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Clásicos olvidados del cine-colonoscopia: Rhinestone y Slapstick

4.6
(57)

El pasado viernes vi una película en la que Nicolas Cage, haciendo de un Obi Wan con bandana, le explicaba al protagonista cómo veía la relación de éste con el Depredador de Hacendado que estaba matando a su equipo de expertos en artes marciales:

  • Él es como Manolete y tú eres el toro.

Esta inmortal frase, escrita por el griego Dimitri Logothetis, demuestra dos cosas: Que veo mucho cine de mierda maravilloso y que nadie podrá superar un apellido griego en el tema de sonoridad y cachondeo. La peli resultó ser muy aburrida, pero justo dos horas antes me había tragado una de esos productos audiovisuales que me han hecho retomar mi amor por el cine de mierda. Una maravilla rodada en Asturias que lo tiene todo: narrativa que haría que Albert Pyun le gritara al director “ESTÁS DEMENTE”, colección de señoras con pechos de silicona en bikini entre la Nieve de los Picos de Europa, diálogos doblados en los que los actores imitan acentos extranjeros confundiendo palabras argentinas con mejicanas y, en general, muchas oportunidades para darme cuenta de que hace tiempo que no paso la mopa gracias a retorcerme en el suelo de risa.

Lo malo es que me la pasaron confidencialmente y no puedo decir el título. Pero al tiempo. Es una obra maestra de la diversión colonoscópica.

Así que me vine arriba y decidí pasar el domingo posterior viendo dos películas que tenía pospuestas desde hace tres años para la saga ‘Clásicos olvidados del cine colonoscopia’. El nuevo ardor por cine de mierda me embriagaba. Seguramente no podía ser tan duro. Porque lo malo de las pelis de mierda famosas otrora y olvidadas hoy es que generalmente son más incómodas de ver que el timeline de twitter de José Manuel Soto. Encima, eran sendas comedias. Todos sabemos que las peores películas cutres son las que intentan hacer reír y fracasan miserablemente. Que se lo digan a todos los que pagaron por ver ‘Epic Movie’ o se han encontrado una peli Friedberg-Seltzer zapeando mientras descubrían que los programadores de ciertas televisiones lineales son en secreto agentes del mal en una lucha épica por conseguir que toda la población tenga microinfartos cerebrales.

Yo lo que quiero hacer es GERMAN TELEFILM MOVIE.

El resultado: por supuesto que fueron duras. Tanto que tuve que cortar la primera por la mitad, pasar a ponerme la segunda, perder puntos de cordura y finalmente acabar las dos justo antes de almorzar un muslo de pollo mientras tenía la mirada perdida en el horizonte ponderando el sentido de la existencia y lo viable de hacer la cantidad de chistes de tetas grandes en una película familiar que acababa de presenciar.

Porque la primera de la sesión fue la mítica ‘Rhinestone’, con Dolly Parton. DISCLAIMER: He de reconocer que, cuando presioné el Play medio dormido y apareció el primer plano de perfil de Dolly se me escapó cual pedo incómodo en reunión laboral la palabra “¡CRISTO!”. No me acordaba del tamaño de aquello.

¿Qué es ‘Rhinestone’? Esperad, que con el cartel creo que ya será suficiente.

Parton-Stallone en una comedia musical romántica sobre lo maravilloso que es el country. Y no he dicho ‘la música country’ a propósito: gran parte de la peli se dedica a alabar las virtudes de andar como si tuvieras prostatitis y la vida rural americana, hasta el punto de culminar con un muy incómodo momento para las fechas actuales en la que Stallone, en el concierto final, hace que el público coree la frase “¡El Sur se levantará otra vez!”. Espero que como zombis.

Ah, no: que esa peli ya existe. Y es un clásico un poco olvidado del cine colonoscopia, a propósito.

