música

1974, Mike Batt y The Wombles

4.9
(67)

A veces, algunos escritores empiezan una historia y, según van avanzando, cambian de idea y cuentan otra cosa. Mítico es el caso de Tolkien sin saber qué hacer con ‘El Señor de los Anillos’ hasta que llegó a El Concilio de Elrond. A mí nunca me ha pasado. Porque los hobbits siempre sabemos cuál es nuestro objetivo principal: tener nuestro segundo desayuno para hacer sitio al aperitivo y luego al almuerzo.

Es un milagro que, con estas aficiones, no parezca un tapón de alberca.

Al contrario que los verdaderos genios de la escritura, yo siempre tengo claro cuando escribo por dónde empiezo (por una intro absurdamente larga), hacia dónde voy (un desarrollo con chistes de olor) y cómo voy a concluir cualquier artículo, guión o informe policial. Pero siempre hay excepciones. La de hoy tiene que ver con el último artículo que publiqué.

Como soy mucho de llevar la contraria, tras hacer el típico post de señor mayor…

(Nunca es mal momento para poner esta foto. OTRA VEZ.)

… en plan ‘anda que no molaban los 90, que los éxitos de hoy son todo mierda que suena igual’, pensé en recuperar una idea que siempre me ha rondado la cabeza sobre los míticos años 70. La imagen que todos tenemos de la música en esa época es que todo era maravilloso. La gente llegaba a su casa y ponía su vinilo de Pink Floyd. En los patios del colegio se hablaba de Queen. En los bares sonaba Bowie. Ponías la radio y se escuchaba sólo Led Zeppelin. Una arcadia de buen rock.

¿Cómo se explica entonces el que exista la máxima de que 1974 fue uno de los tres peores años para la música? Ese año se lanzaron ‘Red’ de King Crimson (con la canción más hermosa de la historia que además incluye un solo de sólo una nota), ‘The Lamb Lies Down on Broadway’ de Genesis (con la canción más hermosa de la década que versa sobre gente que se arrastra por alfombras), ‘Mirage’ de Camel (con la canción más bonita del año sobre Gandalf volviendo al Abismo de Helm) o ‘Apostrophe’ de Frank Zappa (con la canción más alegre jamás escrita sobre mear en la nieve). Rolling Stones, Bad Company, Lou Reed, Deep Purple… más o menos pilláis la escena.

De todos los grupos nombrados, sólo Queen y Bowie colaron sendas canciones en el top 100 del Reino Unido. Y el segundo en la parte baja de la tabla, muy por detrás de los cuatro singles que sí metieron los Bay City Rollers, la venganza de Escocia al resto del mundo por todos los chistes que hemos hecho sobre sus habitantes violentos pelirrojos caníbales y también por los de sus habitantes masculinos (parece como si nuestro Marlow hubiese escrito esta frase).

JELEGANSIA

Pero hubo otro grupo que también coló cuatro singles más arriba incluso que los Bay Shitty Rollers. También iban disfrazados. Mientras que los Rollers vestían como horteras gilipollas escoceses (aunque ellos no eran conscientes de que eran disfraces), nuestros héroes iban de otra cosa. De animalitos con traje. Y ahí es donde, de repente, la historia de este artículo cambió.

De lo que se trataba esto era de escuchar singles espantosos de las listas de éxito de ese año y echarnos unas risas. Un post veraniego con muchos vídeos. Miré la americana, que era obviamente horrenda. Pero culturalmente un poco más alejada. Así que me pasé a España, pero, claro: en ese año en el que todavía estaba vivo el Franco malo que ni cantaba ni hacía westerns, era obvio que los éxitos iban a ser todos canción ligera en plan Roberto Carlos y que escuchar Jethro Tull era más underground (y censurado). Así que me dije que lo mejor sería ir al Reino Unido, el lugar en donde de verdad estaban pasando las cosas en esos años y que hoy en día es más irrelevante para la música popular que, por ejemplo, El Tíbet. En serio, creo que ésto es más curioso que todo lo salido en el último lustro de Inglaterra:

Allí me encontré la gran sorpresa. Sí: había mucha mierda ignota. Esta cosa, por ejemplo, fue el single de más éxito de ese año. Vamos a recordarlo: en el que se editó, por ejemplo, ‘Waterloo’ de Abba. Pues esta cosa fue más popular:

Una canción tan blanda que parece un plátano flácido maduro al sol. Pero entre artistas y grupos que el tiempo devoró y ni siquiera cagó para que tengamos un recuerdo nostálgico de ellos (el Essex éste, Paper Lace, The Three Degrees…) había uno que sobresalía. Los disfrazados. Vamos a ello.

