Sórdido y fresco

Post fresquito (y épico) veraniego: Por qué todos debemos HAMAR a Juan Pardo. Parte 2: los 70

Un momento de atención, chavalada, por favor.

Mientras escribía esta épica y singular historia, ha llegado a mis manos una información de suma importancia para salvaguardar el destino de ente blog. Debo compartirla con vosotros, aunque habéis de tener en cuenta que es muy probable que ya estemos condenados.

Bien. Allá va.

Al parecer, en el mundo de la música, decir o escribir seguidas las palabras “Juan” y “Pardo” da mal fario.

hamijos. He hablado demasiado a la ligera de Aquel que no debe ser nombrado. Queriendo hacer un bien a la humanidad, os he condenado a la catástrofe. Quién sabe qué pérfida maldición pesará a partir de ahora sobre vosotros, sobre el blog o sobre los bocatas de chope.

Pero como yo creo en la bondad del ser humano, y por ende del Universo, he pensado que todo en esta vida tiene su contrapartida, así que haremos dos cosas. Primero, crear un meme con el mejor de los acabados, de aspecto beatífico e irresistible, para que podáis pasarlo a todos vuestros contactos de guachap y os otorgue eternas bendisiones y boena zuerte para toda la bida.

Lo segundo será no decir el nombre y el apellido de nuestro héroe todo seguido. Así, he pensado que, además de usa “Juan” y “Pardo” de vez en cuando, puedo llamarlo Jotapé o, lo que es aún mejor, Yeipí.

Ahora sí, no tengáis miedo de leer las siguientes líneas y adentrémonos en la segunda parte de la historia de… Yeipí.

Porque una cosa es no poder nombrarlo, y otra, que no podamos seguir HAMÁNDOLO.

En el año 1969, como recordaréis, Juan y Junior se habían separado, por lo que los críticos musicales deseaban vapulear a nuestro héroe. Sin embargo, Yeipí iba a darles a todos en los morros con la velocidad de un relámpago publicando su primer sencillo, “La charanga”.

En realidad, la compañía Novola decidió sacarlo de tapadillo, porque, por algún motivo, seguían sin confiar en que un chingle en gallego, de tintes folclóricos pero con pasajes épicos y guitarreo extraño, que no servía para bailar y que duraba unos seis minutos fuera a cuajar.

Y, por supuesto, se equivocaron.

“La charanga” fue un pelotazo que vendió ciento cincuenta mil copias en un par de meses y llegó al número uno de las listas de éxitos. Para que lo entiendan los jovenzuelos, el Zasca se escuchó con un extra de onda expansiva incluso en Valladolid.

Así pues, nuestro héroe subió un par de puntos en su marcador, y estuvo preparado para sacar a la luz su primer disco. Ahora ya estaba solo ante el peligro. Solo, pero confiado. Sería él mismo, no un apéndice de nadie. De ahí que este disco lleve simplemente su nombre. Desde aquel momento y para siempre, sería JUAN PARDO.

Vale, creo que acabo de matar un gatito. Perdón.

Para el disco, que apareció en 1969, Pardo se basó en la premisa de que la coherencia interna es para débiles, y decidió hacer una mezcolanza de canciones que tenía por ahí. En él encontramos temas que nuestro onvre ya había compuesto para otros artistas, como Fórmula V o Miguel Ríos, una nana, baladas barrocas, etc.; pero yo me quedo con dos. “Mi rancho” es la mezcla perfecta entre un Jesucristo Superstar de baratillo y una recreación libre de la intro de Bonanza.

Por su parte, “Flamenco Blues” nos da una lección muy valiosa. Puedes llamar Flamenco Blues a tu canción entendiendo por “flamenco” cantar llorando cual folclórica de los cuarenta y por “blues” unos cuantos crecendos de organillo épico. Y arreando.

El año 1970, Pardo comienza una nueva década casado y componiendo un exitazo para su amiga Marisol. ¿Alguna vez habéis escuchado “Mami Panchita”? ¿Habíais sido tan depravados como para preguntaros quién la habría compuesto? ¡Pues aquí tenéis la respuesta!

Además, ese año sale a la luz el LP Soledades, muy del estilo del anterior, es decir, marcado por la esquizofrenia entre el pachangueo y las baladas. Lo bueno es que Yeipí grabó este disco en Londres, y de nuevo la idea de saltar al mercado internacional cantando en inglés sobrevuela sus discos con temas como “Noreen”. Pero lo mejor es que, para rematar, decide que meter una canción de siete minutos, con intro de saxofón y partes casi recitadas con letra salida de la mente de Quintero, León y Quiroga tras un día de resaca de pacharanes es una idea digna. A ver, desde luego es digna de él por lo que vamos viendo. Pero esa fórmula no le saldrá bien hasta dentro de unos años. Mientras tanto, podemos considerar la canción “Eva” como un mal necesario en aras de un futuro bien mayor.

