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Ente Onvre: Eduardo Castejón

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A medida que me hago mayor se me pone la barba más blanca y se me va descolgando lo escrotal. Pero también me hago más sabio. Esto es, que paso de ser un señor con mentalidad infantil a ser un señor con mentalidad infantil que a menudo reflexiona sobre ello. Tales momentos de introspección, que como todo el mundo sabe ocurren en el retrete, me han llevado a tres conclusiones claves:

  • Que me toca limpiar ya el baño
  • Que la mayor parte del tiempo la sabiduría popular es una simplificación acrítica de la realidad
  • Que a veces la sabiduría popular también acierta.

Una de las ocasiones en las que hay que hacer caso al refranero es con el ‘ande yo caliente y ríase la gente’, lo cual, además de describir mi estado habitual de decir idioteces cada vez que veo a mujeres de ojos bonicos, se puede traducir como “Yo voy a hacer lo que me salga de los cojones por la risa y eso está muy por encima del qué dirán”.

Esto entronca con mi anterior artículo, en el que defendía que la risa está por encima de ideologías. Hoy voy a hablar de que el grabar una obra audiovisual casi sin dinero simplemente porque te da la real gana de disfrutar del proceso es una de las cosas más bellas que puede hacer el ser humano sólo comparable con montar una rave gay de inmigrantes menores delante de la sede de Vox dando besos apasionados a todos los que salen.

Eduardo Castejón es nuestro héroe de hoy. Es de las pocas veces que escribo en la saga de Ente Onvre sobre alguien a quien conozco personalmente, pero la oportunidad es clara: va a venir a Madrid para la próxima CutreCon que se celebrará del 23 al 27 de febrero. El motivo: presentar una de las obras a concurso.

Y es que, por si no lo sabíais, este año se me ocurrió que hubiera una sección a concurso en el certamen. “Pues lo de ver las películas que manden te lo tragas tú”, fue la respuesta del resto de productores del evento. No les culpo. Ha sido doloroso.

Al final algunas me las comí yo con Juan Pérez y otras Jordi Seagal y de ahí salió la selección de cinco cintas definitivas (seis en un principio pero una se retiró al ver el nombre el festival). Pero yo ya tenía claro desde hace más de un año que había una que quería sí o sí: la grandísima, maravillosa, incomparable, condoscojónicas “L.J. Detective”.

Que es una serie, no una peli.

Pero, como suelen decir en los platós de porno cuando a alguien le meten algo de más de 5 cm de diámetro por el culo, vayamos poco a poco y con calma.

Eduardo es un actor de esos que no se conforma con estar delante de las cámaras, sino que ama tanto el audiovisual que le gusta también eso de dirigir. Tras estudiar interpretación, comenzó a aparecer en varias series y en los sueños húmedos de varios habitantes de Oviedo. Porque Eduardo es el Keanu Reaves astur:

“¡Vaya, pero si es 47 Ronin, La Leyenda del samurai!”

Inciso: lo del pie de foto es un diálogo de “L. J. Detective” cuando un abogado o comisario (no lo recuerdo muy bien) se encuentra con el personaje protagonista. ¿Que podría haber dicho “El Keanu”? Sí. ¿Que podría haber dicho “El Neo”? También. ¿Que podría haber dicho “El John Wick”? Pues no, porque esto se escribió antes. Pero ya entendéis lo que quiero decir: que la serie sabe a lo que juega y Castejón lo explota como un campeón porque (todos juntos): la diversión haciendo lo que te sale de los huevos está por encima de todo. Sobre todo de los diálogos naturalistas.

Castejón, sin embargo, no se conformó con sus papeles en series. Había que lanzarse a hacer algo. Total, que la vida es corta y hay que echar el rato. El rato largo. Porque nuestro héroe no decidió hacer una película low cost como otros más cobardes que escriben esto. No. Vivimos en un mundo en el que a todos los modernos les da por repetir el sanbenito de “Las series son el nuevo cine”. Que algo de razón tienen, pero suelen tan más pesados y evangelizadores con la cantinela esa que parece que a continuación te van a convencer en que las criptomonedas son el futuro.

Por lo tanto, Eduardo decidió meterse a producir y rodar una serie. No un episodio piloto: Una serie entera. Sin distribución apalabrada con ninguna televisión ni plataforma. Pero, atención, que viene triple salto mortal con la chorra fuera haciendo teabagging sobre toda la humanidad que no tiene sus portentosos cojones:

Rodó DOS temporadas completas.

