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Los diez motivos por los que las carreras de los guionistas son tan irregulares

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Hay tres grandes verdades en la historia del cine: que el guión es la base fundamental de una peli, que en cines las películas se disfrutan con más atención que en casa y que Natalia de Molina confirma la existencia del multiverso. No, en serio: dado que la ves una vez y te parece guapa, giras la cabeza y ya te parece normalucha, giras la cabeza otra vez y te parece sexy, está claro que se trata de dos realidades paralelas colisionando a la espera de que Doctor Extraño arregle el asunto.

La cuestión que nos asola y nos quita el sueño y las ganas de hacernos pasar por entendidos a los que hablamos de cine es la siguiente: ¿Qué pasa con las carreras de los guionistas? Quizir: son los más importantes. Hacen obras maestras. Pero sus currículos son tan erráticos que es muy difícil que se hable de constantes en las obras de éstos a no ser que se pasen a directores. Los críticos se fijan más en estos últimos porque sus carreras son más fáciles de seguir. Pero un guionista puede firmar un peliculón, tirarse cuatro años en dique seco, hacer una mediocridad, luego una cosa que no tiene nada que ver con el resto de su obra y, a lo mejor, hasta enlazar tres blockbusters espantosos en los que alguien se llama Martha y en los cuales traer de vuelta a Palpatine era una idea cojonuda.

Dos párrafos y ya ha salido Chris Terrio. Soy previsible como un guión de Akiva Goldsman.

Tres párrafos y ya ha salido Akiva Goldsman. A este ritmo me quedo sin guionistas no directores habituales de los que podáis saber el nombre (¡Eh, tú, el que corre a comentarios a hablar de las pelis que hizo Goldsman: PARA. ¡Que he dicho ‘habituales’! Y podría tirarme un rato hablando de ‘Cuento de Invierno’, pero no soy tan cruel)

Así que este artículo intenta dar respuesta a esta duda. ¿Por qué los guionistas no son más famosos? ¿Por qué la falta de fibra que se ve en sus páginas de IMDB? ¿Por qué llevo tanto tiempo haciendo chistes de caca que ya directamente alcanzan este nivel de rebuscamiento?

1.- Lo obvio: de un buen guión puede salir una mediocridad con los productores o directores equivocados.

Es el motivo principal por el que muchos guionistas se pasan a la dirección. Billy Wilder estaba contento con las plasmaciones de Ernst Lubitsch (opinión impopular: Wilder lo superó), pero cuando Mitchell Leisen, que básicamente era un director de arte y vestuario metido a realizador, le jodió a su juicio ‘Medianoche’, pidió pasarse a la realización. Woody Allen siguió un camino similar tras ‘Qué Tal Pussycat’ y la adaptación de su obra de teatro ‘Los USA en Zona Rusa’ (juro que con este título español sólo puedo imaginar a los Calatrava de protagonistas). La historia se ha repetido en numerosas ocasiones, sea por enfado por haber tenido un guión demasiado alterado, sea por afán de subir en la escala de respeto en Hollywood, sea porque acabas de salir de rehabilitación tras beberte hasta el agua de las macetas y que tu amigo Joel Silver te de una oportunidad, como le pasó a mi adorado Shane Black.

Un guionista puede escribir una gran obra maestra, pero luego puede tocarle un director espantoso que puede saber poner la cámara y hacer planos bonitos, aunque luego sea incapaz de entender nada de narración. Empieza a cambiar cosas porque tiene mucho poder y ya la hemos cagado. Lo cual no quita que a veces los realizadores se eleven sobre material mediocre, claro.

TÚ NO.