Pero Juan deseaba crear y seguir haciendo el bien. Como ya había catado la producción, en 1971 se embarcó en preparar, limpiar y dar esplendor al disco Borriquito de Peret. Cierto que si nuestro héroe hubiera compuesto el tema ya sería la repanocha en verso, pero no se puede tener todo. Y, además, no importa, porque solo un año más tarde escribe el temazo “Algo de mí”, de Camilo Sesto, y produce todo el LP del mismo nombre.

Pero con dos discos a sus espaldas, Juan sigue sin encontrar del todo su camino. 1972 era el año para hacer que a sus fans les explotara la cabeza y todo cambió. De aquella barbita mosquetera incipiente, Pardo se pasó a la barbaza sideral, lo que le dio el toque fucker definitivo, y se marchó a Londres para grabar un disco entero en inglés. Sí, hamijos, el Cat Stevens español tenía una imagen y un nombre. Que se agarraran todos los machos porque aquí llegaba uno de los mejores discos de toda la carrera de JUAN PARDO.

Perdón…

Natural es un discazo. En serio, es muy bueno. De hecho, la crítica recibió su patada en la boca definitiva y lo puso por la nubes, llegando al número uno en España. Eso sí, la nueva imagen de Yeipí cada vez se acerca más a lo que todos conocemos: barbaza, juego con el micro, cabeza arriba Concha Piquer Style y horterismo elegante.

La segunda versión de “Natural” es lo menos asociable a Jotapé y de lo más chulo que hayáis escuchado jamás. Pero meter en medio del disco un temazo de once minutos como “Come Back”, y una canción protesta con aires folk-asiáticos-tranquilones como Hiroshima eleva este LP a la categoría de los más JRANDES de la historia de la música. Pardo lo bordó, a pesar de que su disco fue rápidamente olvidado.

Visto que las cosas le iban bien, Pardo estaba más crecido que nunca. En 1973 se marcha a grabar con el sello Ariola, y allí compondrá sus otros dos discos en inglés: My Guitar y, en un alarde de intensidad suprema, Conversations with myself (1974).

El pequeño problema que van a tener ambas producciones es que, si bien gustaron y no estaban mal ni por asomo, Juan decidió grabar los principales chingles en español, porque no quería pillarse los dedos con lo del mercado internacional, aunque él mismo explica en una entrevista que para vender en España era casi obligatorio garbar en español. Esto se puede ver en el concierto del programa A su aire que Pardo da en 1974. No voy a ponerlo porque dura media hora y puede que no tengáis el colon a punto, pero adjunto el enlace normal y os animo a que lo veáis solo por las pintas de Juan, que se corresponden con la descripción de Los Gandules de “Llevo colgando del cuello una cruz con un Cristo en medio y una cadenuca de oro que tiembla el misterio”…

…y a un joven moderno de pecho descubierto y colgante excesivo, que de lejos puede parecerse a Roger Daltrey, pero que no es otro que…

¡El maestro Leiva!

El señor que dirigía fanfarrias de orquesta en el Grand Prix y Qué apostamos, y el que dirigía orquestas a secas en Eurovisión.

Por si esto fuera poco, en el vídeo podréis encontrar, a modo de Wally intercativo, a los siguientes personajes:
– La madre de las gafas y su hijo el empanao.
– El barbudo con polito de Lacoste.
– La señora de sonrisa radiante y mirada lasciva.
– La madre y la hija clónicas.
– Las adolescentes enloquecidas (se las ve y se las oye).
– Y, por supuesto, Pepa Antón, que ha ido con sus amigas a escuchar a su cantante favorito en FERROL DEL CAUDILLO.

Y es que todo en este concierto rebosa valors por los cuatro costados, como cuando Juan dice mientras le aplauden: “No os canséis más, gracias.Voy a cantar más canciones”. Porque Serrat puede versionar a Antonio Machado con dos mil arreglos orquestales, Paco Ibáñez puede coger la guitarra y sacar a la luz los versos de Alberti o Jorge Manrique; pero escuchar a nuestro Pardiño berreando “Lonshe da terriña. / Lonshe do meu lar./ Com’a terra nosa/ non hay outra igual” por Rosalía de Castro… Eso, habitantes del Averno… eso es CALIDADE.

https://www.youtube.com/watch?v=AVrsnfMxLPU

A pesar del supuesto batacazo internacional, la presencia del maestro Leiva debe hacernos reflexionar sobre una cuestión: incluso los más jrandes se han cruzado en algún momento de su vida en la carrera de Yeipí, y puedo demostrar que, lejos de dar mal fario, ese encuentro cósmico con un gigante de sus características puede marcar el destino y el éxito de cualquiera para siempre.

