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Qué puta mierda sería el mundo sin Cristina Scabbia: los 14 mejores temas del METAL de 2019

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El post podría acabar aquí y esta foto lo justificaría.

Como gallego, me cuesta admitir que Ian Anderson tenía razón cuando dijo que  «La Navidad no es una época para excesos de comida, bebida, y practicar el sexo ocasional con animales de granja». Pero también es cierto que, en ente su vlog, siempre hemos sido de reivindicar el AMOL cósmico por encima de todas las cosas. Y, en estas fechas, es cuando apetece devolver parte del amol que tantos sórdidos de pro nos han ofertado. Y qué mejor forma de hacerlo que con el METAAAAAAL. No lo digo yo, que lo dijo Carl Sagan cuando nos recordó que “el metal… es todo lo que es, lo que ha sido y lo que será”.

¿Y eso de devolver el AMOL de qué va? Pues de que cuando, chorrocientos años atrás, comenzamos a conocer gente por aquello de montar un blog, un servidor de ustedes preguntó humildemente a gente algo más joven “¿Qué hay de bueno en el metal contemporáneo? que estoy siendo ya un old schooler de tres pares de cojones antes de llegar a la cuarentena”. Esa pregunta, importante entonces, es todavía más urgente en plena era del Spotify, en la que SABES que nunca ha habido más, mejor y variada música que hoy en día, pero en el que es necesaria una mano amiga que te ayude a atravesar esa peligrosísima primera línea de trincheras en la que Spotify te siembra el camino de minas antipersonales con terroríficos hombres como “Playlist de Flamenco Chill”, “Grandes éxitos del Trapeo” o “Rosalía es lo más grande desde Mozart, que me lo ha dicho Altozano” (claro que Altozano también ha dicho que ‘Interstellar’ es una película…).

Entonces, gentes – como el ilustre Milgrom – que luego se convirtieron en amigos, me llevaron a conocer maravillas como Devin Townsend, Jorn Lande, Gojira, Opeth… Joder, tiemblan las manos escribiendo eso casi como quien teclea ´El Evangelio Según San Ronnie James Dio’. Quince años después, se puede decir que el METAAAAAL jamás ha estado mejor ni más amoroso que ahora, y que toca ir devolviendo el favor.

Si no son metaleiros, anímense a usar este post para descubrir: su vida será mejor y más sórdida. Al fin y al cabo, en ente su vlog hemos reivindicado que las mejores cosas de la vida – como Mocedades – son metal aunque no lo sepan. O que ‘Eagle’ de ABBA es el mejor tema power metal de la historia (fact), o que Raphael es el maestro de Ozzy Osbourne, o que no hay distancia entre Judas Priest y Perales una vez que ese vestido que nunca estrenaste, , lo estrenas hoy. O que Floor Jansen de Nightwish, cuando canta en español, es igual que Rocío Jurado (junto con Mónica Naranjo, la mejor cantante de METAL que haya dado EsP-P-Paña).

El metal es, al fin y al cabo, drama, alegría, sordidez, subir el volumen al 11 y entender que solo se puede jugar al fútbol con diez delanteros y con el portero saliendo a atacar. Que la vida es un despilfarro y que no tiene sentido guardarse nada para el final.

Eso sí, si son metaleiros, que comience el headbanging, porque lo de este año no ha sido ni normal. El 2019 pasará a la historia como un año tan alucinante del metal progresivo que… ¡Tool y Dream Theater no han sido capaces de entrar en el top 14 (siempre catorce, ya saben)! Pero no todo ha sido progresivo. Prepárense para una lista con melodeath, power, Hard Casio, doom, black, post rock, gótico, orquestal…

Incluso heavy metal.

Pero antes del top 14 – la gigantesca calidad del año obliga – vamos con unas cuantas…

Menciones especiales

En el terreno de la caña salvaje, siempre hay que celebrar la épica vikinga de Amon Amarth, el afán pirómano de Inter Arma (definibles como “Si Neil Young hiciese death”), el death clásico de Tomb Mold o el black metal pretencioso a la par que intimista (tócatelos…) de Mizmor.

En una onda más épica también vale la pena escuchar el largamente esperado disco de Tyr, el delirio power de Paladin o la progresividad de Disillusion. Por no hablar del proyecto de Jim Matheos y John Arch de Fates Warning.

O también se puede probar el buen hacer clásico de Spirit Adrift (su tema ‘We Will Not Die’ es una sublime metadona para yonkis de Judas Priest como yo) o los excelentes compositores Black Sites, capaces de ir en un solo tema de Black Sabbath a Voivod pasando por Maiden.