Porque sí: Stallone CANTA. Es como lo de “Harpo habla”, “Garbo ríe” o alguna referencia que alguien de menos de 35 años pueda entender. No es un eslogan para la película: es una amenaza. Obviamente, lo de Rambo no es cantar. Al contrario que lo de su hermano. Que tampoco lo es, pero nos da mucho amor cuando lo hace:

Ojo: ese clip es de ‘Fiebre del sábado noche 2’, película de la que ya hablé en ente bloj, con guión del propio Sylvester Stallone y que incluye la mejor frase final de la historia del cine centrado en la purpurina y el aceite corporal:

Tony Manero: Quiero que sepas que si no te hubiera conocido, no hubiera podido hacer lo que he hecho esta noche. ¿Sabes lo que quiero hacer?
Novia corista: ¿Qué?
Tony: ¿No sabes lo que quiero hacer? FARDAR.

Farda andando chulo y créditos. Jloria.

El caso es que el guión de Rhinestone está acreditado al alimón a Stallone y Phil Alden Robinson, creador de ‘The Good Fight’, hombre que consiguió lo increíble al hacernos pensar que el baseball no es la puta mierda que es en ‘Campo de sueños’ y que logró lo increíble al hacernos quemar las copias que habíamos alquilado en el videoclub de ‘Ghost Dad’. Curiosamente, uno de sus guiones firmados con pseudónimo, algo que no consiguió hacer con este su primer trabajo en Hollywood. La Fox le obligó a firmar ‘Rhinestone’ a pesar de que él había escrito un drama musical con humor negro que al final se convirtió en una comedia chorra.

Que no es que Stallone estuviera muy de acuerdo tampoco. De todas sus pelis, es de la que más se arrepiente, y estamos hablando de un señor que ha hecho ‘Juez Dredd’ y ‘Spy Kids 3D’. El caso es que se trataba de un guión que adaptaba una canción llamaba ‘Rhinestone Cowboy’ (algo así como ‘Cowboy de pedrería’) sobre lo jodido que es lograr el éxito siendo un cantante country de segunda.

La peli, obviamente, no va de eso.

Trata de que Dolly Parton quiere librarse del contrato que tiene con un agente que sólo desea tirársela y, en lugar de meterle una denuncia por acoso, hace una apuesta con él: convertirá a un cualquiera en un cantante de country que de el pego y triunfe en un concierto. Le toca Stallone, un italoamericano que sólo sabe berrerar, lo cual nos ofrece la oportunidad de disfrutar de dos escenas de sobreactuación por parte de Sylvester que hicieron que encontrara una boli que se había perdido entre los dos cojines del sofá cuando metí la cabeza entre ellos en un ataque agudo de vergüenza ajena. Y propia. Porque no sé por qué me someto a estas ordalías.

Stallone estaba por aquel 84 todavía intentando compaginar papeles de drama y acción y ganarse el respeto como actor y director antes de abrazar definitivamente el ser el héroe de acción clembuterolizado por antonomasia de la era Reagan. Venía de hacer un par de pelis como director, un drama deportivo (‘Evasión o Victoria’, la película que me hizo pensar que el fútbol no era la puta mierda que creía), un par de Rockys y su salto al cine de acción con ‘Acorralado’. Ante la perspectiva de hacer otra de tiros (el segundo guión de ‘Superdetective en Hollywood’, que luego famosamente reconvirtió en ‘Cobra’) o una comercial de aventuras copia de Indiana Jones llamada ‘Tras el Corazón Verde’, decidió ampliar su registro como actor y hacer esta comedia dramática.

En principio, la iba a realizar Mike Nichols, lo cual le daba gustirrinín de prestigio a Stallone. Pero, en una de esas decisiones que tienen cierto sentido, aunque hoy parecen extrañas, se la pasaron a Bob Clark, cambiando totalmente el tono del guión y convirtiéndolo en una comedia chorra.

Y llegamos a uno de los puntos importantes de este artículo. Bob Clark.

Clark era uno de esos directores que en los 70 renovaron el cine de terror norteamericano (concretamente desde Canadá), hasta el punto de básicamente hacer el primer slasher, ‘Black Christmas’, sobre el que se construyó la posterior ‘Halloween’. Tras hacer una de las pelis más interesantes sobre Sherlock Holmes (‘Asesinato por decreto’), le dio por firmar una comedieta chorra adolescente. Era ‘Porky’s’ y la cosa hizo un pastizal para la Fox, que llevó la distribución internacional de esta peli independiente. Así que era lógico que quisieran hacer otra comedia con él. Desde nuestra perspectiva era una locura. Y nuestra perspectiva es lo que hizo Clark luego:

Sí: es el padre de esta franquicia que ya querría para sí mismo Blumhouse.

