Sórdido y fresco

Legion Of Doom: El primer intento de universo cinematográfico de superhéroes

Los superhéroes dominan el cine de alto presupuesto. Es una afirmación tan obvia como que el agua moja, que Perales es un genio y que Trump es un narcisista carente de empatía heredero de la era retratada en ‘American Psycho’. Todos sabemos que hoy en día no hay manera de que los grandes estudios se pongan a producir nada que no se base en un comic. Pero que sea un comic importante. Como nos ha demostrado la debacle del género de adaptaciones de libros para Jóvenes Adultos tras las hostias de todos los últimos intentos (cuidadín con la próxima ‘El Nombre del Viento’, el mayor caso de Richard Stu de la literatura internacional, con un prota que pelea como nadie, es más inteligente que nadie, sabe más magia que nadie y, sí: hasta folla como nadie), ya no vale cualquier licencia para triunfar. Atrás quedó la época en la que se producían guiones caros originales. También podemos dar por sepultadas las grandes apuestas por propiedades intelectuales menores. Esos tiempos en los que los ejecutivos no querían nada que no estuviera basado en un libro o en un comic, aunque fuera poco conocido. Todavía recuerdo con cariño y risión lo que pasó con ‘Cowboys & Aliens’, una película para la que se creó un tebeo con el fin de poder vender el proyecto original que ya habían rechazado los ejecutivos.

Hoy en día no vale cualquier IP. Se necesita una gorda. Ya no sirve con películas basadas en obras preexistentes de culto. El fandom tiene las uñas más afiladas que Lobezno en una montería y si haces algo a partir de un oscuro tebeo francés o un anime de los 90 sólo hace falta un tráiler normalito para que hordas de fanboys vayan corriendo a quitamaricon hacia su teclado a ver quién es el primero en ponerlo a caldo y vaticinar la hostia en taquilla. Profecías autocumplidas.

¿Cómo se atreven a hacer una peli basada en algo poco conocido y sin un universo extendido?

No: a ser posible, hace falta una Propiedad Intelectual Preexistente morrocotuda que pueda crear un puñado de secuelas con personajes secundarios destinadas a una unión posterior en una gran peli-evento. Vamos: hacer un Marvel. Ellos lo inventaron y ellos lo llevaron a buen puerto.

Aunque en los 90 otro loco vio el futuro y lo intentó. Hace aproximadamente veinticinco años un productor de bajo presupuesto quiso aplicar su amor por los comics de superhéroes y crear su propio universo compartido. Con cuatro películas que convergirían en una gran épica. En un equipo de superhéroes llamado “La Legión de la Perdición”. O “La Legión de los Condenados”. O “La legión de la Muerte”. Traduzcamos como traduzcamos “Legion of Doom”, el resultado es el mismo: Buen rollo y alegría. Todo lo que quiere transmitir un equipo de superhéroes pizpiretos.

Pero, claro: no es de extrañar un nombre tan oscuro y molón y, por lo tanto, tan noventero. El padre de la idea venía del cine pobre de terror. El fan de los tebeos que quería su propio equipo de héroes era Charles Band, creador de la Full Moon, hijo del director Albert Band y hermano del compositor Richard Band. El nepotismo era la fuerza vital de la compañía.

Esta productora surgió a finales de 1988 tras el colapso de la anterior compañía de Band, Empire Pictures, que nos dió las glorias chiquititescas de “ReAnimatorl” y “ReSonatorl” así como los Ghoulies saliendo de un retrete y, por supuesto, Harry Potter con una gorra del Bétis:

Full Moon se crea con la intención de vomitar unas diez películas al año (cifra que, contando sus pelis infantiles, consiguieron superar en alguna ocasión) para el mercado de VHS según un acuerdo con Paramount. En un principio, se trata de una extensión del cine de Empire, pero pronto se comprueba que su fórmula de rodar películas en el tiempo que da para hacer una buena tortilla de patatas a fuego lento no arroja los mejores resultados. No nos confundamos: hay gente que le tiene cariño a estas ovras. También hay gente que le tiene respeto a Dan Brown. Para gustos, cacas de colores. Para la mayoría de la gente, las pelis de Full Moon son de las que haces que pierdas una raya de carga viéndolas. Son un poco herederas de la serie B de los 50: mucho rajar, poca chicha. Todas estéticamente muy similares y presentando uno de los mayores pecados del cine de bajo presupuesto: que, con excepciones, no solían presentar ideas locas (curiosamente, una de esas salvedades es la peli ‘Oblivion’, que muchos dicen que fue plagiada por ‘Cowboys & Aliens’; sí: me gusta mucho que todo case en lo que hago, sea un artículo, declaración de la renta o declaración policial por ir desnudo por Chueca).

