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Cine-Colonoscopia: Dangerous Men

4.6
(39)

Uno de los primeros colaboradores de ente bloj, Panadero, solía decir, en plan boutade, la siguiente frase cuando le preguntaban si había visto una película en concreto:

– ¿Pero salen ninjas? ¿Salen zombis?
– No
– Pues entonces, no me interesa.

Y es que cada uno busca en una película una serie de elementos que pueden no ser los que tú querrías. Y cumplir esa lista de requerimientos puede hacer que te satisfaga una experiencia independientemente de otras carencias. Por ejemplo, “Pelirroja, ojos bonitos y cara de buena hente” podrían suponer un sí rotundo para algunos, mientras que la lista de otros sería “Rubia, tetas grandes y que tenga pene”. Que cada cual sea feliz con sus prioridades vitales.

Como, por ejemplo, Hadrian Belove. Este señor fue la única persona que vio tres veces en cine en su estreno en 2005 cierta cosa titulada ‘Dangerous Men’. El resto de las alrededor de 20 espectadores restantes se contentaron con una, porque sus prioridades al ir al cine eran otras. Concretamente, ver algo que pudiera llamarse ‘película’. Hadrian comentaba en un artículo de la época en L.A. Weekly que él tenía una lista de cosas que quería ver en un filme:

– Algo que nunca hubiera visto antes
– No saber qué ocurre después de cada escena
– Algo extraño o irreal.

Por consiguiente, ‘Dangerous Men’ era, para él, una buena película. Afirmación que, para casi todos los que vayáis a verla en el futuro o en el estreno en España el día 29 de enero en la próxima CutreCon, os parecerá una locura. Por supuesto que habrá alguno que diga que es buena. SIEMPRE hay alguien que se enamora de una película que a ti te parece un desastre. Ante lo cual, y en este caso en concreto, digo:

a) Eso es bueno y b) Por favor, señor, aléjese de mí un poco, que me da miedo.

¿Pero qué es ‘Dangerous Men’? y, más importante, ¿es contagioso? ¿Se quita con una aplicación de una crema o con antibióticos? Pues voy a explicaros la historia de esta joya del cine-colonoscopia redescubierta recientemente. ¡Veinte años entre inicio de rodaje y estreno! ¡Tetas! ¡Violencia! ¡Dinero iraní! ¡Páginas de guión en la toma con los diálogos marcados! ¡Moteros! Y, por supuesto, ¡bigotones!

En la imagen: bigotón de la tercera edad preguntándose quién le ha engañado para salir en esta fistrada

‘Dangerous Men’ o, como se conoce en el hogar Fox desde ya, ‘Intentos de violación: La película’, comenzó a rodarse alrededor de 1984. Detrás de las cámaras, un tal ‘John S. Rad’, nacido en Irán como Jahangir Salehi. Era usual, sobre todo en los 80, que los directores de bajo presupuesto de procedencia no estadounidense se inventaran un seudónimo anglosajón. Que además, se adelantaba a su tiempo siendo RADical y tal (por dios: que el revisionismo de los 90 sea breve, os lo pido por favor)

En los 90, todo era EXTREMO, como el bigote de Aznar.

Pero, al ver el primer crédito de incio, algo indica que nada de lo que está por llegar va a ser normal: sobre el alias, aparece, en cursiva, el nombre real de Rad. ¿Para qué inventarse el pseudónimo? Está claro: La mente de este señor funciona en otro plano de existencia. He visto un millón de mundos paralelos y en todos ellos Jahangir era un fistro.

Probemos todas las fuentes posibles, que no se diga no hay pasta aquí.

A continuación, aparecen el resto de créditos. Todos son John Rad. TODOS. Por un motivo: porque él se encargó de todas las tareas menos la dirección de foto, que corrió a cargo de un amigo también expatriado iraní al que se ve que no acreditó porque esto es… cine de autor. La visión de un hombre que huyó de su país en el 79 tras la caída del régimen del Shah, para el cual habían trabajado tanto él como el director de foto, Peter Palian. Que, de los dos, era el que más experiencia en el cine tenía. Porque, a todo esto, Rad, que había (según él) hecho cine ‘importante’ en Irán, era arquitecto. Pero su pasión era hacer películas. Cine realizado según su visión y su disciplina perfeccionista. Que lo mismo ‘perfeccionismo’ en iraní significa ‘pongamos a un tío en pelotas bailando por el desierto mientras habla con su pene’.