Os presento a The Wombles. Que vamos, ya están en el título del artículo, así que tampoco es una gran sorpresa:

Con mi historia de gustos hard-ñoño-eduardianos, entenderéis que ya conociera a este gr… esta c… este… fenómeno extraño. Al fin y al cabo, son ositos-topo vestidos de personas con gorritos y gafas. Lo que no sabía es que hubieran tenido TANTO éxito.

La mente brillante detrás es un señor llamado Mike Batt, del que soy fan desde hace un tiempo gracias uno de esos discos que, en la era loca pre-spotify, me compré por la portada. Se trataba de un musical basado en un poema de Lewis Carroll. Ya sabéis lo que eso significa…

Drojas en el colacao

El disco, cuya portada era de Patrick Woodroffe y, por lo tanto, tuve que adquirir en el momento, narraba las aventuras de un grupo extraño que va a buscar un animal fantástico inventado, al igual que el Jabberwocky, por la imaginación y el láudano del reverendo Dodgson. En esta versión musical de tal obra, ‘The Hunting of the Snark’, John Hurt y John Gielgud eran los narradores del poema, mientras intérpretes más o menos famosos (Roger Daltrey, Julian Lennon, Art Garfunkel…) entonaban las partes de los miembros de la partida de caza. Todo hombres excepto una cantante. Voy a poner los nombres de los personajes de mi tema favorito, ‘The Escapade’, en el que se presentan todos:

The Bellman
The Baker
The Butcher
The Banker
The Beaver
The Barrister

Averiguad quién es la chica.

EXACTO

Ya cuando compré ese disco sabía que ‘Beaver’ era ‘Conejo’ en terminología guarra inglesa y, por supuesto, me llamó tanto la atención que acabé investigando qué más había hecho un tío tan loco como Batt. Y descubrí una de las carreras más absurdamente maravillosas de la historia de la música. Tanto que es un milagro que sólo haya aparecido en ente bloj en una ocasión. Fue en un artículo sobre los Beatles, grupo del que, si escuchamos el tema de The Wombles, Batt es fan. Allí relaté la historia de su demanda con John Cage a raíz de la pieza «4’33«:

Al menos (John Lennon y Yoko Ono en referencia a una pista de silencio en uno de sus discos instrumentales) no fueron denunciados por los capullos de los herederos de Cage por royalties. Y digo ‘capullos’, porque sí que lo hicieron con el sórdido Mike Batt cuando éste metió en un disco una pista llamada ‘Un minuto de silencio’. En el momento en el que supo de la denuncia, Batt sólo pudo decir: ‘Mi pieza es mucho mejor que la de Cage: He sido capaz de decir en sólo un minuto lo que Cage sólo pudo decir en cuatro minutos y treinta y tres segundos’. Un sabio.”

Pero, claro: necesitáis saber más. Y para eso estoy aquí. Batt fue un niño prodigio que con 18 años ya andaba escribiendo música para devolverle al mundo un poco del amor que se le negó al nacer pelirrojo.

You have to be a ginger to call a ginger ‘ginger’

Tras varios intentos de grandes pretensiones y malos resultados, zanahorio tuvo un momento de brillantez a lo George Lucas. No: no fue la creación de una batracio subnormal. Se trató de pedir derechos sobre productos derivados en lugar de pasta. En concreto, pelopolla cambió el sueldo de escribir el tema para una humilde serie de televisión infantil por los derechos para hacer más música y discos con ellos. Sería como hacer la sintonía de Los Fruitis y luego irse de gira disfrazado de Gazpacho, Pincho, Mochilo y la niña mutante con la frente más grande que la pista de aterrizaje del aeropuerto de Gibraltar.

Pues no veáis cómo le salió la jugada.

El ‘novelty single’ con la canción principal fue un éxito morrocotudo, quedando en 1974 como el puesto 21 de singles más vendidos, incluso tres por encima de la versión de una sueca sexy llamada Sylvia cantando ‘Que Viva España’.

Ahora teméis que esto último sea un invent. Pues no. Sylvia vendió más que ‘Band on the Run’:

Vamos, otro novelty single. Que ahora os estaréis preguntando que qué es eso. Y, si bien le he encargado a Marlow un artículo sobre el tema desde el punto de vista de un local, os lo voy a explicar por encima:

Básicamente es como la canción del verano en España, pero todo el año y sin hablar necesariamente de playa.

Eran temas chorra basadas en modas pasajeras. Como, por ejemplo, irse de vacaciones a España, ranas de dibujos animados, lo duro que es ser un bebé francés o… la sintonía de una serie infantil. Y ahí entró The Wombles. La serie iba sobre unos animales que vivían en Wimbledon Common de Londres recogiendo basura. Rollo ecologista Ferngully, pero para fetichistas furries.

