Sórdido y fresco

Música sórdida: La newagexploitation

Puedo parecer viejuno al decir esto, pero el panorama actual discográfico de las listas de éxitos es profundamente aburrido. El motivo está claro: que soy viejuno. Pero eso no quita que haya algo de verdad en la afirmación. Los tres discos más vendidos de 2018 corresponden a Pablo Alborán, Manuel Carrasco y un tal Pablo López que ni siquiera tiene la decencia de tener un nombre distinto al primero. Todos vienen a ser la misma música. Luego llega gente como Rosalía (que vuelve a ser algo parecido, pero MOENNO y HATREBIDO), Melendi (que viene a ser lo mismo, pero PUTA MIERDA) o varios recopilatorios de Operación Triunfo (que viene tanto a ser lo mismo que, de hecho, es lo mismo, pero cantado por otros). El primer cambio viene con Cepeda, que para quien no lo sepa sigue siendo de OT, pero ahora rapea y, por lo tanto, piensa que es la hostia. Pero en seguida llega Vanesa Martín (que viene a ser lo mismo que la chica de antes, pero sin fotografiarse como si fuera La Macarena con luz que le sale del coño) Hay que esperar al puesto 16 para encontrar al primer extranjero, el guiri zanahorio mutante que no presenta un programa con marionetas: Ed Sheeran. Que viene a ser lo mismo, pero en inglés. Saltando algunos clásicos como Sabina o Fito, la cosa no se anima con algo que tampoco es que sea revolucionario, pero que al menos tiene nombre de personaje de La Historia Interminable (esto es, Vetusta Morla)

No quiero decir que todo esto que he nombrado sea una basura. A veces sí, claro. Pero lo importante es que es monótono. Casi me habría alegrado haber encontrado entre los discos más vendidos la mierda misógina de gentuza como Bad Bunny o C. Tangana, al cual odio profundamente simplemente porque el otro día me compré el quinto libro de la saga Vorkosigan de Luis McMaster Bujold.

Cada vez que leo el nombre del planeta, adivinad cómo suena en mi cabeza.

Pero en Vicisitud y Sordidez no venimos a hablar de odio. Aquí se trata de alabar la locura y la sordidez. Y tal cosa se dio en los años 90. Comparad las listas de los discos más vendidos hoy con esa década que tendrá sólo una nostalgia limitada en los próximos años. Porque es normal reirnos lo que queramos de la época que nos dio el Telecinco de Goles Son Amores y dramas generacionales dirigidos por Ben Stiller que no se iban a estrenar en salas pero que al final llegaron porque tenían en la banda sonora una versión porrera de un tema de Peter Frampton.

Sí. Ese es Gaylord Follen. En plan SOY SERIO.

Y, sin embargo, la variedad de música que se escuchaba de manera masiva era impresionante. Echemos un vistazo a la lista de justo el ecuador de la década:

Teníamos la invasión latina petándolo, con Alejandro “Meto más sílabas que notas” Sanz y Ricky “No me hables de Mermelada” Martin a la cabeza, seguidos de Enrique “Verruga” Iglesias. Pero enseguida se plantaba allí Bon Jovi con un grijits tras su reconversión a pelo corto, Maruja Carey con su proto R&B para toda la familia, Michael Jackson, Alanis Morrissette, Amistades Peligrosas, Bruce Springsteen, El Consorcio y, en representación de todos los pastilleros de Valencia, un Máquina Total y un Bolero Mix. Concretamente el 11. Concretamente EL MEJOR DE TODOS:

Pero me dejo para el final lo importante: The Corrs vendían más que Revolver (que se quedó un puesto por encima de, precisamente, Bruce Springsteen, demostrando una vez más que dios no sólo no existe, sino que además tiene mucha mala follá) y Enya estaba en el top 20 con su peor disco, The Memory of Trees.

Porque con sus dos mejores, Watermark y Shepherd Moons se colocó en el tercer y noveno puesto respectivamente.

Y es que el éxito brutal del segundo disco de la irlandesa que más erotismo me provocaba en el instituto (que esto del celtoidismo era algo que superaba mi pelirrojofilia en la adolescencia) abrió las puertas en 1988 a que las músicas del mundo y la new age se pusieran de moda en nuestra país de una manera totalmente absurda para una mente de hoy en día. En las listas de éxitos se daban la mano Aqua con su crítica jovial de la superficialidad (hoy tenemos a Taylor Swift con su crítica jovial de la gente que se mete con ella… y, ya puestos, pues le dedica una estrofa a la comunidad LGTBI+) con cantos gregorianos o una arpista obsesionada con lo celta y lo árabe llamada Loreena McKennitt. Y todo era más enriquecedor. Sobre todo cuando los productores DNA le ponían ritmillo a un tema de la canadiense, el cual acababa en el número 3 de singles y, por lo tanto, siendo bailado por los que escuchaban el Bolero Mix, creando una hermandad mundial de amor cósmico.