El germen de este Full Moon Cinematic Universe surgió en los tiempos de la Empire. Charles Band era un tarado coleccionista de comics que sabía que el magistral legendario molón glorioso Jack Kirby (Capitán América, Hulk, Thor, Iron Man y mil cosas más por las que se llevó la gloria Stan Lee) había abandonado Marvel y estaba haciendo cosillas para DC. Así que le llamó y le pidió ideas para dos películas. Kirby le sirvió un par de dibujos y dos conceptos: Doctor Mortalis, un autoplagio de Doctor Extraño, y Mindmaster, sobre un tipo en silla de ruedas que controla un robot. Band se puso a trabajar como siempre ha hecho: creando sendos carteles para interesar a los inversores. Sin embargo, estábamos en 1986, y lo más cercano a una peli de señores en mallas es ‘Superman III: La del tío del bigotón y el malo jugando a videojuegos’. Vamos: que el género era veneno. Así que pasaron de los proyectos.

Tampoco es que estuvieran muy currados

Pero llegó la era Full Moon y Charlie pensó que podía rescatar los tratamientos y, por aquello de no pagar a Kirby El Pupas, cambiarles el nombre. Mortalis pasaría a llamarse ‘Mordrid’ y Mindmaster sería ‘Mandroid’. Sin embargo, un año antes había llegado la primera pata de la mesa…

Los más viejos de esta web sabrán que yo le tengo mucho cariño a Albert Pyun. En primer lugar porque hay que amar a una persona que se apellida como el sonido de un niño jugando a policías. En segundo, porque es uno de esos maravillosos casos de directores con cierto estilo visual pero un absoluto descuido a la hora de ponerse a esto de contar una historia que no te haga añorar la coherencia de ‘Bloodrayne’ de Uwe Boll.

Tras haber hecho para Empire una de sus pelis más aburridas, ‘Vicious Lips’, Band llamó a mi querido amante de los grandes angulares para llevar a cabo ‘Dollman’, otro de esos carteles sin guión que sí habían comprado los inversores. Se trataba de una especie de ‘El Increíble Hombre Menguante’ que, en manos de Pyun Pyun Bang Bang se convirtió en ‘Harry El Sucio Espacial en Miniatura’.

Ahora tened los cojones de decirme que no queréis ver esa peli.

La obsesión del productor de ‘Puppet Master’ y ‘Demonic Toys’ con los moñecos es para hacérsela ver por un profesional

La verdad es que le quedó una cosa entretenida. Cutre, pero entretenida. Sobre todo porque el protagonista era Tim Thomerson, el cual es capaz de hacer divertido hasta un debate del parlamento murciano. Todo el arranque tiene ritmo y la peli hasta presenta un poco de crítica social dentro de su humildad. De hecho, el personaje acabaría teniendo unos cuantos cómics y apariciones en alguna otra película de la compañía y una crossover titulado ‘Dollman Vs Demonic Toys’ que si véis es probable que se os tengáis que enchufar una batería al culo para recuperar la energía mental y las ganas de vivir perdidas.

Porque Band siempre tuvo en mente lo de hacer crossovers, pero por un motivo u otro nunca se lanzó a ello más allá de experimentos puntuales como éste. Sea como fuere, ‘Dollman’ fue uno de los pocos éxitos de la nueva compañía más allá de la saga Puppet Master. Así que ahí se quedó, en algún lugar de la mente de Band, mientras preparaba una de sus incursiones como realizador.

Tal película sería por fin ‘Doctor Mordrid’, probablemente la mejor de toda la historia de Full Moon. Que es como decir “el disco más espectacular de Styx”, pero ya sabéis a lo que me refiero: que aquí puso pasta. No en vano la iba a dirigir personalmente junto con su padre, un tío que tenía en su filmografía un clásico menor del terror cincuentero (época baja para el género) titulado “Entierro a los Vivos”, una peli muy Stephen King de esas que los más tarados del género a veces sacan a colación.

El Doctor Extraño contra Humpty Dumpty

El resultado de este plagio del concepto de Kirby que plagiaba a su vez a Doctor Extraño es muy presentable. Básicamente porque ofrece carisma dado que protagoniza Jeffrey Combs, porque tiene ritmo al mostrar peleas de esqueletos de dinosaurios stop motion y porque ofrece diversión derivada de que salen Jeffrey Combs y peleas de esqueletos de dinosaurios. Que no sé qué más queréis en una peli de dos pesetas. Las ventas fueron bien e incluso se puso en marcha el guión de dos secuelas a filmar del tirón por aquello de que lo de ‘El Señor de los Anillos’ ya hacía años que lo habían inventado los productores de bajo presupuesto.

Lamentablemente, las secuelas “Crystal Hell” y “Shadow Queen” se cancelaron quizá debido a tener títulos que parecen canciones de Stix. A pesar de ser, de todas sus películas, la única realmente cercana a sus queridos comics, Band no se atrevió con proyectos tan ambiciosos.

