Sórdido y fresco

Tiempo de culto: especial navidad

Yo participo en muchos podcasts. De hecho, esta semana he aparecido en dos. Generalmente no los comparto aquí en Vicisitud y Sordidez, porque a menudo son cosas serias sobre cine, sociedad y política. Claro está que en el que grabamos ayer en vivo acabé bajándome los pantalones.

Eso no es un aliciente en un programa de radio. Ni para uno de YouTube, puesto que eran calzoncillos viejos y no es plan que los lectores de ente bloj quieran sacarse los ojos. Mi problema es que tengo dificultades para comprar ropa interior: los slips aprietan los huevos y yo soy de tolón tolón. Los boxers bonitos son los que van ajustados, pero como tengo los muslos muy gordos, se me acaban enrollando y, sí: apretándome lo que debería colgar. Así que, como Bridget Jones masculino de la vida, compro esos de tela poco favorecedores. Pero vamos, para la cantidad de gente que me ve sin pantalones, tampoco es que pase nada. Cosa que debería cambiar: En la vida hay que ir más sin pantalones, como manda Günther:

Let’s do like Donald Duck

Pero a lo que iba: este TdC es un poco especial porque se grabó en vivo. Estar delante de gente y ponerse a hablar es algo que sé que aterra a muchas personas. Normalmente se recomienda a los que tienen miedo escénico que se imaginen a la audiencia en pelotas. Nunca he entendido eso. Que yo he estado en playas nudistas y sé que con eso no se pierde el respeto a nadie. Con la excepción a la evolución y las leyes naturales por habernos hecho tan raros. Pero para gente como yo, el hablar con audiencia funciona como acicate para decir más tonterías. Que eso sea bueno o malo ya es otra cosa. 

La retroalimentación con público es algo muy importante, y suele causar una espiral de ‘a ver quién suelta la burrada más gorda’ que está muy bien para diferenciarse de otros programas o para acabar denunciados y en la cárcel. Que la cosa de ofenderese está muy muy mal en este país y en el mundo así en general. En este programa digo cosas de las que no me siento especialmente orgulloso. Pero eso es parte de la magia: quiero reclamar la necesidad de poder soltar la burrada que se te ocurra sin miedo. Sin preocupación por lo que pueda pasar. Y sin pantalones:

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