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Hay que salvar al cosmos de Ewan McGregor (y de los pocos escoceses que NO son feos)

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¡Un colaborador que regresa! En septiembre del 2009, un amigo experto en sordidez escocesa aportó un post para Bigotón Watch que rápidamente fue promocionado al blog principal, sobre todo por tener la mejor primera frase que hemos publicado en nuestra historia. Casi tres años después, buscado todavía por el gobierno británico, sobrevive como lurker del blog a la espera de soltar mala baba. Si tenéis algún problema, y si le encontráis, probablemente niegue haber escrito aquí. Su nombre es… MARLOW.

Ver al soso de Ewan McGregor en pantalla es una experiencia que drena la fuerza vital de todos los demás seres humanos. Para los que éramos adolescentes en los años 80, reconocer esto causa una angustia existencial adicional porque esperábamos que fuéramos a perder nuestra Life Force – es decir, semen – a una vampiresa desnuda, guapísima y francesa (¡y del espacio!)
De hecho, hay un meme que dice el alma humana pesa 21 gramos (fuente de inspiración para una película bien intencionada – es decir, aburridísima – de Alejandro González Iñárritu), pero casi nadie sabe que el descubrimiento no viene solo de los experimentos macabros con ancianos agonizando en residencias geriátricas (y matando a unos pobres perros – crimen tan atroz que hasta podría romper el corazón del mismísimo Rey Stannis) que si hizo un medico depravado de origen – ¡por supuesto! – escocés, Duncan MacDougall, en 1907.
La confirmación solo llegó décadas después pesando a la gente del publico en cines donde proyectaron pelis del “cacho de pan” de Ewan (© Paco Fox, 2012). Los investigadores comprobaron que, cada vez que McGregor aparece en pantalla en bodrios como su remake de “La Sombra de la Noche,” o “La Lista” (única película posible sobre gente guapa montando orgias en Madrid que no tiene interés ninguno), el alma huye del cuerpo. Sin embargo, la naturaleza es sabia, y para protegernos de una muerte segura, las mentes de los seres más vulnerables son capaces de reprimir la memoria de las actuaciones tediosas de McGregor. Esto explica una conversación reciente con una compañera mía:
Amiga: “¿Acabo de ver una película genial: a ti te gusta Moulin Rouge?
Marlow: “Claro que no. Pero, como un servidor es bastante pervertido, disfrute viendo a La Kidman en ropa fetish – aunque en condiciones normales, y como toda mujer que ha sido pareja de Tom Cruise, no tiene sex appeal en absoluto.”
Amiga: “¿Pero qué te parece tu paisano Ewan McGregor?
Marlow: “¿Salió? Tuve que perder su cameo. Seguro que fui a mear en aquel momento.
Amiga: “Pero… ¡si es el protagonista!

Y no solo es un efecto biológico/psicológico, tiene efectos cuánticos sobre la fábrica de la misma realidad. Todo el mundo sabe que McGregor sale en dos pelis británicas sobre la clase obrera – es decir, pelis feas, llenas de tópicos y, por supuesto, muy condescendientes con la gente de clase obrera – “Brassed Off” y “Little Voice.” Pero nadie se acuerda que era también protagonista de “The Full Monty” y “Billy Elliott” (como dice el jran Joe Queenan, corroborado por el jran Paco Fox, las 4 no son simplemente películas con aspectos en común, son la misma película). Las apariciones de McGregor en “Billy Elliott” y “The Full Monty” alcanzaron niveles tan peligrosos de hastío que el Espacio-Tiempo activó sus sistemas de auto-defensa para borrar casi todo rastro de su participación en los dos títulos.

