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Cine Colonoscopia: La búsqueda de Kibris, La ley del equilibrio

4.9
(98)

Para muchos, la gran película perdida porque su autor no quería que se viera es ‘El día que el payaso lloró’, la obra sobre el Holocausto de y con Jerry Lewis que se dice que contiene el peor error de cálculo de equilibrio entre comedia y tragedia desde que Puichimón declaró la Independencia y lo retiró a los cinco segundos. Según parece, una vez fallecido Lewis, la película podrá por fin verse pasado 2024 si llegamos vivos y tal. Y seguro que no es para tanto.

Sin embargo, los fans del cine extraño (bueno, ya se puede decir “bizarro”, aunque a mí esa palabra siempre me sonará a pornazo alemán), tenemos otro santo grial. Otra gran peli perdida que todo el mundo desea ver desesperadamente. La obra definitiva de Germán Monzó: “Kibris: La Ley del Equilibrio” o, en griego, “Chipre: La ley del equilibrio”, porque inventarse palabros está sobrevalorado y siempre es mejor robar de otro idioma.

La odisea de intentar ver esta cinta da para documental. El filme se estrenó con cierto apoyo publicitario en 2005 y sólo unos pocos ¿afortunados? lograron verla en el cine ante la incredulidad de los taquilleros que les dieron la entrada mientras decían un sonoro “¡Allá tú!”. Luego desapareció de circulación porque a su director le avergonzaba un poco. Que, a ver: tampoco es que sus anteriores películas, “El Poder de la Venganza” y “Magic London” sean como para ponérselas a la familia a ver si te dan un Progresa Adecuadamente y una estrellita de premio, pero al menos que yo sepa la segunda se editó en DVD y está más o menos encontrable.

¿Por qué del interés creciente hacia esta Kibris en concreto? Atención al tráiler

Existen muchas películas de género ignotas semi amateur, pero pocas tienen en el reparto a:
– José Sancho como Drácula
– Paula Vázquez como su discípula
– Lorena Bernal en su momento de esplendor de bellesssa

Pero eso no es todo. Atención, que se acercan sorpresas:
– David Fernández AKA Rodolfo Chikilicuatre
– Edu Soto AKA El Neng
– Eduardo Gómez AKA el señor con pinta de yonki de Aquí no hay quien viva.
– Javier Aller, AKA el enano de las pelis de Fesser. Además, haciendo de macarra seductor, lo cual da puntos extras de sordidez.

El Weng Weng espppañol.

Obviamente, el factor “¿A quién debían favores?” y el morbo subsiguiente entran a formar parte de la leyenda y ganas de ver la cinta. De entrada, ¿qué hacen ahí tres del círculo de El Terrat? ¿Cómo convencieron a José Sancho para una peli sin presupuesto?

Pues por lo que me han dicho (aunque no puedo confirmar), cobrando un pastizal por rodar una tarde. Porque es lo que sale, por mucho que el tráiler indique lo contrario. Luego no les quedó pasta para los coches y persecuciones, que de escenas trepidantes mutaron en HESCENAS DE ALSIÓN, pero valió la pena: sin la presencia de uno de los mejores actores españoles de las últimas décadas en una peli de katanas y vampiros, el mito no habría sido el mismo.

La búsqueda épica de Kibris (o ‘Del Kibris’, que es como lo llaman en la peli) comenzó relativamente poco después de la desaparición de la película. Todo el grupo de fans del cine de mierda empezó a hablar de esta peli inencontrable. Finalmente, rastreamos hace unos 5 años gracias a un amigo la identidad del supuesto tenedor de los derechos de distribución con el fin de hacer alguna proyección pública. Una vez lo localizamos, incluso se empezó en redes cercanas a la CutreCon a aventurar un posible pase. Lo que pasa es que nos metimos en la web del señor en cuestión y, aparte de las pelis de Monzón, tenía una serie de documentales sobre nazis. Pero muchos documentales nazis. DEMASIADOS documentales nazis.

