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Albert Pyun y yo: Part 3-D

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Lean si se atreven la parte 1 aquí.
Lean si tienen instintos suicidas la parte 2 aquí.
¿Por dónde íbamos? Ah sí: Pyun cambiaba de década algo
perdido en productos desconocidos. Se acercaba la época más dura de su carrera.
Productores chungos. Rodajes directamente en video. Pero antes, disfrutó de un
último momento de distribución en salas cinematográficas. Al menos en algunos
países.
Y, sí: he puesto como encabezamiento del post una foto de
Juan Manuel de Prada. Pero de eso hablaré más adelante. Me temo.

En el 2001, mirando las revistas de cine, me encontré con
una sorpresa: Filmax (¡Filmax PRESENTA!) anunciaba el estreno de ‘Tiempo límite’, una peli
dirigida por Albert Pyun. El shock no fue tan grave como para que perdiera el
conocimiento, porque el reparto del flim en cuestión era inesperado: estaba
protagonizado por Steven Seagal en su etapa de transición entre simple gordo a inmenso
tapón de alberca. Esto es, justo antes de esos productos directos a video en
los que ya sólo pegaba tiros y los extras tenían que acercarse a 10 centímetros
para que les quitara la pistola, no fuera a ser que Steven sudara un poco y le diera
un ataque al corazón. Eran unos  tiempos
en los que el actor empezaba a ser pasto de videoclub en Estados Unidos, pero
todavía podía estrenar en Europa con cierta repercusión. De hecho, al año
siguiente, y a pesar de haber trabajado con Albert Pyun, todavía consiguió un
colar un peli más en salas a nivel mundial.

Pero aquí no hablamos de Seagal, entre otras cosas porque
todo indica que es un capullo. Aquí estamos por Pyun, que todo indica que es un
buen señor. Así que nuestro héroe se encontró, de repente, con una especie de
cosa de bomberos (en el sentido Mortadelo y Filemón de la palabra) con Dennis
Hopper repitiendo su papel en ‘Speed’ (¡y en sólo un día de rodaje!) y Tom
Sizemore sacando unos cuartos para ir de putas luego. Una gran oportunidad. Si
no fuera porque a eso de la mitad del rodaje, los productores decidieron cortar
el presupuesto a la mitad porque, qué coño: ya le habían dado un buen dinero a
los actores. El resto de la película tenía que salir sola.
Así que lo que quedó fue un rollete con poca marca del
estilo de Pyun que tanto me fascina, pero que se ve mucho por las televisiones
españolas. Básicamente porque los programadores de otros canales no tienen el
conocimiento del cine de mierda que tengo yo. O lo tienen y les da igual.
Por mi parte, nunca he sido capaz de verla entera. Y eso que
está producida por Avi Lerner, prófugo de la Cannon que recientemente se ha
convertido en un héroe freak por haber propiciado ‘Los Mercenarios 2’. Y, que,
alrededor de algún momento posterior al rodaje de esta peli, se pilló un rebote
importante con Seagal que explica por qué nunca lo veremos en la saga de
Stallone. Por eso y porque para lo único que podrían utilizarlo hoy en día es
para cortarlo por la mitad y meterse dentro en plan Tauntaun de El Imperio
Contrataca si ruedan en Alaska. Todos los actores. Y el equipo técnico.
Lo sé, lo sé: hacer comentarios hirientes de gordos es
fácil. Pero nadie ha dicho que este sea un blog inteligente y elevado. Así que me
voy preparando algunos más para más adelante. Recordad la foto de
encabezamiento del post.
Tras ‘Tiempo Límite’, Pyun las pasó canutas. Tres años sin
rodar para un señor que se hacía tres o cuatro películas en los 90 tenía que
causar síndrome de abstinencia. Así que se metió junto con un sospechoso
productor llamado John Laing en un lío que acabaría lamentando. Juntos pidieron
un préstamo al gobierno de Guam, una isla del Pacífico que hay que ser
concursante de ‘Saber y Ganar’ para situar en un mapa en blanco. El objetivo de
los lugareños era que la película ayudara a crear una infraestructura
cinematográfica en el país.
Que pensaran para ello en un directo a video cutre de Albert
Pyun es algo entre el gobierno de Guam y el camello de Charlie Sheen.
La isla entró en modo ‘Bienvenido Mr Marshall’ y recibió a
Hollywood como si fueran a rodar ‘Gladiator’ en lugar de una cutrez de kickboxing llamada ‘Max Havoc: La maldición del dragón’. Que no he visto,
porque si me trago una más de esas soy capaz de abrir un nuevo ventanal en mi
salón a cabezazos.
Obviamente, Laing no devolvió el préstamo de Guam.
Pyun, por su parte, no cobró un duro y salió por patas sin
terminar la peli. Por lo que sé, no era culpable de la situación. De hecho,
creo haber leído que hasta se dedicó a grabar gratis algunos reportajes de
promoción del turismo porque Albert es tan la hostia que es capaz de rodar una
peli, hacer un video, mandar dos mensajes de móvil, escribir un guión y echar
un polvo todo al mismo tiempo.
Lo que no quita para que al pobre todavía lo insulten por
foros de internet algunos habitantes de Guam por el escándalo. Pero para eso
estamos aquí: para reclamar que nunca nadie más se metan con Pyun por el asunto
Max Havoc. Que quieran su cabeza los que pagaron por ver ‘Omega Doom’ ya es
otra cosa. O ‘Invasion’. Que a ella vamos ahora.
Es éste el momento en el que Pyun decide producirse en
adelante sus películas para no tener que lidiar con gentuza. Y en el que entra
en juego una señora llamada Cynthia Curnan. Ahora, Pyun había encontrado el
amor, se iba a dejar de gilipolleces e iba a digievolucionar al modo Pyunartít-ta
Sumo que tantas alegrías y hemorragias cerebrales ha producido.
Invasion (AKA Infection AKA Alien Invasion AKA No Me Puedo Creer Lo Que Estoy
Viendo
) fue su segunda reunión con Curnan, esposa, productora y guionista de
sus últimas producciones, amén de psicoterapeuta en su tiempo libre.
Y no diré nada más sobre su profesión. Ni de las sesiones
gratis que me debe por ver la peli.

