Sórdido y fresco

Los 10 mejores momentos fascistas de ’24’

“I don’t start
watching shows until they’re so popular that watching them is no longer a
statement.”
Britta Perry (Community)
Una de las mejores cosas de convertirse en un señor mayor es
que ya no tienes que preocuparte de qué pensará la gente de tus gustos. Adiós a
esa edad de 15 años, en la que decidir que grupo oír fuese a marcar tu vida.
Bienvenido sea ese momento liberador en el que puedes rellenar una casete de 90
minutos en el que tienes grabado el ‘Tales From the Topographic Oceans’ de Yes
con ‘La flor de la canela’ cantada por María Dolores Pradera (sí, lo realmente “nofollarásenlavida”
es el disco de Yes, lo de la Pradera es más un “nofollarásconmujeresenlavida”).
Por ese mismo motivo suelo evitar hablar de series de
televisión en el blog. Porque, con sus mensajes apocalípticos del tipo “la
televisión es ya mejor que el cine” las series modernas de culto y agriculto
nos han devuelto a los peores aspectos de nuestra adolescencia. Que creíamos
felizmente olvidada. Definirse como persona en función de qué pienses sobre
‘The Wire’ o ‘Breaking Bad’ – ¡y mide bien tus palabras antes de hablar! – me
retrotrae a esa infecta época en la que la gente me miraba como si oliese a
pescado podrido sólo porque pensaba que Kurt Cobain era un gilipollas.

Pero tal día como hoy, cuando queda poco más de un mes para
el regreso de mi idolatrado Jack Bauer, lanzo todas mis teorías – y mis bragas
mojadas – por la ventana para ponerme en modo fanboy desquiciado. Podría
argumentar sesudamente sobre los factores que hacen de ‘24’ una serie
prodigiosa – especialmente su dominio del conflicto – pero NO pienso caer en
esa trampa. Ni en la de celebrar los Jack Bauer facts en dura pugna con los de
Chuck Norris (nunca debatí sobre qué superhéroe era el más fuerte ni aguanté
las peleas de seis episodios de Dragonball, así que no voy a empezar ahora).

No. Lo que realmente idolatro de ‘24’ es que es una serie
tocapelotas, de las que te hace revolcarte en el fango y te fuerza a
disfrutarlo. Y ahora que Menéame ha decidido que somos un blog fascista (ese
culto al bigotón, ese sempiterno EsP-P-Paña en la boca, esa oda a Hierro yAlbero, ese esputo al hipsterismo, esos ataques a Enrique Dance cuando se mete
con la Academia de cine…) qué mejor momento para celebrar una de las máximas
fundacionales de ente vlog:
‘24’ es una serie sobre terrorismo y, siempre que se aborda
este tema, aparecen en los extremos dos posturas totalmente caricaturescas. Por
el lado de la derecha anfetamínica, se desquicia la amenaza: las zorras de las
vecinas de abajo, además de no dejarte dormir – y, ya que están, de no hacerlo
con discusiones pletóricas de psicodrama lésbico – pueden ser unas yihadistas
dispuestas a envenenar los depósitos de agua del Canal de Isabel II. Por el
lado de la izquierda lobotomizada se niega la amenaza: el Islam, en su versión
más integrista, es un invento propagandístico del gobierno para justificar el
gasto exacerbado en fondos reservados y crear un estado policial. Todo es
“diversidad y enriquecimiento cultural” y, si algún día se repite el 11-M, será
culpa nuestra por no haber hecho lo suficiente por la liberación de Palestina.
Bueno, la verdad es que así dicho resulta más tentador
llamar a Jack Bauer para que enchirone a las zorras de las vecinas de abajo en
un Abu Grahib donde puedan dar rienda suelta a sus pulsiones lésbicas. Pero
ustedes me entienden…
‘24’, evidentemente, de cara a favorecer el espectáculo,
apuesta por desquiciar la amenaza, jugando con la urgencia, el tiempo real y
con que Jack Bauer tiene sólo 24 horas – menos tiempo del que necesita el juez
Ruz para abrir un dossier del caso Bárcenas – para evitar que una bomba atómica
estalle en los Ángeles. ¡¡¡Pero es que, si no, no habría serie!!! ¿Se imaginan
24 episodios en los que, bajo la sutil anécdota argumental, el realizador
estudiase, con espíritu de entomólogo, a Jack Bauer como trasunto del diario quehacer
de la sociedad de consumo? Feck, negar la amenaza terrorista no sólo es que sea
imbécil y falso sino que, además, atenta contra la teoría de la narración al
negar el conflicto.
Así pues, partiendo del incómodo hecho de que existen
moritos malos, ‘24’ se dedica a plantearle a Jack Bauer disyuntivas tan atroces
como “¿Te oirás toda la discografía de José Luis Perales o tolerarás que hagan
un documental sobre tu colonoscopia?”. Y, en esos momentos, en los que
cualquier opción a elegir es mala, es donde se definen los grandes personajes
(y NO dando chapas pseudofilosóficas en una cafetería universitaria). Y, por
supuesto, Bauer y su cuadrilla resuelven estas disyuntivas marca ‘lose-lose
situation’ de la forma más épica y tocacojones posible. Después de todo, si vas
a perder… ¿Por qué no hacerlo a lo JRANDE?