¿Qué es esta maravilla? Pues se titula, como he comentado, “L. J. Detective”. Lo de L. J. es por el nombre del protagonista y ya sólo cuando os diga lo que significan las siglas sabréis que llamar “pulp” a la serie es quedarse corto por dos Bernabeus de distancia: Es LATIMER JUSTICIA.

‘Amos a ver. El justiciero de la noche se llamaba Paul Kersey, que se te queda en la memoria, pero poco más. ‘Ace Ventura’ ya está algo mejor, pero le falta un punto: concretamente, sonar a un escritor de novelas del oeste que metido a bengador gusticiero en sus horas libres. Vamos: a molar por molar. Latimer Justicia, como nombre de personaje, está en la misma liga que ‘Pussy Galore’, ‘Snake Plissken’ o ‘El Conde Mor’.

Lo sorprendente del asunto es cómo resultó la locura. Cuando llegó a las manos de Juan Pérez y mía a través de un amigo común al que contactó el propio Castejón, no dábamos mucho por lo que nos disponíamos a ver. ¿Una serie rodada con poca pasta con, atención, 20 episodios de 40 minutos cada uno? Esto iba a ser paupérrimo, pensamos. Pues no. Atención:

Efectivamente: no sabemos cómo, la cosa está llena de cochazos, mansiones, planos espectaculares y, por supuesto, un desparpajo que nos hizo aplaudir sin parar. Porque sí: los actores son lo que son. El doblaje de acentos inventados es la risión. Pero aquí hay verdadera pasión. Verdadero amor por el audiovisual y una sensación de diversión como pocas veces he visto en la pantalla. Allí nadie estaba intentando hacer La Obra definitiva. El objetivo era un «Corrupción en Asturias» con Keanu Reeves en lugar de Sonny Crockett. Y con mil personajes en el primer episodio que es casi imposible de seguir, tiros cada dos por tres porque para eso hemos venido y señoras en ropa interior en la nieve porque POR QUÉ NO.

TÓ CASUAL. ¡Andy Sidaris: aprende de Eduardo Castejón!

Nos quedamos tan atrapados por el arrojo de Castejón a la hora de hacer la serie que teníamos que ponerla en cine. Aunque fueran un par de capítulos. Porque, a estas alturas, todavía no sé cómo continúa la trama, pero no importa: el arranque es pura diversión digna de la CutreCon y de lo que me gusta a mí en el cine sin pasta: las ideas locas que surgen de la pasión de un equipo entregado. El ansia de molar de la serie es tan gigantesca que hasta se refleja en los títulos de los capítulos. Atención a cómo acaba la segunda temporada:

Capítulo 17: El principio del fin (vol 1)
Capítulo 18: El principio del fin (vol 2)

Y ahora viene el momento que, mirando la pantalla del móvil mientras leía la IMDB, aplaudí tanto que casi la rompo:

Capítulo 19: El fin del principio (vol 1)
Capítulo 20: El fin del principio (vol 2)

Aprende, Uwe Boll. Castejón sabe molar más que tú y tiene un sentido de la ironía que el alemán nunca podrá alcanzar. Porque, al igual que Boll, Bay o Emmerich, nuestro onvre ha realizado una obra con el objetivo de entretener a través de la molonidad. La clave es que, con sus limitaciones, él, como se dice en inglés, tiene la lengua firmemente en la mejilla del público (que las frases hechas son raras en todos los idiomas, pero por favor que alguien me explique cómo se llega para decir “irónico” a la imagen de alguien lamiéndote la cara… los ingleses son raros en sus preferencias sexuales y no me extraña viendo a las inglesas)

Al final, nos pusimos en contacto con Castejón, que nos visitó en la pasada CutreCon para ver el ambiente. Porque, claro, todo el mundo sospecha de un certamen con ese nombre. El buen onvre resultó ser, además de petable, un tipo muy amable que accedió a presentar una sesión disfrazado de Keanu Reeves. Comimos un par de veces juntos y me encantó cómo realmente tiene pasión por divertir al público y quiere que su obra se vea aun siendo consciente de sus obvias limitaciones. Esto es, alguien que se ha lanzado sin red a hacer una locura como si condujera un autobús que no puede frenar. Pero en ente vloj amamos a los locos apasionados y vosotros, si podéis ir a la CutreCon (entradas aquí) o ver la serie luego (hay planes para que esto pueda pasar) también podréis amar a un nuevo ídolo de la sordidez nacional. Porque, como dijo el sabio, nadie se folló a la chica más guapa del instituto siendo tímido. En la BIDA hay que tener valor y arrojo como Castejón y que te la traiga muy muy floja el qué dirán. Que ya lo dice la sabiduría popular:

Ande Eduardo aplaudido por el público tras dos horas de diversión y ríase la gente.

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