He dicho ‘segunda reunión’, pero es algo que no tengo claro,
dado que en la IMDB aparece una peli anterior llamada ‘Sorcerers’ de la que no
he conseguido encontrar nada en absoluto. Y eso, en el mundo de la regla 34 y
que puedes encontrar artículos sobre gente a la que le gusta ver dibujos de
personas poniendo huevos de insectos por el culo,  me hace pensar que no existe.
La idea de ‘Invasion’ era hacer una peli en plano secuencia.
Pero de verdad. Sin trucos de corte. Y con la cámara fija encima de un coche.
De noche. ¡Que le den por culo a ‘El Arca Rusa’, rodada en palacios y con tres
montadores acreditados! Joder: nada más que por los cojones tamaño pequeño
exoplaneta del sistema solar más allá de Plutón, fue la primera de Pyun que
realmente tuve ganas de ver en muchos años.
Famosas últimas palabras.
Yo andaba por la época en la que se estrenó un poco perdido
en temas pyunicos. Mis intereses emuleros estaban más enfocados a películas de
bárbaros y postapocalípticas de los 80. Pero ahí que me enteré de lo
experimental del finstro y lo comenté con Snowymary. ‘Tengo cierta curiosidad,
pero seguro que es terrible
’ – dije. ‘¡No! ¡Bájatela, que quiero verla!’-
exclamó ella.
Cuando una mujer te insta a bajarte una película de Albert
Pyun rodada en plano secuencia, comprendes que el mundo es un lugar
imprevisible, sin sentido y en el que probablemente se te acabe el papel
higiénico cada vez que cagues en casa ajena.
¿Y qué hizo el director con su espectacular idea? Han pasado
ya 6 años, pero esto es lo que recuerdo: Poner a un coche subiendo por un
camino de tierra. Luego, de vuelta al llegar al final. A continuación, anda un poquito
más. Se baja del coche. El plano se mantiene sin absolutamente ningún cambio
visual, con sólo diálogos en la radio. Calculo que unos 15 minutos. Pero yo los
percibí como 15 minutos en los que notas que poco a poco estás perdiendo la
razón. Se veían unas figuras espectrales que se acercaban. Y ya no me acuerdo
de más. NI QUIERO.
Apasionante
Tras sentirse a gusto consigo mismo al hacer ‘Invasion’,
Pyun rueda ‘Cool Air’, de la que hablaré más adelante, y se va a Argentina para
otra película grabada en video. Una de las más terribles de su carrera.
Que ganó un premio. El segundo de toda su carrera tras uno
en los 80 a ‘Sueños radiactivos’. El de mejor director en el La Semana de Cine
Fantástico y de Terror de Estepona. Málaga. Andalucía. Esppppaña. El Universo.
El Festival de Estepona es un evento extraño. Los premios
que entrega son siempre, cuanto menos, curiosos. Y por ‘curiosos’ quiero decir
‘hilarantemente sórdidos’. Fueron ellos los que organizaron el combate de Uwe
Boll y le dieron un galardón a nuestro salchichero favorito. Fueron ellos los
que homejearon por toda su carrera a Dolph Lundgren (‘Ya iba siendo hora’– dijo
al subir al escenario- ‘Sobre todo porque vivo a 20 minutos de aquí’). Y, más
sórdido todavía, fueron ellos los que premiaron por partida doble a nuestro Carlosaurio.
Cada año, la selección es una mezcla de atchonburike y
sorpresas que hacen que los asistentes se rasquen la cabeza hasta llegar más o
menos a la altura del nervio óptico. Todo ello suele venir de la mano de una
mezcla de ansia por premiar a quien sea que haya consentido en pasarse por el
festival y de las ideas que salgan de la mente del eterno presidente del
jurado:
El hombre pera.
El terror de los buffets libres.
El insigne
presentador de Intereconomía que dos veces me retiró el saludo cuando supo que
era de Canal+. 
Juan Manuel de Prada.
Obviamente, ahora toca que yo me meta con este adalid de la
caverna y la derecha neoconservadora más chunga. Pero NO LO HARÉ. El motivo
está claro: Juan Manuel es el mayor defensor de Albert Pyun en España. Y me
atrevería decir que en todo el mundo. Y alguien que alcanza ese nirvana de
fintrismo ha de ser alabado en ente bloj. Aunque nos joda.

