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Breve obituario: Battiato volverá de nuevo

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No solemos hacer obituarios en ente bloj dado que nuestra misión aquí es repartir felicidad. Pero como Battiato, según cantaba en su última canción, volverá de nuevo por aquello de creer en la reencarnación, creo que es adecuado escribir un breve texto. Por eso y porque esta web nació con una fotaza suya de fondo, dado que todo su ser expresaba la dualidad de la página: el alabar el hacer en esto del arte todo lo que es concretamente lo que te da la gana, pero sin olvidar la gloriosa mezcla de la rigurosidad intelectual y el humor a veces seco, a veces irónico, muy a menudo provocador. Pero no por llamar la atención como la contracultura habitual, sino, como una vez dijeron de Vicisitud y de mí en un primer encuentro blogger hace años: “¡Si es que SON ASÍ!”.

Battiato no es que haya sido modelo de esta web: es que me ha acompañado casi toda la vida. Así que, en lugar de apuntarme a las decenas de biografías que poblarán hoy los diarios, prefiero contaros lo que supuso para mí, como dice hoy todo el mundo, El Franco Bueno (con permiso de Franco Nero).

Porque Battiato ha estado conmigo desde que un afortunado día estaba delante de la tele haciendo un mural sobre el cuerpo humano en una cartulina, quizá el tipo de tarea escolar que más me aterraba por encima del potro de gimnasia. Feck: le tengo más miedo todavía al potro de gimnasia que a uno de tortura. Al menos con el segundo quizá crezca un par de centímetros.

El caso es que estaba viendo a mis muy tiernos y pre adolescentes tiempos ‘Tocata’. Digo tiernos tanto porque estaba un poco fanegas (luego adelgacé tan rápido que todavía hoy tengo estrías en los muslos) y porque no sabía lo que significaba la palabra ‘paja’, que es a lo que me habría estado dedicando dos años después. En esto que aparece un señor a cantar ‘Nómadas’. Lo dejo porque ese perfil que hubiera hecho que Quevedo orgasmara de decir burradas me sonaba de cuando escuchaba ‘La Estación de los Amores’ en el primer recopilatorio BOOM que le regalaron a mi hermano:

Giorgie Dann, Baltimora, Juan Pardo, Mecano, Battiato… ese potaje parece que es la base fundacional de Vicisitud y Sordidez.

El tema me gustó tanto que dejé la siguiente. Y ahí fue cuando tuve que dejar de pintar (mal) músculos de lo que recuerdo claramente que parecía la versión Hellraiser de Joselito. Mis tímpanos se quedaron hipnotizados. Lo sé porque creo que durante el resto del día sólo repetían S.O.S. en morse a mi cerebro. No podía entender cómo alguien podía hacer de su estribillo “Espero que retorne pronto la Era del Jabalí Blanco”. No entraba. No lo entendía. Era perturbador.

Por lo tanto, ahorré dineros de las vueltas de ir a comprar para adquirir mi primera casete: ‘Nómadas’, el segundo recopilatorio en español de Battiato. Esa cinta me acompañó durante dos años, sobre todo en verano, hasta el punto de desgastarla. No lo digo metafóricamente en plan “me he desgastado la bolsa escrotal de tanto tocármela”, sino como proceso real de erosión: a eso de los 7 u 8 años aquella casete tenía hasta pequeños silencios de tanta reproducción. Si la infancia de Machado son recuerdos de un patio de Sevilla sin duda sudando la gota gorda, la mía son de estar en los pinares cerca de las playas de Tarifa escuchando ‘Mal de África’ e identificándome con un señor siciliano mayor que casi gana Eurovisión (+10 de carisma, por lo tanto). Lo preocupante es que el otro tema que más me suliveyaba era ‘Otra vida’. A un niño de 12 años le atrapaba la letra: “De mañana en la calle el tràfico loco me agota.Me enervan los semàforos y los stops.Por la tarde vuelvo a casa con un malestar especial.No existen tranquilizantes o terapias, se quiere otra vida”.

Como que los 300 euros gastados en lo que va de año en una psicóloga empiezan a cobrar sentido, ahora que lo pienso. Y, por supuesto, me doy cuenta de que siempre he sido un viejoven: no olvidemos que un año o así después me estaba haciendo fan de Mark Knopfler y que la segunda casete que me compré fue el Red de Communards porque me emocionaba la oda a un tío muerto de SIDA. No hay que pasar el instituto escuchando Depeche Mode y The Smiths para ser un intenso. Sólo que a mí no se me notaba porque estaba probablemente hablando de los valores y carencias de ‘Legend’ de Ridley Scott.

Sí: lo he dicho una vez y lo digo otra: yo me conozco de niño adolescente, y me muelo a hostias.