Pero casi peor que eso son los productores. Como comenté en el más o menos reciente artículo sobre Pitof, las decisiones por comité y las presiones por parte de los productores malos (que, una vez más, también los hay buenos) pueden llegar a puntos absurdos en el que el realizador y el guionista reciben ‘notas de estudio’ sobre cambios en el guión que a veces son tres veces más gruesas que el libreto en sí. Generalmente, con peticiones contradictorias. En muchas ocasiones, con notas inspiradas en lo que el vecino le ha comentado al ejecutivo de turno mientras paseaban al perro y se pasaban un par de rayas. La mayor parte de las veces, con ideas que se han sacado del orto y que posiblemente hayan olvidado cuando llegue la reunión para incorporarlas. El asunto es justificar su sueldo y echar la meadita.Todos los que habéis trabajado en situaciones similares sabéis que hay jefes que inspiran la necesidad de echar azufre en las esquinas para que se estén quietecitos. Sí: ya sé que no se debe usar azufre en las esquinas. Pero eso daña a los perros y ciertos jefes están acostumbrados a él porque ya vienen del infierno de todas maneras.

2.- Lo menos obvio: que de un guión mediocre puede salir una mierda, pero el escritor no es el culpable.

Guinevere Turner es una guionista de prestigio que venía de tener un gran éxito independiente con la muy pesada ‘Go Fish’ y una peli de culto con la muy confusamente pro-PIL Collins ‘American Psycho’. Así que para hacer una peli de heroína feminista vampira no era mala elección. Así que el director y productor de la película le encargó el guión de la adaptación de ‘Bloodrayne’. Así que los fans habituales del blog ya sabéis a dónde va a parar esto…

Mi amado Uwe Boll recibió un primer borrador de Guinevere para ver si era lo que tenía en mente para su obra maestra de vampiros. Un mes después recibe una llamada. ¿Era para que empezara a trabajar en la primera versión del guión? No.

Era para que viajara a Rumanía, puesto que la peli se empezaba a rodar esa semana.

  • Pero… ¿con qué guión?
  • CON EL TUYO
  • Pero… pero… ¡Si no lo he escrito!

Éste puede ser un ejemplo extremo, porque de todo lo alemán siempre nos esperamos lo más salvaje (sea porno, sea invadir territorios, exterminar etnias o pensar que el chucrut es algo comestible), pero es muy habitual que un guionista se vea en la situación de tener que entregar lo que sea cuanto antes. Sobre todo por dos motivos:

El primero, al igual que le pasó a Turner, el tiempo. A veces se tiene una ventana muy reducida por la que colar tu obra magna. Mucho café y escribir a toda velocidad no suelen ser buenos compañeros para la creatividad. Lo habitual es porque hay que rodar cuanto antes después de que algún ejecutivo haya pensado en la fecha de estreno antes de siquiera tener un guión o un tratamiento. Muy pocas veces eso es la receta del éxito (con excepciones, claro: Cazafantasmas se hizo a una velocidad de la hostia, y el guión de Casablanca, por no salirnos de la C, se estaba reescribiendo sin parar). Pero lo normal es que salga lo más parecido a una zurraspilla, sobre todo si han echado al guionista anterior, tienes una semana para montar lo que sea y lo único que se te ocurre decir es “La idea es que el malo sea Palapatine”.

No te lo perdonaré jamás, Terrio. JAMÁS.

Tiene un Oscar. Y Akiva Goldsman TAMBIÉN.

Otras veces, sobre todo en el cine de bajo presupuesto, simplemente te encargan lo que sea para mañana. Incluso es posible que le pregunten al guionista si tiene algo preparado para rodar rápido y éste conteste como cuando Misai le pregunta a Shin Chan si se ha limpiado el culo después de cagar:

“Ppppsssssiiiii????”.

Cuenta Adam Rifkin, otro de esos guionistas de carrera fascinante del que ya he escrito aquí, que así vendió su primer guión. Bueno: su segundo. Porque el primero fue un encargo que hizo en 24 horas y le dijeron que era demasiado raro. Cuando le preguntaron si tenía escrito algo ‘más para el público adolescente’, naturalmente respondió con su propio ppppssssíiii, pidió un finde para ‘retocarlo’ y se encerró tres días para escribir de cero lo que fuera más rápido que un diputado de Ciudadanos preparando su currículum para mandarlo a Génova. El resultado fue su primera venta.

