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Musique de France: les années 80

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Aquí Paco Fox: Belisaurio, aka «El colaborador Guadiana», que aparece y desaparece cual calcetín impar en la cesta de la ropa sucia, vuelve tras un año para hablarnos de la sordidez de la música francesa. Espero que descubráis mucha chunguez;

Todos sabemos que los ochenta fueron una década de sordidez y vergüencita ajena en todos los países de la tierra, desde Beijing hasta Pocón, pero no es menos cierto que el grado de ambos factores varió en gran medida de una nación a otra. Reino Unido y Alemania parecen ser los grandes titanes, para bien y para peor, pero la contribución española en forma de subproductos de la Movida, pese a ser menos exportable, tampoco le fue en zaga. El misterio del asunto es el caso de Francia, un país normalmente relevante en todos los aspectos que no obstante pareció mantenerse al margen en la escala de vicisitud musical durante aquellos años. Tanto es así que los no-francófonos probablemente no sean capaces de nombrar una sola canción hecha en Francia durante esa década, a excepción de la única que lo petó más allá del ámbito francoparlante, que no es otra que el “Voyage, Voyage” de Desireless.

Algunos la conocieron a través de esta versión… con el daño cognitivo y visual que ello conlleva

Como podrán suponer, esto no quiere decir que en Francia no se grabara música durante los ochenta. Claro que se grabó, y muchísima, como en todas partes. La diferencia con otros países es que la mayor parte no consiguió sonar fuera. Lejos habían quedado las décadas gloriosas de los sesenta y los setenta, cuando los países francófonos podían presumir de un plantel de grandes artistas conocidos por toda Europa (Claude François, Michel Sardou, France Gall, Adamo, Dalida), se alzaban con el triunfo en los festivales de Eurovisión con canciones interpretadas en su propio idioma y hasta llegaban a grabar en español (en no pocas ocasiones, con espantosos resultados). Pero después de aquellos años de éxitos, una vez entrados los ochenta el panorama musical francés perdió fuelle y se volvió menos original, limitándose a copiar las modas provenientes de otros países, con la merma cualitativa que ello supuso.

Para paliar el tremendo desconocimiento general de la producción musical francesa durante aquella década clave, el autor del presente artículo se propuso recopilar algunos de los temas que más sonaron en las radiofórmulas de la época para dar una idea de lo que fue el panorama musical del país vecino (el rico, no Portugal). Quien firma estas líneas no tiene claro si esta selección agrupa lo peor o lo mejor de los ochenta en tierras gabachas, pero probablemente sí se trate de lo más pintoresco y digno de atención para los lectores de ente bloj. Además de un puñado de guan jit guonders, fenómeno ochentero por antonomasia, se incluyen también algunos pesos pesados de la cultura musical del Hexágono.

Antes que emplear una clasificación arbitraria, he preferido ordenar las canciones por fecha, no tanto por la mera claridad de exposición como porque la vicisitud va en patente aumento a medida que avanzan los años. Eso sí, para respetar las costumbres del bloj, esta inmersión en la locura en versión transpirenaica está limitada a catorce entradas. Por otra parte, y antes de que nadie lo señale, metemos alegremente en el mismo saco a músicos franceses y otros que no lo son (por ejemplo belgas, sin ir más lejos), pero eso es algo que ningún gabacho que se precie dudaría en hacer… Aprovecho también para dar las gracias a mi gran amigo y fiel lector de ente bloj M. Vandelay, sin el cual no habría llegado a conocer unas cuantas de estas perlas.

14. Lio – Banana Split (1979)

Mónica Naranjo no inventó nada…

Vanda Maria Ribeiro Furtado Tavares de Vasconcelos tuvo bien claro desde el principio que necesitaba un nombre artístico moderno, conciso y llamativo. Con el apodo Lio, se convirtió en una cantante de éxito afincada en Bélgica que conquistó la esfera francoparlante con su pop ligero y adolescente con un rollito de lolita juvenil, una corriente que más tarde retomarían otras féminas de buena presencia que también podrían haber sido grandes cantantes si no fuera por la voz, como la pizpireta Alizée.

