cine | música

Cinco músicos que se lo creyeron más que la película

4.6
(25)

Aquí Paco Fox: vuelve el muy esporádico colaborador Legolás Tu Tendrás, AKA Señor Cava Baja, para hablarnos de bandas sonoras, ese género en constante estado de crisis desde que Zimmer inventó el bramido de elefante con gastritis. Os dejo con él:

Suele decirse en el mundo de las artes que la Musa es caprichosa, y que de sus caprichos nacen hermosas creaciones. Yo defiendo que la Musa es una hija de la gran… Porque la gente normal entiende un capricho más o menos así: “¿Te puedes escapar al chino y traer helado?” (cosas que se les pueden ocurrir a esposas embarazadas en pleno diciembre tras la cena), mientras que en mi experiencia (y creo que en la de Paco también), la metáfora sobre la inspiración creativa viene a ser algo más parecida a: ”Quiero tiramisú, pero no me lo traigas del Mercadona; quiero tiramisú artesano, recién hecho, dulce como néctares de dioses. Y no me importa una mierda que sean las cuatro de la madrugada de un martes, ni que mañana trabajes, ni que estemos en Blasconuño de Matacabras. LO QUIERO Y PUNTO”. La Musa SIEMPRE tiene la razón y con eso se la obedece. Porque la Musa ha visto Origen y sabe que es tan probable que te liberes de la idea que ha insertado en tu cabeza, como de que hayas visto el capítulo 8 de la tercera temporada de Twin Peaks hasta el final y no seas un tarado.

¡Hola! Soy tu mens… tu musa.

Esta sutil trampa del destino llamada inspiración, orquestada por una musa más parecida a Azathoth que a Euterpe, funciona igual para todos. Igual, por ejemplo, que a un George Miller que, durante la preparación de Mad Max Fury Road, le pareció esencial colgar a un guitarrista mutante de unos altavoces gigantes portados sobre un camión de dieciséis ruedas, mientras su guitarra hace música digna de Slaanesh y echa fuego por el mástil.

¿Tenía sentido? NO.
¿Molaba? TRES MIL.

Así que la Musa dijo “tira p’alante” (que es lo mismo que le dijo a Alejandro Jodorowsky cuando pensó que era buena idea entrenar en artes marciales durante dos años a su hijo Brontis para interpretar a Paul Atreides en ese Dune que nunca se rodó y que tan bien ha quedado retratado en el documental Jodorowsky’s Dune de 2013, o cuando le susurró al oído a John S. Rad un “No, hombre, tú haz Dangerous Men, que no pasa nada, que a la gente le va a gustar mucho. Y haz también la banda sonora, anda. Que no veas la risa”).

Y, ahí enlazando bien, hoy vamos a hablar de bandas sonoras, que es algo que les gusta a cuatro tarados en la faz de la tierra (o más exactamente entre 3.000 y 10.000 tarados, vistas las tiradas de CDs en el nicho de las bandas sonoras para coleccionistas). Pero digamos las cosas claras: aquí no vamos a hablar de ejemplos de superación (para eso, podéis consultar la sección Onvre/Munhé del año, que son referentes mucho más edificantes). No vamos a referirnos a esos casos cuarto y mitá de chope que tenían un material visual entre fallido y decente y elevaron la calidad de los filmes con una composición notable (como podría ser un joven Christopher Young elevando Hellraiser y Hellbound mucho más alto gracias a una estupenda composición que huía de la música atonal, o James Newton Howard con Waterworld, que fue una peli fallida, pero que en la parte de la aventura ya funcionaba correctamente en 1995 y que la música tan bien enfatizó).

Porque en un mundo euclidiano y donde el libre mercado sea una regla universal que beneficie siempre al consumidor porque la oferta y la demanda se auto regulen de un modo natural (pfff), cada película tendrá una banda sonora a su altura, la de alto presupuesto contratará a un compositor de esos que te miran por encima del hombro mientras beben Martini de los pechos de tres prostitutas , y las de bajo presupuesto las hará Danny Elfman. Ahí de nuevo mete mano la musa.

