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El chiste fácil común: desmontando los hazmerreíres más tópicos

4.9
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Hacer humor es una de las empresas más jodidas que se puedan acometer. Mucho más que entrarle a Ana de Armas teniendo joroba. Mucho más que aspirar a ministro del PP sin ser del OPUS. Incluso, y esto es duro hasta pensarlo, más jodido que ir a una tertulia de la Sexta y reconocer que no se sabe nada del tema a debatir.

Pero los chistes son necesarios para el correcto funcionamiento de la sociedad. Son la fibra que mueve los intestinos de la humanidad mientras avanzamos a nuestro escatológico final de extinción cierta. El problema está en que cada uno tiene un sentido del humor distinto. Lo que haga o no gracia es uno de esos misterios que la ciencia tiene todavía que resolver.

Aunque Canal Historia ya tiene la respuesta

De hecho, se han conducido estudios sobre cuáles son los chistes más universales. Creo que quedó primero o segundo esta joya:

“Holmes y Watson están de camping tras tomar un buen cocido madrileño, tumbados en la hierba.
Holmes (voz de Gary Piquer): Watson, mira hacia arriba. ¿Qué nos dice el cielo de nuestra situación?
Watson (voz de Joaquín Sabina): Pues, atendiendo al hecho de que estamos mirando la Osa Menor justo 10 grados hacia mi derecha, diría que estamos en el hemisferio norte. Según la situación de Orión, diríase que en algún lugar entre Dorset y Alpedrete
Holmes: No, gilipollas: que nos han robado la tienda de campaña.”

Ahí tenemos un chiste universal. Quizá porque la sorpresa sea buena, quizá porque no requiere demasiado contexto cultural. Probablemente porque no ofende a nadie. Bueno: son sólo dos hombres, por lo que fomenta el heteropatriarcado. Y hacer cocido en el campo podría joder a los ecologistas. Por supuesto, reírse de la creación de Conan Doyle puede doler a sus seguidores. Y a los de Garci.

– Señores: sean conscientes de que estamos haciendo historia. Del humor involuntario, pero historia.

Y ese es el problema: la mayor parte de los chistes que hagas van a ofender necesariamente a alguien. El retrato hiperbólico de personas o situaciones es tan importante para un chiste como la sorpresa. En una época en la que todo el mundo trata sus aficiones, sean musicales, cinematográficas, religiosas, de género o nacionalistas, como si fueran algo sagrado que HA DE ESTAR por encima de toda parodia, es muy difícil hacerte el gracioso en reuniones sociales por miedo a que alguien se cabree.

Por lo tanto, sobre todo desde que existe internet, hay un fenómeno que siempre me ha resultado enternecedor: el objetivo socialmente aceptado. Esos elementos, generalmente de la cultura popular, que poco a poco se convierten en el punchline de todo chiste. En una forma de decir ‘cutre’ o ‘ñoño’ para que todos los presentes estén de acuerdo y esbocen una sonrisa. Puede que cada uno sea de un equipo de fútbol, de un partido político distinto o de una religión distinta (vamos: tres cosas que vienen a ser lo mismo: puro fandom), pero es hacer un chascarrillo con cualquier objetivo común y ya se crea una sensación de hermandad, te sientes más inteligente y ves que tus probabilidades de ligar aumentan de -3% a 0%.

Naturalmente, en cada grupo social hay varios objetivos fáciles que varían. Comparar a Errejón con Milhouse si estás entre cuñados. Meterte con DC si estás entre fans de Marvel. Reírte de Yorgos Lanthimos o Terrence Malick si estás entre personas sensatas. Esas cosas.

Pero yo voy a dar el triple salto mortal de espaldas sin red y con un foso de caimanes debajo: voy a hablar de micromachismos.

No, joder, es coña.

Eso lo haremos Vicisitud y yo cuando cerremos el blog. De hecho, tenemos ya pensado cómo será ese post-autodestrucción.

Lo que quería decir es que voy a defender hazmerreíres que vienen a ser comunes a casi toda la sociedad. Los equivalentes al chiste de Holmes y Watson. Naturalmente hay excepciones. Por ejemplo, si quisiera demostrar el que Murcia sea ahora, tras los reinados de Andalucía y Albacete, el chiste territorial español más recurrente pero sin sentido de chanza, lo escribiría en la lista.

Cosa que no haré. ¡Larga vida a hacerse el gracioso diciendo porque sí “Murcia, Qué Bella Eres” tras la tercera copa de Thunderbitch! Voy a elaborar sobre otras cosas porque, la verdad, nunca he estado en Murcia y hasta hace unos dos años no sabía qué era eso de ACHO que ahora parece ser la hilaridad encarnada en palabro.