Mientras estaba en los estudios londinenses, Pardo cuenta que tenía que arreglar unos coros para una canción y decidió hacerlo in situ con los coristas. Uno de ellos, muy apañado, se sentó al piano para ayudar. Cuando Juan le comentó lo bien que tocaba, el joven le dijo que estaba preparando un disco propio. Ese joven era Elton John.

Strike One!

 Otro ejemplo: Elaine Paige -inmensa protagonista del primer Cats o de Chess, primer musical de Benny y Björn post ABBA- le dijo que no podría hacerle los coros porque la habían contratado para hacer Evita, de Tim  Rice.

No llores por mí, Juan Pardiño.

Pero es que subo la apuesta: una mañana en la cafetería del estudio, Juan le comentó a Vangelis -¡¡A VANGELIS!!- que el pianista no llegaba y que qué coñazo todo. Vangelis se ofreció a tocar en ausencia del músico y, justo cuando Pardo iba a decir que sí, el susodicho pianista entró por la puerta, destruyendo la que habría sido una de las colaboraciones más fructíferas de la historia de la música.

Pero es que subo de nuevo y lanzo un órdago a Jrande: mientras grababa Natural, un responsable del estudio invitó a Juan a ver una sala con una mesa de veinticuatro pistas que era la repanocha en vinagre. Nuestro sagaz artista, interesado, aceptó y, al llegar al estudio, se encontró con un grupo de chavales que estaban grabando. Según le explicó el responsable, a ese grupo no le cobraban porque eran productores de su disco. El cantante era capaz de grabar multitud de voces en aquellas veinticuatro pistas. Al escucharlos, Pardo flipó bellotas limoneras y no paraba de decirles que eran buenísimos y que madre mía que cómo podían molarlo tanto. Los jóvenes, humildes, le dieron las gracias y no se volvieron a ver. Pero cuando en 1973 ese grupo sacó su primer disco, nuestro héroe se acordó rápidamente de ellos. Sí, esos chavales eran Queen.

A kind of (Gallegiña) magic.

¿Lo entendéis ahora? ¿Comprendéis la majestuosidad del asunto? Elton John, Elaine Page, Vangelis y Queen, entre otros, se han cruzado con Pardiño en algún momento de sus vidas Y NO LO HAN RECONOCIDO. ¿Cómo podemos nosotros, que sí lo conocemos, renegar de él como lo hacemos a diario? Si después de esto no lo hamáis con todos poros del entreteto, yo ya no sé, de verdad.

Andando en el tiempo, llegamos a 1975. Sabemos que este año rompe el molómetro porque se murió Franco y hubo gran regocijo en bastantes sitios; pero en lo que a nuestra historia se refiere, el siguiente LP de Pardo nos traía una nueva vuelta de tuerca. De pronto, nuestro héroe ferrolano dejó de cantar en inglés y decidió utilizar como título de su disco el hotel donde se refugiaba para ir a esquiar. Así, Hotel Tobazo nos muestra tres fotos que definen un par de datos muy importantes: El rostro de nuestro cantante: modesto y sensible, la puerta del hotel, porque ya por entonces había gente que no terminaba de captar los nombres de las cosas, y una imagen de un San Bernardo con gorra, porque, ya es tiempo de decirlo, los genios en parte lo son porque están puto locos de la cabeza.

En Hotel Tobazo lo que se ve es que al mercado internacional ya le podían ir dando, que aquello nunca parecía salir bien, y que Juan estaba destinado a pasar a una nueva etapa, con el estilo musical por el que es reconocido y que es, a su vez, el más genial y el más divertido de todos. Para muestra, el chingle “Autorretrato” tiene música digna de cabecera de serie de la tele, mezclada con la épica coplera, rimas vergonzantes como “sano y mirar circunflejo/ eso me dice mi espejo”; y, cómo no, unos segundos de recitado como sólo él sabe hacerlo, molándose mucho y terminando con unos inspirados versos: “Si algo queda en el tintero/ podéis estar seguros/ que este es un trabajo sincero”. Y así se queda, con el esfínter relajao.