Esto mismo, dijo Kirby

Paralelamente al lanzamiento de ‘Doctor Mordrid’ en VHS, el productor puso en marcha su segundo latrocinio de Kirby. ‘Mandroid’ se basaba en un dibujo de un tipo en silla de ruedas que se comunica mentalmente con un robot. Por lo tanto, Band encargó un guión con un tipo que anda y se comunica con un robot. Lo cual no impidió que dejara el diseño original de Kirby en el cartel. Porque si, efectivamente, el prota acababa parapléjico en los último cinco minutos, técnicamente NO es publicidad engañosa. Aunque digo yo que habría sido más fácil ponerlo sobre ruedas desde el principio…

Participando en las próximas paraolimpiadas representando a Rumanía

Una vez más, su plan era realizar la película al mismo tiempo que su secuela. ¿”Mandroid 2”? ¡Claro que no! Se titulaba “Invisible: The Chronicles of Benjamin Knight”. ¿Es que Mandroid se volvía invisible? ¡Tampoco! ¿Es que el que maneja al robot se llama Benjamin Knight? ¡Claro que no! La secuela va sobre un personaje secundario de la primera porque los cojones.

Para dirigirla llamaron a un sueco llamado Jack Ersgard que rondaba por Hollywood y al que se le estaba pasando el arroz con proyectos estancado en los estudios. Así que habló con Band, quien le hizo una propuesta que sólo un idiota no rechazaría: dos flyers, dos títulos de pelis, un billete para ir en unos días a rodar a Rumanía y absolutamente ningún guión. Pero hay que comer, así que el chaval dijo que pa’lante. Que la fortuna se descojona de los valientes y luego les da una patada en los huevos.

Tal leche vino del hecho de irse a un país que hacía unos años era uno de los más atrasados del Telón de Acero para hacer una peli moderna y futurista. Era como marcharse a El Ejido para rodar una peli tropical o a Valladolid para hacer una sobre el 15 M. Tan absurdo que tenían que mandarles cachos de ordenadores viejos desde EEUU para atrezar. Eso sí: Esgard tenía ejército y tanques para aburrir, porque si algo le sobra a una ex-dictadura es material militar.

El caso es que un año antes Band había comprado unos terrenos en Bucarest para montar un estudio y rodar todo con mano de obra baratita. Construyeron su nave industrial al estilo espartano: sin lujos superfluos como agua o luz. Aquello era como rodar en Afganistán o las 3000 viviendas. Eso sí, podían utilizar profesionales del lugar, bastante apañados para solventar problemas o, en el caso de los jefes de equipo, profesionales eficaces y con experiencia.

El resultado fue un coñazo.

Por muchas explosiones y tanques, esto de rodar recibiendo el guión cada día por fax acaba notándose. Ante el desastre, Esgard se negó a rodar la secuela del tirón, y se volvió a montar la primera película. Una vez dado sentido al material, se volvió a la semana siguiente a Bucarest para empezar con ‘Invisible’. Sus armas para mejorar la propuesta: Un libro de efectos especiales para hacer las tomas de invisibilidad porque allí nadie sabía cómo se realizaban esas cosas.

El resultado fue un gigantesco coñazo.

¡Vean una película con efectos de 1934!

Sin embargo, ‘Mandroid’ se vendió lo suficientemente bien como para que la historia de ‘Invisible’ acabara con el robot, el señor paraolímpico y el hombre trasparente viajando a los EEUU para continuar sus aventuras. El tablero estaba preparado y el primer universo compartido de superhéroes llegaría a continuación. Mandroid, Benjamin Knight, Dollman y Doctor Mordrid sería ‘La Legión de la Chunguez’. En 1994, Band encargó el cartel con todos los personajes para seguir su táctica de ‘dibujo primero, pasta segundo y guión ya veremos’.

Aquí, posando to casual

Pero finalmente ‘Avengers: Caspa Wars’, la peli definitiva de superhéroes cutres no se llevaría a cabo. El año anterior Paramount había perdido más pasta que un adolescente con cuenta en William Hill, por lo que fue adquirida por Viacom. El nuevo director encargado de los tratos para VHS no estaba demasiado interesado en la Full Moon y la cosa se puso tensa. Finalmente, el acuerdo se rompió y Band apenas pudo escapar con el nombre de la compañía y algunas IPs, aunque perdió bastantes proyectos en desarrollo, dejando en dique seco su plan superheróico.

Así que más de dos décadas antes de que todo el mundo esté loco con los universos compartidos, un señor más tarado todavía intentó aplicar ese espíritu de los comics al cine. Pero sus ideas no estaban al nivel de su billetera. Hoy en día, con todos los estudios corriendo como pollos descabezados sugiriendo UCs de Transformers, Harry Potter, James Bond, Monstruos clásicos, mascotas de cereales (en serio) o… no. Un momento, que me pongo meta: aquí venía un chiste de poner algo absurdo tras una sucesión de ejemplos, pero lo de ‘Universo Compartido del Conde Chócula’ que leí el otro día me ha matado. Mejor me retiro a soñar con una peli con Tim Thomerson, Jeffrey Combs y un robot chulo.

Que, conociendo a la Full Moon, habría sido una decepción. Pero en mi cabeza seguirá siendo un proyecto de la hostia.

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