El vídeo lo pongo debido únicamente a que este sábado fui a verla en directo y, en un arranque de MIS OVARIOS SON DOS Y MANDAN SOBRE EL UNIVERSO, no la tocó. Es como si Gotye hiciera una gira y pasara de interpretar ‘Somebody that I used to know’ o cualquier otra canción de Sting.

Wait. ¿Que Gotye no era Sting disfrazado? Pues emosido engañado.

Pues la de la derecha tampoco era Katy Perry, lo cual hizo que la canción fuera un poco peor. Porque la Perrins lo mejora TODO.

A partir de ese 1988, la atención hacia lo celta, las músicas del mundo (que también es la celta, el canto tirolés y el black metal, pero en el fondo era una forma bonita de decir ‘del tercer mundo’) y la new age sólo pudo crecer. Ramón Trecet hablaba desde Radio 3 de los pioneros del género y hasta sacó un recopilatorio muy bien seleccionado con lo mejor de la escena. Recopilatorio que tuvo una secuela en 1996 dictaminando el las notas del disco el final del movimiento. Y acertó. En 1997, ‘Titanic’ llegó a los cines, las gaitas salieron de gente como Carlos Núñez, Bill Whelan o, mucho más importante, Susana Seivane (pocas cosas mejores que una señora tocando el instrumento del infierno) y pasaron a ser dominio de Celine Dion.

Pero no seré yo quien se meta con la quebequense. Que ya hay un libro entero defendiéndola, que recomiendo muchísimo. El asunto es que, del mismo modo que ‘El Paciente Inglés’ (que también demostraba influencia de la moda de las ‘músicas del mundo donde si bebes agua pillas cagalera’) marcó el punto cumbre y final de la moda del mal llamado ‘cine independiente’, ‘My JARL Will Go On’ fue el clímax de la moda de las gaitas y cosas raras en la música. De hecho, no sería una locura afirmar que el éxito del anterior vídeo que he puesto de Loreena Mckennitt en EEUU estuviera propiciado por la peli de Cameron. Hasta la banda que aparecía en parte del metraje, Gaelic Storm, sacó su propio CD que vendió razonablemente bien para ser algo que no tenía nada en especial. Ni siquiera una foto de Kate Winslet en tetas en la portada. O, mejor aun, de Jeff Goldblum en tetas.

Sam Neill, píntame como a una de tus chicas francesas.

Como toda moda, toda esta locura generó dos secuelas de las que me gustan: las de la risa. Por un lado, varios artistas de renombre en busca de vender discos se lanzaron a ella a ver si sacaban rédito. Jon Anderson, que siempre había rondado estas cosas de las músicas del mundo, sacó un espantoso disco de bailes que suena a fiestas de colegio en el que han sustituido a un payaso con ukelele por un enano de pelo rizado y voz de pito que provoca el mismo pavor entre los infantes. Mis adorados Camel editaron su obra maestra conceptual sobre la emigración irlandesa. Peter Gabriel empezó a ver pasta de su sello Real World. Mike Oldfield sacó ‘Voyager’, que combinaba su cabreo porque no le llamaban para hacer bandas sonoras como la de Braveheart (otro puntal de la moda) en su obra cumbre ‘Mont St. Michel’ con la que probablemente sea la peor versión de la historia del clásico de Seán Ó Riada “Women Of Ireland”.

La segunda secuela fue mucho más divertida: las publicaciones de recopilatorios y grupos que simplemente estaban ahí para sacar unas perras. Esas que hoy en día hacen que nos preguntemos la inmortal cuestión que atenaza nuestras vidas:

¿De verdad un disco de cantos gregorianos de los monjes de Silos fue número uno de ventas durante seis semanas?

Pues pasó. Por encima de Gloria Estefan, The Beatles y Guns ‘n Roses. Vale que era el chungo The Spaguetti Incident, pero, joder: CANTOS GREGORIANOS. Así, a lo bruto. Sin guitarras ni chunda chunda.