Phil Collins

Lo sabíais. Que aquí somos defensores de PIL es algo que resulta obvio para cualquier lector de la vieja guardia de Vicisitud y Sordidez. Cuando iniciamos esta página (antes ‘blog’, pero ahora es un término más pasado de moda que cantarle a tu novia ‘Take a look at me now’), nos propusimos varias cosas: dinero (no conseguido), mujeres (no conseguido), hacer el mundo un lugar más sórdido (ligeramente conseguido) y defender cosas siempre insultadas pero realmente buenas como ‘Showgirls’ y el Irn Bru. Por supuesto, en aquella época pocos músicos eran más objeto de burla que Mark Knopfler y PIL Collins. Otras webs que han sido hermanas hasta hace cosa de un par de años los tenían como objetivo fácil de chistes. Pero coincidía que Vicisitud y yo admirábamos a estos señores. El tiempo hizo que el de Dire Straits pasara de moda como chiste común. Creo que más o menos cuando se metieron con el ‘Brothers in Arms’ en una de las mejores películas de todos los tiempos, ‘Shaun of the Dead’. Al final, a base de hacer discos aburridos influenciados por la música folk americana, el calvo escocés consiguió la aceptación de los sancionadores del buen gusto musical paradójicamente con sus peores CDs.

El calvo inglés, sin embargo, sigue siendo un chiste andante. Ni siquiera las recientes reediciones de sus discos y su autobiografía han renovado su imagen. ¿Por qué? Está claro: cometió el error de ser la estrella más importante de los 80 siendo calvo, poco atlético y cachondo sin miedo a reírse de todo. PIL no se drojaba (en apariencia). No la armaba en los hoteles. No hacía rock’n roll ni se pintaba para que los emos se corrieran. PIL no hacía letras oscuras sobre rebeldía juvenil. En resumen, PIL no era cool. Ya sabemos que eso es un anatema para toda la prensa musical. Un ser aberrante a destruir.

Lo cual, por supuesto, es una idiotez de indocumentado. No sólo hizo discos y canciones excepcionales (no es el momento de hablar de la jrandeza de ‘In the Air Tonight’ porque todos sabéis ya que sin ella no existiría ‘Corrupción en Miami’ ni, por lo tanto, los 80 tal y como los recordamos y amamos), sino que además es un currante que ha tocado multitud de estilos y grupos: Genesis, Paul McCartney, Camel, Mike Oldfield, Frida (sí: la de ABBA), Brian Eno, John Cale, Thin Lizzy, Robert Fripp, Robert Plant, Adam Ant,  Eric Clapton, Frutina Turner, David Crosby… Vamos, que mientras el mundo se lo tomaba a coña, toda la profesión musical lo amaba. Por no hablar de sus contribuciones al mundo de la sordidez. No olvidemos que él estaba al mando de Genesis cuando metieron en un mismo vídeo a Benny Hill y Maria Whittaker. Eso es para ponerle un monumento. Un monumento que sustituyera a La Cibeles. Un monumento que sustituyera a La Cibeles y fuera más alto que Torre Pikachu.

Pero, claro, cuando se habla de los 80, Phil sigue siendo el chiste común. No hay nada como nombrarlo en tu peli sobre fans de la música en esa década para tener un buen chiste para aligerar el metraje. Me refiero, claro está, a ‘Sing Street’, una de las mejores cintas del año pasado que ya podría haber estado en esa aburrida y SOSIARL selección de nominadas al Oscar de esta edición. De gente tan hipster como John Carney no me esperaba otra cosa que poner al malo escuchando a PIL cuando recoge al objeto de deseo del prota y que su Hermano Mayor Sabio (™) le suelte que “Ninguna mujer puede amar a un hombre que escuche a Phil Collins”. Chiste común. Todos ríen. Logro desbloqueado.

Lo cual no me importaría si no fuera porque la película se contradice pasado un acto: el chaval toca con su grupo una canción para la ELLA y… el resultado no es que suene a Pil: es que parece como si hubiera sido escrita, arreglada e incluso tocada inapropiadamente por nuestro héroe.

Y todo el mundo tiene un borrado masivo de memoria y declara su amor por el tema olvidando el chiste anterior. ¿Por qué? Es obvio: lo que hace PIL es bueno. Es su imagen la que es, efectivamente, un chiste común.