Ladies and gentlemen, las listas con los “mejores momentos”
canónicos de ‘24’ o las mejores macarradas de Bauer son legión, pero hoy toca
refocilarnos en las auténticas tocadas de pelotas. Hoy toca el derechismo bien
entendido que favorece la acción. Con todos ustedes, los 10 mejores momentos
fascistas de ‘24’.
Disfruten de la tortura.

10. La toalla gástrica (Día 1)

Comenzamos, no podía ser de otra forma, con el primer gran
momento de Bauer en la serie, y la que dará pie al siempre divertido debate
sobre la tortura. Sí, he dicho “divertido”, porque, cuando dejas de plantearlo
en abstracto, se crean los auténticos conflictos. Y es que, en abstracto, la
información que puedas obtener con la tortura es algo tan difuso y de
eficiencia tan discutible que… ¿cómo no vas a empatizar con otro ser humano que
chilla, en vez de hacerlo con una teórica seguridad de noséquéleches?  ¡Es un debate resuelto antes de empezar! Ahora
bien… ¿Qué tal torturar, por ejemplo, a alguien tan concreto como Miguel Blesa
para que confiese todos sus trapis y los preferentistas puedan recuperar su
inversión? ¿A que cuesta más empatizar con dicho sujeto? ¡Esos son los debates
divertidos!
Bien, pues credit where is due: ‘24’ comenzó su procelosa
andadura en las aguas de la tortura con una memorable secuencia en la que la
investigación de Jack Bauer para salvar al entonces candidato Palmer se hallaba
en un callejón sin salida. Un empresario chungo podría poseer ¡O NO! la
información que Bauer necesitaba. ¿Era inocente o culpable? ¿Valía la pena
torturarle por una ganancia tan hipotética? Desde luego, torturar a los
lugartenientes de Bin Laden tiene mucha menos gracia. Vamos, que no me iba a
partir la cara yo por defender los derechos humanos de esa gentuza (for the
record: yo no hubiese asesinado a Bin Laden, le hubiese hecho probar todos los
tratamientos médicos experimentales posibles, para que ese cabrón muriese
salvando vidas) pero ‘24’ apuesta por ponerle las cosas difíciles a Jack. Y,
después de una compleja deliberación… ¿Cómo reacciona nuestro agente favorito?
De esta manera:
«Probablemente no creas que puedo meter esta toalla por
tu garganta, pero créeme que sí puedo. Excepto que sostendría esta punta.
Cuando tu estomago comience a digerir la toalla, la saco…junto con tu pared
estomacal. La mayoría se demora una semana en morir. Es muy doloroso».
Creatividad, poesía, favorecer la acción… Maravilloso.