El tema más conocido de Lio tal vez sea “Fallait pas commencer”, canción que versionó la futura mitad femenina de Amistades Peligrosas, pero su “Banana Split” de 1979 resulta mucho más representativo a la par que sórdido, con un videoclip en el que un plátano gigante da vueltas en segundo plano mientras una jovencita alaba las cualidades de aquel postre sin par. Quienes se escandalicen por ello deberían recordar que tan sólo un año después la chica ya estaba cantando su siguiente jit bailando casi en bragas en el videoclip de “Amoureux solitaires”.

Pese a rozar aún la edad legal mientras realizaba sus primeros contoneos ante las cámaras, la belga no fue la cantante más jovencita en debutar en el mundo de la música en los ochenta. En tal honor se le adelanta, entre otras, la parisina Vanessa Paradis, que con tan sólo catorce añitos se aupó unos años más tarde al número uno de las listas con “Joe le Taxi”, una oda al taxi que emocionaría al mismísimo José Luis Cantero. A diferencia de la nuestra querida Lio, Vanessita va bien enfundada en un jersey con mangas que no sugiere nada, pero a cambio la canción incluye un tremendo solo de saxofón que hará las delicias de los verdaderos fans de las ochenteradas.

13. Isabelle Adjani – Pull marine (1983)

En pleno auge de éxito cinematográfico de la bellísima Isabelle Adjani, a alguien se le ocurrió la gran idea de que la actriz podría grabar un disco. Ese alguien fue nada más y nada menos que el mismísimo Serge Gainsbourg, quien le produjo y compuso un álbum debut. Confiando quizá en que el tirón físico de la Adjani fuera suficiente reclamo, el generalmente brillante Serge no se esforzó demasiado a la hora de escribir las letras, repletas de rimas un tanto extrañas y con un significado que escapa al entendimiento del mortal medio.

El videoclip de su primer éxito, “Pull Marine” (1983), firmado por Luc Besson, cuenta una historia rayante que se asemeja a lo vivido por cualquier pareja durante el reciente confinamiento, con una letra que no deja nada claro de qué va el asunto. En otras canciones es más fácil entender de qué se está hablando, pero entonces el resultado es mucho peor, como en la oda a la belleza de David Bowie incluida también en el mismo disco.

Nuestros avezados lectores adivinarán que esto, además del inicio, también fue el abrupto final de una carrera que se detuvo poco después, quedándose muy lejos del éxito esperado. Tal vez si la música y las letras hubieran estado al alcance de la comprensión del oyente medio, la cosa podría haber sido distinta, aunque lo cierto es que el hecho de que entre los múltiples talentos de la Adjani no figurara el de cantar bien tampoco ayudó mucho.

12. Bandolero – Paris Latino (1983)

En la música francesa de los ochenta existe una tendencia claramente reconocible, más allá de lo cutre y/o estrambótico: el gusto por las reminiscencias latinas en sentido amplio. No olvidemos, por ejemplo, que el grupo de músicos brasileños Kaoma, que inmortalizó la “Lambada”, estaba afincado en París. Dicha influencia tal vez se remonte a un grupo de principios de los ochenta que, mucho antes de Günther o Manu Chao, hizo suyo el arte de juntar palabras inconexas en la lengua de Yulio Iglesias: Bandolero. Esta formación consiguió colar un sencillo en lo más alto de las listas de éxitos y vender tres millones de copias a finales de 1983, generando todo un tsunami que llegó a retumbar hasta en la piel de toro.

Quien haya visto el trocito de la actuación del grupo en el programa correspondiente de Cachitos de Hierro y Cromo sabrá que dos de los miembros del grupo eran de Valladolid, lo que quizá explique el rollito hispánico que caracterizaba al mismo, aunque sus letras no fueran precisamente de la escuela del Campos de Castilla. Al ritmillo disco-funk de la canción se suman regularmente unos rapeados horribles en neolengua francoespanglish que dan su correspondiente vergüencita, aunque hay que reconocer que la canción en general es bastante pegadiza. Éxitos como este probablemente allanaron el camino para que grupos españoles como Mecano pudieran triunfar posteriormente en Francia, con letras traducidas y una pronunciación sorprendentemente decente.

