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El Calzonazos o el hombre blandengue.

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El Hombre, es decir el ejemplar de Homo Sapiens con atribuciones sexuales masculinas (y psicológicas también, que con las mierdas de las teorias queer nunca se sabe), y al que me referiré, para escarnio de las apologetas del feminismo, como Macho (con mayúsculas que jode más) es básico como el funcionamiento de un botijo. Sólo tiene en mente dos cosas: follar mucho y cagar cuando le viene un apretón. Cagar es algo que todo el mundo hace solo, pero follar normalmente requiere compañía, si no fuera así se trataría de masturbación, acto que ha beneficiado a la Once durante milenios (o al menos eso es lo que nos ha querido hacer creer el sector más tocapelotas de la Iglesia; es curioso porque a excepción de Jorge de Burgos de El Nombre de la Rosa, apenas recuerdo a miembros del clero ciegos y eso que siempre han sido unos tocapelotas). Pues eso, a lo que iba, que doy más rodeos que la caca por el intestino de Paco. Normalmente el Macho, para el acto del fornicio, suele usar tres sistemas que durante milenios, y gracias a la evolución, se han demostrado los más eficazes para darle al ñogui-ñogui:

1 – Si eres feo, sin carisma, antipático, pero con un mínimo de recursos económicos, el Macho opta por irse de pilinguis (un eufemismo arcaico y cursi para referirnos a las vulgares putas).

2 – Si eres más o menos guapo, carismático, simpático, con bastante dinero, poder y estatus social entonces el Macho opta por convertirse en Flavio Briatore o Andrés Pajares en Playboy en Paro.

3-Si eres un tipo medio, de esos que son más bien grises, que nadie suele mirar más de dos veces, con un mínimo de dinero etc, entonces puede que venga una fémina y te cace. Ella se casará contigo y tú, que sabes que nunca has podido conseguir sexo de otra manera y que las putillas te dan asco porque suele nevar mucho por su valle, entras en el juego porque al menos tienes tu polvete del sabadete asegurado con un mínimo esfuerzo. Es entonces cuando la mujer (es decir el ejemplar de Homo Sapiens con atribuciones sexuales femeninas (y psicológicas también, que con las mierdas de las teorias queer nunca se sabe), y al que me referiré, para escarnio de las apologetas del feminismo, como mujer (en minúsculas que jode más) atrapa al tio y lo modela a su voluntad convirtiéndolo en el CALZONAZOS.

EL CALZONAZOS: Tipología

El calzonazos suele dividirse en dos caracteres bastante similares entre sí, pero con las suficientes diferencias como para dividirlos en dos subtipos.

A) Calzonazos que permite que su pareja haga lo que le da la gana

Al menos follo.

Este ejemplar calzonacil es aquel cuya hembra domina todos los aspectos de su ser, pero a la vez es incapaz de ejercer una postura crítica ante los abusos y desmanes que su pareja comete ante su pelele (al fin he podido usar esta palabra en algún tipo de contexto, aaaah me encanta como suena, díganla en voz alta muy rápidamente, es hilarante) actitud. Es decir, o bien el Macho pertenece a la escuela de los estoicos (el jugador que pisaba árbitros y cabezas de jugadores del Madrid se llamaba igual, pero no fue nunca a la escuela) o es tonto redomao. La mujer de susodicho eunuco, le obligará a ayudarla en casa, le obligará a quedarse en casa mientras ella se va de fiesta con sus amigotas (y sí, mientras tanto ella le pone los cuernos con el primer especimen Masculino del tipo 2 que pase por sus redes), le hará pagarle las caras ropas que se compre, le obligará a comprarle un coche, y accederá a todos los caprichos que se le vayan antojando, cómo ir a conciertos de Luis Miguel cuando tú has sido un jevirulo de toda la vida. TODO ESTO A CAMBIO DE UN POLVO EN LA POSTURA DEL MISIONERO EL PRIMER SÁBADO DE CADA MES.

Normalmente, en nuestro círculo y entorno (veinteañeros y treintañeros mileuristas), lo que más solemos encontrarnos es al pobre cornudo y apaleado, que está con su novia por el pavor que le produce quedarse solo y engrosar la lista de los pajeros compulsivos. Todos sabemos que el esfuerzo de encontrar pareja es arduo y duro para el tipo gris que es el Calzonazos de este tipo.