Así que cuando tocó poner ‘El Maldito Oeste’, no dudó en
premiar la película. Con dos cojones. Otra cosa es que la cinta fuera buena. De
hecho, si situamos un medidor de la calidad de la cinta entre la Tierra y
Marte, representando nuestro planeta la máxima puntuación y el planeta rojo la
mínima,  el western de fantasmas de Pyun
estaría situado más o menos a la altura de Saturno.
Intentaré transmitir la sensación que produce ver la
película: es como si Pyun se hubiera descargado una aplicación de edición. De
las gratuítas, claro. Y, según termina el rodaje, se pone a utilizar su nuevo
juguete A FONDO: congelados, superposiciones, virados de color… sólo falta la
cortinilla de estrella para hacer una trabajillo fino, fino.
El punto estilístico más memorable (en el sentido ‘memorable
como cuando descubrí a mi abuelo haciéndose una paja’) es que se dedica, cada
cinco o seis planos, a congelar la imagen un par de segundos antes de cortar a
la siguiente toma. ¿Se trata de un agudo comentario sobre el visionado de
películas con una conexión a red de un mega? ¿O es que el cerebro de Pyun ya no
tiene memoria temporal suficiente? Sea como sea, al final queda como un
grandioso ejemplo de lo que en todas las escuelas de cine se llama ‘recurso
cinematográfico aleatorio no diegético’. Esto es: hacer lo que sea por los
santos cojones. O eso, o es que toda la peli estaba contada por un tartamudo y
es que yo no me entero de nada.
Paco Fox no pudo soportar ver tanta peli de Albert Pyun
Porque lo de enterarse de los entresijos narrativos de la
peli, a estas alturas de la carrera de Pyun, es algo que no espero. Ni casi
deseo. Aquí Pyun y su novata guionista, en un genuino momento de ‘voy a
utilizar todos mis libros con las reglas del cine para liar porros’, se pasa lo
de ‘show don’t tell’ por la entrepierna y da un paso más: todo lo que es
información importante lo da una voz en off, para luego ser apoyada por
montajillos a base de flashazos que no se entienden y que harían que Tony Scott
se tirara de un puente.
Uy, lo siento. Era demasiado fácil.
La historia que cuentan al principio de la peli viene a ser
más o menos así: una prostituta estaba enamorada de un predicador en un pueblo
de Nuevo Méjico que, por la vegetación, debe de estar situado más o menos a 20
kilómetros de Buenos Aires. El cura la deja, por lo que ella y sus amigas matan
a todo el asentamiento. ¿Por qué? Pues será porque en el oeste no había
lexatín. De todas maneras, “¿por qué?” es la expresión menos adecuada para
plantear mientras se ve esta película. Eso sí, al menos tiene su… no sé…
… ritmo y tensión va a ser que no…
… subtexto interesante… amos, no me jodas…
… bueno… se podría decir que hay una fotografía que no es
del todo de video de BodaBautizosComuniones y cierto interés por desarrollar a
los personajes y que la película progrese normalmente.
Cosa que no tiene ‘Tales From the Ancient Empire’ ni de
lejos. Ni de MUY lejos. Ni de MUY MUY lejos. Lejísimos. Mucho. A tomar por culo
de lejos.