Sin embargo, los años setenta fueron muy importantes para la experimentación en general y la droga en particular. Por lo tanto, aunque Yeipí, no sé si conscientemente, había marcado su futuro estilo, no quiso desprenderse tan pronto de la oportunidad de seguir causando catatonia permanente entre sus seguidores, que a estas alturas me parecen héroes, porque en cada disco que sacaba ente onvre uno no sabía a qué atenerse. Y, de este modo, en 1976 no saca uno, sino dos discos, cada uno a su puñetera bola con respecto al otro, porque puede, porque mola y porque le da la gana.

Por un lado, Calypso Joe se basa íntegramente en sonidos jamaicanos y caribeños. Tiene unos coros muy majetes y muy bien hechos y una percusión que quita el sentío. Sumadle a eso letras tan grandiosas como “Sin ser un gorrino total no era un pulcro integral sino un golfo tranquilo”, o un tema tan extraño y picantón como “Agua”.

Por otro lado, o más bien en las antípodas del anterior, Miña nai dos dous mares es un disco interpretado íntegramente en gallego, con arreglos folclóricos, gaitas, flautas y demás instrumentos concebidos para la maldad. Eso sí, el gallegismo extreme lyrics lo aportan los poemas de Ramón Cabanillas, poeta modernista gallego sobre quien Pardo hará un especial de TVG años después para conmemorar el Día de Galicia, y, cómo no, la Transición le hizo sentirse aún más riquiño de lo que era y por eso en este disco interpreta el Himno gallego. En el mismo especial del que hablé antes sale cantándolo rodeado de banderas. Todo un espectáculo.

Entre 1976 y 1978, y como con dos discos seguidos dan ganas de descansar, Juan es invitado a participar en un programa de TVE llamado La hora de… En él, el invitado en cuestión tenía una hora en pantalla para hacer lo que le saliera de los carallos mayores. Eso sí, se esperaba que cantara o que hiciera algo relacionado con su arte. Juan lo hizo, pero desde el comienzo deja muy claro que quiere que nos metamos en su cabeza, cosa que, como ya podéis adivinar, es una misión más peligrosa que buscar los trabajos del Máster de Pablo Casado.

Pardo, pidiendo que nos metamos en su mente

De nuevo, os voy a dejar el enlace, porque el programa dura demasiado, pero quisiera enumerar qué cosas se pueden encontrar en la mente de Pardo:
– Un circo. Sí, en serio. Todo el especial se basa en un circo de sueños con atracciones increíblemente creepys. A partir de aquí, el espectáculo solo puede mejorar a un nivel inversamente proporcional al de vuestras neuronas.
– Juan vestido de payaso.
– Juan vestido de payaso cargándose una bonita canción a las madres porque se la canta a un cachorro de león.
– Luz Casal vestida de domadora.
– Una bailarina espídica.
– Una jamelga vestida de vaquera que da leches con un látigo y dispara a globos.
– José Luis Moreno, Monchito, Rockefeller y una oveja con plumas.
– Raúl Sender haciendo un número de humor con castañuelas.
– Luz Casal vestida de domadora cantándole a Monchito, destrozando la misma canción que Pardo vestido de payaso.
– Tres Pardos simultáneos: el payaso, el maestro de ceremonias y el del público, que es el único adulto entre niños.
– Una señora que hace play back de canciones infantiles en francés, por lo que el coro resulta lamentable.
– Una pitonisa que repasa la carrera de Pardo y termina con un chistazo que me dejó ojiplática por abajo: “Ahora voy a adivinar quién es usted. Usted es… ¡Víctor Manuel! ¡Recuerdos a Ana Belén!”
– Un coro de gallegos bailando muñeira, que aparece y desaparece.

Y con esto creo que podéis comprender que dentro de la mente de Jotapé se encuentra la verdadera y más pura vicisitud que hayáis visto en toda vuestra vida, solo comparable a una pesadilla de David Lynch tras ingerir unas vieiras en mal estado.

Os dejo solo un pequeño extracto de Pardo cantando como en sus primerísimos discos con Luz Casal vestida de Gilda, para que durmáis bien esta noche.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/programas-y-concursos-en-el-archivo-de-rtve/hora-juan-pardo-1976/1515707/

Y hablando de Luz Casal. En aquellos años, fue una de las coristas principales de Yeipí. En 1977, cuando únicamente se hacía llamar Luz, Pardo le compuso su primer chingle, que es un auténtico finstro que suele obviarse en la carrera de la cantante, aunque yo creo que por qué no decillo. Si Pardo ha estado en tu vida, asúmelo y bebe de su incontable sabiduría. Que luego te compondrá David Summers una canción muy bonita pero mucho menos divertida, y eso sí que lo cascas la gente. Ver para creer.