Porque el chunda está, de alguna manera, en el origen del éxito de este CD (¡doble!). En 1990, el alemán Michael Cretu creó el grupo Enigma. Un tipo de carrera variada, pero del que sólo voy a decir que había trabajado con Boney M. y que había coescrito ‘Maria Magdalena’ de Sandra, lo cual ya lo convierte en una persona mejor que tú, que yo y que el alcalde de Madrid. Bueno: hasta una coliflor es mejor persona que CaraPisha

Lo he adaptado al idioma gaditano

Este señor, que también tiene una canción llamada ‘Samurai’ (joder, debería hacer un artículo sólo dedicado a él: es un héroe necesitado de una balada épica), se fue a Ibiza y todos sabemos lo que eso significa: DROJAS Y FOLLAR. Así que se hizo un disco de que mezclaba música electrónica con voces de orgías sexuales femeninas y canto eclesiástico. Lo cual es un error conceptual al menos en la palabra ‘femenina’.

El caso es que fue un éxito morrocotudo, lo cual llevó a muchos a interesarse en la música monacal porque LOS NOVENTA y, finalmente a la aparición de ESTO:

Pero ese disco no fue la única secuela del éxito de Enigma. Para su segundo disco, Cretu pensó en pasar de orgías tenebrosas y le dio por la tierra, la ecología la Qué Pacha, Mama (lo siento). Así que editó el single ‘Return to Innocence’ (rodado en Málaga con sus pastores con boinas, lo cual lo eleva por encima del resto de vídeos de la época), que incluía música india. De las américas. Que total, podría haber sido de la otra. ¿La secuela que originó?

Un alemán avispado sacó esto sólo unos meses después. El disco era, obviamente, rigurosamente insoportable. Por lo que, lógicamente vendió miles de unidades y tuvo un par de secuelas. La newagexploitation era posible y el mundo era mucho más divertido gracias a ello, sobre todo al ver las caras de gentes que recibían de sus abuelas por Reyes CDs de monjes o de indios. Yo, como he contado ya alguna vez, vivía en el constante terror de que me regalaran un disco de The Kelly Family dado que mi familia sabía que me gustaba la música celta.

Afición que a mí me llegó por Mark Knopfler y mi gusto por la literatura fantástica. Pero, qué cojones: al final acababas escuchando la banda sonora de Clannad para la serie de Robin Hood (con un moreno con PELASSO) y terminabas enganchado. Pero el furor que dio en España por Enya, que había sido miembro precisamente de Clannad, así como, en menor medida, ciertos grupos similares del escena New Age más hardcore como Nightnoise (hoygan: esos eran muy buenos) y, por qué no, Celtas Cortos, generó un interés inusitado por este tipo de música. En general, la celtixploitation generaba sobre todo recopilatorios casposos de versiones de temas irlandesas para cantar borrachos (creo que es pecado hacerlo de otra forma). En 1996 un tema enyoide llegó a ganar cierto concurso. Atención. Primero dadle al play, que esto viene con sorpresa:

¿Escuchado? Vale. Sórdidos y sórdidas: esto ganó Eurovisión.

No es que participara. Es que ganó. Eurovisión. Ganó Eurovisión.

Claro que eran los años oscuros pre-gaycidad desaforada en la que nosotros mandábamos a Serafín Zubiri, pero EUROVISIÓN. El disco, que no por monótono deja de ser una cosa preciosa, vendió mucho en España. Pero sí que hubo un CD mucho más sórdido de gran éxito que intentó llevar esta música a las masas. Esto es, añadiendo chunda chunda, como bien sabe Luis Cobos (pronto en este mismo post). Después de Carlos Núñez se convirtiera en ídolo nacional por salir en discos con músicos irlandeses gordos, un asturiano pensó que él podía mejorarlo. Dejaré que lo describa alguien mucho más certero que yo: como canta Un Pingüino en Mi Ascensor:

“Y hay uno que tiene una gaita electrónica
Que suena como un cruce de Darth Vader y una harmónica”

Hevia acabó sus días alcanzando el sueño de cualquier artista: ser posible candidato en 2019 a Onvre del Año de Vicisitud y Sordidez por haber votado dos veces como presidente de la SGAE sobre un asunto deontológico, perder en segunda votación y largarse al grito de “¡QUE OS FOLLEN!”. Eso merece al menos el mismo nivel de aplausos que la creación de la gaita midi. Que es como intentar mejorar la coliflor poniéndole aroma a los guisos de pescado que calienta tu compañera en el microondas de la oficina.