El segundo es el presupuesto, claro. Sobre todo en películas de género, para un guionista el cielo es el límite y se puede escribir todo lo que se te ocurra. Por mucho que puedas ser consciente de las limitaciones presupuestarias, nunca sabes por dónde van a venir los recortes. Así que tras un par de caídas de líneas de créditos o la natural necesidad de un alto ejecutivo de pagarse un casino con coca y furcias, quién sabe qué escena maravillosa y, lo que es peor, esencial para que se entienda bien la película, puede caerse del rodaje. Nunca olvidemos que el guionista es, en todo el proceso de poder en una producción, el piojo en el culo del último mono. Más le vale callarse y aguantar, porque a la mínima de cambio…

3.- Las reescrituras anónimas que no ha hecho el guionista

Sobre todo en Hollywood, quien acaba acreditado como guionista no es necesariamente el que más ha escrito del guión. Las reglas de los sindicatos son tan complejas que puede terminar en la IMDB de cualquier escritor una película para la que no ha escrito más de tres frases. Que se lo digan a J.D. Shapiro, que todavía sufre que le inviten a eventos como la CutreCon por su contribución al cine de mierda con ‘Campo de Batalla: La Tierra’, por la que fue acreditado a pesar de que en cuanto empezó a cachondearse de los productores cienciólogos lo echaron y no quedó nada de lo suyo en pantalla.

A partir de ahí, entran otros guionistas más complacientes. O más amigos del productor. O más cuñado de vaya usted a saber quién, que no veas el máster en la Rey Juan Carlos en guión que se pagó. También puede meter mano una caterva de doctores de guión, un trabajo tan curioso como desconocido que suele ser la respuesta a la pregunta ‘¿Pero de qué cojones ha comido ese tío que hizo una peli en 1991 y otra en 2004?’. Pero antes de hablar de eso:

4.- Los rodajes infernales

Estrellas caprichosas que quieren reescribir sus escenas. Directores con ideas geniales surgidas tras pasar un rato en el retrete tras comer en Taco Bell. Visitas de ejecutivos. Estrenos de películas con elementos similares que se meten una hostia en taquilla. Recortes presupuestarios. Cualquier cosa puede desembocar en una orgía de cambios de guión (sin casinos ni furcias) que cuando se empezó a rodar parecía la mar de solvente pero que ahora hay que retocar porque hay mucha pasta en juego.

5.- Los desarrollos infernales.

Muchos fans del cine de género hablan de la cantidad de proyectos que ha anunciado y nunca realizado Guillermo del Toro y que podrían haber acabado otra de esas películas que, extrañamente, deberían ser mejores de lo que parecen. Pero al final siempre acaban rodando algo, porque al fin y al cabo los directores siempre tienen algo en el cajón o a varios guionistas trabajando en cosas. Otro tema es ser esos guionistas y estar en esas cosas. Para muchos profesionales, su vida puede pasar mientras trabajan, uno detrás de otro, en proyectos que nunca se acaban rodando. Lo importante es mantenerse. No decir que no. Seguir haciendo versión tras versión a pesar de que te huelas que la cosa no va a salir adelante y poner buena cara ante las ideas de bombero retirado que te puedan caer encima y que te hagan sospechar que aquello en lo que llevas un año trabajando no se va a rodar en la vida. Porque los proyectos van y vienen, pero si a los ejecutivos o directores de turno les gusta trabajar contigo, volverán a encargarte algo. Y, al final, esto se trata de poder llegar a fin de mes. Y mientras tanto, también puedes…

6.- Meterte a Doctor de Guión.