Y como hasta el siguiente año Pardo no preparaba disco nuevo, en el 76 se planteó escribir un musical, porque ya vemos que ente onvre toca todos los palos y se apunta a un bombardeo, en este caso literal, porque la obra, llamada Madrid, pecado mortal, era un petardo soberano con gente en pelotas paseándose sobre el escenario porque DESTAPE. En serio, el retrato de figuras que plantea la canción, las referencias a los políticos, a las elecciones, pretenden ser un cuadro de costumbres madrileño y se queda en un especial de vedettes portuarias. Bastante lamentable.

Y ya llegando al final de la década, 1978 ve la salida del último disco que Pardo sacará con Ariola. El contrato terminó, ninguna de las partes quiso renovar, y Juan terminó con un disco que marca el camino trazado en Hotel Tobazo, pero este último es algo más mediocre. No le destaco ninguna canción porque no me parecen especialmente destacables.

Pero, ¿cómo íbamos a cerrar este episodio con un disco regulero? Tranquilidad en las masas, que los últimos años de los setenta dejan en el recuerdo tres grandes labores que Pardo hizo por la humanidad, para su mejora y la expansión del hamor entre especies.

El primer trabajo fue producir y componer algunas canciones de dos discos de un dúo que se iba a convertir en el forro de carpeta de toda una generación. Sí, queridos, sin Pardo, a saber cómo hubiera quedado esta maravillosa canción de Los Pecos.

El segundo fue darnos su último papel en el cine en un películo sumamente sórdido llamado Rostros (1978), donde interpreta nada más y nada menos que la protagonista. En este flin, Juan interpreta a Juan -los actores que no son actores hacen que no nos calentemos los cascos-, un artitta (porque he leído tres versiones de la sinopsis y en una es escritor, en otra pintor, y en otra escultor) que, por culpa de una crisis creativa, no distingue los rostros de las yentes que lo rodean, hasta que ve a Carmen Sevilla (creo) y ambos viven una extraña historia de tintes sobrenaturales, y sale Bárbara Rey, y hay muchos desnudos porque DESTAPE otra vez. En algunas webs se califica esta cinta como terror, y no es para menos, porque ya no se trata de una película de las de cantante, sino de una cosa de aspecto tróspido con banda sonora de ¡Luis Cobos!

O sea, que existe una película de serie B (o puede que Z), protagonizada por un cantante intensito que no sabe actuar y dos señoras muy jamelgas que enseñan todo su concepto sexuarrrrllll, donde aparecen elementos del fantaterror y todo lleva un chispún de fondo, seguro. Y lo peor es que NO LA HE VISTO. No la encuentro y ahora siento que necesito semejante cosa en mi vida. Y todos vosotros también, porque Pardiño no podía ser tan mediocre como para despedirse del cine sin una auténtica película de mierda.

El tercer trabajo fue entrar en el corazón de los niños de Esssssssspaña en 1979, haciendo la mejor síntesis musical de toda una Magna Ovra como es El Quijote de Cervantes. Solo un barbudo loco y delgado que mezclaba la épica con la pachanga absurda podía comprender de primera mano la esencia de las aventuras del Ingenioso Hidalgo. Lanza en ristre, fue presto a componer la canción que servía como intro de la serie animada de TVE y produjo el disco de sus intérpretes, el grupo infantil Botones.

Además, que Juan no dejó de entablar batalla a favor de los débiles, pues la productora de la serie sacó un disco de canciones de la misma antes del single de los propios Botones, por lo que les robó muchas ventas, y nuestro héroe por poco los parte en dos de un buen mandoble.

Como habréis comprobado, los años setenta supusieron una eterna búsqueda en el estilo de Pardo, y una continua experimentación a la hora de encontrar su auténtico camino. Sin embargo, a pesar de la esquizofrenia que sufren las creaciones del artista durante esos diez años, hay canciones y discos muy buenos, además de conseguir varios números uno en las listas de éxitos. De esta forma, nuestro héroe se embarcó en un nuevo tiempo, con un nuevo sello discográfico y con una estética y estilo claros y definidos. En el próximo episodio veremos al más conocido, pero mucho más sórdido y desatado, JUAN PARDO.

Vaaaaaale, perdón. Para el siguiente post, cruzamos todos los deditos en señal de buena fe y tan amigos, ¿vale?

¡Un pardo abrazo para todos!

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