Ya en el instituto, ante la escasez de discos antiguos de Battiato en Algeciras, me compré ‘Ecos de Danzas Sufís’, primer recopilatorio y depósito así a lo bruto de toda la sabiduría mundial. Ya he loado en ente bloj la maravilla de sus letras, así que esto no va de volver a comentar ‘La lucha pornográfica de griegos y latinos’. Para mí, ese disco era la banda sonora de algo que ya soy incapaz de hacer: ponerme en estado de trance musical mientras hacía puzzles y copiaba dibujos de la Dragonlance de Larry Elmore. ¿Alguien ha preguntado por qué fui virgen hasta los 21 años?

Tal era mi pasión por ese LP que, de tanto aprenderme las letras, pasé desde segundo de BUP (lo que sería ahora último curso de la ESO) hasta tercero de carrera metiendo, una vez al semestre, la frase “Las barricadas se alzan por cuenta siempre de la burguesía, que crea falsos mitos de progreso” del tema ‘Up Patriots to Arms’. Recuerdo muy bien que se me ocurrió la idea por primera vez durante un examen de historia porque quedaba la mar de bien. Saqué un notable. Pero luego se convirtió en mi auto apuesta más barroca cuando empezó a aparecer en lengua, arte, semiótica o lo que fuera, siendo retirado por la puerta grande en uno de Historia del Cine ya en Comunicación Audiovisual cuando pude aplicarlo a Einsestein con una naturalidad que seguro que el profesor y crítico de cine Carlos Colón (o, conociéndolo, su becario) probablemente pensara en llamar a un consejero escolar para pedir ayuda psiquiátrica para ese tío tan raro con boina.

En la foto: Neverfuckerismo

Mi battiatismo me acompañó durante la carrera por partida doble: una vez más, como ya conté en otro artículo, cuando me propuse hacer un vídeo sobre el tema ‘Nómadas’ para la no-asignatura de no-conocimiento de Semiótica y lo tuve que acabar por asquerosos motivos (esto es, un herpes en el globo ocular) tirando de sólo un día de rodaje (que daba para menos de un minuto) y planos de mis vacaciones en Castellar y una visita al Parque del Alamillo. Resultado: un punto más en la nota y, dos años después, la satisfacción de que una alumna de intercambio me dijera que me había visto en un vídeo y que el profesor había pasado una hora hablando de los significados semióticos de las imágenes, incluyendo un plano de aspersor que era absolutamente el último que me quedaba sin usar porque había dejado la cámara grabando sin querer. Por supuesto, por ‘satisfacción’ quiero decir ‘comprobar mi juvenil hipótesis que no hay nada más divertido que escuchar a un pseudo intelectual haciendo una sobre lectura de lo que sea’. Estaba preparado con años de antelación para leer ‘Caimán Cuadernos de Cine’ como si fuera ‘El Jueves’, que, a propósito, es la única forma lícita de hacerlo.

La otra fecha clave fue el lanzamiento del tercer disco que me pillaba siendo fan tras ‘Fisiognómica’ (el de la portada de “DIOS MÍO: NI SIQUIERA ERA MONO DE PEQUEÑO”) y ‘Como un camello en un canalón’ (el de ‘Paco descubre que, aunque se meta a ermitaño o se coma el mejor chocolate negro del mundo, la vida sólo será siempre la sombra de la verdadera experiencia mística de felicidad’), salió un nuevo CD revolucionario: La Emboscada. La revolución es que cambió mi forma de ver el romanticismo. De las idioteces Byronianas adolescentes pasé a descubrir LA VERDAD. Esto es, en lo que realmente consiste el amor:

Te aliviaré del dolor y de tus cambios de humor,
de la obsesión que hay en tus manías.
Superaré las corrientes gravitacionales,
el espacio y la luz
y envejecer no podrás.
Te curarás de cada uno de tus males,
porque eres un ser especial,
y yo siempre te cuidaré.

Desde entonces, me propuse cuidar a todas las personas que amara, fuera con un sentido romántico o más espiritual.

Una vez más, 300 euros de este año en psicólogo me indican que quizá no fuera la mejor idea.

A partir de ‘La Cura’, no pude ver el amor de manera distinta. Desde luego no como la canción homónima de Maluma que ha sacado este año, cuyo acercamiento al tema es un poco distinto:

Así no sea la oficial
Yo solo te llamo pa’ chingar
No tengo tiempo pa’ pelear
Así tenga culo, internacional
De ninguna se compara
No tiene rivales

Número 2 en las listas de ventas.

Llamadme ‘Pollavieja’ por comparar un éxito pretérito con uno reciente, PERO ENTONCES TAMBIÉN ME PODÉIS COMER LOS HUEVOS.