Quedaos con esa abominación a los ojos de Yavé, que volveremos a ella.

De esta manera, ‘Rhinestone’ se convirtió en una sucesión de humor de discutible gusto que alternaba chistes sobre los pechos de Parton con la maravillosa frase que también grita Stallone al público de “¿Sois hombres o mariquitas!” con una loa a las delicias de la catetura americana. Porque lo siento mucho, pero a nivel personal estoy atravesando una época en la que, gracias a los Red States y las Karens que gritan que no llevan mascarilla del mismo modo que no llevan bragas, cada vez me da más repulsión todo lo relacionado con eso que los críticos diletantes de música y literatura llaman “Americana”.

Es algo que viene un poco de largo, pero obviamente se ha agudizado últimamente. Es escuchar el acento cateto tejano y tener ganas de ponerme ‘Slapstick of another kind’. Cosa que hice. Pero terminemos con ‘Rhinestone’ antes.

Pensaréis habiendo leído el argumento que casi todo el segundo acto se limita a contarnos el entrenamiento como cantante de Stallone para ganar la apuesta. Pues no. Es el entrenamiento como COWBOY de Stallone. Porque parece ser, para este guión, que para cantar country lo que hace falta no es tener la voz entrenada, sino SENTIR el paletismo, quizir, el espíritu de la tierra. De la tierra cateta. Por enmedio hay historia de amor y un papel de Tim Thomerson como ex novio de Parton que me hacía rogar con que sacara una pistola y empezara a matar a cowboys al descubrir que todos eran trancers.

Curiosamente, el giro para llegar al tercer acto que justifica la obvia pelea entre los protas y el posterior clímax están bien, y hasta aparecen un par de chistes decentes.

No, borrad eso: me parecieron soportables y simpáticos por otra motivo. La peli es un clásico olvidado con razón. Se la nominó a muchos razzies (*Premios De Mierda Que Odio) y las críticas fueron de esas llenas de odio que parecen Filmaffinity antes de Filmaffinity, pero no es rescatable como clásico camp ni del cine malo. Lo que pasó es que, como dije, a la mitad de la peli me vi entera ‘Slapstick of another kind’.

Si ‘Rhinestone’ es una piedra en el riñón, ‘Slapstick’ es una piedra que te tiran en la cabeza. Una piedra de dos toneladas. Con pinchos. Con pinchos impregnados de coronavirus.

Se trata de una adaptación de un libro de Kurt Vonnegut, escritor conocido por la gente de bien por su obra maestra ‘Matadero 5’ y por gentuza como yo por su cameo en ‘Regreso a la escuela’:

Diversos estudios rigurosos han convenido que la adaptación de ‘Slapstick’ es lo peor que le pasó a Vonnegut, muy por encima de ser capturado por los nazis y sobrevivir el bombardeo de Dresden. Durante años sabía del prestigio inverso de esta película como una de las peores comedias de la historia. Los rumores tenían fundamento. Vamos a ver cómo explico el desastre. Entra en escena nuestro héroe del día, Steven Paul.

All American Chungo

Paul era el hijo de un próspero inversor de Nueva York cuyo padre empezó a dejarle hacer sus cositas como actor y escritor juvenil. Con 15 añitos ya había escrito una obra de teatro y andaba por Broadway trabajando, entre otras cosas, en una obra escrita por Kurt Vonnegut. Era un niño prodigio que acabó no sé cómo dirigiendo un largometraje de Estudio con 21 años. El más joven hasta la fecha en hacerlo. La peli fue un fracaso, así que naturalmente le dieron pasta para adaptar un libro de su amigo Kurt. Porque Hollywood. O papuchi. Realmente, no he sido capaz de enterarme de qué cojones pasó, aunque por ahí se dice que ya estaba metido en cosas de agentes de estrellas con esa edad, lo cual quizá explicaría el reparto de su segunda película: Jerry Lewis, Madeleine Kahn, Marty Feldman, Pat Morita y, por ejemplo, SAM MOTHERFUCKING FULLER. Haciendo de militar con puro, obviamente.

