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Parte 4 de los hechos conocidos por todos que, en realidad, son mentira

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¿Acaso hay gente más pesada que esos que ponen en facebook fotos de gente leyendo el móvil en el metro como ejemplo de la alienación de la sociedad? Sí: los escépticos que relativizan absolutamente toda creencia. Sobre todo los ateos. De estas tres cosas, sólo se me pueden aplicar las dos últimas. Porque no seáis gilipollas: el smartphone, también conocido como ‘teléfono inteligente’ y ‘Su puta madre me he quedado sin batería a las 3 de la tarde’, es un gran invento. Antes, quedar con la gente era un suplicio. Buscar algo por las callejuelas del centro de Cádiz, una odisea. O peor todavía: si ibas al peluquero y se te había olvidado el libro de la Dragonlance, tenías que leer el Diez Minutos o, si tenías peor suerte, el Hola (mucho menos sórdido y, por lo tanto, más aburrido). ¿Qué sería de mí hoy en día en la consulta del médico sin mi lector en el móvil de la Retro Gamer? Tendría que leer La Razón y mi escaso coeficiente intelectual bajaría automáticamente 5 puntos más tirada de locura x2 con dado de 20 caras.

Pero no me quiero desviar del tema. Hoy voy a hablar otra vez de la búsqueda constante del dato popular que en realidad es un bulo. De cuento de viejas. O de viejos. O de espectadores de Íker Jiménez.

Vamos a ello:

La acupuntura no sólo no sirve para nada: es que tampoco es un reputado remedio milenario

Si pinchar con agujas por todo el cuerpo fuera beneficioso para la salud, la gente viajaría al desierto de Almería a tirarse en plancha sobre campos de cátus y así aliviar sus problemas de espalda derivados de practicar complicadas posturas sexuales con más de 20 años. En soledad.

Sería más divertido hacer lo mismo con fichas de dominó

Pero Paca”- dirán algunos – “La acupuntura trata de poner agujas en partes determinadas y muy estudiadas del cuerpo, no al azar

Pues no. Los meta análisis (que son como los análisis, pero con nombre de libro ciberpunk) han demostrado que da igual que te las clave un supuesto experto o un banderillero jugando a las tres en raya con un mono ciego. A veces incluso se han usado agujas falsas que no llegaban a clavarse con pacientes asegurando luego éstos que se encontraban mejor. Los resultados positivos (casualmente provenientes de estudios realizados en oriente) no son más que producto de estudios de mierda, interesados o directamente incapaces de controlar el efecto placebo. Como los fans de la acupuntura son más pesados que los de The Wire, se han realizado una cantidad absurda de estudios al respecto. Tras alrededor de 3000, es el momento de concluir que lo mejor que puedes hacer con agujas es un tatuaje en forma de Luke Skywalker en tu pubis, con la polla como espada láser.

Pero lo más sorprendente es cuando usan el argumento de antigüedad para justificar la práctica. Ese que dice que si algo es viejo, ha de ser bueno. Esto es, que si un conocimiento lleva siglos rondando, ha de resultar correcto. La misma lógica que nos dicta que el mejor polvo de tu vida ha de ser con Esperanza Aguirre porque lleva decenios de experiencia de joder a la gente. Posiblemente no sea así. O a lo mejor es una feladora brutal y te puede dejar más seco que el Kalahari. Ambas afirmaciones son sendos non sequitur: una cosa no lleva a la otra. Excepto lo que he dicho de Espe. Eso ha llevado NECESARIAMENTE a que tengáis pesadillas.

Así chupaba, así así / Así chupaba que yo la ví

El caso es que hasta los antiguos chinos, que no eran muy sabios en ciencia, pero tampoco idiotas, trataban esta práctica como una gilipollez. Desde el siglo X ya estaba en declive y en 1822 el Emperador dijo que ya estaba bien de gastar dinero en tontadas y la prohibió en la Academia Imperial de Medicina, porque perdías tiempo necesario para estudiar el MIR o jugar al mus en la cafetería.

Hasta el partido Comunista se descojonaba de esto de clavar agujas. Pero claro: las cosas se pusieron jodidas para el Amado Líder Mahou Tse Tung a nivel de popularidad y en los 60 revivió la medicina tradicional por aquello de ampliar el espíritu nacionalista. Algo así como lo de inventarse que Colón era catalán. Y Cervantes también. No, en serio. Hay sendos documentales que tratan la hipótesis. Y sin reírse.

Mao no era gilipollas, y le daba más a los médicos occidentales por aquello de no querer morirse. Pero en las zonas rurales había pocos doctores, por lo que el presidente pensó que promocionando remedios antiguos con materiales y materia prima fácil de conseguir mataba dos pájaros de un tiro y, de paso, a media población.

Luego la cosa se hizo popular en occidente por amantes de todo lo supuestamente milenario a partir un artículo en el New York Times de un periodista que usó el muy científico razonamiento de ‘pues a mi me lo hicieron en China y me funcionó’. El resto es historia. Historia de capullos que te hacen pagar una pasta por pincharte y que incluso dicen que lo suyo sustituye a la anestesia. Lo tendré en cuenta para mi próxima colonoscopia, en la que me dedicaré a jugar con las agujas usándolas como dardos en las caras de los médicos que me están haciendo un daño indescriptible.