Con esa carapolla, ¿será el alcalde de Wimbledon?

El grupo tuvo tanto éxito que sacaron cuatro discos en tres años. Recordemos que partían de una serie infantil que a su vez estaba basada en unos libros también para niños. Pero aquí los tenemos en ‘Top of The Pops’, el ‘Aplauso’ británico, con su segundo single ‘Remember You’re a Womble’, siendo jaleados por chavales con edad de hacer cosas más adecuadas para sus años como ver revistas porno sin parar:

Debajo de los disfraces en esa grabación, aparte de Batt y Chris Spedding, co-compositor de la mayoría de las canciones y uno de esos músicos de sesión que ha trabajado con todo dios, estaba el grupo Steeleye Span. Eso es importante. Porque quizá no sabréis quiénes son esos. Pero dejadme poneros un ejemplo: es como si un tío hubiera sacado un disco sobre Dartacán y los tres Mosqueperros y hubiera salido en Tocata con los miembros de Mocedades disfrazados.

Ay, madre, qué imagen más maravillosa.

Los Steeleye, uno de los grupos más importantes del folk rock inglés, venían de haber tenido su propio novelty single navideño (porque esa es otra tradición muy de allí que nos dio esa abominación a los ojos de Yavé que es ‘Wonderful Christmastime’ de Paul McCartney) ‘Gaudete’, consistente en un villancico medieval cantado a capella que vendió a espuertas porque LOS SETENTA. Tras ganar mucha pasta con The Wombles, Batt se metió a productor y les arregló el disco ‘All Around My Hat’, cuyo single homónimo consiguió vender casi tanto como The Wombles en 1975. Y ahora voy a poner ese tema porque no todo va a ser sórdido en este artículo:

De todas maneras, The Wombles no eran una mierda. De hecho, posiblemente se trate de los mejores discos infantiles jamás creados. Básicamente porque Batt y Spedding se lo tomaron con más seriedad de lo normal. Sí: hay hits chorras que parecen sacados de un disco del Padre Abraham con los Minions, como ‘Banana Rock’:

Pero en general, los discos se pueden escuchar y es fácil rastrear las influencias de la música clásica mezclada con el chunda chunda luiscóbico que más tarde le darían a Batt más éxitos. De hecho, hay hasta minuettos y algún pop barroco como ‘Tobermory’ que no desentonarían al lado de temas como ‘My Mother Should Know’ de los Beatles. Joder, hasta tiene una parodia de uno de los iconos del blog: Rick Wakeman. Titulada ‘The Myths and Legends of King Merton Womble and His Journey to the Centre of the Earth’, comienza con un breve solo de teclado que da paso a una fanfarria orquestal y evoluciona durante cinco minutos y medio hasta un final triunfal con metales y coro. Todo ello en un disco con esta portada:

No puedo hacer otra cosa excepto aplaudir hasta que se me quedan las manos como un Mike Batt en Fuengirola tras tres horas al sol. Porque una cosa es hacer música humorística para niños, pero otra es tomártelo totalmente en serio. Eso dice mucho de una persona y todo bueno.

Pero The Wombles era un proyecto con fecha pronta de caducidad cual la carrera de un Youtuber. Así que, tras escribir el tema hard-ñoño ‘Bright Eyes’ para Art Garfunkel en la banda sonora de la peli-trauma infantil ‘Watership Down’, comenzó su carrera en solitario.

Sus primeros discos seguían la fórmula de pop rock orquestal casi prog (una especie de Alan Parsons Project más chunda chunda) que más o menos ya estaba presente en los discos infantiles. ¿Y qué escoge como tema para su debut? Pues varias canciones sueltas y una suite sobre la independencia de Marruecos sobre el poder colonial francés establecido tras la conferencia de Algeciras de 1906 porque pasar de topos-oso a política de inicios del siglo XX es divertido.

Y, a pesar de todo, el tema que abre la parte árabe-chunda del disco fue un éxito porque, una vez más, LOS SETENTA. Hasta el punto de que hizo una versión otro grupo sórdido muy querido por aquí: Boney M. Tan fiel es que juraría que usaron exactamente el mismo fondo instrumental.

Tras un par de discos más en el mismo estilo y un vinilo de música experimental porque POR QUÉ NO, Batt realizó lo que todo artista conceptual necesita: su disco sobre futuro distópico. Aquí lo que está prohibido no es la música como siempre (ejem… Rush), sino… el HAMOR. El proyecto era algo así como la banda sonora para un videoclip con narrativa, mímica, baile y gente vestida a cuadros de una hora encargado por una cadena de televisión australiana para su 50 aniversario.