Cruzcampo

Mucho más polémico que PIL es este brebaje. Porque está claro que no estoy loco. No voy a defender que sea una gran cerveza. Ni siquiera me gusta. Pero años viviendo en Madrid han hecho que acabe hartándome un poco del chiste de la Cruzcampo y el pipí. Sobre todo porque los que lo hacen no saben que la cerveza en la Edad Media se hacía agregando una o dos meadas al barril. Según gusto. Gusto repugnante.

Pero cada vez que me decían que podían distinguir una cruzcampo de cualquier otra cerveza, mi radar de escepticismo se ponía más alerta que un Paco Fox en una cata de vvvvinos.  Así que decidí hacer una cata ciega de birras con cruzcampo, mahou y una tercera del mismo rango de precio. ¿El resultado? Ganó la tercera. Menos de la mitad de los participantes acertó cuál era cruzcampo. Lo cual, teniendo en cuenta que eran tres cervezas, lo doy como un buen fail.

¿Por qué se eligió precisamente esa para hacer chistoides? Una hipótesis puede ser que dejara de ser española. Otra que es más fuerte de sabor que el agua amarilla de la Mahou. Yo qué sé. Tampoco soy muy fan de la cerveza por un sencillo motivo: ni tiene té ni sabe a Irn Bru.

Mr Wonderful

Tanto éste como el siguiente chistes grupalmente aceptado van de lo mismo: el cinismo exacerbado. Cuando nos hacemos adolescentes, nos queremos distanciar de la infancia de dos maneras: haciéndonos pajas todos los días y siendo cool. Esto es, siendo fríos. Esto es, que nada te encienda. Nada te de calor. Pasando de todo y siendo un témpano al que todo le parece gracioso de manera irónica. Da igual que sea una gran mentira y que los adolescentes sean puro drama constante: todo lo hard ñoño que recuerde a la infancia queda desterrado. Con el tiempo, eso se supera y te das cuenta de que no ver pelis de Pixar es de imbécil. Con suerte, destierras tanto el infantilismo tonto de piel fina como el adolescentismo de molar haciendo como que todo te la suda.

Con suerte.

Porque el no reconocer que lo hard-ñoño es una maravilla suele quedarse en la mente de la mayoría de la gente. Algo que no entiendo. ¿Acaso no hay nada más mono que un conejito de Beatrix Potter, ya tengas 4 años o 40? ¿Y no es lógico llevar calzoncillos de Peter Rabbit con ambas edades?

La respuesta está clara: no si quieres follar.

Pero oye, si estás en casa contento con tus gayumbos de conejitos comiendo queso y tu taza de un conejito y una cobaya tomando té, pues sé feliz sin tener que pedir disculpas.

Amabas cosas las tengo. NO: No voy a poner una foto mía con los gayumbos de ratoncitos. Gracias a dios.

Pero claro, lo peor de Mr Wonderful, esas monas tazas con monigotes que ponen mensajes positivos es que pintan una vida de color de rosa. Que dan consejos de falsa autoayuda, que es algo muy nocQUE SON UNAS PUTAS TAZAS PARA REGALAR CON DIBUJITOS, JOER. No estamos hablando de libros de autoayuda o de la última vomitona de Paulo Coelho. Buscar relevancia social en esto es como hacer una tesis sobre las virtudes literarias de las etiquetas de champú, por otra parte unos textos por los que hay que guardar un minuto de silencio: antes de que los móviles inteligentes llegaran a los retretes, eran la literatura más consumida de todo el mundo.

FILOSOFÍA

Por supuesto me diréis que el diseño ese de distintas letras de colores es un atentado para todo estudiante del tema que se precie. Pero no. Es simplemente una tendencia. Una tendencia, que, a propósito, viene la mar de bien como contraste con el minimalismo ese que hace que todo quede muy cool y tal, pero que hace tu vida un poquito más triste. Ya nos enseñaron que eso de mezclar tipografías como que no, pero en los últimos meses lo he visto desde en los carteles del comedor de mi trabajo hasta en, sí: la portada de un libro sobre marketing. Simplemente, es una moda que pasará como las hombreras de pico o cualquier cosa ligeramente excesiva. Por desgracia.

Así que pillad vuestra taza mona de Mr Wonderful con una tostada con cara de alegría, coged la manta y sed feliz en vuestro sofá viendo….

