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Regalos sórdidos: La Alegría de la fe

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Al poco de conocernos, Vicisitud y yo establecimos una extraña tradición. O no. Más bien fue el cabroncete de Vicisitud en un acto de claro terrorismo enfocado a minar cualquier futuro en nuestra relación homo erótica. Se trataba de aprovechar las fechas señaladas del calendario para hacernos regalos sórdidos. Esto es: cabrones.
¿Que ambos estamos pasando una etapa de fanatismo por Jethro Tull? Pues el cabrón me regala el ‘Under Wraps’, sin discusión el disco más sórdido y lamentable del grupo y del que llevo años pensando hablar aquí.
¿Que me voy a Estados Unidos? Pues le traigo una edición especial de ‘Showgirls’ con vasos de chupitos y pompones para los pezones
¿Que llega mi cumpleaños? Pues me regala el CD de Traci Lords (lo llegué a escuchar tres veces como un campeón)
¿Que es Reyes? Pues le compro un tanga con forma de falda escocesa (anécdota relatada en un próximo artículo escrito hace ya cuatro meses pero que se retrasa por pequeños problemas de tiempo de un colaborador)
El caso es que esta escalada bélica se ralentizó más o menos cuando se le ocurrió a Vicisitud regalarme ‘Siniestro’ de Uwe Boll por navidad. Hay que ser desalmado. Pero para eso están los amigos que hemos conocido gracias a ente bloj. Nuestros cumpleaños  (pues los celebramos juntos) se convierten a menudo en festines del atchon burike, en los cuales puedes encontrar desde películas, libros y tebeos de calidad hasta la película de Dragon Ball o sordideces como ésta:
Ia ia shub niggurath
Pero el premio de este año al regalo más sórdido se lo llevó, como no, Supersantiego, que apareció de los primeros y dejó el listón tan alto que Serguéi Bubka retrocedería acojonado ante el desafío. Nos regaló ENTO:
La alergia de la fe
El maravilloso juego de mesa que llena de alegría la casa de los Flanders y la parrilla de 13TV. El instrumento de nuestra salvación. Naturalmente, teníamos que probarlo. Y grabarlo con un móvil acorde al cutrerío del más bajo de todos los géneros audiovisuales: la game board review.
Aquí está nuestro particular unpacking y los momentos más lamentables de nuestra primera partida – sí, os advertimos que SPOILER ALERT habrá más – durante una escapada dominguera cada vez más lejana en el tiempo (lograr que Vicisitud monte algo es como pedirle al herrero que tenga cuchara de metaaaaaaaaal en su casa, pero con violencia psicológica todo lo puedo):

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