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Ente Onvre: Graham Barker, coleccionista de pelusa del ombligo

Hay un onvre que le da un nuevo sentido al palabro ‘ombliguismo’. Graham Barker no es que sea egoísta. Es que se suele mirar el ombligo. Pero no metafóricamente. De verdad que le gusta contemplar su botoncito. Mucho. Tanto que un día decidió comenzar la colección definitiva:

Pelusillas de su ombligo.

Con varios colores. Y espero que sabores.

Si bien yo no colecciono nada (ni siquiera lo que secretamente ansío: toda la línea de producto de las Sylvanian Families), puedo empatizar con esa pulsión acumuladora. Todos los freaks somos un poquito obsesivo compulsivos. Así que es normal querer tener todo de algo, aunque sean los pokemon o una muestra de la ropa interior de todas tus compañeras de clase (¿cuándo se ha convertido este post en un homenaje a Chicho Terremoto? Cuando me he puesto a escribirlo somnoliento después de comer)

Pero yo apoyo la colección de Graham Barking Mad por varios motivos. El primero es que sale barata. Nunca he entendido muy bien esta gente capaz de gastarse un dineral en una primera edición de un vinilo de los Ramones, entre otras cosas porque en él hay grabada música de los Ramones (hate mail incoming in 1, 2, 3…). Graham sólo tiene que hurgarse el butreque todos los días antes de ducharse. Y si se olvida un día, le vale con pasar un tiempo sin meterse en la bañera para alcanzar la cantidad adecuada.

El segundo motivo por el que me gusta la colección de Graham es que es una guarrada. Bien. Correcto. Valores.

Aunque esto es, para ser sinceros, no del todo correcto. La pelusilla del ombligo no es suciedad. O sí, dependiendo de tu definición. Pero en la escala de guarrerida está muy por debajo de las cascarrias e incluso de algo tan normal como la caspa que se me forma en la nuca.

En su web, nuestro héroe expone sus teorías sobre el origen de esta substancia. Pero yo me voy a referir a la wikipedia porque entre hacerle caso a un solo lunático y millones de lunáticos en mucho mejor ir a la masa. La pelusilla resulta de la acumulación de fibras de ropa, posiblemente debidas al roce del vello corporal. Así que cuanto más Robin Williams es uno, más probable será que tenga un tesoro en su botoncín. También es posible que tenga que ver el tipo de lavadora, según reveló un estudio del Dr Karl Kruszelnicki y simplemente no me puedo creer que acabe de escribir esta última frase.

Así que Graham ha acumulado a lo largo de casi 30 años toda esta guarrería:

Bien etiquetado, podría hacerle la competencia a los Froot Loops

Los motivos que ofrece en su web para justificar su colección son un manual de perturbación mental mezclada con lógica aplastante que hace que ame a ente onvre a pesar de que también haga proselitismo cristiano. Pero por esto, y por tener una etiqueta en su blog dedicada al tema ‘retretes’, estoy forzado a darle todo mi apoyo ateo.

Según Graham, su colección es de lo mejor de la historia por varias razones:

Es única y extraordinariamente rara. Porque nadie más lo hace y  porque no hay otra: son sus pelusas y su colección, por lo tanto, “no es fácilmente conseguible por otros (si bien nadie querría)”. Su valor, por lo tanto, es incalculable. Aunque si lo conociera algún día, le pediría que me regalara una pelusa para hacerme un broche con ella y exponerla en el museo de atrocidades de ente vloj junto con la casete de Carlos Jesús, el CD de Santiago Rouco, un pelo del bigote de Günther (estamos en ello), un poco de cerúmen de Samantha Fox (perdí mi primera oportunidad) y un vello púbico de Uwe Boll (Carlos Palencia estuvo cerca, pero con los guantes de boxeo le fue complicado intentar la extracción)

Es la colección completa. Como saben quienes coleccionaban cartas del Magic, es difícil llegar a tener todo lo publicado de cualquier cosa. Feck: yo llevo años buscando el ejemplar que me falta de los seis tebeos de ‘Yalahas Piff Iado, Espía Colegiado’. El completismo es importante para el buen perturbado, y Graham apenas ha dejado pasar un día sin sacarse pelusa antes de ducharse. Ese último dato que repito hace que sube aun más mi respeto hacia el personaje, porque con anglosajones (el señor es australiano), lo de bañarse todas las mañanas no lo doy por sentado. Tal dedicación a algo tan inútil merece mi aplauso y HAMOR, porque demuestra que estamos ante un hombre que reconoce los VALORES. Qué valores, no lo sé. Pero son VALORES.

Está en perfecto estado. O ‘Mint Condition’, como los lectores que alguna vez se han pasado buscando tebeos, vinilos o, por qué no, casetes, por Ebay lo llaman sea cual sea su dominio del inglés. Cada pelusa es depositada en su tarrito todas las mañanas evitando contaminación de, por ejemplo, dejarla sobre el lavabo, tirar de la cadena tras cagar y que le salpique el agua.

Esto pasa. Pensadlo todos los que tengáis cepillos de dientes sin capuchón cerca del retrete. PENSADLO.

No sabemos por qué coleccionamos objetos materiales y por qué les tenemos apego. Yo tengo mi osito de peluche de cuando era pequeño y no lo cambiaría por nada del mundo, aunque sea algo irracional. Ningún sociólogo evolutivo ha dado con la razón darwiniana para esta dimensión aurática. En el caso de Graham Barker, los sociólogos evolutivos han decidido mandarlo todo al carajo e irse a tomar una cerveza.

Y, para terminar, un regalo que nos deja Graham en su web. Como también es aficionado a la fotografía, nos deja una bonita imagen de parte de su colección en 3D para que podáis contemplarla en toda su jloria y pensar en las dos únicas opciones posibles: tejer un vestidito para ese muñeco de plástico de Gizmo que guardáis desde pequeños o, directamente, vomitar.

¡Mejor que Avatar!

Graham Baker acabó entrando en el Guinnes, demostrando NO que él está loco, sino que la gente que lleva ese libro publicitario más bien debería gastarse el dinero en beber junto con los sociólogos evolutivos deprimidos unas buenas pintas de su cerveza. Cerveza servida en el ombligo de un señor peludo, para que tenga más fibra. Que dicen que eso es bueno pa’l cagar.

Caca. Pelusa. Caca.

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