Y dentro de las menciones especiales, estos fueron los temas que se quedaron llorando fuera de la lista:

El reton-no de Tool después de 13 años nos recordó esa época de la adolescencia en la que nos acercábamos a los discos de Yes para descubrir el rock sinfónico no con un afán de pasarlo bien, sino de darnos por satisfechos con no aburrirnos mucho. Supongo que con la escucha número 70 el disco se revelará como una obra maestra. De momento, aplaudo la producción y el trabajo de batería de su primer single:

Baroness, por su parte, sigue siendo un grupo absolutamente impredecible, aunque algunos de sus vaivenes estilísticos sean un poco trampa (* ¡Vamos, perdiendo a la mitad del grupo en un accidente de autobús también cambio de estilo yo! *fin del chit-te de mal gusto), pero su último disco, ‘Gold & Grey’ es una frikada entre el grunge, la psicodelia y algo de metal que merece ser oído para ser creído:

Entre las sorpresas del año, está el grupo Idle Hands, que recupera el rock gótico ochentero siendo un cruce macarra entre The Mission y Héroes del Silencio. ¿Que si el bueno el disco? Pues podrías pagar Fantas escuchándolo. Así es de bueno. (Si no pillas la referencia a la peli, hazte un favor y vuelve a torturate viéndola).

Igualmente, el 2019 ha sido la consagración de uno de los mayores animales de escenario que haya conocido el metal en la última década: Tatiana Shmaylyuk de Jinjer. Su estilo tiene demasiado de metalcore y de djent para ser 100% lo mío, pero vivirla en directo… Peich santo. No hay palabras para expresar el ver salir a una chiquilla bajita ucraniana vestida con un mono como de Parchís y, acto seguido, verla saltar a los altavoces para comenzar a regoldar de una forma tal que el ‘From Enslavement to Obliteration’ de Napalm Death se convertía en ‘Amo a Laura’. No se pierdan a Jinjer en directo, en serio lo digo:

Finalmente, porque el metal gafapasta también tiene su lugar bajo el sol, vamos a por una banda bien durita de Drone Metal llamada Big Brave. Y seguimos avanzando también en la paridad de género dentro del metal, porque eso es algo bello: nada bueno en la vida debería ser jamás un campo de nabos, y el metal está produciendo Jrandes munheres a marchas forzadísimas (no dejen de escuchar grupos como Igorrr o Madder Mortem). En este caso, una chiquilla muy mona canta como Björk sobre una base musical que consiste en repetir la misma nota durante siete minutos. Esto hizo exclamar a muchos que un tema tan insoportable y repetitivo como ‘Sibling’ lograba hacer que destrozasen su cabeza contra la pared, empapándola de sangre, siguiendo el ritmo. Y yo me digo… ¿Desde cuándo eso es algo malo?

Y, ahora sí, comienza lo JRANDE. Échense laca, dense linimento en el cuello, apriétense las muñequeras, cíñanse los pitillos e intenten descifrar qué nombre de qué grupo está escrito en su camiseta favorita. Sórdidas y sórdidos, con todos usarcedes, los catorce mejores temas del metal del 2019:

14. Battle Beast – Eden

Laca, keytars, hard Casio, una señor vikinga que en concierto, mientras fustiga al bajista, decide que un tema no tendrá solo de guitarra sino… solo de flexiones del guitarrista. Un megateclado con percusión electrónica que definen como “El instrumento favorito de Satán”. Eso, y mucho más, es Battle Beast: una apoteosis de los 80 puestos de ácido y sin ningún átomo de ironía ni de vergüenza. Verlos en Madrid fue una gozada en la que la gente bailaba con abanicos de colores cual Loco Mía, y en la que nos deshicimos el codo de tanto hacer cuernos. Si eso no es la felicidad absoluta, entonces Almeida no tiene cara de polla.

13. Soilwork – Arrival

Este grupo sueco siempre se movió en el precario equilibrio entre el death metal de Gotenburgo y ABBA. Su camino de en medio no siempre funcionaba, tirando muchas veces hacia el metalcore. Pero en su último disco han dado con la tecla, aunque sea una tecla tan demencial como la de hacer melodías de pop con un acompañamiento de batería a golpe de puro blastbeat. Pasado el shock inicial, el tema que abre su disco Verkligheten… ¡¡¡funciona!!!

12. Queensrÿche – Light Years

Queensrÿche protagonizaron uno de los divorcios más Pimpinélicos de la historia del metal reciente. Básicamente, su cantante Geoff Tate se convirtió en un novio tóxico que abusó física y moralmente de todos sus compañeros de grupo, produciendo un disco lamentable en el proceso (‘Systematic Chaos’) y ¡dos! grupos que se llamaban Queensrÿche al año siguiente. El del cantante resultó ser una basura, pero los restantes miembros decidieron contratar a Todd La Torre, cantante de Crimson Glory, para reemplazar a Tate. La coña es que Crimson Glory eran conocidos en el mundillo del metal como ‘A poor person’s Queensrÿche’, lo que en español significa ‘Un Queensrÿche marca Hacendado’. And you know what?