9. Educando a una pelirroja (Día 7)

La séptima temporada de ‘24’ fue, con diferencia, la más
didáctica de todas sobre el tema ese del fin y los medios. Pero, conscientes de
que eso podía hacer muy árida la serie, apostaron porque el contrapunto de
Bauer fuese una pelirroja.
Bien. (En serio, esos son los detalles importantes).
Entre tiroteos varios, Bauer logró doblegar a la agente
Renee Walker en una secuencia tan despiporrante y dramática que podría haber
sido protagonizada por María Castro en ‘Sin tetas no hay paraíso’.
Y ya sabéis que, para nosotros, eso es algo bueno.
¡Vean su obra de teatro ‘Una semana, nada más’ ¡Paco casi se muere con los chit-tes de hemorroides!
En la escena en cuestión, para lograr sacar información que
pudiese evitar un atentado, Jack llama a la agente Walker, que se halla en la
casa del sospechoso. Teniendo el teléfono en manos libres, Jack ordena a Renee
que ate a la mujer del sospechoso a un silla, pero que no la amordace. Es
importante que sus gritos se oigan bien por teléfono. Acto seguido, Jack le
dice a la agente Walker “Ahora, vete hacia la cuna del bebé y estrangúlalo”.
Si han dicho “¿Cómorl?”, la agente Walker también. Pero lo
hizo. Poniendo las mismas caras que María Castro haciendo de la Jessi. 
Y la
señora atada a la silla gritó más que cuando el terrorista de su marido se
limpiaba la chorra en las cortinas. Y el terrorista, claro, confesó.
Menudo es Bauer cuando se cabrea.

8. “Voy a necesitar una sierra” (Día 2) 

Es un hecho por todos conocido que los mandos intermedios de
las fuerzas de seguridad son, ante todo, unos mierdas. Como nos enseñó la
excelente película ‘Grupo 7’ (que Enrique Dance, al ser española, se habrá
negado a ver en salas pagando entrada) es algo muy habitual el contratar
gentuza para que te haga el trabajo sucio, aprovecharte de dicho trabajo y,
luego, ponerles a parir con la boca pequeña.

Bien, Bauer, anticipando esa reacción, decidió poner la
venda antes que la herida al principio de la segunda temporada. Ante una
situación de emergencia nacional, el CTU se ve olvidado a hacer uso de los
servicios de Jack Bauer para infiltrarse en un grupo terrorista en el que ya
había ejercido como topo en el pasado.
Bauer, lógicamente, sabe que ganarse la confianza de esa
gentuza para que le acepten en la banda es un proceso que puede llevar meses. Y
él sólo dispone de tres horas para conseguirlo. Así que toma un atajo bien
creativo: pide que le traigan a un testigo protegido que había incriminado a
varios miembros de esa banda. Una vez se lo traen a la CTU, Jack Bauer saca una
pistola y le pega un par de tiros en el pecho. Antes que los que le rodean, aún
en shock, puedas decir algo, Jack pronuncia una de las frases más míticas de la
serie “voy a necesitar una sierra”. 
A continuación, decapita al que fuera
testigo protegido para llevarse su cabeza como regalo de “vuelta a casa” a  la banda en la que se tiene que infiltrar.
Coñe, si sólo le daban tres horas para “Get the job done”…
¿Qué carallo se esperaban? Pocas veces se ha demostrado mejor que nada sale
gratis, por mucho que Rajoy se empeñe con su reforma salarial o por mucho que
Hernán Casciari hable del inalienable derecho a ver las series de la HBO si
pagar un duro.

7. “Esperaba que me rescataseis” (Día 6)