Esa escena es MÁGICA

“Esta película va a ser más famosa que E.T.”, les dijo Rad a todos los que engañó para participar en ella. De esta manera, se revela que estamos ante uno de esos casos raros, pero fascinantes: un director de una peli terrible que realmente piensa que lo va a petar con su película de tres pesetas. Por una vez, la comparación con Ed Wood, que suele lanzarse contra cualquier director cutre como una manoloca llena de mugre contra una ventana, es adecuada.

Lo que pasa es que la comparación con la peli de Spielberg se le quedó un poco desfasada. Como 20 años de desfasada. Siguiendo una estricta política de ‘Yo no me endeudo ni le pido dinero a nadie que pueda interferir en mi VISIÓN’, Rad pasó los siguientes años rodando sólo cuando tenía remanentes de pasta. Mientras, ponía todo su empeño creativo en sus más de mil canciones compuestas. Según él, claro. Porque si atendemos a su palabra, el buen señor también habría dirigido entre dos y once películas más, según le diera o cómo se hubiera levantado ese día. Es el equivalente en director a ese amigo tuyo del instituto que te decía que se había liado con cinco en una misma noche en la parte oscura de la discoteca ‘Tamarindo’ de las afueras del pueblo.

Pero de la música hablaré más adelante. Porque antes, hay que responder a la pregunta que os atormenta: ¿Cuál era esa visión? ¿Se trataba de una épica personal introspectiva explorando su identidad de género como hizo Ed Wood? No, joer.

Es una peli en la que una mujer es objeto de un intento de violación en la playa, con desastrosas consecuencias. Para cuando crees que se ha repuesto, un tío la lleva en coche e intenta violarla, esta vez con hilarantes consecuencias y erótico resultado.

En la foto, algo ERÓTICO

En ese momento, vemos que la chica quiere vengarse de los hombres, así en general, y mata a varios. Va a ser de esas pelis de ‘rape and revenge’ que tan de moda estaban en los 70, ¿no? Por supuesto que no. Porque otro señor la pilla haciendo autostop (esta mujer no aprende). E intenta violarla. Efectivamente. Ésta es la peli que Vox no quiere que veas.

Entonces, una vez que le hemos pillado el pulso a la trama (prota sufre un intento de violación, chica mata, repetir hasta los 70 minutos), la protagonista contrata a una prostituta para que le enseñe cómo funciona el negocio. Por supuesto, siguiendo la regla narrativa estudiada en todos los libros de guión de Robert McKee de ‘cada acción es seguida de lo que me salga de las pelotas,’ la prota desaparece durante un cuarto de hora, momento en el que el director aprovecha para presentar a una chica.

¿Qué le pasa a la nueva joven? Venga, que no es difícil.

Dos veces. La intentan violar dos veces.

Gracias a dios, Rad es un caballero (todos sus amigos y colaboradores lo describen así) y ninguna violación se concreta, dado que siempre aparece el prota para pararla. Porque, a todo esto, aquí hay un protagonista masculino. Algo así como el cuñado de la primera chica. No me preguntéis, porque es a esta altura en la que nada empieza a tener sentido. Porque, si recordáis el inicio del artículo, esta cinta siempre te sorprende. No sólo se trata de que cuando piensas que no puede haber otro intento de violación acabe ocurriendo, sino porque realmente las escenas no tienen nada que ver entre sí. Mi favorita es una en la que un policía negro (¿quién? ¿dónde? ¿qué hace en la trama?) recibe la llamada de su novia echándole en cara que no están juntos debido a su trabajo en la comisaría. A continuación, la peli corta de un primer plano de él a ambos novios liándose en bolas. ¿Es una ensoñación? ¿Se ha teletransportado? Yo qué sé. Las reglas del tiempo y el espacio son más laxas que en una peli de Albert Pyun.