11. Les Rita Mitsouko – Marcia Baila (1984)

Bigotíns

Si hablamos de influencia latina, este grupo también tiene lo suyo, al menos en cuanto a los ritmos, que se mezclan con tecnopop, punk-rock y una buena dosis de desparpajo. Una señora que canta pegando gritos y su guitarrista, el clon gabacho de Keith Richards, se embarcan en todo un carnaval de sonidos con videoclip súper logrado lleno de disfraces, surrealismo y teatralidad que terminan de rematar uno de los temas más chulos y divertidos que salieron de la Francia de los ochenta.

Quien no vea el rollo latino por ninguna parte tal vez lo identifique al escuchar la versión que se marcó Ricky Martin en 1998, un temazo de pop latino con percusión a toda tralla, trompetas sonoras y una buena voz solista que, en esta infausta era de reguetrap desaforado, parece Mozart o Vivaldi en comparación con cualquier mierda que suene en Los40 Urban. ¡Y pensar que hace veinte años algunos despotricábamos contra la “pachanga” latina!

10. Laroche-Valmont – T’as le look Coco (1984)

Estilazo

Los años ochenta fueron una época maravillosa en la que cualquier ser humano que no fuera guapo ni supiera cantar podía grabar un disco y triunfar de forma arrolladora. Eso fue lo que le ocurrió al bueno de Jean-Quentin Gérard, un chaval con pasta que adoptó como seudónimo el nombre de la heredad de su familia en el este de Francia: Laroche-Valmont. Lo que no le faltaban eran contactos, ya que se rodeó de productores y compositores de reconocido prestigio para grabar un tema que le catapultó a un efímero éxito, con medio millón de maxi-singles vendidos en 1984.

Si fuera necesario describir a este personaje, podríamos definirlo como una mezcla entre Franco Battiato y el actor francés Élie Semoun, pero sin el talento del primero ni la chispa del segundo, aunque en honor a la verdad hay que admitir que seguramente baile mejor que cualquiera de los dos. La canción, que parece hablar de distintos estilos de belleza masculina, resulta muy enrollante y pegadiza, pero lo mejor seguramente sea el vídeo, que no tiene absolutamente nada que ver con la letra y seguramente se ideó en el mismo intervalo temporal necesario para crear la letra y la música: unos 10 minutos. ¿Pero quién necesita un videoclip potable cuando tiene un gran jit?

09. Patrick Bruel – Comment ça va pour vous? (1985)

Nuestro próximo invitado, a diferencia del anterior, sí que es una figura importante de la cultura francesa. Cantante, actor y hasta jugador de póker profesional, Patrick Bruel es un epítome del artit-ta todoterreno así como el mejor ejemplo de mocator (el masculino de mocatriz) que ha dado el país vecino. Conocido principalmente como cantante, paradójicamente es en el cine donde ha dado sus mejores frutos, lo mismo que Miguel Bosé, pero cambiando las conspiranoias del 5-G por un apoyo abierto al ejército de Israel en el conflicto israelo-palestino, ya que el bueno de Patrick proviene de una familia judía argelina.

El primer éxito de Bruel fue una cancioncita ligera en la que un chavalito joven se quejaba de lo petarda que era su novia (“Marre de cette nana là”). Siguiendo con esa misma apuesta por el público juvenil, su siguiente canción hablaba de un pagafantas que va a una fiesta con la esperanza de encontrarse allí con una chica con la que había quedado y que no aparece en toda la noche (“Comment ça va pour vous?“). La miseria anímica del personaje se ve expresada en toda su plenitud a través del croma guarro con imágenes discotequeras aceleradas que se observa de fondo y del ademán desnortado del pobre Patrick, que acaba agotando todos los gestos posibles a lo largo de cuatro minutos que se (le) hacen eternos.

Pero Bruel supo perseverar y sobreponerse a su imagen ochentera de cantante juvenil guapito, de esos que parece que están siempre estreñidos de tanto forzar la mirada azul, para encarar la siguiente década adoptando un nuevo rol de cantante intensito con la voz rota a lo Sergio Dalma y terminar de consolidar su éxito y convertirse en un auténtico fenómeno de masas. Dentro de esa nueva etapa se enmarca la que seguramente sea su canción más conocida, “Casser la voix”, impregnada aún de un ochenterismo hard que no se puede aguantar (para bien o para mal).