Joder, es que los 80 nos dieron los yonkarras, pero también engendraron momentos irrepetibles como esto:

La carreta de Pumuki empezó a pasar a un segundo término en esa década, pero todavía le dio tiempo a realizar otra banda sonora para una serie infantil llamada ‘The Dreamstone’. Aquí no intentaría formar un grupo paralelo, pero sí que creó el equivalente terrenal a la santísima trilogía, pero si el Espíritu Santo fuera una botella de JB, Jesús un portero de discoteca y Dios un marinero borracho. Que así la Biblia molaría más, pero ese es otro tema. La mejor canción de la banda sonora unió a estos tres:

The Bruno-Connolly-Osbourne Experience

El mejor cómico escocés de todos los tiempos, el mejor alcohólico inglés de todos los tiempos y el mejor noqueador del boxeo inglés de todos los tiempos porque por qué no poner a ese tío a cantar. El resultado es, al mismo tiempo, una cacofonía que parece sacada de un grupo de hooligans en Magaluf y una delicia sónica. Porque, una vez más, esta canción es mucho mejor de lo que tiene derecho y lógica a ser. No hay trabajo por debajo del talento de ente onvre:

Tras más o menos desaparecer, regresó en los 90 con otra cara: asiática y erótica, para ser exactos. A ver, que me explico: como comenté en mi anterior artículo, los 90 en Europa se caracterizaron por una extraña obsesión por el sintetizador-chunda, el celta-chunda, el gregoriano-chunda e incluso el indio-chunda. Pero no podemos olvidar el clásico-chunda. En Espppppppaña ya habíamos disfrutado de Luis Cobos y en Italia el descojone de Rondo Veneziano. Pero el que compuso el mejor y más popular tema del género fue nuestro héroe. Seguro que los que vivísteis esos años recordáis este pedazo de éxito:

La clave es que Batt, con una excepción, no se dedicó a producir un disco con versiones de temas clásicos con batería, sino que él aplicó todos los rizos que le quedaban para escribir sus propios pastiches neoclásicos. De hecho, en el disco hay alguna versión de temas anteriores del compositor porque, en el fondo, ese siempre fue su estilo.

Tras llenarse OTRA VEZ los bolsillos y hacer el tema para el equipo alemán del mundial del 98 cantado por una tal Anna Maria Kaufmann y… ¡Joey Tempest! ¿En serio? ¿Ente onvre también está asociado con Joey Tempest?

Con él usaría mi FINAL CONDÓN (Lo siento mucho)

Perdonad, pero es que estoy llorando de emoción. Que esto iba a ser un dato de pasada para llegar al nuevo punto importante de la vida de Batt, pero, joder: qué jrandeza.

Vale. Que ya podría haberse retirado tras la pasta ganada. Pero se ve que no podía parar de crear. Consciente ya de que nadie iba a comprar discos ni ir a ver en directo a un pelirrojo de cara redonda y cierta edad, un día descubrió a la persona que le cantaría sus nuevos temas. Y Paco se enamoró. De verdad:

El día que la vea, le diré con toda la convicción del mundo: ARAFÑSLJDSFAGAJdsss

Katie Melua lanzó su primer disco compuesto en su mayoría por Batt y fue un éxito. Es una de las cantantes británicas (aunque nació en Georgia) más conocidas y la mezcla de su voz dulce con las canciones hard-ñoñas de Batt es la perfección Dream Girl:

¿Qué más le quedaba por hacer a este tío? Pues yo qué sé. Ha triunfado como cantante difícil de ver en solitario, como artista disfrazado de animalillo, como autor de musical, como compositor de violinista sexy y como svengali amable de una mujer que arfstggfdsssss. Quién sabe si nos volverá a sorprender. Mientras, su legado sigue vivo. No: no estoy hablando de versiones en Operación Truño de ‘The Ride To Agadir’ o ‘Bright Eyes’. Aqúi vamos a por la droga dura y a que en el Reino Unido son raros y permitieron que los Wombles se reformaran hasta para tocar en Glastonbury. Ese año podías cantar en el festival temas de Morrissey, Coldplay, Fleet Foxes y The Vaccines o hacer el verdadero BIEN y corear la historia de un Womble que viaje al espacio con unos señores disfrazados de furries.

Ojalá lo mismo, pero con los Pitufos en el MadCool. Habría mejorado muchísimo el cartel.

Challenge accepted!

Vota esta publicación

¡Haz click en una estrella para puntuarla!

Puntuación media 4.9 / 5. Recuento de votos: 67

Utilizamos cookies para brindarle la mejor experiencia posible en nuestro sitio web. Al continuar usando este sitio, usted acepta nuestro uso de cookies.
Aceptar
Privacy Policy