Cuando miras la filmografía de algunos guionistas, es habitual ver grandes huecos en la línea temporal. Y, sin embargo, algunos tienen mucha fama y contactos. Es muy conocido el hecho de que Carrie Fisher escribía muchísimo, pero si miras su filmografía apenas tiene un par de películas y algunos capítulos de series. Era una de las más conocidas script doctors, junto a gente como John Sayles o Robert Towne. La clave de este trabajo es que firman acuerdos de confidencialidad que hacen que, incluso muchos años después, no se sepa exactamente quién ha metido mano en qué a no ser que se trate de gente famosa (Tarantino en ‘Marea Roja’, Joss Whedon en ‘Speed’…). Vamos, como en las discotecas a las que van los de Telecinco.

Tarantino escribió sin acreditar parte de LA PEOR PELÍCULA SALIDA DE SNL.

7.- Que te cataloguen y entrar en la lista habitual.

Que la industria del cine se mueve por modas es algo tan evidente como que un reguetonero se mueve por el instinto de su pene. Todos sabemos que cuando se pone de moda un género por un éxito determinado, todos los ejecutivos van detrás en busca de su bonus como lemmings juntos de la mano hacia la extinción (sí: también sé que eso es mentira y que los lemmings no llevan peluca verde, pero mi cerebro funciona imaginando a un montón de tipos con chaqueta y corbata saltando por precipicios y me da más alegría mental que recordar la vez que recibí mi primera fototeta).

Del mismo modo, cuando un guionista es catalogado como experto en un género, le es muy difícil salir de él. Eso puede significar que le toca trabajar en varios proyectos similares hasta que acaba quemado de escribir siempre lo mismo y no poder sacar adelante guiones más personales.

Y no olvidemos lo noveleros que son los productores: eso explica por qué de repente un proyecto de alto nivel aparece acreditado a gente desconocida. Es probable que esa persona con cero créditos en la IMDB trabajando en esa franquicia de 200 millones simplemente haya escrito un par de guiones que se han comprado y no se hayan producido porque no salen Batman, Thor o un grupo de calvos en coches de carreras. Son la gente de moda con una carrera que sólo conocen los de dentro de la industria. Pero estar de moda puede significar…

8.- Que DEJES de estar en la lista habitual.

La industria del cine es ya de por sí más voluble que un recién divorciado decidiéndose entre una guitarra eléctrica, comprarse una cinta de correr o un deportivo. Así que imaginaos la dificultad de mantenerse en el candelero, sobre todo si no eres de ir de fiestas, jartarte a drojas o ser especialmente sociable. Vamos, de esa gente que prefiere pasar las tardes escribiendo artículos en lugar de irse de cachondeo al bingo a rellenar cartones escuchando a Perales.

He de revisar mis objetivos vitales. Y mis concepto de lo que es diversión.

Los guionistas están en la escala de poder de la industria por debajo incluso de los mocatores y mocatrices, porque a menudo ni están petables y puede que alguna vez se olviden de ser muy pelotas con los jefes y no decirle a un ejecutivo que su mente es el regalo divino de Yahvé a la humanidad. Esto de ser creativo y protector con tu trabajo puede traerte problemas. Que también es algo que le pasa a los directores, pero estos últimos a veces pueden tener a la prensa y a Twitter de su lado. A nadie le importa que larguen al INEM a un guionista anónimo.

Un escritor que lo mismo está en su posición por un par de golpes de suerte o porque es amigo de algún director o productor poderoso… que pueden ponerle los cuernos virtuales con otros proyectos. Por lo tanto, en cualquier momento puede acabar fuera del circuito habitual de encargos, lo cual es otro de los factores en el asunto de la irregularidad de sus carreras y del pago de la hipoteca. No, en serio: Todd Farmer, autor del remake de ‘My Bloody Valentine’ y esa obra maestra sórdida incomprendida de ‘Furia Ciega’ (la de Cage, no la de Hauer), tras un par de proyectos que cayeron en el infierno de desarrollo acabó viviendo en el coche.