B) Calzonazos al que su pareja no le deja hacer lo que le apetece.

Éste suele ser el tipo de calzonazos más común entre el Macho. El tipo en cuestión pese a tener una personalidad menos mostrenca que la del anterior arquetipo, es incapaz de oponerse y de hacer aquellas cosas que se muere de ganas de hacer, ante la promesa de sexo. Porque desengáñense queridas mujeres, el hombre no ama, sólo economiza esfuerzos para meter. Por ejemplo: Que es sábado noche y los amigotes han quedao para una de esas memorables fiestas Machos en las que se recuerdan los tiempos en que se podían beber más de dos cubatas y se aspira a ser un Macho de clase 2 (aunque en realidad, a lo máximo a lo que se llega en estas fiestas es a la fase alcoholica de exaltación de la amistad en la que se lanzan los típicos «¡Te quiero, Paco!», o «¡Tú si que eres un amigo joder!», o se profieren picos etilicos entre machotes que dos minutos antes llamaban mariconazo a un metrosexual con dos pibones que acaba de pasar, haciendo que desde fuera la perspectiva que se tenga de una fiesta machos sea una fiesta trucha).

Pues bién, tu pareja te dirá que no vayas, que hace tiempo que no estás con ella a solas. Así, que esa noche juega tu equipo favorito de fútbol la final de la Copa de Europa, pues nada, esa noche te has de tragar la enésima repetición de Anatomía de Grey. Que quieres dejarte el pelo largo y recuperar tus años mozos formando una banda que toque versiones de Thin Lizzy, ella te mirará con cara de odio y te dirá: «Pero te quieres cortar esa mierda de pelo, que pareces Georgie Dann, y a dónde vas con esas botas camperas, tú así no sales o a la calle o te dejo». Un Macho auténtico ya la habría dejado nada más pronunciar estas palabras, pero tú, calzonazos de pro, te imaginas otra vez en la tesitura de estar solo, viendo videos del Tube8 mientras esperas que alguna jamona se fije en tí y decida que eres lo suficientemente digno para que la penetres unos 15 minutos; así que te acojonas por lo que aguantas y piensas que tal vez ella tenga razón. Más ejemplos. Que quieres comprarte la colección entera de tomos de Popeye de Segar: «¿Todavía sigues leyendo tebeos? Madura de una puta vez cojones, y quítalos de la estantería que ahí quiero poner un jarroncito muy mono que me ha regalao Andrea». Que quieres follar esa noche porque has tenido un día duro en el curro y así te evades y desconectas: «Pero te quieres quitar cochino, que siempre estás pensando en lo mismo»… 5 minutos después: «Pero que haces desgraciao, deja de pelártela, guarro que eres un guarro de mierda».

Lo que en realidad termina siendo una fiesta de machos.

Poco a poco, mediante esta táctica de palo y zanahoria (cien mil palos por una sesión cada vez más rutinaria de acto reproductivo con la luz apagada y sin fase de calentamiento), el calzonazos ha sido creado. El Macho ha sido anulado y su cerebro se ha vuelto una masa esponjiforme y bulbosa al que apenas le quedan terminaciones neuronales que le permitan a su dueño no cagarse encima. Ese hombre pulposo y gris que antaño tuvo una personalidad propia, incluso al final acaba vistiendo según los cánones que figuren en el imaginario de su pareja, que normalmente suele ser algo bastante parecido a lo de la foto, un individuo totalmente idiotizado y apático total. Por otra parte, a esas alturas sus amigos ya han dejado de llamarle, le han dado la espalda y no cuentan con él para nada (excepto cuando uno de ellos falla en el partido de esa cutre liguilla que juegan algún día entre semana para hacer algo de ejercicio) además de que ya él tampoco puede quedar con ellos. Y ya para acabarlo de aliñar, en algún momento, sin que él sepa cuando, se habrá comprado una casa en en el cinturón metropolitano de cualquier ciudad medianamente importante, se habrá comprado un coche que no le gusta e irá dejando pasar los días en la apatía, sólamente por un triste polvo el primer sábado de cada mes.

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