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Era un tubo: Un vídeo instructivo

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Casi todos los años, es tradición que ente bloj pase un pequeño bache entre mediados de enero y finales de febrero. No sé muy bien por qué, pero supongo que tendrá que ver con el trabajo que se acumula después de unas navidades de tocarse las bowlings. O, en mi caso, de una semanita preparándome para cierta prueba médica. 

Porque todos los lectores habituales saben que hay una pregunta esencial en esta vida: ¿Alguna vez te has despertado violentamente en medio de la noche viendo cómo te introducían un tubo? 
Bien: a mí NO me ha pasado. Pero sí que es verdad que tengo ya una relación muy cercana con el mundo de la introducción de tubos por todos los orificios de mi cuerpo. Menos los lacrimales. Por ahora.
Esta vez no ha sido por la noche ni a traición. Fui ya sabiendo lo que había. Así que, como estoy ocupado con la escritura de (¡por fin!) Videofobia, decidí grabar parte del proceso. Porque nada apetece más en este mundo que tirarse tres días casi sin comer y ponerte a decir tonterías a cámara mientras sufres mareos.
Tantas tonterías que, nada más salir de la prueba, comencé a relatarle a Vicisitud ciertas impresiones. Lo que traducido al espppañol significa “contar chistes de caca y pedos”. Y, sí: nuestra relación es tan profunda como para que me acompañe a que me metan una cámara por el culo. Eso es HAMOR.
Por supuesto, mis comentarios jocosos no le hicieron nada de gracia a la mujer que estaba sentada a mi lado en la sala de espera. ¡Pedos y caca, qué ordinariez! Así que no tardó en recordarme muy enfadada que esto era un hospital y que qué hacía montando ese circo. Y que por qué no abandonaba esa sala inmediatamente, a pesar de haber sufrido una colonoscopia y hallarme aún bajo los efectos de la anestesia. Maravillado por la empatía de esa señora hacia mi estado y deslumbrado porque se erigiese la portavoz de «todos los que estamos aguantándote» solo pude responderle, naturalmente:
Yo estoy drogado todavía, así que tengo vía libre para decirte que eres una mierda.
El novio echó en ese momento tirada de masculinidad y aumento de posibilidad de follar esa noche +10 al levantarse para prometerme elegantemente una buena hostia. Pero como yo a) sé que no estaba precisamente en un hospital de Carabanchel y b) sé que el tío tenía puntos de carisma y credibilidad bárbara -15, sólo pude comentarle:
Pues yo sigo estando drogado y sólo puedo decir que tú eres un mierda.
Ante lo cual, obviamente, no hizo nada. Y yo seguí haciendo chistes de caca. Más tarde pensé que el mareo tras la sedación quizá me hizo hablar muy alto. Pero no. Como este video que ponemos a continuación demuestra, el tono era bajito, y a la señora sólo le ocurría que le daba asco la conversación. Pues si no aguantas que hablen de caca y andas regañando a señores de 37 años que acaban de pasar por una experiencia anal traumática, lo mínimo que te pueden llamar es ‘mierda’. Que, además, hace más raccord temático que ‘imbécil’.
Así que aquí está el video chorra. Pronto volverán los artículos de verdad en cuanto acabe con el guion. De hecho, Vicisitud tiene un anuncio importante que hacer que cubrirá varios posts. Sin olvidar que pronto es el cumpleaños del blog.
Y si os quejáis de tantos posts chorra, sólo tengo una cosa que deciros:
No sois unos mierdas. Al menos, tenéis razón. Otra cosa es que os hagamos caso.
¡A ver el video, hombre ya!:

(Darle al play está mal y es una mariconada, darle al HD a full screen, sin embargo, es algo que plantea inquietantes preguntas…)








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