A veces me he preguntado cómo es posible que un director
como Jesús Franco, después de años y decenas de películas, no haya aprendido ha
dirigir aunque sólo sea por pura insistencia. Pero que Pyun haya, de hecho, retrocedido a niveles de amateur con esta cosa me parece mucho más fascinante.
Casi más que lo conseguido por Garci en ‘Holmes & Watson: Madrid Days’. Lo
extraño es que es una película sobre la que ya tenía control autoral completo.
Se supone que, si bien contaba con poco dinero, al menos podía hacer lo que quisiera.
Y lo que quiso era torturar al respetable. Aunque el público de esta película,
incluido yo, no es que sea respetable. Me explico:
Sobre la génesis del título y su condición de secuela de
‘The Sword and the Sorcerer’ ya hablé en este artículo. Lo importante es que
era la película de Pyun con más expectativas creadas de desde los 80. El
frikismo estaba mirando. Y, en la era de internet, Albert deja, por motivos que
pronto averiguaré, pero que sospecho tiene que ver con obligaciones
contractuales por preventas internacionales, que se estrene en Tailandia. En
una versión que no es que esté sin terminar: es que los efectos quedarían feos
en un Amiga. Y falta un actor. Un personaje entero. Que encima es el propio
Talon, prota de la primera parte. En una peli que ya de por sí no acaba y
termina en un cliffhanger con imágenes de la secuela. Justo, todo sea dicho,
cuando por fin iba a empezar la acción. Todo lo visto es una simple introducción
muy, muy larga (la primera secuencia dura 30 minutos… de una peli de 65). Y muy, muy lamentable.
Obviamente, esa es la copia que circula por internet y que
se ha visto alegalmente todo el mundo, yo incluido. Claro que, por mucho que se
trate de una ovra inconclusa, está claro que poco más se puede sacar de allí.
No sólo por el lamentable casting de chavalas con pinta de camareras
californianas y la inclusión de vampiros en una historia de fantasía heroica
por aquello de estar de moda. No es por los escenarios de porno Vivid. Es por
la absoluta falta de ritmo, la planificación de emporrado y la alocada
estructura por capítulos que, nadie entiende muy bien por qué, apenas duran a
veces unos cuantos planos y ni siquiera separan secuencias, sino, con suerte,
escenas.
Al final, salió una edición más cercana a lo que quería
Pyun, con Michael Paré haciendo de Talon y que otra vez fue modificada por la
distribuidora. Quizá para bien. Pero está mal juzgar una película incompleta.
Algo con lo que Pyun se ha enfrentado varias veces en los últimos años. Por
ejemplo, con ‘Road To Hell’.
Una vez más, Albert dejó que se proyectara una película
inconclusa y con un personaje de menos. Y, claro, ya tiene mala fama antes de
ser vista. Quizá merecida por lo que yo sé. Pero antes, explicaré qué puñetas
es ‘Road to Hell’.
En 2008, Albert se reúne con el antes mencionado Michael Paré, probablemente
celoso del monopolio que Uwe Boll ha tenido sobre la carrera reciente de este
actor, y decide hacer su propia continuación de una de sus pelis favoritas:
‘Calles de fuego’. Apócrifa, claro. Pero incluso consigue que Deborah Van Valkenburgh, que interpretaba a la
hermana de Paré en la peli de Walter Hill y que ya había aparecido en ‘Mean
Guns’, repita también su personaje. No quiero hablar de la trama de la película
porque, si todo va bien, lo dejaré para la cuarta y última parte de esta saga
de posts una vez la vea. Sólo me queda claro que suena tanto a ‘Calles de
fuego’ como ‘It’ de Stephen King a un capítulo de ‘Los Lunnis’.