La locura se imponía en las tiendas de discos de mediados de la década. Un día estaba sonando “El Misterio de las Voces Búlgaras” y el otro un disco que mezclaba coros del ejército ruso con música de baile producido por Julián Ruíz y os juro que no me estoy inventando esto último:

Pero esa no fue la cima de nuestro amigo de ‘Plásticos y Decibelios’. Su cumbre en el mundo de la newagexploitation había llegado un año antes con un grupo clon de combate de Adiemus.

Adiemus, que posiblemente no os suene, fue la salida comercial de Karl Jenkins, antiguo miembro de la banda de progresivo Soft Machine para no morirse de hambre cuando esto del jazz prog no estaba de moda. Seguro que conocéis su primer y último gran éxito lanzado en el 94 (aunque el disco llegó en el 95):

Pues bien. El mismo 95, Ruiz decidió que esto de los coros angelicales daban para sacar unas perras, así que se unió al único. Al inimitable. Al Yanni del chunda chunda. A nuestro gran amor del bigotón eterno.

Luis Cobos.

Juntos editaron un cd con el nombre de ElBosco porque, por ejemplo, el cual lo petó en ventas con este single:

Estamos hablando de doce semanas en el top 10 de discos más vendidos en España. Joder: que hasta cruzó fronteras y llegó a aparecer años después en el trailer de una peli de Danny Boyle. De ‘Tempo d’Italia’ a una producción de la Fox. Hay que querer a Luis. Y a todo su ser a nivel capilar.

El éxito del ElBosco dio origen a otras cosas como ‘Era’, una estafa francesa para los que ERAmos (lo siento) fans de estas cosas, pues prometía épica en su portada y lo que daba era otra vez mezclar los cantos gregorianos en un latín de aquella manera y el ya necesario chunda chunda.

Odié este tema. Una de las mayores decepciones de mi vida. Y yo vi ‘Van Helsing’ en el cine con expectativas altas.

Chunda chunda que se veía que era lo que más éxito daba en estas explotaciones de la world music. Así que pasó lo que tenía que pasar: moverse lentamente hacia el chill out, que viene a ser la versión drogadicta de la new age. Mientras que ésta iba de relajarse siendo uno con la naturaleza, la otra iba de relajarse tras haber sido uno con todas las pastillas que te habías metido antes de ir de empalmada al Café del Mar.

Los que aventuraron esta moda fueron los franceses Deep Forest, que todavía retenían cierta temática sobre la naturaleza, los bosques y los lugares en los que no hay acceso rápido a la sanidad. Pero a eso del 99 el panorama estaba cambiando. Jarabe de Palo dominaba las listas augurando un futuro en el que la poesía de sexto de EGB puede ser válida para escribir letras de éxito y sólo quedaban pululando en las listas el nombrado Hevia y, a punto de intentar cambiar su carrera hacia el pop (con el predecible batacazo), Carlos Núñez. La new age moría y la newagexploitation se retiraba al chill out hasta el punto que Mike Oldfield pasó de hacer un gran disco celta a tres vergüenzas del género ibicenco. Las estanterías de la FNAC dedicadas a música celta empezaban a menguar y todo volvía a la normalidad de pop y de música latina.

Y Camela, claro. Porque mientras todos estaban despistados viendo cómo vendían monjes, señoras irlandesas que viven en castillos, hijos de fuckers españoles, hermanos de Manchester con sólo una ceja, italianas ñoñas, niños pijos de San Sebastián con nombres de pintor o las inmensas SPINCHIN GIRLS (así, en mayúsculas), los que realmente vencieron por sorpresa en los 90 sin que nadie se diera cuenta fueron nuestros héroes de gasolinera. Eso sí que era world music con sintetizador y sabor a patio de cárcel y carajillo de las 7 de la mañana. Pero eso es otra historia. Otra historia que ya se ha contado. Que este blog es viejo. Como yo, que me perdí molar en la adolescencia por culpa de estar escuchando a The Chieftains y la McKennitt en lugar de a Nirvana. Pero los de oler. No la canción de Luis Cobos.

Vota esta publicación

¡Haz click en una estrella para puntuarla!

Puntuación media / 5. Recuento de votos:

Dejanos tu comentario sórdido

Deja un comentario

Utilizamos cookies para brindarle la mejor experiencia posible en nuestro sitio web. Al continuar usando este sitio, usted acepta nuestro uso de cookies.
Aceptar