Un palabro que gusta mucho a la hora de hablar de las
cafradas de los servicios antiterroristas es ‘Realpolitik’, que viene a
significar, más o menos “Ya me gustaría a mí que el mundo fuese un lugar en el
que los unicornios retozan en los prados entre flores de todos los colores,
pero hoy toca tomar la decisión menos chunga posible. Ya le estás haciendo un
beso negro a Esperanza Aguirre”.
Durante la quinta temporada, Jack Bauer comete
incorrecciones diplomáticas como asaltar la embajada china realizando, ya
estaba allí, un jovial secuestro. Evidentemente, el cabreo chino supera al de
Chicote en un Pizza Hut, con lo cual piden su cabeza al gobierno USA si no
quieren que le hagan la caidita de Roma. La ‘Realpolitik’ se impone y Bauer
termina en un penal chino del que sólo logra salir al principio de la sexta
temporada porque… ¡el gobierno americano lo necesita ejecutar como parte de las
condiciones que les exige un terrorista a cambio de información! Sí, un tal Abu
Fayed que nunca perdonó a Bauer por matar a su hermano. Pues si no entiende el
humor de Jack, que se vaya del pueblo.
Visitando al suegro. Really.
La sexta temporada consiste, pues, en darle a Bauer en el
carnet de identidad hasta lograr que se rompa como personaje. En el capítulo
final, un Jack ya hasta los cojones pone la ‘Realpolitik’ es su sitio: una cosa
es que él sea sacrificable y otra muy distinta que no se pueda hacer trampas.
Para el gobierno USA puede ser más cómodo usarle como un kleenex y dejar que se
pudra en una cárcel ¡pero él se merece que se compliquen la vida por él!
¡Porque yo lo valgo! “Esperaba que me rescataseis” le dice a un político
influyente, padre de su novia que ha terminado desquiciada después de casi dos
años intentando sacar a Jack de la prisión china. ¡Claro que sí! ¿Cómo no va a
tener una puerta trasera la Realpolitik? ¿O es que creen que pueden sacrificar
a mi idolatrado Bárcenas así sin más? ¡Si Luís y Jack rompieron las reglas por
ti, ahora te toca darlo todo por ellos! Si Jack logró escapar de China, es nuestro
deber que pase lo mismo en la prisión de Soto del Real.
¡Todos somos Bárcenas!

6. Bauer no tiene palabra (Día 5) 

En la trepidante quinta temporada pudimos disfrutar de Peter
Weller – Robocop himself! – como el malo de la película. Uno de los momentos
que más me sedujo de esta entrega fue una negociación entre Bauer y Weller en
el que el primero llegaba a un pacto con el segundo prometiéndole que no le
mataría. “I give you my word”.
A esas alturas de la serie ya habíamos visto unos treinta
mil pactos de la presidencia del gobierno con malhechores varios otorgándoles
la inmunidad a cambio de colaboraciones diversas. Así que este acuerdo de Bauer
y Robocop era uno más. ¿No?
Segundos después del pacto, Bauer le pega un tiro a Peter
Weller. Con dos cojones. Y sin palabra.
A ver si ahora vamos a tener que ser educados con los
terroristas, joer.

5. James Heller: un padre ejemplar (Día 4) 

La cuarta temporada de ‘24’ convierte a Bauer en uno de los
peores yernos, cuñados (añadan el parentesco político que se les ocurra) ever.
La muchacha con la que está, Audrey Raines, es la hija del secretario de
defensa, James Heller. Durante esta entrega, Jack se verá envuelto en
pollastres diversos con el exmarido de Audrey y, especialmente, con el hermano
de ésta, Richard. ¿La razón? Que son sospechosos de terrorismo. ¿Cuál iba a
ser, almas de cántaro?

El instinto de Jack le lleva a querer sacarle
información  a hostias a ese niñato  hippie porrero, activista anti-gobierno y
anti-corporaciones que es Richard. ¡Y es que, encima de rebelde y drogainómano, es maricón!
Lo Jrande de la serie a estas alturas es que, con el
personaje de Richard, no deja muy claro su culpabilidad desde un primer momento.
Durante un par de capítulos  se elude,
por diversos motivos, el hacerle una buena tortura CTU style. ¿Son nuestros prejuicios
a favor o en contra de este estereotipo andante de rojo de mierda lo que nos
hace apoyar o condenar su tortura? ‘24’ juega con todo esto – Bauer incluso
acepta que Audrey interrogue amorosamente a su hermano antes de recurrir a la
violencia – hasta que durante el goteo de pruebas, en una progresión dramática
ejemplar, se descubre una llamada a Habib Marwan desde el móvil de Richard.
Y entonces, con toda la solemnidad, música hiriente,
iluminación sofisticada y el empaque que a James Heller le dan las canas y su
grave voz, el secretario de defensa le dice a Jack Bauer una de las frase más
sentidas, emotivas y aplaudibles de toda la historia de ‘24’.
“Señor Bauer, torture a mi hijo”.
Vamos, quien no se haga fan de la tortura ese día es que no
tiene corazón.