Pues claro, que con Todd La Torre comenzaron a grabar sus mejores discos en muchísimo tiempo. Mientras Geoff Tate nos producía pesadillas con cosas en solitario como ‘How I Roll’ (un tema sobre él follando, y no digo más).

La canción ‘Light Years’, nos devuelve al 85, cuando Queensrÿche habían grabado un pedazo de metal progresivo como `The Warning’ y, qué quieren, nunca los productos Hacendado me supieron mejor.

Pero recuerden esta historia, que tiene twist hacia el final del post.

11. White Ward – Love Exchange Failure

¡El disco atchonburike del año! Estos ucranianos redefinen la sordidez y logran hacer que el cerebro estalle con un disco conceptual que es una historia de novela negra… ¿Y cómo proceden? En primer lugar, por aquello de la novela negra, hacen que el instrumento principal del disco sea el saxofón, acompañado por algo de piano. En segundo lugar, por aquello de la novela… negra, interrumpen los pasajes jazzy con… black metal. En serio, nadie está preparado para este asalto sónico, pero, igualmente, no habéis escuchado nada igual en vuestra puta vida. Si no fuese porque el gafapastismo solo hace lo que le ordene la crítica anglosajona – que no va a mover una ceja por algo que venga de Ucrania – se estaría ante el disco sórdido-gafapasta (yeah, that’s a thing) del año.

10. Sabaton – The Attack of the Dead Men

Si te llamas Sabaton, solo puedes hace metal militarista lolailo. Pero PROFUNDAMENTE lolailo. Y lo han logrado de sobra con su disco conceptual sobre la gran guerra. El temazo ‘The Attack of the Dead Men’, sobre el frente ruso, nos hace recordar que los nórdicos también son depositarios de las esencias del Schlager. Su ritmo discotequero recuerda casi a Dschingis Kahn y uno comprende que en Youtube ya existan remixes de esta canción para loopearla hasta las dos horas. El cuerpo pide más y más lolailismo.

9. Insomnium – Valediction

Unos señores mayores hacen una obra maestra del melodeath para señores mayores.

Como yo.

Qué considerados.

8. Rotting Christ – The Raven

El sublime poema de Poe estaba pidiendo a gritos una versión metalera. Olviden la iconografía gótica: si ‘The Raven’ ha pasado a la historia es porque toca una tecla muy chunga: la del ser humano intentado comprender qué significa “nunca más”. Alan Parsons grabó su mejor canción en su día inspirándose en el poema. Steven Wilson lo mejoró con uno de los temas más tristes y desoladores jamás grabados con ‘The Raven Who Refused to Sing’. Ahora, con esos dos listones TAN altos, les toca el turno a los helénicos Rotting Christ, unos señores que arrancan sus conciertos recitando la misa en griego para, acto seguido, invocar a Satán en arameo. Como dijo uno: “Tíos, ¿seréis capaces?” a lo que ellos respondieron “Agárrame el cubata satánico”.

Un riff para la historia de las legiones helénicas del black metal. Bestiales. Nevermore.

7. Soen – Lotus

Que un grupo cuyo batería haya sido miembro de Opeth se marque uno de los mejores discos de metal progresivo del año… no sorprende. Que su primer single tenga un videoclip protagonizado por un grupo de travelos que enseñan su culo a cámara… Ya sorprende algo más. ¡Pero estamos en Suecia, país de la socialdemocracia y ya va tocando metal progresista, coñe! Así y todo, me quedo con la balada del disco: mejor que prácticamente todos sus equivalentes setenteros. Qué grupazo. Otro recuerdo de que, musicalmente, hace décadas que el Reino Unido es irrelevante y que solo en Escandinavia está el camino, la verdad y la vida.

6. Sermon – The Descend

La sorpresa del año. La obra yo me lo guiso, yo me lo como, yo toco todos los instrumentos… más que nada porque este es un disco muy personal: tras toda una alambicada y épica historia sobre Desiderata, lo que hace que el disco se mueva es algo tan sencillo y universal como “Mi padre se muere”. Todos los temas son una maravilla, pero ese momento en el que, en una sección de comentarios, el autor del disco consuela a un fan que está pasando por lo mismo, nos recuerda que en la música solo existe una HERMANDAD: la del METAL.

5. Lacuna Coil – Reckless

Paco propuso un titular clickbait para este disco como ‘La Scabbia que emocionó a Vicisitud’. Y, la verdad es que emociona ver que Lacuna Coil, un grupo que venía de varios años de decadencia (es lo que tiene fotocopiar cada vez peor una maravilla como el ‘Comalies’, tirando hasta de herejías como el apestoso productor de Linkin Park), de pronto, sin previo aviso, haga el mejor disco de su carrera.