“Casser la voix” se publicó en castellano como “Romper la voz”, pero no fue el único tema que trató de apelar al siempre agradecido mercado iberoamericano, porque Patrick también nos regaló una versión del jit “Place des grands hommes” que lleva por título “Plaza de los héroes”, con una traducción impecable y una dicción sorprendentemente solvente pero que a día de hoy dan inmensa cosica debido al empleo de una jerga juvenil tardo-ochentera que ha envejecido peor que los capítulos de Los Fruitis. Ni el disco en español de Thomas Anders da tanta grima. Sí, han leído bien, “disco en español de Thomas Anders”. Tal cosa existe: Barcos de cristal (1994).

08. Partenaire Particulier – Partenaire Particulier (1985)

Bueno, una de afterwork na más y pa casa, ¿eh?

Los años ochenta dieron a luz, entre otras muchas tendencias, a algo tan maravillosamente sencillo y eficaz como el tecnopop: una base de tecladitos calcada de Kraftwerk y simplificada para encajar en el formato pop, percusión punchi-punchi, una voz por encima cantando trivialidades y, ¡bimba!, éxito garantizado. Todos los países tienen sus efímeros jitazos dentro de este género, y Francia no podía ser menos, en este caso con unos chavales de provincias con cara de buena gente que cantaban todos a la vez para disimular la voz: Partenaire Particulier.

Este trío catacroquer originario de Burdeos lo petó a base de bien en el verano de 1985, y a día de hoy su tema homónimo y más conocido puede seguir oyéndose en las verbenas de pueblo de toda la antigua Galia, con el mismo deleite con el que los íberos danzamos al son de Zapato Veloz en las festividades rurales más auténticas. Su andadura fue más bien corta, y a finales de los ochenta pusieron fin a sus actividades, probablemente porque se quedaron sin ideas, a juzgar por el recurso facilón de poner al grupo el nombre de su primera canción, o de grabar su videoclip insignia en el billar de algún colega. En los locos ochenta estaba muy barato alcanzar la inmortalidad.

07. Stéphanie – Ouragan (1986)

Sooo eighties…

Pasado ya el ecuador de esta exquisita selección, aquí viene artillería de la buena. Los lectores de más edad recordarán tal vez cómo a mediados de los ochenta Estefanía de Mónaco dio el salto al mundo de la canción, a una escala tal que hace palidecer el “Toa Toa” de nuestro ilustre Jesulín. A sus escasos veinte años, la joven princesa había flirteado con distintas actividades seudoprofesionales de esas a las que se dedican los hijos de famosos: diseñadora de moda, creadora de perfumes, dueña de una cafetería y de una tienda de ropa… Hasta que un buen día alguien le propuso inocentemente grabar una canción, y lo que sucedió a continuación sorprendió al mundo entero. ¿Se imaginan a la infanta Cristina liderando a Olé Olé en los ochenta, o a la infanta Elena sustituyendo a Millán Salcedo en un especial de Nochevieja de Martes y Trece? Pues eso es lo que sucedió en Mónaco en 1986.

A pesar de sus claras limitaciones como cantante, el tema fue un exitazo que se mantuvo durante diez semanas en el número uno de las listas francesas, y también se exportó al extranjero gracias a que Estefanía, amortizando sus años de colegio de pago, fue capaz de interpretarla en un perfecto inglés. En el vídeo que la acompañaba, Estefanía lucía palmito frente a distintos decorados exóticos y aleatorios, con esa llamativa planta a lo Bimba Bosé que sin duda contribuyó lo suyo a su popularidad. El álbum que vino a continuación también lo petó muy fuerte en el mercado francés, pero, como viene siendo habitual en este listado, las grabaciones posteriores fueron perdiendo el favor del público, y a principios de la década siguiente la princesa abandonó la música para dedicarse a esas cosas que hace la gente de la nobleza cuando llega a cierta edad, como irse de merienda-cena, día sí y día también, a todo tipo de eventos benéficos. Y tan contenta, hoygan.

