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Diez motivos para defender el formato físico

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Los autores de este blog tenemos muchas cosas en común. Principalmente el encajar en la sociedad fina y elegante como una pieza de puzzle colocada por mi sobrina de dos años a puñetazos. Sin embargo, en el núcleo duro que dio a luz esta web en 2006 hay un cisma mental importante: Cualquier mujer que le guste a Vicisitud no me erotizará a mí. Cuando hay una conjunción estelar, como es el caso de Mary Elizabeth Winstead, ambos nos replanteamos si nuestra amistad ha de cesar, porque el no ponerse de acuerdo en mitos eróticos es uno de los pilares fundamentales de nuestra relación junto a eso de terminar cada uno las frases de otro, afectación que, al hacerla en público, no ha ayudado mucho a mi fama de gaycidad. Lo cual es absurdo:

No hacemos buena pareja. Demasiado alto para mí.

Sin embargo, hay un tema en el que no nos ponemos de acuerdo y tenemos opiniones diametralmente opuestas. Un asunto en el que él es Fraga y yo Gerardo Iglesias. Un tema en el que él es Mariekón-Do y yo El Hetero Gilito: Vicisitud se desprendió de casi toda la música y cine en formato físico y yo acumulo como un dragón en el Monte del Destino o, teniendo en cuenta la popularidad de los grupos que me gustan de cara al gran público, como Diógenes en un barril.

Pero aquí os voy a dar diez razones para que sigáis consumiendo formato físico. Si al final no os he convencido, no pasará absolutamente nada. Porque probablemente pueda hacer otra lista paralela con otras tantas más para que NO compréis. Sin embargo, tengo que aclarar que soy una medio-persona que le tiene mucho cariño a los objetos. Conservo mi primer osito de peluche (que he regalado a mi sobrina para que golpee con su cabeza las piezas de puzzles) y sé quién me ha regalado cada cosa que tengo. De hecho, una de las poquísimas veces que he llorado viendo una película fue, como he contado en más de una ocasión, al final de “Brokeback Mountain” cuando el buen señor se abraza a la camisa de su amor perdido. Para mí, los objetos tienen un valor sentimental más allá de lo razonable, pero sin entrar en el fetichismo. Que yo no soy un depravado de eso. Mis fetichismos no son tan vulgares: son mucho peores.

Pero aquí no he venido a hablar de prendas de vestir, a no ser que sea la camiseta con la que fui a entrevistar a Uwe Boll y que todavía conservo por los buenos recuerdos que me trae y porque UBE LA TOCÓ. Qué queréis que os diga: algunos no lavarían un objeto acariciado por Ana de Armas, otros enmarcarían algo firmado por Mark Hamill, pero mis filias están con el señor que le metió de hostias en un ring a mi amigo Carlos Palencia.

Soy raro.

O tempora, o mores

Pero vamos a los diez motivos para comprar CDs, BluRays o vinilos. Pero no casetes. Los que quieren que vuelva el casete sólo tienen cabida en el tercer círculo del infierno o, si está lleno, un concierto de Taburete. Atados y al lado de los bafles:

1.- Porque eso es lo que quieren

Uno de mis chistoides favoritos es hacer una imbecilidad y, cuando me llaman la atención, gritar “¡Eso es lo que ellos esperan!”. Por ejemplo:

  • Novia: Acabas de ponerte los calzoncillos al revés. ¿Por qué no te los quitas y te los colocas correctamente?
  • Paco: ¡Porque eso es lo que ELLOS esperan!

Pues bien: en este caso, ELLOS son la industria de la música, los videojuegos y el cine. Los libros por ahora van un poco por otros derroteros, porque hay que tener en cuenta que la cantidad de dinero que suelen ganar amigos míos que han publicado textos no les da para ir a Andorra. No digo a vivir para evadir impuestos: digo que no les llega para la gasolina ni aunque vivan en Castelldefels.

