocaína. Que igual era lo que estaba tomado Marvin Hamlish, ganador de tres Oscar, cuando decidió que lo que necesitaba James Bond para adaptarse a los 70 era una versión con wah wah del tema más famoso del cine de acción. Que el antes nombrado Barry arregló el tema de Monty Norman para la generación que llevaba gorro y chaqueta. Había que adaptarla para los que llevaban camiseta abierta y cuellos con los que podrías planear como si estuvieras en una secuencia de apertura de una peli de 007:

Pero a lo mejor os creéis que lo de las versiones disco se acabó con el movimiento ‘Disco Sucks’ del 79. Y casi que sí. Pero nos quedaron un par de héroes que pensaron que la tradición debía seguir en los 80. Al fin y al cabo, lo de meter singles en bandas sonoras estaba de moda (en parte gracias precisamente a Don Simpson y, atención porque aquí es cuando se nota que me gusta que los artículos se vayan cerrando con referencias a su inicio, Giorgio Moroder con su ‘American Gigolo’). Pero cuando una canción no pegaba mucho con el tipo de filme a promocionar, siempre estaba la opción de intentar hacer una versión… digamos ‘popular’ del tema principal. Y le tocó a James Horner para, of all films, ‘Star Trek 3: En busca de Spock’. Que digo yo que no sé por qué Paramount esperaba que la gente saliera del cine y, en lugar de ‘Don’t You Want Me’, quisiera escuchar en su discoteca preferida esto:

¿Matarían al dj? Quizá, pero sólo si antes había puesto “Do They Know It’s Christmas”.

Claro que me dejo para el final del artículo mi preferida de todas. Imaginad a un chaval que va con el miedo en el cuerpo al cine a ver cómo atraviesan con machetes y horcas a adolescentes anormales… ¡pero en 3D! Te pones tus gafas polarizadas y, nada más entrar los créditos, ya te cagas encima. Pero no por el terror de Jason Voorhees, sino por escuchar… los créditos:

Esto, queridos lectores, es el terror de verdad y no ‘Halloween Ends’. ¿Queremos que vuelva la moda de hacer versiones de baile de temas de filmes? Sin duda, pero para eso tendría que haber temas de películas decentes, y el cabrón de Hans Zimmer ya se preocupa de que eso no pase. Con lo que ha sido él: sus colaboraciones con Mecano, Miguel Bosé y el peor y menos exitoso ‘charity single’ de toda la historia, ‘Doctor in Distress’, todavía nos recuerdan que hay un sórdido escondido en el pequeño corazón del alemán.

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