Yo hablo de señores que tenían bajo su responsabilidad la orquestación de adifisios cinematográficos, y que lejos de cobrar su sueldo cubriendo el expediente por la mínima, se pusieron a componer por todo lo alto, como si estuvieran componiendo para Lo que el viento se llevó. Esto es: los que crearon MÚSICA QUE SE LO CREE MÁS QUE LA PELÍCULA (™). Estos señores serán, de aquí en adelante, el Equipo A de Hollywood, porque está claro que “si tiene usted algún problema y se los encuentra, quizá pueda contratarlos”.

Caso de éxito: Jupiter Ascending (El destino de Júpiter)

Perpetrador: Michael Giacchino
Nivel de fechoría: Acojonante

El ganador de un premio de la Academia por esa peli de Pixar en la que sale Spencer Tracy y con la que todo el mundo llora, es un grande de la música. Empezó por muy poquito (haciendo la banda sonora para el videojuego de Jurassic Park: El Mundo Perdido, así de literal), lleva ya en su carrera varias nominaciones a distintos premios, y hoy día trabaja en las franquicias y filmes principales de Hollywood. Pero no es un grande porque esté imitando con mucha elegancia lo mejor de las partituras de John Williams (quien, recordemos, seguía la tradición de Korngold y de Miklos Rozsa), sino porque además tiene ese valor flamenco de “yo me meto donde sea” tan propio de Jerry Goldsmith. Porque hacer una banda sonora titánica como Jupiter Ascending, siendo consciente del finstro diodenal que resulta el producto original, es de alguien que tiene una motivación que ya le gustaría a Jordan Peterson.

Jupiter Ascending podría ser otra reformulación de El héroe de las mil caras, como Star Wars o [rellene con su fandom del viaje del héroe favorito]. Jupiter Jones comienza limpiando baños (ya es mejor que Roger Wilco, que era el ayudante del ayudante del ayudante del encargado de limpieza de retretes), pero viendo su recorrido vital, intuimos que tiene una importancia mayor como protagonista de su propia vida, puesto que pronto se ve envuelta en una confabulación de proporciones cósmicas. El entuerto sideral de la Casa de Abrasax es digno de salir en el Hola: Una conspiración intergaláctica sembrada con un suero de la eterna juventud de origen siniestro, venta de óvulos con identidades falsas, dinosaurios parlantes, guerras intestinas de poder, y gente viviendo en interiores de fantasía a todo lujo con unos trajezucos de alfombra roja del espacio exterior. Por no mencionar a la propia Jupiter, que acaba siendo la reencarnación genética de una señora mega tocha, y que tiene un especial apego por hombres-perro de zapatos voladores.

Esto se lleva un Oscar seguro.

El momentazo: Aunque a mí me priva la escena en la que Jupiter descubre su linaje cósmico mientras controla mentalmente una población de abejas que Sean Bean tiene en su casa de campo, mi devoción por Asterix me empuja a elegir ese momento en el que nuestra pobre heroína se tiene que recorrer las oficinas burocráticas de media galaxia en compañía de un androide chupatintas para reclamar el formulario que acredite que ella es la legítima heredera y regente del Planeta Tierra (y que al final, como si fuera en España, sólo consigue con un soborno). No por el momento en sí (que también) sino porque musicalmente tiene más épica que un hijo ilegítimo de Andrew Powell y Jim Steinman, y eso, en una escena que va de conseguir la fórmula A38, pues no vamos a mentir, tiene mucha gracia. Porque es La Casa que Enloquece de Las Doce Pruebas de Astérix, pero con más colorete en las mejillas.

La escena:

El temazo:

 

Caso de éxito: The Twilight Saga: New Moon (La saga Crepúsculo – Luna Nueva)

Perpetrador: Alexandre Desplat
Nivel de fechoría: Placer culpable

Vamos a decirlo como pollaviejas: ya no hay pelis malas como las de antes. Twilight Saga y Sharknado pueden ser más malas que arrancadas (opinión discutible), pero son cine que tiene mucho oficio: la cinematografía es correcta, el montaje no está mal, y las cosas que están mal no salen de manera accidental (vamos, que las hacen aposta). No son pelis de CutreCon. No tienen HAMOR. No son Catwoman.

Never forget el cine de calidá

De un modo más polite, también podríamos decir que Twilight Saga, más allá de su calidad formal, es un ejemplo de cómo se han organizado franquicias cinematográficas posteriores, directores y equipos artísticos de cierto renombre, que por contra hacen pelis con tal coherencia de estilo que resultan completamente impersonales. Eso, y que tras “300” fue de las primeras películas que orientó su promoción a un público gaymenino de una manera, digamos, agresiva.