4. El presidente Palmer NO es un mierda (Día 2) 

Hay un consenso generalizado acerca de que el presidente
Palmer es el mejor mandatario USA jamás visto en una película o serie de
televisión. Y no voy a ser yo quién diga lo contrario. Sus momentos memorables
son legión, pero yo me quedo, como este post obliga, con su mejor épica
fascista (y no, no me refiero a aquel en el que simula el lanzamiento de unas
cabezas nucleares para que unos moritos que, hasta aquel momento, se hacían los
más dignos e ignorantes del terrorismo del mundo, se aviniesen, de golpe, a dar
miles de datos sobre células de Al Quaeda en su territorio).
Esa escena en la que Palmer se consagra es la apoteosis
máxima del antimierdismo. El presidente no es de esos que critica a Bauer con
la boca pequeña mientras se aprovecha de sus violaciones de la legalidad
internacional. NO. Si él tiene que mancharse las manos como su amigo Jack, pues
lo hace. Por eso, no tuve más remedio que subir al presidente Palmer a los
altares cuando éste, to ciclao y con los cojones bien hinchados… ¡Se dedica él
mismo a torturar a un sospechoso con electricidad y agua salada!
Si Iñaki Gabilondo tuviese que entrevistarlo como hizo con
Felipe González con lo de los GAL, seguro que no era capaz de pronunciar ni la
primera sílaba.

3. ¡Eran las grandes empresas! (Día 5)

En la tocada de cojones máxima, cuando todo el mundo daba a
‘24’ como la serie más imperialista y fascista jamás rodada, http://www.snow.edu/davida/2400/ethicsoftorture.pdf
la quinta temporada se descuelga con un Jack Bauer antisistema ¡que va a por el
presidente!
Hoy, Valencia, USA es un país de puta madre. Con toreros.
Para redondearlo, y terminar de chotearse de una descolocada
progresía… ¡los malos son un conglomerado capitalista que controla la Casa
Blanca! Si Batman combatía contra el 15-M, Jack Bauer pasa a formar parte de
él.
Rajoy les rescatará con lo que le sobre de las autopistas.
Pero no teman: este es un post de celebración del fascismo.
Y el fascismo es anticapitalista y antisistema. Como ese partido francés que
está logrando acabar con la lacra del bipartidismo, que es donde nacen todos
los problemas, según dicen. Y hay uno en Inglaterra que va por ese mismo
camino. Claro que sí.