El caso es que la primera chica es detenida por la policía y no vuelve a salir más. Pero todavía queda el tercer acto. La trama principal ha concluído. Por no hablar que la actriz se rompió una pierna rodando y el director se negó a pagarle el hospital, por lo que mandó al carajo la película. Así que lo que hace Rad es inventarse directamente dos personajes nuevos para acabar la trama. Con un momento de baile del vientre y fornico en medio porque, digámoslo ya: la magia de esta cinta es justo la que defendía el tal Hadrian: nunca sabes qué te deparará la siguiente escena.

Nena, ¿te vienes conmigo al concierto de Poison?

Sea lo que sea que vas a ver tras un corte marcado por su correspondiente ‘quemadura de cigarro’ que indica cambio de rollo, puedes tener dos cosas seguras: que será sorprendente y que, por supuesto, tendrá música del propio Rad. Partitura que crea desde ya un nuevo género en el sistema Paco Fox de clasificar bandas sonoras. Ya sabéis que a mí me gusta mucho en la serie B cuando la música se lo cree más que la película, ¿no? Pues en el caso de ‘Rad’ Salehi se crea un nuevo género sonoro:

La música que pasa un huevo de la peli.

Podemos deleitarnos con melodías hard casio alegres acompañando a las escenas más dramáticas, música porno setentera en loop en una pelea, temas románticos tras una muerte o, por supuesto, una canción interpretada por él mismo para los momentos dramáticos que, además, inventando el cine singalong, puedes acompañar leyendo LA LETRA ESCRITA EN LA ARENA

Más poético que un reestreno de Grease Singalong

Observaréis que me está costando transmitir el desastre cinematográfico que es esta película, algo que la hermana con aquella locura que también se rodó a lo largo de una década titulada ‘The Evil Within‘ de la que ya hablé aquí. Con ella comparte nada de la gracia estética, pero sí el concepto de ser una visión apasionada de un onvre empeñado a terminar su gran obra contra viento, marea y falta de talento.

Finalmente, nuestro héroe consiguió terminar la peli (con un plano congelado, lo cual os puede recordar o a ‘Los Cuatrocientos Golpes’ o a una de Esteso y Pajares, pero en cualquier caso evoca CALIDAD) y empezó a mandarla a distribuidores. Obviamente, nadie la quiso, por lo que Rad alquiló varios cines en 2005 (práctica habitual para estas cosas, como puede verse en la peli ‘Mi nombre es Dolemite’). Allí la vio un periodista de L. A. Weekly, escribió sobre ella… y ahí se quedó. Una joya de la mugre olvidada. Rad siguió ejerciendo como arquitecto y, probablemente, componiendo terrores hard casio que harían despertar a un primigenio. El operador Peter Palian siguió trabajando en el bajo presupuesto, hasta culminar su carrera con otra peli de un exiliado iraní: ‘Samurai Cop’. Perdón. LA INMENSA SAMURAI COP (así, con mayúsculas)

Jrandes momentos de la CutreCon: El propio Samurai Cop junto a Sam Firstenberg y, lo más curioso, yo sin barba

Quizá por esa conexión, quizá porque en esta vida hay gente para todo, los distribuidores de Alamo Drafthouse conocían de la existencia de esta joya nunca editada siquiera en DVD y consiguieron, una vez fallecido el director, convencer a la familia para lanzarla. La hija ha declarado que no cree que su padre apreciara esto de que la gente se ría de su peli. Para él, había hecho una buena cinta. Lo cual es lo que la hace especial. Salehi CREÍA en su obra. Que era un desastre, pero un desastre hecho con amor. Y aquí siempre aplaudiremos al amor.

Debería haber hecho carrera como villano de Bond

Así que venid a confundiros y sentiros atrapados por este clásico olvidado del cine cutre en la CutreCon de este mes en Madrid. Sintámonos como arqueólogos de la caspa. Descubramos juntos esta joya perdida. Desde luego no habéis visto nada igual. Por supuesto que es sorprendente. Y, sobre todo, es extraña e hilarante. Que es de lo que se trata.

Para qué aprenderse el diálogo si puedes leer el guión directamente.

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