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Ente onvre: Garringo el perturbado del western y El judío sindicalista

Pronto ocurrirá un acontecimiento de una importancia cósmica similar a los Cantores de Híspalis cantando en japonés. Dentro de un tiempo indefinido, ente bloj se mudará definitivamente a su propio dominio y yo me mudaré definitivamente de calzoncillos.
Ello implica que cambiaremos un poco la forma de trabajar e intentaremos quitarnos la presión de que cada post tenga que ser ÉPICO y la hostia en verso. Queremos recuperar los artículos cortos y totalmente gilipollas de nuestros comienzos, destinados, como ‘Hans Magnus se arranca por bulerías’, a los cero comentarios.
Porque, como dijo el sabio, este es mi blog y me lo follo como quiero. O sea, de ninguna manera, porque todos los que nos conocen saben que nuestros intentos de cara al sexo son tan lamentables que convierten a mi amigo que apareció en una fiesta llena de mujeres solteras con una hebilla del cinturón en forma de logo gigante de Transformers en un mero aprendiz de Héroe del No Follarás en la Vida ™.
Así que voy a volver a utilizar el genérico de ‘Ente onvre’ como en los viejos tiempos: para hacer mini-semblanzas de gente anónima que realmente me fascina.
Garrrrrringo: El perturbado de los spaguetti-westerns
Hace unos años, cuando trabajaba en Canal Cinemanía, las chicas que estaban en recepción tomaron la sana costumbre de pasarme a todos los que llamaban preguntando por cosas de cine y que no sabían muy bien a quién endosar. Un día llamó un señor de edad indeterminada, con acento de Jaén o por ahí, pidiendo que emitiéramos más spaguetti-westerns. Ese género en el que todas las películas van sobre alguien que se venga de alguien (como ‘Tronak el kárbaro’) y nadie se lava ni se afeita mucho. Un mundo de cine-colonoscopia que nunca he investigado mucho más allá de mi fascinación por la etiqueta ‘butifarra-western’ que se aplica a las producciones de los Hermanos Balcázar rodadas en Esplugues de Llobregat. Porque siempre me ha interesado y aterrado la idea de un tipo diciendo, ‘¡Ostras, tú, saca las pistolas, tú!’.
Pero como uno tiene su cultura cinematográfica, pude hablar un rato con él. Memoricé la película que más quería que emitiéramos (‘Dos cruces en Danger Pass’) y nos despedimos. Tres años más tarde, vi el flim en un listado, la compré y la emití. Y el señor volvió a llamarme. Fue el inicio de ocho años en los que me da un toque más o menos cada dos meses. Siempre pidiendo lo mismo: que ponga más spaguettis. O chorizo-westerns. Lo que sea, pero con pistolas y que no sea americano.
El señor es lo que se conoce como un harcore-freak. En serio: una auténtica máquina de su friquismo. Un profesor de matemáticas que vive para ver a señores a caballo con barba de tres días. Hubo una época que, después de poner un buen puñado de westerns en DCine Español, empecé a repetirme. Él no dudó en llamarme y pedirme cosas raras de verdad. Y yo creía que sabía de lo mío. No. Lo de ente onvre es innormal. Conocía todos los spaguettis rodados. TODOS. Feck: una vez yo le fui leyendo películas y él hizo la selección de todo el año porque, qué coño: entre uno y otro a mí me da absolutamente igual. Pero el placer que me daba ir soltando títulos y que me contestara sin dudarlo:
“Un dólar de recompensa”: Mu güeeena, Paco, esa mu güeeena. Con Peter Lee Lawrence.
“Apocalipsis Joe”: Mu güeeena, esa, pero ya la tengo. Anthony Steffen. Con Eduardo Fajardo.
Daba igual la peli. Se sabía el prota de todas y casi siempre eran mu güeeeenas. Excepto ‘Bang Bang Kid’. Ahí tuvo que decirme:
Eeeesaaa… la del robó… esa es mala. Para niños.