 2. Tu puta hija y tu
puta madre (exaequo Día 3 y Día 8) 

Y aquí llegamos a uno de los debates más divertidos sobre el
terrorismo. Por esto de vivir en EsP-P-Paña muchas veces me ha tocado discutir
con filoetarras de variado pelaje. Sus argumentos tenían muchos matices, pero
siempre un aspecto en común: era necesario hablar de todo en ABSTRACTO. De la
misma forma que el repugnante Ortega y Gasset hablaba de ‘la clase egregia y la
masa’ – Machado le replicó muy bien diciendo “a las masas nadie las salva, pero
sí se puede disparar sobre ellas” – cuando a los filoetarras les toca abordar
el incómodo hecho de que, feck, se mata gente, éstos tienen la necesidad de
convertir a las víctimas en algo abstracto, para que todo quede en un debate
universitario. Y, joer, es un recurso que funciona muy bien (y no te digo
cuando algunas asociaciones de víctimas se ponen a rebuznar: la falacia del
hombre de paja queda servida).
Educando a un aberchándal.
Pero, claro, estas justificaciones del terrorismo no estaban
preparadas para…
…Jack Bauer.
El primero de los dos momentos a los que les doy esta
medalla de plata exaequo se produce en la tercera temporada. En el Chandler
Plaza Hotel un grupo terrorista ha propagado gas con Anthrax (sí, ya me
gustaría que fuese abrir bombonas de butano mientras suena el ‘Among the
Living’ o el ‘Sound of White Noise’, pero no). Con todo un grupo de huéspedes
retenidos en el interior del hotel, Bauer acomete la investigación desde el
exterior. A su lado, tiene a un terrorista que le lanza el sonrojante argumento
“A veces, hay que encender un fuego para apagar otro fuego”. Ya saben, aquello
de que la existencia del conflicto palestino justifica cualquier burrez
terrorista que se te ocurra en Occidente. Esas abstracciones tan
intelectualmente estimulantes.
Y era entonces cuando Bauer tenía aquel interés… en que
llegase un helicóptero con la hija del detenido… Porque así éste se sorprendía…
y Bauer buscaba… un argumento que le sirviese… decirle al terrorista “Como no
me digas donde están el resto de las armas bioquímicas, meto a tu hija dentro”…
pues… mucho mejor.

La sonrisilla de Bauer cuando grita “¡Metedla dentro!” es,
posiblemente, más impagable que el acojone y el derrumbamiento del filosófico
terrorista cuando se le tumba un argumento con más contundencia que una patada
circular de Chuck Norris. Bauer hubiese arrollado a Kant. A Hitchens… pues no,
porque Chris estaría de acuerdo con Jack. Feck, Chris hubiese metido a la niña
en el hotel incluso después de la confesión.
El otro momento similar a éste se produce en la épica octava
temporada. Un jovencísimo terrorista islámico se ha encerrado en una cámara de
seguridad y amenaza con detonar un explosivo si lo quieren sacar. Ese chaval es
el único que tiene una información que puede ayudarle a Bauer a detener una
explosión nuclear en Nueva York. Por supuesto, no quiere cooperar, tirando de
argumentario similar a todos los demás. Un Bauer al que el paso de las
temporadas ha afectado seriamente a su paciencia, le sugiere que, si se le
ocurre perseverar en su gilipollez, hará que su madre sea la primera en visitar
el sitio de la detonación, para que de la contaminación nuclear que pille se
garantice una agonía descomunal de quince días que ni con chutes masivos
industriales de morfina pueda paliar.
Un chaval visiblemente acojonado, pero que tiene fe en la
bondad de las instituciones del estado, le espeta “¡Tú no serías capaz de
eso!”.
A lo que Bauer, en posiblemente el mejor primer plano jamás
rodado en la serie, responde: “Tú… no… tienes.. ni idea… de lo que yo soy
capaz”.
Miedito.
Eso le pasa por no haber visto ‘24’. No como los Marines,
que han aprendido de esta didáctica serie técnicas diversas de tortura para
aplicarlas en Guantánamo (fact). Vamos, lo que se llama instruir deleitando.