Un buen día comprendieron que lo que les viene bien es que no se tenga nada en propiedad y que ellos te lo dejen todo momentáneamente. A lo mejor sólo a cambio de publicidad. A lo mejor por una subscripción económica. Porque no sólo se tiene así el control sobre su propiedad: también se ingresa más con ese alquiler y, además, ofrece estabilidad. El objetivo de que todas las empresas se dirijan a modelos de suscripción es que así tienen garantizados unos ingresos básicos que no dependen de que tal peli, disco o videojuego se venda bien. Un contable con una previsión en la que la variación de los ingresos sea relativamente predecible se pone más cachondo que José Luis Moreno viendo la WWE. No olvidéis que la industria del arte, quitando la mafia de pinturas y esculturas modernas, que es otra cosa, es muy voluble. ¿Quién iba a saber que ‘The Mummy’ iba a ser un desastre? ¿Quién iba a esperarse que ‘Chinese Democracy’ saliera como salió? Los ejecutivos de las grandes empresas y sus Uriah Heeps que llevan los libros de balances quieren proyectar beneficios y que sean limpitos, claros y aburridos. Eso, naturalmente, lo consiguen mejor con suscripciones que lanzando BluRays o discos, que lo mismo se venden, lo mismo acaban para espantar palomas en los balcones más exclusivos.

El pingüino lo vio venir.

2.- Porque hay cosas que desaparecen

Vale: si tienes Disney Cataplás siempre vas a poder ver una peli de Marvel con tu suscripción o la puta basura esa del remake de ‘El Rey León’. Pero, como ya expliqué hace mucho tiempo en un artículo profético, las plataformas de streaming no son un emule en el que está todo lo viejo. De hecho, viene a ser más bien lo contrario: saben que no es conveniente tener un catálogo sin fondo, porque navegar por miles de títulos acaba pareciéndose a cómo debe mirar su agenda El Rubius a la hora de follar: de tantas posibilidades, acaba haciéndose una paja en Andorra mirando su cuenta bancaria y esos sestercios que nunca aprovechará.

Si hoy quieres ver tu película favorita turbia checoslovaca de 1970 es más que probable que acabes recurriendo a la mula que, aunque no lo creáis, existe todavía y es lo mejor para cine raro junto a cuentas locas de Youtube que aparecen y desaparecen (Y, aunque también os parezca mentira, hay una peli turbia checoslovaca de 1970 que me gusta y que tengo en BluRay)

Es que la banda sonora es bonita…

En sitios de música como Spotify, no tendrás problemas si lo tuyo es escuchar algún grupo conocido. Pero muchos retiran sus canciones (ahora mismo no hay nada de Pendragon, uno de mis favoritos, por ejemplo) simplemente porque no ganan una mierda. Lo cual me lleva a:

3.- Porque así apoyas más a los artistas

En música, los artistas ganan lo que en términos contables se conoce como UN MOJÓN DE VACA por cada reproducción. Sólo ven algo de pasta los que son famosos, los cuales, de paso, tienen que usarla para pagar el préstamo que la discográfica les hizo para hacerlos… famosos. Sí: es como lo que pasa con la educación en Estados Unidos: te endeudas para tener un trabajo con el que poder pagar el endeudamiento en el que entraste para alcanzarlo. Si no, a vestirse de lagarterana y navegar por los foros esos en los que se pasa las horas muertas Miguel Bosé mientras intentas buscar culpables de que no llegues a fin de mes y de que tengas la cultura de una alcachofa con alzheimer.

Como ya dije cuando escribí sobre esa obra maestra que fue el documental sobre Anvil, apoyad a los artistas comprando sus obras físicas. A ser posible, directamente de ellos. Que en 2020, el ‘ya se sacan el sueldo en los conciertos’ ha quedado como argumento a la altura de ir por la calle con los pantalones bajados cantando “Esta es mi vieja yegua gris”.