¿Y cómo? Pues con CAÑA. Admitiendo su edad, miserias y partes bien chungas de su vida. Tocando mejor que nunca, cantando con más rango que nunca ¡hasta en latín!. Marcándose solazos. Componiendo un himno tras otro. Y con una Cristina que, siendo de mi año (1974), sigue siendo lo más JRANDE de esta tierra.

Cuando perdáis la esperanza, recordad que vivimos en un planeta en el que existe Cristina Scabbia:

4. Devin Townsend – Spirits Will Collide

No sé qué es más admirable de Devin Townsend: si su increíble técnica, su habilidad como productor (nadie domina el wall of sound mejor que él), el ser el artit-ta más “mi fragancia, mis reglas” que haya conocido el metal…

O, tal vez, su sublime afán por convertirse en líder de secta.

Sí, quizá sea esto último. Y su épico disco ‘Empath’ (en el que, musicalmente, hace TODO) tiene el mejor tema mantra-secta de todos los tiempos (superando al ‘This Dying Soul’ de Dream Theater). Que, a su vez, es uno de los temas más positivos y esperanzadores jamás grabados desde el ‘I’m Alive’ de Helloween.

Y tiene un gorila tocando el bajo. Yo no sé qué más queréis.

3. Avantasia feat. Geoff Tate – Alchemy

Power metal to the rescue! El alemán Tobias Sammet lleva muchos años haciéndonos felices con su proyecto operístico Avantasia. En esencia, son historias con varios personajes para los que Tobias se rodea de un dream team de estrellas invitadas: Michael Kiske, Eric Martin, Mille Petrozza, Jorn Lande… Un poco como lo que hacía Mike Oldfield pero sin intención de follarse a nadie. Espero.

Y, toma sorpresa, en este disco aparece una maravilla cantada por ese ex-novio tóxico del que hablamos hace unas canciones: Geoff Tate, ex-Queensrÿche. ¡Y toma redención! No solo su interpretación eclipsa a las del resto de cantantazos del disco… ¡es que el tema, en su epicidad, es una apoteosis del earworm! El estribillo de ‘Alchemy’, en un universo lógico, debería ganar Eurovision durante veinte años seguidos.

Oigan y gocen. Germany twelve points.

2. Opeth – Minnets Yta

Y llegamos al final con pura photo-finish. Cuando salió a la venta el ‘In Cauda Venenum’ de Opeth (el MEJOR grupo del metal del siglo XXI, y punto en boca), un servidor de ustedes flipó: era su mejor disco de la etapa de rock-progresivo-setentero-sin-regüeldos-de-death-metal. Las canciones eran todas sumamente originales, ghloriosas y sin sonar, para nada, a pastiche. Y hasta Mikael se permitía el lujo de grabarlo en sueco (hay versión en inglés, pero en ente vlog somos gente respetable que no hace atentados racistas contra el decoro) incorporando entrevistas que el canal público de televisión de ese país, en los años 70, hizo a niños pequeños hablando sobre Dios y la muerte.

Esas maravillosas sordideces socialdemócratas.

Para redondearlo Opeth usaban el piano, por primera vez en su carrera, para un tema bellísimo:

En cualquier otro año, ese sería el mejor tema del metal, e ‘In Cauda Venenum’ el mejor disco. Pero éste no ha sido un año normal:

1. Wilderun – Far From Where Dreams Unfurl

Hay algo que Paco Fox y un servidor tenemos claro: nuestro gusto en munheres es tan diametralmente opuesto – yo le grito “¡ñoño!” y él a mí “¡maricón!” – que, si coincidimos en una, es que estamos ante una señora a la que reverenciar de rodillas sobre guijarros de río. Porque es una diosa incontestable (con los hombres no hay tanto problema: los dos dejaríamos que Idris Elba hiciese con nosotros lo que le diese la gana).

Pues con el metal de este año ha pasado lo mismo: la mezcla de folk, progresivo, orquesta y death de Wilderun nos ha dejado a los dos con el culo torcido.

Estamos ante un disco que es historia del metal desde ya, todavía superior a su ‘Sleep at the Edge of the Earth’, que fue el mejor álbum del 2017. Una obra de una complejidad compositiva y una épica que convierte a la saga del Señor de los Anillos en un drama rural con Ovidi Montllor. Un uso de la orquesta acompañando a instrumentos del metal que hace que Blind Guardian suene como La Polla Records.

Un punto y aparte. Un salto evolutivo. Y de un grupo ¡norteamericano! Y en 2019.

Que Cristina Scabbia nos pille confesados:

Y con esto solo queda desearles una sórdida y metálica navidad. Y… ¡qué carallo! ¡Comenten, por una vez! Recomiéndennos discos. Quién sabe, el próximo Wilderun puede estar cocinándose en Xinzo de Limia, a la vuelta de la esquina…

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