Ya es temporada de sofocos para fans del six-pack. Sutil.

En esta segunda entrega, el director Chris Weitz, autor del primer American Pie, venía de estronciarse muy fuerte con La Brújula Dorada, en un claro ejemplo de lo que supone intentar hacer una trilogía franquiciada para niños sin haber leído el último libro. Richard Dawkins would be pleased. Pero bueno, que después del patinazo, consiguió que le enchufasen la secuela de Twilight, que había sido un éxito de esos de chachas de productores comprobando que la coca sienta mejor si se esnifa con billetes de 500 dólares en vez de un dólar (presupuesto de 37 millones, 410 de recaudación mundial). Nos podemos imaginar que Weitz no era muy fan de la saga literaria, pero a la hora de elegir su equipo creativo, no dudó en volver a enmarronar a Alexander Desplat, con el que ya trabajó en La Brújula Dorada. ¿Era un compositor de su confianza, o fue algo más en plan “si me jodo yo, nos jodemos todos”? Nunca lo sabremos, y casi mejor.

New Moon es una peli netamente superior en lo cinematográfico a lo que era Twilight, esto es, simplemente entretenida. El argumento es bien sabido: Edward Cullen, vampiro-disco-emo (ahí veo un género necesario para la música actual) fosforito, entiende que salir con una niña de dieciocho años cuando él tiene ciento diecinueve sólo sería normal si fuera Rudolph Giuliani. Solución: la deja. Resultado: DRAMA. Drama a niveles cósmicos. Isabella se da cuenta de que puede ver una fantasmagoría de Edward cuando ella se pone en peligro (de alguna manera, el vampiro la sigue protegiendo) y toma la única decisión razonable: escamocharse viva para ver a su ex. Tocar derivaciones eléctricas con las manos empapadas, tirarse de vehículos en marcha, insultar a legionarios que votan a Vox… todo vale. Y no hemos hablado del triángulo amoroso con el hombre lobo pagando Fantas porque esto no es un artículo de sociedad, pero también tiene su tela.

Hola, soy Bella Swan y esto es Jackass

En resumen, The Twilight Saga: New Moon es el perfecto 12 Reglas Para No Vivir Siendo Adolescente. Es un manual de referencia sobre todos los comportamientos, personales y en pareja, que los jóvenes deberían evitar. Como tal, podía haber sufrido el destino fatal de todas las pelis de adolescentes: un CD con temas de grupos para chavalada de su año que luego se acumulan en “La Metralleta” a 3 euros la unidad. Pero Desplat, que es un tipo con cabeza, se dio cuenta de que si hacía, no una banda sonora competente, sino un pedazo de banda sonora, no sólo haría más pasta de royalties, sino que además nos joderia a los fans del formato físico porque, ¿qué adulto varón de cualquier edad reconocería que tiene un disco de Twilight Saga en su estantería?

Vas a comprarte el CD, y lo sabes.

El momentazo: Para apreciar debidamente la proporción inversa entre calidad actoral y musical (menos es más, aquí sí que sí), Edward Leaves, la ruptura amorosa más vergonzosa desde que Kyosuke (Johnny) plantó a Hikaru (Rosa) en Kimagure Orange Road (o Johnny y sus amigos, grazie Tele5).

La escena:

El temazo:

Caso de éxito: Ghost Rider

Perpetrador: Christopher Young
Nivel de fechoría: Charla motivacional en Youtube

Como dijimos al principio del post, hay gente en la segunda división que curra muy bien. Los que somos del mundillo conocemos a Chris Young por su tradición en el cine de terror de los últimos treinta años, aunque tiene joyitas como Murder in the First, donde consigue un tono muy emotivo para una peli durilla sobre un preso de Alcatraz interpretado por Kevin Panceta. ¡Pero aquí premiamos otro tipo de calidá! Como buen autor de Segunda Regional, él sabe que le suelen llamar para fistros y lo lleva con alegría. Uno paga las facturas del gas como mejor sabe. Igual que Tim Curry se descojonó del pobre entrevistador que le preguntó (ingenuamente) cómo elegía sus papeles, Young es un todo terreno, pero de los motivados, de los que se escuchan charlas TED y leen libros de Simon Sinek; no importa la cacota que haya detrás del proyecto que le pidan, que él lo hace con una sonrisa y esforzándose.