06. Gold – Laissez-nous chanter (1987)

Pasamos ahora a una propuesta un poco más convencional, pero no por ello desprovista de interés. El grupo Gold es un ejemplo paradigmático de muchas formaciones de pop-rock de los ochenta: popularidad arrolladora durante buena parte de la década y abrupta caída en desgracia al poco de empezar la siguiente. La canción que presentamos aquí no es la más famosa de este grupo, pero sí la que más juego da por su fascinante videoclip, que plagia sin complejos al que se marcaron un año antes The Moody Blues con “The Other Side of Life” añadiendo la ambientación del bazar chinorri que sale al principio de Gremlins.

La letra es un sentido alegato antibelicista, con uno de esos estribillos coreables que se vienen arriba abrazando sin tapujos el falsete, pero es complicado prestarle la atención que merece sin dejar de fijarse en lo que anda trajinando el dependiente chino a lo largo del clip. Al contrario que muchos de los artit-tas que hemos comentado hasta ahora, Gold eran realmente buenos y sus canciones famosas molan bastante; el problema, visto desde la perspectiva actual, es que suena exactamente igual que todos los demás grupos de pop-rock ochentero de renombre de cualquier otro país, y seguramente por eso su carrera se estancó sin remedio después de 1990.

05. Images – Maitresse (1987)

Cosa rara en los ochenta, aquí tenemos por fin un grupo con un cantante que canta realmente bien, algo que en la era de los Glutamato Yeyé, Derribos Arias o Aerolíneas Federales era muy de agradecer. Formación originaria de Toulouse, Images despuntó a mediados de los ochenta para terminar declinando a principios de la década siguiente, un paradigma que a estas alturas casi parece más una regla general. La canción que hemos escogido tampoco es la más famosa, pero tal vez sí sea la más turbia: una canción de amor que un colegial, encarnado por un adulto, dedica a su profe cachondona, de la que está perdidamente enamorado.

Habrá quien se escandalice ante el rollito porniblandi en presencia de menores, pero mucho más grave y escandaloso debería parecerle el recurso al que echa mano el grupo, un arma de destrucción masiva que tan sólo titanes de la talla de Perales o Juan Pardo se han atrevido a utilizar: un alegre y recurrente coro de niños. Otra nota de vicisitud que quizá escape a los no-francoparlantes es la espantosa rima que vertebra el estribillo, en el que la palabra “maîtresse” (que significa profesora pero también amante) se combina con “touche pas à mes tresses” (“no me toques las trenzas”), en referencia al peinado del cantante, oriundo de la Isla Mauricio (aunque se dé un aire al Señor Chang de Community), en lo que probablemente sea la rima más traída por los pelos de la historia (perdón por el chiste).

Decía que tal vez “Maîtresse” fuera la canción más turbia de Images, y es porque hay otro tema que no le va en zaga, además de ser el tema más recordado del grupo: “Les démons de minuit”, número uno durante 13 semanas en 1986. En el videoclip correspondiente, un sacerdote se ve asediado por la tentación femenina en forma de súcubo que lo asalta en plena iglesia, algo que hasta en un país tan laico como Francia llegó a causar cierto escándalo. De nuevo, el estribillo se luce rimando “nuit” con “minuit”, algo que ni el mismísimo José María Cano se habría atrevido a hacer. La canción en sí mola un poco menos, más que nada porque suena a clon total de Modern Talking, pero no deja de ser tecnopop potente y resultón que debería gustar a toda persona de bien.

Holy mother of the lamb…

Como dato curioso final cabe añadir que a finales de los noventa, el cantante de los Gold, que también eran de Toulouse, pasó a formar parte del grupo Images, en una macrofusión que ríanse ustedes de la de Bankia y CaixaBank. La nueva formación adoptó el muy ingenioso nombre de Émile et Images, y con toda la jeta del mundo sacó un recopilatorio con versiones regrabadas de los éxitos de ambos grupos, que en 1999 vendió un millón de copias, lo que demuestra con claridad meridiana, para quien nunca haya ido a un pub, una discoteca o una fiesta de pueblo, que la gente normalmente sólo quiere oír lo que ya conoce.