¿Qué haces, Herrera? ¿Cosas nazis?

Amén de otro incunable del cine pero qué cojones español que es ‘I Love Hitler’, que hoy en día, como no, se encuentra en el catálogo de Enrique Cerezo porque eso es el equivalente en archivo de películas al bolsillo de Doraemon.

Hitler Centauro y tetas. Sólo falta Rommel montado en un unicornio y sería el mejor cartel de la historia.

La peli no resulta tan filonazi como el título pudiera aparentar, sino que es una especie de cosa experimental con Emilio Línder (VON Linder en créditos) y, atención, el señor mayor que hacía del padre de Makinavaja en el papel estelar de Adolf Hitler. No vale mucho la pena ni por las risas, pero su mera existencia significa que los años dorados de la transición fueron DROGAS.

Jail, hosti tú.

El caso es que las negociaciones con ese señor no fructificaron, tanto porque le teníamos un poco de miedo como porque el propio Germán Monzó se negaba a ceder la película. Empero, unos años después volvimos a intentarlo. Si ahora se pueden poner ya pelis de Neil Breen, ¿por qué no la mítica ‘Kibris’? Quizá él director español también había cambiado de opinión y tenía un poco de sentido del humor en retrospectiva. Así que un miembro de la CutreCon se puso en contacto directo con él para amablemente preguntarle si estaría dispuesto a dejarnos proyectar la cinta por su correspondiente pago de derechos. La respuesta de Monzó fue la normal en estas situaciones:

Que nos iba a denunciar.

Por preguntar. Denunciar por preguntar. Por algún motivo, creo que Germán ha visto demasiadas películas americanas de abogados y no entiende bien cómo funciona la justicia. Sea como fuere, no volvimos a saber de él y cejamos en nuestra empresa.

Y, como creo que ya estáis viendo venir por ciertos comentarios ya vertidos sobre el contenido, he acabado consiguiendo una copia de la película.

Obviamente no diré cómo, claro. Que un bloguero, como un aguerrido periodista de una peli de Pollack de los 70, no revela sus fuentes. Me remonto con la comparación a épocas pasadas, porque el periodismo de investigación en la era Inda tiene ya el mismo prestigio que un vídeo de consejos para ligar de Tik Tok. Por supuesto, también hay que tener en consideración que dichas fuentes tienen miedo, porque Germán tendrá una edad, pero es el tío que trajo a Jackie Chan a trabajar a Barcelona, sabe artes marciales y todos estamos un poco desfondados tras la pandemia y las navidades.

Es normal que cuando hay tantas expectativas hacia una película, lo más probable es llevarse una decepción cuando por fin puede verse. Sobre todo desde el punto de vista del cine cutre, con una cinta de la que el director ha dicho que “cuando vi el material en la sala de edición me llevé un disgusto” (en entrevista al blog Aquí Vale Todo) y que algunos llevan una década intentando ver. ¿Está a la altura?

SÍ.

OH SÍ. CLARO QUE SÍ.

SÍ.

Vale: tiene una pequeña caída de ritmo pasada la mitad, pero la cinta es el sindiós que el propio Monzó declara, según él, porque no se rodó ni se hizo como él mandaba.

La película comienza con un pergamino de After Effects 1.1 en el que la voz de David El Gnomo nos cuenta que en tiempos pretéritos, vampiros y humanos alcanzaron un pacto para no darse de leches: el KIBRIS. Que habrá otra pelea y desequilibrio por una traición y que cuando el humano elegido mate al traidor que rompió el pacto, pues todo estará bien otra vez.

No está de más que te cuenten la peli entera desde el principio. Es como los tráilers, pero en formato arranque de aventura conversacional. Pero resumiendo: que es la misma trama que Blade. Y, para que no nos perdamos, la cosa empieza en una especie de macrodiscoteca en la que hay dos vampiros peleándose a ritmo de chumba chumba HU HA mientras Paula Vázquez lo ve todo desde un palco y un asiático canijo sonríe para dejar claro que es el Stephen Dorff calvo de la historia.