Esto significa que, para la percepción humana, el colmo de McGregorismo es su patepica (si, escribí «patepica») serie viajando en moto por Rusia y Mongolia con su amigo, el empalagoso actor fracasado Charley Boorman, en la cual durante 12 capítulos de una hora cada uno y que abarcan muchos meses de viaje, no les pasó ninguna experiencia ni microscópicamente interesante; no enseñaron ni un solo plano remotamente atractivo; y McGregor solo dice, cada 5 minutos, «El paisaje me recuerda mucho a Escocia» – da igual si estaba en el Desierto Gobi, la inmensas llanuras, La Tundra Siberiana, etc.
La carrera de McGregor en las pantallas es prueba del origen del cine como atracción de feria, porque McGregor es un monstruo de la naturaleza del tipo más raro jamás conocido: un escocés que no es feo. La lista completa es muy corta: solo hay que añadir Connery, Deborah Kerr, Moira Shearer, el muy pesado que decía “Brother” al final de cada frase suya en “Perdidos” y el pobre desgraciado que muere empalado por Jaime Lannister cuando defiende a Sean Bean en “Juego de Tronos”, pero que sufre un destino infinitamente más terrible en otro título: no solo aparece en la inefable “Valhalla Rising,” sino que encima es empalado – es decir, sodomizado – por un amigo feísmo y gordísimo (escocés de verdad y con dos cojones)…En un campo de barro…A camera lenta…Al estilo Tarkovsky. Trust me, not safe for work, or anywhere else. Seres valientes como Paco Fox y yo vemos tales filmes para que vosotros no tengáis que sufrir.
La lista de escoceses que sí son feos de verdad es algo más extensa: incluye todos los escoceses que han existido y van a existir. Los responsables, de “Los Simpson,” en un momento vergonzoso, demostraron su ignorancia absoluta sobre el país en un capitulo cuando Willy el jardinero presume de ser el hombre más feo de Glasgow. Mel Gibson, a cambio, recibió ataques totalmente injustificados cuando rodó “Braveheart,” con tipos absurdos insistiendo que no sería convincente como escocés. ¿Cómo que no, si es un violento y racista alcohólico con mullet?
No, el error de Gibson, y si merece nuestro oprobio por esto, era dar el papel de su mejor amigo al actor irlandés Brendan Gleeson cuando en Escocia sobra gente bruta, gorda, pelirroja y muy, pero muy, fea – básicamente la mitad femenina de la población. Los hombres son aún peores, como dice una amiga mía norteamericana después de un tour de caledonia: “País impresionante, pero todos los hombres tienen pinta de ser rechazados de los castings de “Bumfights” por ser demasiado feos.”
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Sin embargo, hay una ley internacional poco conocida que exige que todo escocés que no sea feo tenga que salir en pelis ó programas de la tele incluso cuando son inútiles. Ahora entendéis porque Gerard Butler encuentra trabajo.
La homologa exacta de McGregor, sin embargo, es Kelly Macdonald, su novia underage en “Trainspotting” que, con sus casi 40 años sigue saliendo en producciones de los hermanos Coen o Martin Scorsese como chicas monas y ñoñas con voz de una Minnie Mouse nacida al norte del muro de Adriano. Como McGregor, La Macdonald beneficia de otro fenómeno de los escoceses que no son feos: la gente piensa que es guapa cuando sola es atractiva. Esto explica por qué, en todas sus películas sin excepción, siempre hay otros personajes diciendo “Es una mujer guapa” para establecer su “personaje”. En países con mujeres realmente espectaculares – España, Francia, Italia, por ejemplo – no existe tal necesidad en los guiones, hay que ser ciego y sordo para no darte cuenta que Sophie Marceau, Monica Belluci ó Elsa Pataky son guapas, no hace falta el jodido Bill Nighy repitiéndolo durante todo el metraje.
Los directores y actores británicos padecen otra enfermedad mental curiosa: su creencia que, a falta de mujeres atractivas, sus actrices pueden “comunicar” la belleza física y juventud que no poseen simplemente con su talento para la actuación. Incontables pelis británicas han sido desastres por la insistencia de dar papeles fundamentales de mujer sexy ó femme fatale a «tías» como Juliet Stevenson, ó Janet McTeer, ó Imelda Staunton, ó Zoe Wanamaker, ó Emma Thompson, ó Helena Bonham-Carter. Quizás con esta última, he sido un poco injusta. Las demás tienen talento pero son feas, mientras Helena ni tiene talento.
Menos mal que “Juego de Tronos” tiene Yankees al mando, porque productores ingleses nos regalarían escenas de sexo con Judi Dench desnuda como la reina Cersei, ó Glenda Jackson en pelotas como la Khaleesi.
Pero, volviendo a McGregor y Macdonald, la mejor prueba del talento de Danny Boyle es que hizo una peli buena con tres de las presencias menos interesantes de la historia del celuloide en el reparto – sí, estoy hablando de Johnny Lee Miller, también. Solo hay dos cosas vagamente interesantes a decir sobre Miller. La primera es que es nieto del viejo gruñón sin gracia ninguna que fue el “M” original de las pelis de 007, y cuyo único talento era sujetar bien su pipa mientras todo el público esperaba la llegada de “Q” – el viejo gruñón que si tenía mucha gracia, (el abuelo fue re-emplazado a finales de los 70 por otro viejo gruñón sin gracia ninguna pero que ni siquiera tuvo la habilidad con la pipa). La segunda cosa interesante de Miller nieto, es que – a pesar de ser inglés, y no tener gracias ninguna – puede fingir un perfecto acento de Edimburgo, eso sí, ligeramente amanerado. Sospecho que es poca consolación cada vez que piensa que Angelina Jolie le dejó por Billy Bob Thornton (parece mentira con su cara, pero Billy Bob NO es escocés).