04. Éric Morena – Oh! Mon bateau (1987)

A pesar de su apellido de resonancias ibéricas, nuestro siguiente invitado nació en Pas-de-Calais, y no me figura si se trata de su nombre real o de un seudónimo, así que es muy posible que toda conexión con la Península sea puramente ficticia. Ello no fue óbice para que nuestro sujeto se labrara una impecable imagen de cantante de origen hispánico, imitando el marcado acento de Luis Mariano, un tenor de origen vasco que tuvo gran éxito en Francia, pero en un tono burlesco y fiestero, muy al esperpéntico gusto tardo-ochentero. En 1987 salió su primer hit, “Oh! Mon bateau”, que combinaba su imagen de cantante elegante y clásico con ritmos latinos y un videoclip tan absurdo como divertido.

Este primer tema fue un melocotonazo increíble, alcanzando el millón de copias vendidas del sencillo, que fue uno de los más destacados del año, y aún se recuerda en verbenas remember y karaokes casposos (pleonasmo). Lo cierto es que el bueno de Morena sí sabe cantar. No en vano antes de alcanzar el éxito se había formado en el conservatorio y se desempeñó en varias operetas en París (todo ello después de estudiar teología y haberse metido a misionero, vueltas que da la vida), pero su voz no es sino un elemento más de un personaje que gana más por lo simpático que por sus méritos estrictamente musicales.

Nuestro art-tita sacó unos cuantos sencillos más en el mismo estilo jocoso, pero como era previsible, la fórmula se agotó pronto, aunque todavía dio pie a algún que otro engendro españolizante delirante y absurdo, como “Je suis le torero de l’amour”. Descendido ya de la cresta de la ola, en 1992 tuvo la osadía de desvelar su homosexualidad simulando una boda por el rito católico con su compañero, que fue objeto de cierto revuelo mediático. Añadiré por último que, al recopilar información sobre su carrera, me enteré de que el cantante falleció a finales del año pasado, lo que sin duda no dejará indiferente a cualquiera que haya visto el primero de los vídeos y tenga un corazoncito. ¡Descansa en paz, dulce príncipe!

03. Elsa & Glenn Medeiros – Un roman d’amitié (1988)

El sex symbol ochentero por antonomasia

En el número tres tenemos una curiosa colaboración sobre cuyo origen vale la pena detenerse. En la primavera del año 1988, la jovencita cantante Elsa es invitada a un programa de la tele en el que recibe la visita inesperada de un invitado estrella, que en este caso es nada más y nada menos que Glenn Medeiros, otro cantante igual de yogurín que acaba de petarlo en Estados Unidos con la insoportable balada “Nothing’s Gonna Change My Love for You”. Al observar la magia de ese encuentro, a los productores se les ocurrió la brillante idea de propiciar un dueto entre ambos, y así es como surgió “Un roman d’amitié”.

La canción en cuestión se aupó al número uno de las listas francesas durante seis semanas. A pesar del tirón de Medeiros, que grabó otra versión exclusivamente en inglés (“Love Always Finds a Reason”), el tema no consiguió funcionar del todo en el mundo anglosajón, y eso que por aquel entonces el bueno de Glenn era todo un ídolo adolescente, aunque todos sus fans de antaño se empeñen ahora en negarlo, como bien señalaba Un Pingüino en mi Ascensor en una fantástica canción que echaba mano al léxico gallego como única opción para sacar palabras que rimen con el apellido en cuestión.

Pero sin duda lo más destacable es la desmesurada ñoñez del asunto, juntando a dos pesos pesados del hard ñoño para lograr una verdadera apoteosis. Si no se lo creen, echen un vistazo a lo que cantaba Elsa en solitario para el tema principal de la película La femme de ma vie, en la que ella misma actuaba. Y, después, cuando terminen de vomitar arcoíris y algodón de azúcar, pueden seguir leyendo.

02. David et Jonathan – Est-ce que tu viens pour les vacances? (1988)

Y seguimos con el rollo ñoño, aunque en un registro un poco distinto. David et Jonathan fue un dúo de muy corta vida, recordado por haber logrado un número uno con la baladita «Est-ce que tu viens pour les vacances?», que cuenta la historia de un romance juvenil durante las vacaciones de verano. Los chavales tienen un inquietante parecido físico con el amigo Glenn, lo que nos lleva a suponer que esa era la pinta del seductor adolescente de los 80, con el imprescindible pelocho a medio camino entre Screech de Salvados por la Campana y los calorros de Rumba Tres.

