cultura

La experiencia religiosa que es ir al bingo

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Aquí Paco Fox: Diana Oliver vuelve al blog para intentar transmitirnos el amor que le produce la sordidez esencial que es ir al bingo. Aclaro que Di tiene menos de 70 años. Creo que es importante. Os dejo con ella:

 

Hoy os traigo un artículo cortito pero de gran HALLUDA

Cuando acaba de cumplirse un año desde que todo se fue a la mierda creo que es buena ocasión para dar la importancia que se merecen a esas vivencias que antes no apreciábamos como se merecían pero que, sin embargo, eran la verdadera salud, el bienestar. Que nos hacían ser felices y querernos a nosotros mismos. Y ya de paso, si teníamos suerte, irnos a casa con un pellizco (no en el culo, que eso es más de pasarle a Paco Fox).

Podría decir que cosas que antes nos parecían normales como darle un abrazo a alguien, ir a un concierto o que Ewan McGregor te plante un buen morreo con filete (y patatas) son cosas que cuando podamos volver a hacer las viviremos al 200%, pero al menos una de esas es mentira.

Sin embargo, una verdad ABSOLUTA es que ir a bingo es algo que todos deberíais probar al menos una vez en la BIDA. Porque los bingos están socialmente muy mal conceptuados, como diría Ramón de Pitis (segunda referencia al filósofo en lo que va de artículo), pero hacedme caso: ahí dentro os lo pasaréis piruleta. Y las copas no son caras.

Lo único es que existen ciertas cosas con las que hay que tener cuidado si no se quiere terminar perdiendo mucho dinero, como cuando vas a comprar discos, pelis o Funkos. Con unos briconsejos que os voy a dar, vuestra experiencia será completa y querréis volver. Porque dentro de todos nosotros vive un hortera, lo que pasa es que hay que dejarle salir.

(El hortera que tienes dentro: escúchale y hazle caso)

Quién les iba a decir a Franz Ferdinand que iban a estar en un artículo sobre bingos. ¿Veis? el multiverso es lo que tiene.

Vamos con las recomendaciones que os puedo dar desde mi experiencia, que no es poca, pero que podría ser mayor si no hubiera llegado el Ragnarok.

El tema principal es tener controlado “el panné” si no queréis terminar encadenados a la trastienda del bingo. Lo mejor es que os dejéis apartado el dinero que vais a gastaros en vuestra visita. Pero ¡OJO! porque vais a tener varios enemigos:

El amigo que te invita a un cartón

Amigo, por llamarle algo. Porque como en todas las drogas o en la mafia, a veces el enemigo lo tienes sentado en tu mesa. Y es que puede pasar que después de haberte gastado lo que tenías pensado una voz familiar diga “venga, que pago un cartón más”. Esto puede sonar como música para nuestros oídos pero, ¡cuitatto!, porque esto conlleva que a todos los que estáis sentados en esa mesa os tocará hacer lo mismo. Y como somos de calentarnos rápido porque sangre latina corre por nuestras venas aquí existe el peligro de no volver a ver la luz del sol. Que bueno, es algo fácil en un bingo, porque NO HAY VENTANAS.

Enseñando el DNI en la entrada del bingo. Cuidado con tus amistades.

Los viejos que ganan

No os dejéis engañar por la apariencia afable que pueden transmitirnos los abuelillos. En el bingo, todo el mundo se transforma en Mad Max. Y pasa una cosa curiosa: suelen sorprenderse cuando ven entrar a un grupo de jóvenes (véase jóvenes como personas con menos de 50) y hay miradas de odio por encima de las gafas sujetas con cadenita.

Además, los viejos tienen una capacidad admirable que sólo se consigue con años de entrenamiento Jedi: son capaces de jugar simultáneamente varios cartones y no perderse ningún número. Y no es tarea fácil porque los cantan a una velocidad vertiginosa. Luego diles algo por teléfono, que se harán los sordos: ata cabos, el problema es que NO LES INTERESAS.

Imagen real del bingo de Cullera

El precio del alcohol

Esto también lo carga el demonio: las bebidas no son muy caras. Tampoco es que sean regaladas, pero tienen un precio asequible y, en el fragor de la batalla binguera, que te entra sed, pues caes y te pides una copichuela. Y a lo mejor, si cantas línea, otra. Y ya sabemos cómo termina esto. Que al principio de la tarde/noche tu te planteas un plan “de tranquis” en una mesita de tu bingo de confianza, y terminas así:

Las rachas

Me dejo al enemigo más fuerte el último. Es el final boss porque es el más peligroso. No os dejéis confundir por lo de “racha” como si fueses ganando porque no me refiero a eso. Me refiero a la cantidad de veces que te quedas a un número o a dos de cantar bingo y eso te calienta mucho, así que te parece de mala educación irte: Tienes que jugar otro porque ya puedes oler la victoria. Y cuidado ahí, porque el tiempo dentro de un bingo pasa a una velocidad distinta que en el resto del mundo. Entonces te toca hacer tirada de cordura, que es algo que hemos demostrado durante todo este año pasado que hacemos bastante poco, pero que si nos ponemos, podemos. YES WE CAN. Del bingo se sale.

Me despido (de momento) de vosotros proponiendo MEGABINGO SÓRDIDO cuando nos hayan vacunado a todos. Planazo, ¿no?

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