Así que en 2008 Pyun rueda la peli… y se le jode todo lo
grabado por problemas de cámara. Y se tiene que tirar años intentando
arreglarlo todo. Ya que está en ello, se dedica a sacar versiones de trabajo de
sus montajes de ‘Cyborg’ y ‘Capitan America’ en la que el fan de verdad de Pyun
puede disfrutar de ligeros cambios de tramas y encuadres con una calidad de
imagen de VHS de tercera generación. Eso sí: con banda sonora nueva. No sé si
con ello consiguió dinero, pero el caso es que, tras proyectar una versión
medio restaurada de ‘Road To Hell’ y ante elcachondeo del público, decide rodar nuevas escenas con todo un personaje nuevo: una cantante hija del
protagonista. Para así poder meter música de Jim Steinman que, reconozcámoslo
ya: es lo que mola de la peli original.

Así que Pyun termina la película y la presenta a Estepona de
la mano de su amigo Juan Manuel de Prada. Y ahí que la ve una de mis fuentes anónimas y casi
le da un patatús. Se la pasa al jefe del festival alertando que eso no puede ni
ir a concurso. Y yo llevo tres años acudiendo a Estepona. Sé que el nivel allí
es más o menos igual de largo que la falda de una adolescente de polígano.
El director ve la cinta y le da el sudor frío. Y la rechaza.
Repito: de Estepona. Repito: que premió ‘El maldito oeste’.
Es como si en Eurovisión descalificasen a una canción por
ser demasiado gay.
Tal desplante al perenne jefe del jurado, Don Juan Manuel de
Prada, me fascina tanto que me pongo a escribir sobre toda la carrera de Pyun,
con esta anécdota como final culminante. Pero el futuro es imprevisible y
cuenta chistes. Así que, justo antes de empezar a redactar la segunda parte, me
entero que el director ha cedido y ha aceptado la película fuera de
competición. Eso sí, proyectarán a concurso la antes nombrada ‘Cool Air’, que
también lleva siendo retocada por Pyun desde el 2006.
Esa me la perderé, dado que está programada para el miércoles. Porque Pyun va este año de invitado. Y,
si nada se tuerce, yo voy para allá a hablar con él y a ver ‘Road to Hell’, que clausura el festival. Y,
con esto, lo que iba a ser un post ¡¡¡¡ÉPICO!!!! en dos partes, que luego se
convirtieron en tres, acaba de mutar en cuatro.
Madre del amor hermoso. Tengo que hacer algo con mi vida.

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