La letra es casi igual de ñoña que la del dueto de Elsa y Glenn, pero la coña del asunto es que durante un tiempo en Francia la gente creyó que la canción hablaba del amor entre dos chicos, entre otras cosas por la existencia de una asociación francesa de cristianos LGTB que se llamaba, precisamente, David et Jonathan. Las chavalas que salen en el videoclip fueron un intento de despejar la ambigüedad, pero no deja de ser graciosa la inocente coincidencia del nombre de la asociación con lo que, de hecho, eran los nombres reales de los dos efebos. Escuchada a día de hoy, es imposible determinar el sexo de los narradores y si se dirigen uno al otro o no, lo que la convierte en una canción genialmente ambigua así como en una precursora, voluntaria o no, de la corriente cristiana homosexual inaugurada unos años antes por el simpar José Ángel.

01. Début de Soirée – Nuit de folie (1988)

Agárrense, que vienen curvas

Hacemos cumbre con el número uno, una explosión de locura y estilismo kitsch que hará las delicias de los más exigentes. Se trata de un tema muy pegadizo de tecnopop tardo-ochentero que causó furor en el país vecino, catapultando al grupo, Début de Soirée, compuesto por dos pinchadiscos del sur de Francia, a un estrellato que duró cosa de un año antes de, lo habrán adivinado, desvanecerse por completo. Esta canción, “Nuit de folie” (“Noche de locura”), su gran jitazo, viene a ser la réplica francesa definitiva a Modern Talking en versión baratilla y sin cantar bien, con unas pintas terribles y una escenografía espantosa.

El videoclip es toda una exquisitez, con una extraña puesta en escena en la que, por la distancia temporal, no queda claro si estamos ante una gran producción o todo lo contrario, con unos trajes casi tan horteras como las coreografías, cromas espantosos y atrezzo súper cutre (mención especial para unas gafas que no se atrevería a ponerse ni Jordi Hurtado), animación rupestre y más cosas de dudoso gusto, como los numerosos e injustificados primeros planos de rostros, en los que se vislumbran capas de maquillaje nivel ramera portuaria de época romana, o la pobre muchacha entrada en carnes de la que los protagonistas huyen como en una peli de Pajares y Esteso.

Cuando parece que la cosa no puede ir a peor, de repente entra un rapeado vergonzante que se extiende bien a gusto a modo de puente para el siguiente estribillo. En esto se nota que estamos a finales de los ochenta, porque esto del rap intempestivo pronto se convertiría en elemento indispensable para toda canción de éxito, como bien demostró el eurodance primigenio. La letra, a todo esto, habla de la propia música que está sonando, una especie de metatemática que llena las estrofas sin decir mucho. Sea como fuere, el caso es que esto en Francia lo petó de lo lindo. Se vendieron 1,5 millones de copias del maxi-single (número 1 en ventas del año) y por ese motivo se escucha aún con frecuencia en cualquier radio, programa o soirée revival. Ahora ustedes pueden disfrutarlo en la comodidad de su hogar, junto a todo este cargamento de pesos pesados de los ochenta franceses de los que probablemente nunca habían oído hablar (y ahora saben por qué).

Y con esto concluimos nuestro repaso de lo más pintoresco que pudo ofrecer Francia durante aquella década fantástica en la que todo fue posible, aunque eso no siempre diera buenos resultados. Entrados los noventa, los gabachos espabilaron un poco más y mejoraron la calidad de la producción, tanto en nichos más especializados, como la electrónica de Daft Punk, el rock de calidad de Noir Désir o la explosión del hip hop capitaneada por IAM y NTM, como en la vertiente más comercial, con la Lio exportable a toda Europa que fue Alizée o el monumental éxito del niño prodigio Jordy, un juguete roto que haría llorar a Macaulay Culkin. Sin embargo, con la carrerilla acumulada durante los diez años anteriores, obviamente también hubo lugar para mucha mierdaca…

¿No se lo creen? Vean si no el vídeo que figura sobre estas líneas, correspondiente a la sintonía de cierre del equivalente francés de Noche de fiesta a finales de los noventa, y comprenderán de lo que les hablo. Y si aún les queda cordura, sigan investigando por su cuenta, porque yo ya me bajo aquí. ¡Gracias por leer y hasta la próxima!

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