Cuando acabé la carrera y pasé a la ECAM se produjo otro de los momentos clave en mi vida: descubrir que la mayoría de la gente que quería dedicarse al cine eran una panda de diletantes. Pero también conocer a José Ramón “Vicisitud” Lorenzo, la persona que consigue que los adjetivos ‘loco’ y ‘maravilloso’ estén en el mismo eje. No recuerdo cómo le presenté a Battiato. Quizá como agradecimiento porque él me descubriera a Camel, pero rápidamente vio que era un vínculo que nos unía más que un carnet nuevo del PP en la sede de Ciudadanos. Nuestra cosmología se alineaba con la de Battiato y, en especial, la alternancia de seriedad, cachondeo y música en la que se puede decir la frase “Era la puta más gorda que nunca hubiese visto, la mujer más gorda que hubiese mirado” no sólo sin maldad, sino con sentimiento.

Sin ese vínculo, no existiría Vicisitud y Sordidez ni nada de lo que vino después. Sin Battiato, no hay Liga sórdida, no hay Cine Basura, no hay jugar al Carcassone en Carcassone y, más importante, no hay videoclip navideño de Günther en el que Vicisitud me pone un tanga de falda escocesa.

Mi treintena pasaría ahondando más en la discografía de Battiato, sobre todo cuando averigüé que… ¡había sido progresivo! Tras un viaje a Italia, mi madre me trajo un recopilatorio de su etapa experimental que dedicaba sus buenos 20 minutos a ese maravilloso tema de un solo acorde de ‘El Egipto antes de las arenas’. Como el prog en ese momento era el centro de mis aficiones, descubrir que mi primer amor musical lo había practicado en su horrenda juventud era una validación de toda mi cosmología. Era como encontrar una grabación de la infancia en la que hablo de caca y cine a la vez. Descubrir sentido en el cáos, una ilusión que rara vez se da en la vida, pero que a alguien al que le gusta tener los discos en orden alfabético y los chistes que hacen referencia a algo que se dijo cinco párrafos atrás le hace mucha ilusión.

Una búsqueda de seguridad en el mundo irracional que ha hecho que lleve 300 euros este año en psicóloga (see what I did there?)

Sus discos prog son otra maravilla de la sordidez, pero también a veces una invitación a entrar en estado zen. Aseguro que no habría podido salir de Nápoles en coche con el infierno que es la conducción en esa ciudad sin haber estado escuchando al mismo tiempo ‘Sulle Corde de Aries’. Un disco que me permitió llevar a cabo otra de las apuestas más absurdas de mi vida: aquella vez que en Vicisitud y Sordidez dije que era capaz de hacer un artículo de lo que me dijeran y salió “La recogida de cocos en Abisinia”.

Dado que Battiato es a la vida como Los Simpsons y que de él se pueden sacar referencias a todo, usé la canción como base y salí airoso del absurdo ejercicio.

Battiato siguió conmigo más tiempo, sobre todo porque mi poder adquisitivo y vivir en Madrid me empezó a permitir ir a sus conciertos aquí, incluyendo el mejor momento de terrorismo cultural que he presenciado cuando le llevó su gira al Teatro Real. Franco (Franco, Franco… tenía que hacerlo) cambió su set eléctrico por uno más apropiado lírico y acústico, pero si sus teloneros eran un grupo de chicas baby metal, sus teloneros tocaban en la ópera de Madrid por sus santos.

Las caras de espanto de las señoras con laca que convertían sus cabellos en megaconstrucciones que andaban por ahí por tener abono es una de las imágenes que guardo con más cariño en mi cerebro.

Pero sobre todo me quedo con su directo de ‘Apriti Sesamo’ en el Circo Price (lugar donde presencié una vez el mayor espectáculo de comepollismo de mi experiencia en la industria del cine, pero eso también lo dejo para otro momento). No es secreto que Battiato era un tipo tímido. Sus entrevistas pasan de la incomodidad cuando son idiotas a la excesiva seriedad cuando la situación lo requería. Sus letras muy a menudo se metían con el público masivo. Pero quizá el tiempo le había moderado. Se le veía como un señor mayor feliz. Mucho más guapo que cuando de joven apareció en el giallo Baba Yaga…

Esta peli existe y, sí: era veramente horrendo.

… y mucho más sonriente. Su calidez mientras cantaba los temas más populares me transmitió muchísima felicidad. Un hombre en el ocaso de su carrera compartiendo amor e irradiando armonía con el mundo.

Ojalá ser ese hombre algún día. Quién sabe: si mi vida ha ido tan ligada a Battiato, igual consigo encontrar el centro de gravedad. Y, si no es así, siempre me quedarán los recuerdos de la playa de Tarifa con ‘Mal de África’, los vídeos de ‘Nómadas’, los paseos por Berlín cantando ‘Alexander Platz’ y, sobre todo, el ver a una persona amada y pensar:

“Ed io avrò cura di te… Io sì, che avrò cura di te”.

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