Sórdido y fresco

Y el ganador a Persono del Año 2018 es…

Cuando iniciamos esta web, ya fuera consciente o inconscientemente (propongo lo segundo, porque siempre hemos sido unos inconscientes), lo hicimos con una línea editorial más o menos constante: hablar de HAMOR. Cuando unos querían presumir de eruditos del frikismo atesorando VHSes de agriculto en la casa de sus padres, nosotros compartíamos nuestras frikadas sin vergüenza ni recato con la intención de convertir el mundo en un lugar más sórdido en el que vivir. Mientras en internet proliferaban el enfado y la crítica destructiva, nosotros queríamos escribir sobre las cosas que nos hacen querer levantarnos de la cama todas las mañanas. Aparte de echar el pis matutino, claro.

Hoy en día, en la red el odio genera muchos más clicks que el amor. El lado oscuro es más fácil y poderoso. Y, cuando revisamos posts antiguos del blog por aquello de la migración a WordPress, hay cosas que nos resultan ciencia ficción: como estar de alegría y carallada invitando a vino de Rioja a Uwe Boll mientras sienta cátedra sobre cine. Y nos apena que hoy sea más normal que alguien grabe un vídeo sesudo poniendo a parir a otra persona en vez de molestarse en ir a su casa en Frankfurt a regalarle un disco de rock progresivo y luego animarle a que pronuncie, en esP-P-Pañol, algo tan sencillo como “Vicisitud y Sordidez”. Que debería ser lo lógico.

Es por ello que nos alegra comprobar que, tantos años después, nuestros lectores siguen teniendo un lugar en su corazón para otra cosa que no sea el papel higiénico húmedo: el reclamar el respeto hacia aquellos cuya presencia online consiste principalmente en expandir la alegría.

Por eso, nuestro ganador del título de Persono del Año 2018 es James “Unicornio Rosa” Rhodes.

Imagen real de Rhodes tomada hace unas horas

El James Rhodes de internet es como una tortilla de patatas tras un día cavando una zanja. Como una melodía de Mozart en un pub de reguetón. Como un baño de espuma mientras comes un bocata de jamón y afuera nieva. Como la Gran Vía con las aceras anchas. Como el placer de pronunciar el nombre de un amigo tuyo y que su nombre sea “Indalecio”. Y, sí: como un váter japonés después de comer morcilla con torreznos.

Ver a ente onvre emocionarse con cosas que damos por supuestas en este país ha sido de lo mejor que ha dado internet este año, por encima incluso de los forofos argentinos durante el mundial de furngo (‘Tobogán de piojos’ es otra muestra de que son los verdaderos herederos de Quevedo en esto de convertir el insulto en una alegría y una risa).

Diréis que sacar a Quevedo, ese cínico antisemita, a colación en esta alabanza a un hombre que se ha hecho famoso por disfrutar de la vida es un contrasentido. Pero es que la existencia requiere de cinismo para sobrellevar el dolor que asalta nuestros sentidos todos los días (sea en forma de noticias malas, sea en forma de la GOLOR de las escaleras-urinario del lateral de la Estación de Atocha), pero también un poco de disfrutar de las pequeñas cosas que nos hacen feliz, como soñar con darle una paliza a todos los que dicen ‘Yo no soy racista, pero…’.

¿Lo veis? Yo también necesito un poco de jamesrodhismo. El lado oscuro es poderoso en mí, pero me vendría bien volver a ilusionarme con una buena meriendacena. Volver a ser feliz sabiendo que en Madrid rara vez estamos a bajo cero y eso nos permite pasear cuando queramos. Volver a flipar con que existen croquetas de sabores absurdos.

En casa del herrero, James Rhodes nos recuerda que en España podemos usar cuchillos de metal, y no para cortarnos el prepucio cada vez que entramos a ver noticias homófobas, racistas o, peor aún, neoliberales, al entrar en internet. James nos hace sonreír.

Gracias Jaime. Estás hecho todo un onvre.

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