Las zanahorias no mejoran la vista

Las zanahoria crudas están la mar de ricas. Hervidas me saben más bien a agua caliente. En zumo mejoran cualquier cosa. Y las puedes usar como dildo. Todo son ventajas. Pero entre ellas no está que te conviertas en Legolas y veas con ojos de elfo cómo se llevan a los hobbits a Isengard.

Lo que siempre nos han contado es que las zanahorias tienen mucha vitamina A. Lo cual es cierto. Pero hartarse a meter en tu cuerpo vitamina extra, en general, no sirve para nada. Sólo para mearla luego. Sí que es verdad que la falta de dicho compuesto (sea por mala alimentación o razones genéticas) puede provocar ciertas enfermedades oculares como la nictalopia. Pero con tal de comer bien y variado, ningún suplemento de vitaminas va a convertirte en superhéroe. Para eso necesitas una araña radioactiva, joder. Que eso lo sabe todo el mundo.

Los vikingos no llevaban cuernos

Éste mito es tan famoso que había pensado no incluirlo. Pero es posible que por ahí ande todavía un despistado que lo desconozca. No en vano, incluso recientes películas como ‘Pathfinder’ cumplen dos objetivos: seguir perpetuando esta falsa creencia y demostrar que un póster cojonudo no garantiza una peli decente.

Que alguien detenga Marcus Nispel. Y de paso a Jonathan Liebesman. Y que los torturen con acupuntura a base de espadas de Toledo si deciden hacer otra peli.

Una teoría propone que los vikingos partían a sus pillajes con cascos planos y volvían con los cuernos. Esta teoría no sólo es falsa, sino que es probablemente el peor chiste jamás escrito en este blog.

La hipótesis más aceptada, sin embargo, es que son un invento de un diseñador de la primera representación de ‘El Anillo de los Nibelungos” (el equivalente decimonónico a ir al cine a ver ‘El Señor de los Anillos’, con toda la influencia cultural que ello supone) al que la cosa le pareció que molaba lo que no está escrito. Y TENÍA RAZÓN. Con cuernos todo acojona más. Que se lo digan a Juan José Padilla.

Metal Gear Solid 8: Asesinando cosas con cuernos

La píldora no hace engordar

Por algún motivo, la píldora anticonceptiva acojona a las mujeres. Y ese motivo es leer las contraindicaciones. Lo mejor para mantener una salud mental decente es no leer los folletos de los medicamentos. Sólo sirven para cagarte vivo y que llegues a creer que un paracetamol puede provocarte la muerte inmediata.

Uno de los grandes inventos de la humanidad. No las pastillas, sino que te recuerden qué día no te la has tomado.

El caso es que, aparte de temas relacionados con el colesterol y mil efectos secundarios más que desconozco, una de las causas más populares para tenerle miedo a la píldora es la más tonta: que engorda. Como si fueran lacasitos recubiertos de caramelo, empanados y rebozados. Pero ahí está la ciencia para desbancar las verdaderas preocupaciones de pacientes de todo el mundo. Nadie dice que las primeras anti baby que se desarrollaron causaran ese síntoma. Sin embargo, hoy en día no tiene sentido. En un meta análisis 49 estudios que comparaban la píldora con placebo, ninguno dio como resultado que causaran aumento de peso a no ser, y esto es muy importante, que lo combinaras con una dieta a base de chocolatinas y fabada con tocino.

El mismo estudio arrojó el sorprendente resultado de que, atención, comer pollas tampoco engorda. Lo dejo dicho ahí, como casualmente.

No te ahogas en las arenas movedizas

Lo hemos visto mil veces. Una especie de pasta viscosa muy parecida a lo que llaman puré de verduras en el comedor de mi trabajo e igualmente mortal. El héroe, ya sea El Señor de las Bestias o Indiana Jones, da un mal paso y empieza a hundirse. Sólo le salvarán de ser tragados un par de hurones o, lo que es más aterrador, la rápida respuesta de Shia LaBeouf.

A lo mismo si me tiro un pedo salgo propulsado

Pues no es exactamente así. A ver: hundirte te hundes. Pero no acabas desapareciendo bajo la arena, el barro o lo que sea que el director de arte que nunca ha visto unas arenas movedizas decida que mola más. Los humanos no somos suficientemente densos. Excepto si eres un ponente en una conferencia de la librería La Central.

Siento mucho este último chiste tras el previo fracaso de los cuernos de vikingos. No volverá a ocurrir. Hoy.

Vamos, que incluso cagándola mucho y moviéndonos como Michael J. Fox en una rave, lo máximo que vamos a hundirnos es a nivel de la cadera. Para escapar, sólo hay que mover lentamente las piernas para que entre más agua e incrementar la viscosidad. El mito de la peligrosidad probablemente venga del hecho que mientras estás realizando tan delicada y compleja operación, puede venir un bonito depredador que te las haga pasar putas o que te entren ganas de cagar y no puedas llegar a tiempo al baño. Sea como fuere, ‘Lawrence de Arabia’, aun con este error científico, sigue siendo la puta hostia. Y ‘El Señor de las Bestias’ pues también. ¡Y qué cojones! ¡A mí me gusta ‘Indiana Jones y el Reino de la Cagalera de Cristal’! Comparadla con ‘La búsqueda 2’ del mismo año, que es casi lo mismo y decidme cuál es mejor. La respuesta está clara: Ninguna.