Paula apuesta por uno y nos lo cuenta con voz en off. Porque un 20% de la peli está así y un 79% restante con doblaje a lo Garci en los 90. Aquí especulo que por dos motivos:

El primero y más pragmático: que toda la película está doblada para así ahorrar un poco en sonido directo y sólo los actores más conocidos hacen sus propias voces.
El segundo y más pragmático todavía: que la pobre presentadora rubia y todos los demás vampiros no pueden hablar con la prótesis de colmillos de Caramelos Paco. Vamos, que el sonido directo habría hecho que Mario Casas pareciera Ramón Langa en comparación.

Tras 10 minutazos de exhibición de artes MALciales y Kendo de Patio de Recreo (ese que consiste en chocar espadas siempre exactamente al mismo ritmo y en la misma posición), ChinoDorff se va a ver a Pepe Sancho, el mítico protagonista de ‘Crematorio’, que invierte su actuación en los siguientes planos:

– Contrapicado en un balcón en el que dice el diálogo innormal: “Abramelín, Mago de las tinieblas, mi creador, 666 años vigilando y respetando el Kibris, pero ahora me han traicionado
– Mismo contrapicado, con el malo de espaldas
– Corte a plano medio acercándose al chino calvo
– Plano lateral con un tío vestido de Raistlin de LARP incómodamente detrás y el chino en fente.
– Escorzo con estacazo en el corazón para ahorrar en efectos
– Pepe Sancho muere

Sácame de aquí, Paula.

Entonces, Paula lo ve y tiene un flashback:
– Plano medio en el que Pepe le da un medallón
– Plano corto con cara intensa.

¡OCHO planos de la estrella de la peli! Esto supera a todas las apariciones de John Carradine y Cameron Mitchell en la historia de los míticos Cameos de Despacho tan queridas por los fans del cine de mierda. Eso sí, gana Sancho por tener que decir la palabra ‘ABRAMELÍN’ sin descojonarse. Eso es dedicación al oficio, cojones.

Tampoco me voy a poner aquí a contar la peli entera porque esto no es un Videofobia. Pero creo que valía la pena hablar de los, repito, ocho principales motivos por los que la peli llamó tanto la atención. Pero veamos la cosa un poco por encima, porque aquí os preguntaréis todos qué cojones hacen el resto de famosetes.

Pues Lorena es como la humana destinada a recuperar el equilibrio en la fuerzQUIZIR, en el KIRBI.

Kirbi equilibrado. Y turbio.

La modelo tampoco tiene mucho más que hacer, pero sorprendentemente es de las que mejor se desenvuelven en el asunto de la interpretación, quizá por tomarse más o menos en serio ser la actriz principal de una peli.

Sin embargo, el que se supone que es el verdadero protagonista de la peli es el propio Monzó, que no sale hasta el cuarto de hora de metraje. Su introducción es la que merece cinematográficamente todo héroe guerrero salvador de la humanidad: despertándose en una cama de 80 con barrotes metálicos detrás y diciendo con voz de doblador que ha ya lo vio todo en la era del videoclub: “¡No! ¡Entonces las sospechas de Drácula eran ciertas!”. Chúpate esa, Blade. Un tío de 50 en camiseta blanca en una camita con colcha de florecitas SIEMPRE mejora cualquier entrada heróica. ¡Mucho mejor que John Wayne en ‘La Diligencia’, dónde va a parar!

Entiendo que el señor estaba en la cama porque una locutora de televisión nos informa mirando de reojo al guión a la derecha de la cámara que el sol como que se ha ido de paseo. Yo entiendo que dramáticamente una peli de vampiros es más cómoda si siempre es de noche, pero creo que si no tienes dinero para iluminación lo que nos quedan son focazos, faros de coche o filtrazos que hacen que durante el resto del metraje todo se vea como, efectivamente, una peli de cosplayers en el bosque. Dificultando así de paso reconocer los cameos, ya que de primeras no reconocí a Chikilicuatre como un señor que ronda por la trama junto a una monja buscando que los restos de la Condesa Bathory le den la inmortalidad porque POR QUÉ NO.