¿Y qué puedo decir de Ghost Rider? Para la gente que vio la anterior incursión de Mark Steven Johnson en el cine de superhéroes, Daredevil, y encontró momentos mágicos del delirio como un combate sobre balancines entre Matt Murdock y Elektra, lo de Ghost Rider es cenar caviar ruso. Nic Cage forjando el camino de sobre actuación que culminaría en Mandy, una guión poco memorable escrito por el propio Johnson (ya era mala señal), y una dirección de actores digna de un regidor de Telecinco que se ha pasado con la farlopa; aunque reconocemos que la puesta en escena era tan vicisitúdica que nos enamora. La banda sonora tenía su propio carácter, ayudando a promocionar a Evanescence con los primeros singles de su disco de debut Fallen, aparte de temas de Rob Zombie, Nickelback y Moby. Pero Young no se dejó comer el terreno y poniendo una banda sonora con aire de western y muchos coros, que son lo que le dan calidad al producto, salió más que airoso del entuerto ¿Desastre? Esa palabra no existe en el diccionario de Chris Young.

Familia viendo ciclo de cine monográfico sobre Nicolas Cage

El momentazo: Ghost Rider Knows No Mercy. Hijo moral de Franco Micalizzi y el Stridulum de The Visitor. Montaje delirante para una transformación muy loca. Música que no “se-lo-cree-más-que-la-película” sino que incluso “se-lo-cree-más-que-Nicolas-Cage”. Muy recomendable también More sinister than the popcorn, título delicioso para representar una escena de pelea en la cárcel.

La escena:

El temazo:

Caso de éxito: Speed 2: Cruise Control

Perpetrador: Mark Mancina
Nivel de fechoría: Media Ventures Pro

Qué decir de Speed 2. Normalmente, cuando haces una secuela con el más o menos mismo equipo de la primera, sueles perder un punto o dos en la nota de IMDB. Speed 2 bajó la nota de 7,2 a 3,9 (estaría en la misma liga que Highlander (Los Inmortales), que pasó de un 7,1 a un 4,2, pero la música de Highlander 2 compuesta por Stewart Copeland no es nada del otro jueves y la historia de su producción siempre la cuenta mucho mejor Paco). Las razones tácticas las podemos inferir. ¿Hacía falta una secuela? ¿Por qué no mejor que fuera una secuela de personaje (Jack Traven / Keanu Reeves) en lugar de una secuela de High Concept (vehículo de pasajeros sin control de velocidad)? ¿Era suficientemente molón para una peli de halsión que la motivación del malo fuera que le despidieran de la compañía naviera y que por eso montara un sabotaje industrial? La cosa es que se pusieron a rodar y a meter CGI, y aunque finalmente el crucero no se estrelló en el muelle, la peli sí lo hizo en taquilla. Y ni siquiera sirvió como meme de futurología de Los Simpson, dado que el Costa Concordia encalló y se hundió navegando a poca velocidad. Por lo demás, lo tiene todo: Jason Patrick es el Keanu Reeves de Hacendado, Sandra Bullock más perdida que Charlie Sheen en una fiesta sin coca, Willem DaFEO haciendo de Nicolas Cage, y la carrera de Jan de Bont haciendo las mismas aguas que el crucero Seabourn Legend.

A todo esto tenemos que sumar el factor Media Ventures, el estudio de composición compartida fundado por Hans Zimmer (en confianza, sus minions). De este estudio han surgido muchos compositores capaces en tercera regional, y unos cuantos con mucho talento (Harry Gregson-Williams, John Powell, Klaus Badelt); en nuestro caso, Mark Mancina, que como además participó en un disco de Yes y otro de PIL COLLINS nos cae mejor que el resto. Mark pone gran variedad en los temas, y sobre todo, un ritmo a las persecuciones, que ya lo querrían muchos para sus películas de alto presupuesto. Es un derroche de talento que se escapa por los cuatro costados, muy superior a su partitura para la Speed original y para otras pelis de acción de la época como Bad Boys. Posteriormente de Bont intentó repetir su fórmula “película mala con gran banda sonora” liando a Jerry Goldsmith para The Haunting, pero el resultado no es ni por asomo de este acabado.