En cine también vale la cosa. Sí, Disney, Warner y Netflix van a amortizar sus producciones. Y los productores que se las venden a las plataformas internacionales como estrenos directos van a ver cubierta la inversión (lo cual lleva a poca visibilidad en todo el mundo de producciones locales, pero ese es otro tema – el de la cultura europea – que le importa a los políticos más o menos lo mismo que la cantidad de semen que han dejado en sus alfombras tras chupársela a Florentino Pérez). Pero los independientes de verdad que no entran en ese limitado club apenas pueden amortizar sus inversiones. Yo mismo casi no pude cubrir lo que costó producir un BluRay de mi peli, y mucho menos ver beneficios. Ni monetarios ni de ligar con fans enloquecidas. Lo cual es lógico una vez vista la peli, pero eso también es otro tema. Otro tema del que, estando en mi lecho de muerte, seguiré quejándome.

4.- Porque hay extras

En el caso de la música, muchas ediciones especiales con temas extras no acaban colgadas en los servicios de streaming o, de serlo, acaban siendo retiradas porque, una vez más, al no tener el formato físico, estás a expensas del capricho del dueño de los derechos o incluso del artista que decide que tal o cual canción no le hace mucho. A menudo con razón:

No te digo Spotify: Mike Oldfield ni siquiera quiso editar esto en CD. No le culpo. Pero acepto que me regaléis el single en el que aparece  porque soy un coleccionista compulsivo de mierda con este señor.

Si hay discos que ni siquiera están en CD, ¿qué os hace pensar que estarán en streaming las caras B y las ediciones especiales? ¿Y qué os hace pensar que estarán ahí para siempre una vez que, por ejemplo, haya palmado el artista y una Warner o Universal decidan hacer lo que le salga del escroto ese día a un alto ejecutivo que ha hablado con su cuñado tras dos pacharanes?

En cuanto al cine, muchas veces los extras de las películas en buenas ediciones son casi tan buenos como un libro sobre el filme en cuestión. Se aprende de ellos. Que ya sé que esto de aprender está sobrevalorado, que también a veces veo ‘First Dates’, pero alguno querrá aumentar sus conocimientos y dudo mucho que haya un youtuber mejicano haciendo un tutorial sobre la obra de Sergio Martino. Y si lo hay, probablemente haya pillado la información de cualquier entrevista a Kim Newman en las ediciones de Arrow.

Mi crítico favorito. ¿Por qué? Porque BI-GO-TÓN

Los extras son una buena escuela de cine: son cortos, entretenidos y no tienes que aguantar como compañeros de pupitre a diletantes hijos de papá que quieren contarle al mundo sus problemas de chaval de 28 años que no le interesan a absolutamente ni su ímpetu creativo de subvertir la narración sin saber lo que es contar una historia. Que a la mayoría de la gente que iba de artista cuando yo estuve en la ECAM le habrian echado en el paleolítico de la fogata en la que contaban relatos para entretenerse por pesaos y le habrían dado paso, bien a uno que sí te tejía una intriga chula amorosa sobre dos tribus rivales o bien ese tan gracioso que decía “¡Paparl, paparl, llévame a cazar mamurls!”.

5.- Porque hacen bonito y tu casa así no parece una oficina

Sí: hay gente que compran libros porque quedan bien en las estanterías. Y esa gente también merece vivir, aunque no mucho. Si compras una peli o un disco, que sea para verlo o escucharlo. Pensad en la cultura como en una tienda de aparatos eróticos: nadie se compra un dildo XL para ponerlo encima de la tele. Y si sabéis de alguien que lo hace, por favor: presentádmelo. Tiene que ser una persona interesante.

Pero no puedo condenar el placer de tener una buena estantería con tus ediciones especiales. Eso que le da calidez a tu casa y permite que cotillas como yo estudien tus gustos cuando les invitas a pasar cuales vampiros de frikismo. Que eso puede ser grimoso, pero luego nos da ideas para hacer regalos ulteriores. Además, unas buenas estanterías repletas permiten que mires tus cajas limitadas con orgullo especial como rey delante de sus dominios y le digas a tus descendientes: “Algún día, todo esto será tuyo”.