La madre Teresa de Calcuta era un mal bicho

En ente blog ya hemos hablado de los libros con los mejores títulos de la historia en este artículo. Uno que suele incluirse así de coña entre ‘Cómo cagar en el bosque’ y ‘El gran libro de historias equinas lesbianas’ es ‘La posición del misionero: La Madre Teresa en teoría y práctica’. Pero lo que la gente no suele saber es que es un volumen escrito por uno de los tíos más admirados por los autores de esta web: Christopher Hitchens. Un señor que, cuando estaba vivo, era capaz de ganar CUALQUIER discusión. Y, curiosamente, muerto TAMBIÉN. Cuando Hitch hablaba, la gente no sólo se callaba y se batía en retirada: es que además descubrían el estado de sus pólipos intestinales de lo hondo que metían la cabeza en su propio culo.

En este libro, se destapaba la realidad sobre una de las personas más reverenciadas del siglo XX. La Madre Teresa era y sigue siendo el personaje que primero viene a la cabeza cuando alguien ha de justificar una pequeña maldad: “Sí: he robado gominolas, pero es que no puedo ser La Madre Teresa”. “Puñeta, no he pagado nunca la licencia de WinRar, pero es que eso no lo haría ni la Madre Teresa”.

You get my point.

Pues no. El incono por antonomasia de la bondad era una señora mezquina. Muchos pensaréis que esto lo dijo Hitchens porque era un ateo del diablo con una vendetta contra la iglesia. A ellos les digo lo mismo que a los que criticaban los hechos presentados en algunos documentales y libros de Michael Moore: si fueran mentira, ya le habrían metido un puro brutal por calumnias. Y con este libro no ha habido nunca juicios de por medio. Ni siquiera ha sido rebatido. Y, para animar las cosas, hasta se publicó en 2013 un estudio revisado (peer-reviewed) de la Universidad de Montreal confirmándolo todo. El texto está en francés y hay que pagar para descargarlo, pero la nota de prensa al respecto dejaba las cosas claras.

A la señora le molaba el tema del sufrimiento. Más que a Ilsa, Loba de las SS viendo una película de Bela Tarr mientras Rajoy le dice cosas tiernas al oído. Mucho. Por lo tanto, sus ‘hospitales’, de los que abrió porrocientos, no eran tal cosa. Eran cementerios de elefantes. Lugares a los que la gente iba a morir. Sin cuidados paliativos, médicos ni higiene y, lo que es peor para mí, con retretes comunales insalubres. Y no precisamente por falta de dinero. El pobre Rayit de turno iba a buscar un médico y se encontraba a una enana arrugada de blanco que le decía “Hay algo hermoso en ver a los pobres aceptar su carga, sufrirla como la Pasión de Cristo. El mundo gana mucho de su sufrimiento

Sufre mamón / devuélveme a mi chica / o te retorcerás infralimentado y sin morfina en una sala comunal de Calcuta

Naturalmente, se refería a los pobres, porque para cuando le tocó a ella estar agonizante, bien que aceptó sus buenos tratamientos médicos primermundistas en Estados Unidos. Vamos, algo así como tu cuñado neoliberal de turno, que aboga por la importancia de los sueldos de 600 euros al mes mientras que para él se guarda su nómina de 5.000 napos.

Por otra parte, nuestra heroína aceptaba dinero a espuertas de dictadores como los Duvalier (de los que dijo que “Amaban a los pobres” – supongo que lo demostraban permitiendo violaciones constantes), pero luego no soltaba un duro para ayudar a víctimas de desastres naturales en India o gente muriendo de hambre. ¿Qué hacía con el dinero? En principio, para crear misiones cuyas cuentas reales se desconocen. Pero ¿para qué más? ¿Para sus viajes en primera? ¿Para abrir más centros de muerte? ¿Para propagar sus ideas antiabortistas? Pues para eso habrá que leerse el estudio. ¡Mucho más emocionante que descubrir de quiénes son hijos los protas de ‘El despertar de la fuerza!

Así que la Madre Teresa, con su Premio Nobel, es el mayor éxito de relaciones públicas desde que toda prensa española se dedicó a convencer a la sociedad de que Albert Rivera es el cuñado perfecto, que es un renovador y que NO es un neocon. Otro mito a destruir en un posterior artículo en este mismo blog.

Y por ahora lo voy a dejar ahí. Ahora, voy a irme al fisioterapeuta a que me quite los dolores de espalda sin clavarme agujas. Cuidado: no a un quiropráctico. Que eso es otra cosa. De la que hablaré en la próxima secuela de esta serie de artículos. Que, siguiendo el ritmo de escritura mío de la escuela George RR Martin, quizá sea dentro de un año.

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