(Una western con un robot gordo con papada, gente vestida de medieval y rodada en el castillo de Manzanares El Real. Y EXISTE)
Mis compañeros ya se descojonan cada vez que pillo el teléfono y digo: ¡Hombreeee!. Saben que al otro lado (tanto del teléfono como de este universo) está mi amigo conocido por todos como ‘Garrrrrrrringo’, por su afición a esta película. Últimamente, en vista de que el número de títulos que yo puedo ofrecerle se está viendo reducido, ha pasado a la acción: ahora ya va directamente a los distribuidores. Como buen onvre al que nada puede detener en pos de la realización completa de su obsesión, Garringo llama sin ningún problema a todas las distribuidoras de España y se sabe el nombre de todos los encargados de ventas. A veces mejor que yo. Hasta consiguió hablar con Arturo Marcos, mítico productor español de películas de Jesús Franco, que ya está cerca de los 90 años. En la primera conversación, le mandó al carajo. Pero Garringo, como empanada de chorizo, siempre regresa, y a la segunda consiguió una promesa para que, en caso de pasarse por Madrid, le grabara unos DVDs sólo para él.
Porque ente onvre no se contenta con una mierda bajada por internet. Él quiere una copia de calidad. Por supuesto que también busca el Santo Grial. Y no puede dejar de fascinarme una persona que vacila con sus amigos con estar a punto de conseguir un western de séptima categoría. Un mundo en el que el prestigio de una persona en su comunidad se mide por su capacidad de conseguir un DVD de “Cuatro balazos” es un lugar en el que quiero vivir.
Leñe: en su búsqueda por ser el mayor espagueteiro del mundo hasta consiguió convencerle para que le diera el teléfono de un amigo mío agente de ventas. Mi colega, tras escuchar atónito una disertación comparando las ecuaciones de tercer grado con los spaguetti westerns, decidió que no tenía más remedio que ayudarle. Que estas gentes son las que dan alegría a la vida.
Como él mismo, por otra parte. Porque mi amigo es…
¡El judío sindicalista vallecano!
Ya hablé de él una vez, pero su jrandeza me obliga a dedicarle al menos un par de párrafos para él solito. Una de las personas más poliédricas de la historia, ente onvre demuestra que el universo tiene doce dimensiones espaciales y dos temporales y que en ninguna vas a conseguir una cita con Charlize Theron. Nuestro héroe es:

– Agente de ventas de películas.
– Sefardí
– De Vallecas. Con acento. De ese que no quieres escuchar en un callejón oscuro a las tres de la mañana.
– Aficionado a ver todos los viernes cine-colonoscopia. A ser posible, nacional
– Judío observante. Pero mucho: entre mis vicisitudes y estomacales y sus vicisitudes religiosas, invitarnos a comer juntos es una tarea comparable a organizar la defensa de Desembarco del Rey. Es capaz de levantarse durante una proyección de ‘Fuga del Bronx’, ponerse la kipá y dedicarse un par de minutos a sus cosas mientras que en la pantalla Marco Gregorio pone poses gays.
– Sindicalista a la vieja usanza. De los de ir a canearse con quien haga falta porque, en sus palabras, “acabábamos de salir de tomarnos unos cafés, vimos jaleo y, ya puestos, pues nos liamos”.
 – El mayor experto en este país en cine bélico de la Europa del Este. Porque siempre hay gente especializada en ámbitos del conocimiento que tú no creías que existieran. Como mi antiguo becario Enrique Pita, que hizo su tesis fin de carrera sobre ‘Las sectas religiosas en el Irán medieval’. OLE SUS HUEVOS.

– Comunista convencido. Para él, unas vacaciones ideales son irse a Polonia a ver edificios satánicos. Da igual lo que peligre su integridad física. Porque por allí hay muchos fachas. No en plan los de aquí de Intereconomía, sino esos que dan miedito. Como cuando mi buen amigo se metió en un bar con una camisa del ejército israelí y escuchó poco a poco a media parroquia decir: “¡Judío! ¡Judío!”. Pero lo suyo es la Europa de la lucha obrera, compañeros. Unos gilipollas no le van a detener. Entre otras cosas porque sospecho que ente onvre, que ha sido capaz de encararse con miembros del servicio de seguridad El Al en un aeropuerto, no le tiene miedo a nada. Ni a skinheads ni al decoro de saber vivir en democracia. Porque es de estas personas tan metidas en su idiosincrasia, que se pone antes de las manifestaciones su propia música de calentamiento para ir entrando en situación. Una selección que llama ‘Música que Impulsa y Anima’. Como Rocky, pero con coros militantes. Ahí que pasa cerca un compañero de trabajo y le dice de cachondeo:
– ¿Qué, tú, escuchando los coros del ejército ruso?
A lo cual contesta, con toda su candidez, ganas de compartir su sabiduría y falta de reconocimiento del sarcasmo:

– No, hombre: Son marchas del Partido Obrero Unificado de Polonia.
Momento en el que se dio cuenta, tarde, muy tarde, de que tampoco había que dar tanta información. Porque el verdadero freak, el sórdido al que adoramos aquí, es del tipo que no se cosca de cuándo le están haciendo un chiste o hablando del tiempo. Es esa persona que siempre está dispuesta a propagar su frikismo. Aunque dé miedo o genere un momento de extraña vicisitud.
Música de los camaradas israelíes de los 30 y 40. En serio.
Mucha vicisitud. Y luego, ganas de montar un soviet:


 

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