“Más bien de Wallapop, papá”, te responderá. Lo cual me lleva a….

6.- Porque se pueden revender

Parte del motivo por el que las grandes empresas empezaron a fijar sus miras en los modelos por suscripción es que así eliminaban colateralmente el mercado de segunda mano. Eso para los del cine o la música era más residual (aunque sobre la historia de los errores de la industria musical a lo largo de los 2000 se podría hacer otro artículo curioso), pero para los videojuegos siempre ha sido un problema gordo. Porque con productos que cuestan 60 euros, no veas la gracia que les hace que la gente los pueda comprar por 20 en el CEX.

Pero bueno: el asunto es que parte de tus objetos físicos se pueden revender en tiempos de necesidad (paro, pagar impuesto de sucesiones o, viendo cómo va 2021, golpe de estado sorpresa) o cuando te des cuenta de que en qué cojones estabas pensando de joven cuando te compraste toda la discografía de Burzum.

Que sí: que por la mayoría de las cosas te van a dar las gracias. Pero algo decente tendréis por ahí que se pueda mover por Ebay o Discogs. O siempre habrá algún alma maravillosa dispuesta a pagarte dinero por tu edición del Sabre Wulf de Ultimate de Spectrum.

Coleccionistas de juegos retro: me provocan la misma ternura que un bebé que te mira con ojitos de perrito apaleado. Que el bebé de Alien: Resurrection, pero bebé al fin y al cabo.

Me acabo de gastar 50 euros en juegos de MSX y SOY FELIZ POR ELLO.

7.- Porque no siempre tienes las mejores versiones disponibles

No voy a entrar en el pijerismo de comprar las cosas para tener las versiones 5:1 de audio porque todos sabemos que sólo un tarado como Norberto Ramos tiene la casa acondicionada para ello. Pero mira: si son felices con eso, ahí tenéis una razón más. Que quiero llegar a 10 en este artículo por aquello del toc. Pero no olvidemos tampoco que ese DVD que tienes de hace un puñado de años lo mismo conserva un doblaje original que ya no aparece en la versión que se emite en plataformas. O, por ejemplo, una cosa que me molesta de sobremanera es que cuando aparece una nueva versión de una película, lo normal es que los servicios VOD tengan los montajes nuevos extendidos. Hablad con alguien joven a ver si alguno ha visto la versión corta y, por lo tanto, buena, de ‘Aliens’. En varios años no habrá manera de ver el ‘Blade Runner’ original ni el ‘Apocalipsis Now Redux’. Aunque en este caso, todos salimos ganando, porque menudo horror. De hecho, yo mismo voy a emitir el montaje nuevo de ‘El Padrino 3’ en Movistar+ en marzo y no el original. Por no hablar de temas mucho más importantes:

Los que tenéis el DVD original de ‘1,2,3 Splash’ todavía podéis verle la rajilla del culete a Daryl Hannah que tan alegremente le han quitado en Disney PLAS, EN TODA LA BOCA.

De lo de Star Wars hablamos otro día, claro.

Pero todas estas versiones alternativas y doblajes originales son además la razón de vivir de muchos amigos míos que son coleccionistas compulsivos de cine. Y no les quitéis esa ilusión hundiéndoles el mercado, que tanto yo con mis ediciones especiales de Jethro Tull como ellos con sus DVDs de pelis oscuras de George Lazensby también tenemos derecho a ser tratados como seres humanos de verdad.

Son sentimientos y tienen personas (seguid a David en https://www.youtube.com/user/DavidDiazFilms)

8.- Porque así se pueden hacer regalos muy personales o unir lazos prestando cosas

Soy una persona a la que le encanta hacer regalos. Pero que odia hacerlos por compromiso. Creo que una cosa está relacionada con la otra. Me saca de mis casillas pensar en un presente para la típica persona sin aficiones y que no colecciona nada.

Ahora bien: como tenga a un amigo al que le apasione algo, el placer que me da buscar el regalo perfecto es como echar un polvo. Creo. No me acuerdo ya de lo que era eso, pero me han dicho que está muy bien.