¡Con citas a Meat Loaf!

¡Qué bonito es Hollywood! ¡La meca del cine y de mear en botellas de agua recién levantado!

9.- Las tijeras de la muerte

Es posible que hagas el mejor guión de tu vida. Que el director haya rodado todo de puta madre y haya incluso mejorado lo escrito. Pero luego puede venir una edición caótica. Que, a veces, como ya escribí aquí, puede salvar películas desastrosas. Pero otras, sobre todo si se depende demasiado de los pases previos y no se interpretan bien, se pueden meter unos recortes que dejen la película irreconocible. O, en los 90 y 2000, que acabara todo en manos de Harvey Weinstein. Que bueno: mientras fuera eso lo que tenía en las manos y no otras cosas, el mundo era un lugar mejor.

Sin embargo, muchos sabéis que yo soy más bien defensor del trabajo de los montadores, y creo que hay más arreglos en la sala de montaje que destrozos. Tengamos en cuenta que lo que en papel puede parecer maravilloso, luego no funciona en imágenes o entorpece el ritmo. De hecho, este punto 9 va más por los tarados de internet que por las pelis en sí. Los pseudo críticos que se dedican a hacer vídeos en YouTube sacando supuestos problemas de guión y llamando idiota al escritor cuando, en realidad, dichos agujeros en realidad son simplemente producto de recortes de ritmo. Eso que ya casi no existe con tanta serie llena de escenas que explican cada pequeño detalle de guión mientras todos miramos nuestros teléfonos delante de la tele a ver si la de la fototetas ha vuelto a escribir mientras los personajes explican cada punto de giro como si el espectador fuera anormal.

Tengamos una regla básica: cualquier cosa que parezca un error de guión que pueda explicarse con una simple escena de un minuto, no lo es. Lo mismo se trata simplemente de un recorte. Indiana Jones no se escapa por las minas en lugar de por donde entró porque Willard Huyck y Gloria Katz sean unos jetas, sino porque hay una escena eliminada por ritmo en la que los niños se van por allí, pero un puentecito sale ardiendo. Por eso series de YouTube como Cinema Sins son la mierda.

Cinema Shits

10.- Que salga mal.

Simplemente, que a veces escribes varias mierdas. Un director puede más o menos salvar los papeles gracias al trabajo del resto del equipo. Puede tener un director de foto cojonudo, un segunda unidad de la hostia y un montador salvador. Pero un guionista simplemente es el primero y puede entregar un mojón de Cuenca. ¿Por qué de Cuenca? Porque Chiquito. No siempre lo que funciona en papel se traslada bien a imágenes. Y no siempre estás inspirado. Una vez el director está rodando, es raro que lo despidan (aunque ha pasado), sobre todo si es un complaciente con todo lo que dicen los ejecutivos y se llama J.J. Pero un guionista, a ese nivel, es fácilmente prescindible si le sale un zurullo. A todos nos pasa y todos tenemos épocas de bloqueo creativo. Que, en mi caso, son simplemente periodos tontos, pero si te va el sueldo en ello, es una putada y tu mejor opción es fake it till you make it. Como yo intentando parecer interesante con las munheres, pero con el objetivo de seguir en la industria cuando se te ha quedado el cerebro más seco que los testículos de Yulio Iglesias.

Y ya está más o menos. Espero que con estos breves puntos haya dado respuesta a la pregunta que me hizo un seguidor de TdC por Twitter y que me pareció muy interesante. Ya sabéis por qué las carreras de los guionistas suelen ser tan raras a pesar de ser los artistas más importantes del proceso. Una gran verdad que todos olvidamos mientras se nos llenan la boca y los dedos de nombres de directores, productores y, por supuesto, actrices famosas que no sabes si son eróticas o no según el plano del multiverso en el que te muevas.

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