El momentazo: Los créditos iniciales con la persecución. NUNCA escucharás una pista tan buena para una escena en la que el héroe persigue con su moto a un camión de los helados conducido por unos delincuentes mientras Sandra Bullock intenta aprobar el carnet de conducir (chiste heredado de la peli anterior).

La escena:

El temazo:

Caso de éxito: The Fury

Perpetrador: John Williams
Nivel de fechoría: Que nadie se entere de que yo estuve aquí

A veces, sobre todo en los 70, se conseguía liar a un artista de renombre para un truño de calidad (que le pregunten con una Ouija a John Barry por lo de StarCrash), pero no siempre a manos de directores italianos que acreditan nombres americanos en los créditos. El Maestro tiene algunas pelis menores, pero sobre todo tiene una peli adefesio con un trabajo muy fino de composición. Aquí el señor que engañó a John Williams (no queremos saber cómo porque el resultado es vicisitúdico) es Brian de Palma, que venía de hacer Carrie y a ver quién le decía que no.

 

Voy a hacer un truño así de grande, Kirk, ya verás.

The Fury es una partitura algo sombría y muy clásica que yo solía poner para ambientar las partidas de Arkham Horror, pero la peli es un enrevesado thriller sobrenatural con espionaje y telépatas en la que también consiguieron liar a Kirk Douglas en un momento bajo de su carrera (a más señas, entre Holocausto 2000 y esa joya llamada Cactus Jack); se ve que de Palma intentaba repetir el éxito de Carrie con otro producto que contuviera elementos parasubnormales. Por qué una peli con estas características es aburrida es algo difícilmente explicable, igual que le pasa a su prima Scanners, que es un rollo (no me lo discutais, que mi peli favorita es Blade Runner y soy muy fan de Royal Space Force: The Wings of Honnêamise, sé de lo que hablo), pero lo de Cronenberg tiene más sentido al ser una serie B sin pretensiones y con todas las obsesiones del autor. The Fury es simplemente fistra, de esas que al acabártelas necesitas una ducha para no sentirte demasiado sucio. Pero la banda sonora es una maravilla. Últimamente viene siendo muy reeditada en ediciones caras para coleccionistas, pues viene de un momento muy creativo del compositor (Superman, Encuentros en la Tercera Fase…), pero en este caso (y todos los anteriores) la peli no acompaña.

El momentazo: A mí me gusta mucho la pieza usada como tema principal, pero la que eleva la peli a sus altares de sordidez es Gillian’s Power, última escena de la peli [OJO, VIENE SPOILER QUE TE CAGAS CUANDO ABRAS EL VÍDEO] y Williams preguntándose dónde se ha metido. Sobre todo, el uso setentero de los planos, los zoom salvajes y las ondas Martenot hacen de este final de película algo digno de una convocatoria de la CutreCon anual y Brian de Palma saliendo de la sala de proyección a hombros con la gente gritando “¡Torero, torero!”.

La escena:

El temazo:

Quizás como último homenaje a la musa y buscando esa mejora contínua de la experiencia de uso, os recomiendo el tema principal de Dangerous Men, que si lo pensáis friamente, es tan universal que la podríais superponer a cualquiera de los cinco ejemplos anteriores, y la escena saldría ganando en todos los casos. Haced el ejercicio mental, ya veréis qué risa.

Y por el momento, es todo. Seguro que tenéis más ejemplos. Porque ahí estaba el llorado Morricone, otro al que le valía cualquier cosa con tal de que le dejaran hacer lo que quisiera y le dieran un vale de comida para su pizzería favorita. Quizás algún día hablemos de él.

El mágico mundo de las Partituras Que Se Lo Creen Más Que La Película es la gran delicia del coleccionista de esas cosas que se pueden escuchar sin que salgan anuncios de reguetón. Aunque, claro, si eres de los de Zimmer, lo mismo ponerte la banda sonora de Origen en Spotify puede mejorar la experiencia si entre berrido de elefante y sonido de ollas pifostiándose en el suelo te aparece alguien berreando con desgana “papito dale lo mío”.

Qué turbias son las letras del reguetón.

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