El libro original es un drama de humor negro sobre la soledad y la familia que cuenta la historia de gemelos que se hacen pasar por tontos para encajar en la sociedad los cuales se convierten en genios cuando se tocan, contada desde un futuro postapocalíptico en el cual el superviviente de la pareja es el presidente de EEUU.

La película va de dos aberraciones extraterrestres que unen las cabezas y se acercan las lenguas para traer la paz y el progreso a la Tierra según mandato de su padre, la voz etérea de Orson Welles. Tienen 10 años, pero están interpretados por Lewis (56 años) y Kahn (40) que van con pijamas peluche rosa y azul y hablan como bebés, dedicándose a tirar la comida, armar persecuciones a lo Benny Hill y, en un momento de ¿PERO EN QUÉ COÑO ESTÁS PENSANDO, PAUL?, agarrar la cámara y hacer muecas mientras mueven el objetivo.

Suena vergonzoso, pero creedme: es peor.

Se ve que Vonnegut le dejó los derechos porque él mismo la considera su peor obra. Pero, claro, el peor libro de este señor comparado con la película es como si tomáramos el peor disco de los Beatles, lo comparáramos con el peor de Bad Bunny y luego tiráramos de la cadena del retrete con ambos y todas las ganas de vivir que nos quedan. Porque no me detendré mucho en esta cosa. Ni un momento gracioso, ni una idea interesante. Es la nada. Ni siquiera algo así como ‘Esto es lo que un chaval de los 80 de 22 años consideraba divertido’, porque la cumbre del humor de la peli es Lewis balbucenando mientras tira espaguetis y Pat Morita como dirigente chino miniaturizado, en una subtrama que no tiene absolutamente ningún sentido.

Marty Feldman sale poniendo voz rara. No hace ningún chiste. Crimen de lesa humanidad.

Joer la mala suerte que tuvo ente onvre en Hollywood…

El caso interesante es que, para Paul, hubo vida después de este desastre. La película fue resumida por Gene Siskel con un tajante «Debería haber en el diccionario una entrada llamada ‘Peli Mala’ y la ilustración que la acompañaría debería ser una foto de ‘Slapstick of Another Kind’… Lo mejor que le podría pasar a esta película es que nunca se volviera a proyectar». Es de suponer que eso acabaría con la carrera del niño prodigio. Pero no subestiméis el poder de tener un padre con pasta.

Tras esta maravilla, Paul consiguió dinero para su siguiente proyecto: un intento de crear una franquicia con un James Bond juvenil (receta que suele volver en esto del audiovisual cada cierto tiempo) con un guapo actor joven y cameo de un antiguo Bond. Y esta vez lo consiguió.

No hacer una gran peli ni un éxito, válgame dios. Más bien realizar un clásico recordado del cine de mierda:

‘Nunca es pronto para morir’, con su Gene Simmons vestido de drag queen, es un clásico de la locura ochentera que hay que ver y de la que tarde o temprano acabaré hablando, sea en un artículo o en vídeo de Videofobia. De ahí que no entraré en ella, aunque sé que más de uno está corriendo a verla tras presenciar esa maravilla de tráiler. Naturalmente, lo de franquicia no se materializó, acabando por fin con la carrera de PNOOOO. Que no. Que siguió. Que se metió a productor y poco a poco fue haciendo películas con más o menos suerte hasta que dio con esto:

Back with a vengeance

Su unión con Bob Clark nos dio también vergüenzas como ‘Karate Dog’, pero, de repente, su nombre empieza a aparecer también en pelis como ‘Ghost Rider’ o ‘Ghost in the Shell’, y ahora está implicado con ‘The Expendables 4: The Corega Attack’. Con Stallone. TODO TIENE SENTIDO.

Pero hizo ‘Slapstick of another kind’. Ni olvido ni perdón.

¿Seguiré investigando estas mierdas olvidadas que en su época fueron el hazmerreír de toda la industria? Tras el dolor producido por cosas como ‘Yellowbeard’ o estas dos fistradas no sé yo si esta columna bianual seguirá. O lo mismo espero a otro subidón tras ver otra basura que sí sea gloriosa, tal y como me pasó a inicios de fin de semana. Vivo una vida al límite del riesgo.

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