Germán es el hábil maestro en artes marciales que avisa a Lorena, personaje que, como no, se presenta en la cama cogiendo el teléfono, porque este director tiene constantes autorales. Ambos se reúnen tras varias escenas con muchos NPGs que son mordidos o hacen kárate y a eso del minuto 37 por fin aparecen en un bar el enano erótico y Eduardo Gómez. Este último doblándose a sí mismo, lo cual crea una disonancia sónica con los actores de doblaje que hace que la peli parezca una canción de metal beauty and the beast. Beauty en este caso Eduardo, claro, porque en plena peli de magos, eclipses, luces, tineblas y cosas como “¡Sé que habéis robado los pergaminos de La Cúpula” suelta mi frase favorita de la peli mientras liga con la moja como gran latin lover que era:

¿No quieres comer más… patatitas?

Eras un genio y te echamos de menos.

Todo lo del bar, donde además de la monja y el enano sexy inmortal (porque parece ser que consigue que las balas no le hagan daño y que las damas quieran que les meta todo su teleñeco) también está Chikilicuatre, no tiene absolutamente nada que ver con la peli y en ningún momento se mezcla con la… estooo… ¿trama? principal. Es un poco como los policías de ‘La última casa a la izquierda’, pero si nunca llegaran al final. Eso sí: la subtrama de Gómez se resuelve de la mejor y más choni manera posible, así que no la contaré por si alguna vez podéis ver esta gran peli. Porque, repito, aquí no estoy para contaros plano a plano de castillo hecho con gráficos de PS1 todo lo que se ve en la cinta. A mí me gustaría que vosotros tuvierais la experiencia de verla. Una experiencia que su director, protagonista y luchador de kendo en una peli de vampiros porque, una vez más, POR QUÉ NO, os niega.

¿Y dónde sale Edu Soto a todo esto? Pues es un señor que aparece en un flashback de Lorena como un tipo que quería violarla cuando era niña. Sin embargo, Drácula la salvó mediante el muy socorrido truco de poner un doble de Pepe Sancho al que sólo se le ve la capa y ahorrar un día más de citación de rodaje. Que, a todo esto, Drácula vuelve a la película a eso del minuto 50 porque CIENCIA, pero con la cata de Alex Staropoli de Rhapsody of Fire calvo. Un giro sorprendente, dirá Germán. Un giro muy económico, diría yo.

Todo se resuelve en un clímax espectacular en el mismo sentido que ir al baño tras tres días estreñido también es un gran final. A ritmo de techno hardcore y con el propio Monzó luchando contra CalvoDorff porque en algún momento recuerda que es el protagonista de su propia película.

Si todo esto suena un poco inconexo es porque… bueno, porque ya habéis visto mucho cine colonoscopia y ya sabéis de qué estamos hablando y, por supuesto, ahora necesitáis ver este sindiós. Esperemos que en algún momento vea la luz cual hikikomori que por fin liga por instagram tras 10 años a pajas. Sería un momento igualmente jlorioso para todos los fans del cine cutre. Porque ya lo digo: “Kibris” es una ovra maentra del género. Y no soy de esas personas a las que les gusta ser el único que ve películas cumbre y guardárselas para sí. Lamentablemente, no puedo compartirla para mantener el secreto de cómo la vi y ni siquiera os puedo decir si yo mismo conservo una copia, pero siempre hay esperanza. Yo ya la había perdido hace tiempo y aquí estoy escribiendo sobre ella. No sé qué pasos tendréis que dar para por fin SER TESTIGOS. Bueno, quizá uno:

Uno: EL KIBRISDANCE

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