1. Amnistía Global (Día 4) 

Y llegamos a la medalla de oro con la siempre compleja
pregunta de ¿Cómo carallo superar todas las atrocidades anteriores? Para
empezar, con el mejor malo que haya conocido la serie: Habib Marwan.
Sí: Bauer TAMBIÉN le tortura. Si no, sería como una porno sin empelote.
Este terrorista logra eludir todas las acciones de Bauer
hasta que, de pronto, ve cómo el CTU captura a uno de sus colaboradores
occidentales. Habib se preocupa, porque dicho colaborador no es un devoto
seguidor de Alá con el cerebro bien lavado que pueda resistir todo
interrogatorio. Antes bien, es un clásico Bárcenas metido en esto por dinero
que, a la que Bauer le acaricie cariñosamente el escroto, cantará todo. Y es
entonces cuando Habib tiene una ocurrencia que hizo que me despellejase las
manos aplaudiendo y que, en el proceso, le diese la medalla de oro al mejor
momento fascista de ‘24’. Lo que hace Marwan es…
…llamar a Amnistía Internacional.
(Bueno, en la serie dicen ‘Amnistía Global’ por aquello de
evitarse juicios y demás polleces, pero todos pillamos la idea ¿no?)
Así pues, un abogado to cool se
presenta en el CTU alegando que ha sido informado de que van a violarse los
derechos fundamentales de su cliente. Con la ley de su parte ¡logra evitar el
interrogatorio! Y yo aplaudo a Marwan a la espera de ver la réplica de Bauer.
Bauer aguantándose las ganas de partirle la calva. 
Lo que le dice Jack al abogado es que, si el detenido no ha
podido efectuar ninguna llamada… ¿Qué es lo qué le ha traído allí? ¿Es que no
te das cuenta de que es la propia organización terrorista la que te ha llamado,
retrasao? El abogado, confundido, echa mano del argumento de negar la amenaza y
decir que él no tiene más cosas en cuenta que los derechos humanos. Bauer,
tranquilo, le dice que espera que sea capaz de vivir con las consecuencias de
lo que acaba de hacer.
Toma mi tarjeta, para el próximo atentado.
¿Y vosotros creéis que Bauer se conformará con ver cómo los
terroristas triunfan sólo para poder decirle a un supernumerario de Amnistía
Internacional ‘Told you so’? Mis cojones treinta y tres.
Bitch, get into my car.
En un alarde de creatividad análogo al de Marwan, Bauer
solicita al CTU que le despidan fulminantemente. Cosa que hacen. Acto seguido,
como ciudadano norteamericano de a pie sin relación con el gobierno, se cuela
en el coche del sospechoso y comienza a partirle los dedos uno a uno hasta que
logra la confesión. Acto seguido, vuelve a solicitar su ingreso en la CTU. Como
mi héroe Bárcenas: “No era un despacho, sino un sitio en el que guardaba sus
cosas; era una simulación en diferido…”
Y todos gritábamos «¡Rómpele otro!»
Así que ya lo saben: los derechos humanos son una patraña
hecha para amparar al terrorismo internacional. Mayor pedrada que esa dudo que
logre ‘24’ en su novena temporada.
Pero yo seguiré contando los días hasta que la nueva entrega
llegue. Pleno de fe y de ilusión, comprando cervezas para disfrutar como un
tierno infante de las escenas de tortura y deseando que, en algún capítulo, me
obliguen a rehacer este ranking. Porque Bauer (por cierto, nieto de un célebro político socialista, gracias por el dato Cardenal Ximinez) todo lo puede, y la probablemente
mejor serie de la historia es capaz de todo eso y más.
Let’s see ACTION.

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14 comentarios en “Los 10 mejores momentos fascistas de ’24’”

  1. Apoteósico.

    Still, necesita más hintensidad. No flojeen.

    Aliméntense del odio giliprogre del Menéame. Dentro de poco hay elecciones y volverá la campaña ciberpepiña.

  2. "(y no, no me refiero a aquel en el que simula el lanzamiento de unas cabezas nucleares para que unos moritos que, hasta aquel momento, se hacían los más dignos e ignorantes del terrorismo del mundo, se aviniesen, de golpe, a dar miles de datos sobre células de Al Quaeda en su territorio)."

    Quien se marca el farol de las cabezas nucleares es el hermanito Wayne, ¿no?.

    Anyway, genial artículo, da la casualidad de que termine la serie anteayer y lo he disfrutado como un enano :D.

  3. Lo siento, aunque Bauer es un semidios, mi torturador favorito es Sayid Jarrah. Aún se me ponen los pelos de punta cuando le recuerdo decir: "Me llamo Sayid Jarrah y soy un torturador"…

    Rafa

  4. Añadiría que el calvo de Amnistía Global es ni más ni menos que el totémico Charlie Runkle de Californication, un jonvre cuyas aventuras deberían ser enseñadas en todas las escuelas católicas.

  5. Impactante la ejecución de Chapelle, su propio jefe en la agencia en la 3ª.
    Y en la 8ª la recuperación de la tarjeta SIM sin apagar previamente el móvil ruso, y su conversión en Jason Vorhees.

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