Amelie

Primero, desmontemos el tópico: ‘Amelie’ no es como un anuncio de higiene femenina. Los anuncios de higiene femenina, por aquello de que los publicistas siempre están ojo del culo avizor a ver qué pueden plagiar, se empezaron a inspirar en un cortomentraje de Jean Pierre Jeunet llamado “Foutaises” que forma la base de la secuencia en la que Amelie habla de lo que no le gusta y de lo que sí. Y si no sabes de qué secuencia hablo, ¿qué haces que no has visto más de una vez esta película?

Ah, sí: porque es, osea, superñoña y sólo le gusta a tu novia y/o a chicas tontas que, en el peor de los casos, hasta quizá sean fans (horror) de ‘Love Actually’. Bien. Pues no. ‘Love Actually’ es una de las diez mejores comedias románticas de la historia y ‘Amelie’ es una maravilla cinematográfica. Su narrativa es original. Su imaginación visual es personal. Su montaje, impecable. Tatou es adorable. La música es perfecta para crear su propio subgénero. Es una película inigualable que marcó una época. Pero, claro: es de buen rollo, de las pesadas manic pixie dream girls y te hace feliz.  Si todos esos elementos no te gustan, me parece perfecto. Pero desestimar la calidad de la película en sí es no tener ni idea de historia del cine ni de narración. Y de ser un amargado incapaz de disfrutar de tu taza de conejitos y cobayas bebiendo té. Vete a comentar en 4Chan y déjanos a los hard-ñoños tranquilos en nuestra feliz idiosincrasia que nos permite evadirnos de un mundo terrible a través de una chica adorable que, de existir, sería insoportable, estaría loca y encima no sonaría ese tema tan memorable cada vez que la vemos. Pero forma tarde de todo ese rollo que llamamos FICCIÓN.

Mägo de Oz

Así. Con diéresis y con todo el dolor anal que ello conlleva. Porque yo mismo me he reído cosa fina de este grupo. Una gente que, no lo olvidemos, escribió este VERSO INMORTAL:
Y una gaviota cuentan que decidió / En acto suicida inmolarse en el sol

¡Ay, cómo me descojoné la primera vez que lo escuché! ¡Cómo me descojoné mientras me encantaba la canción! Porque me gustó mucho. Sí: ya sé. Que El Reno Renardo se cachondeó con razón de que el estribillo fuera exactamente el mismo que el de ‘La vuelta al mundo de Willy Fog’. Pero es que tal canción era de Guido y Maurizio De Angelis, que también nos dieron ‘Dune Buggy’ y el tema principal de ‘Yor, Cazador del futuro’, por lo que al menos copiaron de unos genios.

No porque lo necesitaran, claro. Ese tema (y varios otros, sobre todo de ‘Gaia’) es de lo mejorcito que he escuchado de rock celta sólo por detrás de Celtas Cortos. Sí: los pucelanos son posiblemente los mejores rockeros celtas del mundo. Lo digo así y me quedo tan tranquilo sabiendo que he escuchado desde todos los discos de Horslips hasta la mayoría de Runrig y Oyster Band. Algún lector sabrá de qué cojones hablo. Algún lector no es nada cool.

Pero es que Mägo de Oz tienen una vena curiosa… ellos… ellos son… ellos son… ¡progresivos! Por lo tanto, se prestan al cachondeo de todo humorista que se precie porque se atreven a hacer discos conceptuales sobre ecología con coros y temas de 10 minutos. Si lo hace Robe Iniesta, pues bien, porque canta mal y tiene pinta de drogadicto, con lo que ya mola. Los de Oz, por su parte, van vestidos de piratas como si fueran Running Wild. Eso, queridos amigos, es BUENO. Estos tipos salieron de la nada en un tiempo de dominación de Alejandro Sanz y nuestros queridos Camela y consiguieron petarlo en ventas con una canción celta anticlerical. Todo ello tras hacer un disco llamado, atención, ‘Jesús de Chamberí’. La jrandeza implícita de atreverse a hacer una ópera rock cuyo tema principal es cantar a voz en grito la palabra ‘CHAMBERÍÍÍÍÍÍÍÍÍ” es algo que sólo puede medirse en una unidad: marca por lo menos un 11 en la escala brianblessed.

La pizza con piña

Claro que defender la ñoñería, cruzcampo y Mägo de Oz no es nada comparado con lo que voy a decir ahora: meterse con la pizza con piña no tiene sentido. El que esté buena o no es irrelevante, porque hay una gran verdad de la que no os dais cuenta en vuestro purismo:

A la pizza, a la paella y al wok oriental se le puede echar todo lo que os de la ganas menos chicle y frutos secos sin pelar.

Also, antes de que lo comentéis, ya sé que hasta el presidente de Islandia ha hecho el chistoide.