Pero, cuidado: hay actores de otras nacionalidades con el toque de Medusa del McGregorismo. El jran Miguel Ángel Tejero identificó a Bill Pullman y Ashley Judd como amenazas cósmicas gemelas que también hay que tomar en serio. Y, como dice nuestro guía espiritual, el señor Vicisitud: “En el mundo de la sordidez, TODO encaja,” existe una peli deplorable sobre el personaje (por llamarlo de una forma) de Ewan McGregor obsesionado con el personaje (por llamarlo de una forma) de Ashley Judd. Es difícil describirla, pero para daros una idea, es como rodar una película sobre el color gris obsesionado con el color beige.

Seguro que habéis leído sobre la denuncia desestimada para frenar el arranque del LHC y, así salvar el mundo: http://www.publico.es/ciencias/64958/juicio-contra-el-lhc-para-salvar-el-mundo .

(Me encanta la frase “un misterioso filósofo de la ciencia.”)

Pues, seguro que no sabéis de la denuncia exitosa de Miguel Ángel y Marlow (misterioso filósofo de la sordidez) que si frenó un cataclismo que iba a destruir el multiverso. Descubrimos que el tándem de criminales Merchant-Ivory, iban a rodar una adaptación de la novela más aburrida de Virginia Woolf con McGregor, Macdonald, Pullman, Judd, Katie Holmes y Damian Lewis. Sabiendo que la primera bosteza en su estreno mundial iba a provocar una reacción en cadena, el juez aceptó nuestra causa y prohibió el filme, pero, por razones obvias, insistió en mantener el juicio bajo el secretismo más hermético.
Ya sabemos que poca gente se va a enterar que salvamos la existencia del cosmos del McGregorismo, pero si lo confesé a un ex compañero de clase en mi última visita a mi país natal. El muy imbécil no me prestó atención, porque quería tortúrame con:
Compañero de clase imbécil: “No lo vas a creer, pero sabes que tu y yo con 14 años jugamos el rugby contra el equipo del instituto Morrison’s Academy que incluyó la superestrella (sic) Ewan McGregor. ¡Y ganamos!
Marlow: “Yo no. Jamás jugué contra tal instituto en mi época en el equipo antes de darme cuenta que iba a acabar con la cara y el cerebro destrozados, y mi reputación destrozada dado que Vicisitud y Sordidez dice que todo deporte es gay, especialmente deportes de equipos. Tuve que estar enfermo aquel día.
Compañero imbécil: “Pero… ¡si tengo las fotos… y fuiste capitán aquel día… y hasta sales en una dando la mano a McGregor!
Q.E.D.
Una colaboración de: MARLOW. Que, por si no os habíais dado cuenta, es escocés.

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