cultura

Una breve historia de fantasmas

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Aquí Paco Fox: Vuelve Hellen Lasombra al blog para contarnos una breve historia de muertos que comienza en tiempos en los que la medicina era peor que no hacer nada y acaba en BUROCRACIA, que es algo que da muchísimo más terror. Os dejo con ella:

Hace tiempo le comenté esta anécdota al bueno de Paco que me comentó “¿y porqué no la escribes en el blog?”. Era esto o currarme un post sobre grandes personas de la historia de la música con un soggoth estomacal: Ringo Starr, Richard Harris, Kurt Cobain, Prince, Paco Fox…

Es muy cortita, así que intentaré hacerla amena, aunque es posible que muchos ya la conozcáis.

Corrían los años 2000, no recuerdo exactamente el año, y yo andaba en la Escuela de Trabajo Social donde, por frikismo absoluto y sin ser consciente de ello, me cogí todas las asignaturas de medicina- clínica- biología- psicología- campo de la salud que podía. De hecho, me cogí una ese año que se llamaba “Fundamentos teóricos de las drogodependencias”, la cual hizo que en la puerta de la secretaría de la Escuela pusieran un hermoso cartel de “LA ASIGNATURA FUNDAMENTOS DE LAS DROGODEPENDENCIAS NO TIENE PRÁCTICAS”. Por algo sería.

La cosa es que se me acabaron las asignaturas de campo biológico y me tuve que coger una de libre elección y elegí el campo del derecho porque “abogadaaaaa solteraaaaa, lucha por su clienteeeeee” y resultó una asignatura más fascinante en las clases que en contenido. El contenido era la Ley 5/2000, que para que no la busquéis, es la famosa ley del menor infractor que ha sido parcheada hasta la saciedad y en la que no me voy a meter, porque para qué. La cosa es que la profesora que teníamos era una mujer maravillosa que no paraba de contar anécdotas explicativas sobre los conceptos básicos de derecho penal. Era como el cuentacuentos pero legal y que sabías que las creepy historias que te contaba ERAN DE VERDAD (y casi siempre moría alguien). Eran clases muy divertidas y colaborativas, un poco “diseña tu propio asesinato” (aún recuerdo sus palabras de “anda, qué considerada eres”, por sugerir la sedación pre- asesinato, por aquello de quitar el ensañamiento de la ecuación y reducir la condena). Esta profesora, de hecho, fue asesora legal en un famosísimo programa televisivo, cosa que nos hizo constatar un hecho que, poco a poco, dejó claro en las clases: ESTA MUJER HABÍA VISTO DE TODO.

Things you wouldn’t believe

La cosa es que nos contó la que nos pareció el proceso- sentencia más fuera de lo común de la jurisprudencia española de todos los tiempos. Os pongo en situación: Como sabéis Madrid tiene un mogollón de museos que, si eres buen madrileño, no los has visitado si no es porque el colegio te ha obligado a ir. Y uno de ellos es el famoso Museo de arte contemporáneo Reina Sofía.

El museo Reina Sofía era un albergue allá por el siglo XVI. Aquí tengo que hacer un inciso de historia de trabajo social a título explicativo: Los hospitales empezaron como lo que ahora conoceríamos como albergues para personas sin techo. Sí es cierto que podían establecerse algunos cuidados médicos, pero normalmente, los sin techo iba a dormir y en una de sus alas, incluso a morir, porque no tenían otro sitio. Un siglo después, Carlos III ese señor que, como Ágatha Ruiz de la Prada en La hora Chanante, no podía parar de crear, cambió el albergue por lo que sería el Hospital General, donde debido a las guerras, epidemias y demás, seguían muriendo personas que se consagraban a la Virgen de los pobres. En algunos momentos el hospital se vio tan superado, que tuvo que enterrar a personas en los sótanos de sus dependencias.

Y de aquí nace la leyenda de que El Reina Sofía esté lleno de almas en pena y fantasmas.

Bien, pues aquí empieza la movida. Por los 60’s el edificio quedó protegido por aquello de que era una construcción histórica y se pensó en reciclarlo para el bien, así que se empezaron las obras de remodelación y claro, ahí salieron más huesitos que de la fábrica de Valor, lo cual hizo que se tuviese que movilizar hasta a la archidiócesis para levantar cadáveres y darles un poco de metal brasileño: Sepultura (badumtsssss).

La cosa es que cuando empezó a funcionar se dice que se oían portazos, los ascensores se subían y bajaban solos, se oían gritos sin venir a cuento… y claro los vigilantes estaban un poco de los nervios. Unos dicen que fue el fantasma de una persona asesinada durante la guerra civil, al que se llamaba Ataulfo, por una coña de uno de los obreros durante las obras de remodelación, que ya vivieron los primeros problemas con los seres del más allá. Por lo visto, que un obrero decía que Ataulfo era como su hijo: “sólo salía por las noches para montarla”. Otros dicen que era el fantasma de Pablo Picasso, que no estaba muy contento con que el Guernica anduviese en ese museo.

La cosa es que uno de los guardias de seguridad terminó con una baja por depresión por el tema de los fantasmas y quiso denunciar al Museo por haberle provocado una incapacidad laboral. El sarao, digno de la fórmula A38 de «Las 12 Pruebas de Asterix», fue el siguiente: el buen señor se presentó en el ministerio de cultura diciendo que quería denunciar y el Ministerio dijo que nones, que dicho museo tiene sus competencias delegadas a la Consejería de Cultura de Madrid. Así que allí que se fue para plantear su queja.

Cuando llegó le dijeron que estaba muy bien, pero que el museo seguía siendo propiedad de sanidad, con lo que la denuncia se tenía que interponer contra la consejería de Sanidad. El hombre, intentando no desanimarse, hizo acopio de fuerzas y planteó su denuncia contra Sanidad, que le respondió con un “ya, pero esto va de fantasmas. Y los fantasmas van por MEDIO AMBIENTE!”.

Sí, por lo visto, los fantasmas van un poco como las energías renovables. Debe ser por aquello de la sostenibilidad.

Si os pensáis que el señor se rindió y no fue a la consejería de Medio Ambiente a poner la denuncia, estas requeteequivocados. Tenía depresión, pero también una misión divina, como los Blues Brothers, y fue, vaya si fue. Y sí, se admitió a trámite la denuncia.

De verdad que he intentado encontrar la sentencia completa porque es una fantasía judicial, pero está perdida en los oscuros sótanos de internet, pero más o menos lo que viene a decir es que «En virtud del Estatuto de Autonomía, la Consejería carece de competencias en fenómenos paranormales».

Llegados a este punto, tomémonos un minuto de reflexión para pensar en el juez o la jueza del caso que, viendo el percal, llamaron a algún compañero de profesión preguntando si sabe algo de legislación sobre fenómenos paranormales. Porque claro, si no hay ley, hay que aplicar la costumbre, sino los principios generales del derecho (que ya te digo yo, que es poco posible que traten de esto) y luego ya, la jurisprudencia. Y eso supone saber si existe alguna sentencia que regule el mundo fantasmagórico.

Claro, eso te deja más patidifuso que los resultados de los Battle Royale (y ambos son producto de la corrupción si se piensa detenidamente: unos de la corruptela de resultados y el otro de cadáveres…).

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