Tales platos son lienzos en blanco para desarrollar vuestra creatividad culinaria-terrorista o, lo que suele ser más normal, experimentar en pisos de estudiantes con las sobras que se le pueden colocar a una pasta o una base congelada. Pueden salir aberraciones para tus papilas gustativas o pueden salir maravillas casuales, como el día que un tarado pensó en echarle piña a todo. Todos sus amigos sensatos le regañarían, pero serían los mismos que reprobaron al primer genio al que se le ocurrió echarle miel a la sobrasada. Colón no era un aventurero: lo era ese tipo. Él y el primero que pensó que los caracoles eran algo comestible.

No seáis de esos tipos que se enfandan porque se le echa algo raro a la paella o que te dan lecciones de cómo es la manera adecuada de comer el sushi. Esto es, puristas. Ya sabemos a qué nos lleva el purismo: a no querer follar personas de cualquier procedencia y, como ya hemos dicho en más de una ocasión, eso es MALO.

Dejad que la gente sea feliz con sus depravaciones culinarias. Hacerle caso a los estúpidos programas de cocina de televisión que tan de moda están desde hace un lustro es estar a un paso de convertirse en un diletante del vvvvvvino.

Pero como quizá no os haya convencido con este alegato a la libertad de hacer el tonto en la cocina, sólo os daré un dato para desmontar el mito del chiste sobre la piña en la pizza: es algo inventado hace relativamente poco. Como soy viejo, puedo recordar claramente cómo cuando era adolescente nadie hablaba de ello. Era un ingrediente más. El objetivo común, el chiste socialmente aceptado que hasta se puede escuchar en películas ochenteras, era meterse con las anchoas. Esa especie de bigotillo de John Waters o zurraspilla de calzoncillo de uno de esos pedos con malicia que lo único que le da a la pizza es la sensación de que alguien le ha echado una raya de avecrem.

Que, vamos, si queréis echarle caldo de pollo a vuestra pizza, be my guest. Como defendía ‘Los sexoadictos’, siempre seré paladín de que cada cual disfrute con su depravación. Ya sea vestirse con pañales o echarle leche al chocolate. Algo que es mucho más criminal que la piña en la pizza, por supuesto.

Comic Sans

A veces lo chungo da la vuelta y, de tan impopular, se pone de moda. Eso es lo que debería pasar con la Comic Sans. Comenzó como Homer dentro de una fiesta de la clase alta británica: los popes del diseño desesperaron al ver que numerosos trabajos de facultad, currículos y creaciones amateur usaban esta tipografía. ¿Por qué?

Porque, en el fondo, mola.

Es la letra freak por antonomasia porque, puñetas: su origen de diseño está en imitar al rotulación de los tebeos. ¡Si está en el propio nombre de la fuente! ¿Acaso hay algo malo en ello? Mirar por encima del hombro un homenaje al cómic es tanto esperable como elitista. Pronto fue proscrita y se convirtió en EL chiste a la hora de hacer un texto del mismo modo que la cortinilla de estrella es la transición que elegiríamos para reírnos de un montaje cutre. Hasta el genio de Graham Lineham la usó para hacer un chiste: es la tipografía obvia para un producto inocente y sincero:

Por supuesto, al ir de profesionales, pasaron a otro estilo de letra:

¿Pero cuál transmite más amor? ¿Cuál es la verdaderamente freak y no parece uno de esos vídeos clickbaits de watch mojo o playground? ¿Cuál escogería Vicisitud y Sordidez si hiciera un canal de juegos?

Comic Sans es una letra fácil de leer. Es redondeada como unas buenas tetas o el culo de Mel Gibson. Simplemente porque te digan que es vergonzosa no significa que lo sea realmente. Es la letra freak. Ya es el momento de que deje de ser uncool, de un giro de 360 grados y siga siendo uncool. Pero freak.

Juan Camus

Tras la reunión de OT, Camus volvió a ser chiste común. Porque lo merece. Así que no: soy incapaz de defenderlo. Mi sofismo llega hasta un punto. Seguid haciendo chistes con Juan Camus hasta que todo el mundo se haya olvidado de él. Esto es, hasta el mes que viene.

Así que éstos son los objetos de burla comunes que, cuando se miran de cerca, te das cuenta de que tienen sus VALORS. Como la riñonera o la bragafaja.  ¿Y qué pasaría si desterráramos todos estos blancos fáciles para hacer un chascarrillo convencional rápido del acervo cultural popular español? Muy sencillo:

Que desaparecería ‘El Intermedio’.

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