Pero también me gusta comprar mierda que no sea práctica. Lo mío es regalar chorradas. Y si dichas tontadas dicen algo de la persona o de mi relación con ella, mejor que mejor. Estamos hablando de una persona que habla de él en tercera persona, lo cual es de imbécil, pero también que ha llegado a regalar un disco con una canción con el nombre de la cumpleañera y, aluego, ha sacado un tocadiscos como segundo regalo, lo cual es de perturbado que da miedo.

Con todo esto quiero decir que me gusta mucho regalar libros, tebeos, música y cine. Y perfumes, camisetas, muñecos, tés, cuadernos cuquis, freidoras sin aceite o incluso huevos masturbadores. Pero sobre todo cultura. Por eso me fastidia mucho que cada vez haya más personas que te miran raro si apareces un buen día con un disco o una película.

Vamos, que este punto va sobre mí: DEJADME QUE OS HAGA REGALOS.

También soy mucho de prestar. Que alguien llegue a mi casa, mire mis cosas, se lleve alguna de las pelis que me sobran y, de paso, alguna otra mía. Se crea una especie de contrato: pase la pandemia que pase, tenemos que volver a vernos para al menos devolver lo prestado.

Cinco CDs, dos libros, un cómic y tres pelis he perdido así. Pero me da igual: Seguiré haciéndolo.

Paco Fox: Él era feliz con su imbecilidad

9.- Porque cuando compras algo en físico le prestas más atención

Pequeña digresión: ¿Os acordáis de todos los que siempre se han quejado de las salas de cine por las palomitas que no le dejan concentrarse en la peli? Bien: todos esos han visto durante 2020 las pelis mientras contestaban whatsapps, cortaban la sesión en tres trozos porque se había hecho tarde y se levantaban a poner el lavavajillas o miraban si mañana llovía para poner la lavadora. Esa gente de ‘yo disfruto más la peli en mi cheslón, que el cine hay palomitas’, sí: me puede comer los huevos.

Pero, más allá de eso, está claro que cuando te gastas la pasta en algo, lo tratas de manera distinta. Generalmente, la gente suele comprarse películas que ya ha visto, así que esto va sobre todo de la música. No es lo mismo ponerte en YouTube un disco a ver qué tal está mientras trabajas que gastarte 20 euritos y pensar que más te vale amortizar la inversión.

Eso lleva a apreciar más música menos evidente y a atender más a lo que suena. Yo mismo he pasado de pensar que discos que había escuchado dos veces descargados o en Spotify eran normalitos a encontrar obras maestras cuando he realizado el ritual de ponerlos, mirar las letras mientras los escucho y disfrutar con el dinero gastado. Y os voy a dejar una canción con la que me ocurrió eso y que, además, no se puede escuchar en los servicios de streaming porque no todo en este artículo van a ser chascarrillos malos de un pollavieja morena viviendo en el pasado:

10.- Y, finalmente… ¡porque se te puede caer la conexión a internet! ¡Que es 2021! ¡Todo puede pasar!

Vale. El décimo punto está aquí para llegar a un número redondo. Pero yo qué sé qué cojones traerá el futuro. Sean como sean los días venideros, quiero pasarlos sin privarme de escuchar mi música favorita ni ver por vigésima vez ‘Un Tipo Genial’ (copia buena Criterion, muy superior a la que está en emisión: recordemos el punto 7) mientras me defiendo de la plaga de langostas, invasión alien o lo que sea que se le pueda ocurrir a Ayuso en un día tonto, que es lo que me da más miedo.

Y aquí acaba este grito antinatura y a contracorriente de la realidad actual que ha venido para quedarse, porque aquí se hará lo que Disney y Twitter nos metan en la cabeza. Una rebeldía más que probablemente proveniente de una forma de pensar osea osea ok boomer osea tan pasada que, una vez más, me mete en ese grupo de edad temible al que pertenezco:

El de ente blog.

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