Sórdido y fresco

Guías turísticas para sórdidos satánicos (1): Una escapada romántica por París

¡Nueva sección!
Tenía que ocurrir: de tanto rozarnos con la arquitecturasatánica, hemos terminado adorándola. Las casi mil personas suscritas al grupode Facebook de ‘Satán es mi señor’ hemos empezado a intercambiar fotos de
aquellos barrios y edificios que lograban alienarnos, deshumanizarnos,
robarnos, violarnos y matarnos y, por encima de todo, hacernos decir…
¿QUIÉN COJONES HA PUESTO UN BUZÓN AHÍ?
Excelsa foto de Supersantiego.
Al final, la fascinación que nos producía ver el reinado de
Satán nuestro señor en la tierra hacía que, desoyendo las más elementales
normas de supervivencia, todos preguntásemos: “¿Dónde está ese adifisio?”, con
la fea y reprobable intención de practicar turismo satánico y, de esa manera,
arruinar un poco más nuestras vidas.
Revisando mi disco duro me encuentro cientos de fotos de
varias peregrinaciones a esos lugares en los que ciertos arquitectos lograron
que nuestra vida fuese un infierno y pienso “Este inmenso patrimonio satánico
no puede quedarse en mi ordenador. ¡EsP-P-P-Paña lo necesita!”. Por ese motivo
he decidido iniciar esta sección – en la que habrá colaboradores externos,
mucho más sabios que yo, con colecciones fotográficas bellísimas – que pretende
dar a conocer y ayudar a preservar el patrimonio de la arquitectura satánica de
la mejor forma posible: orinando en él, dibujando pentáculos con velas negras
en las estritsindeskai, haciendo botellón, grafiteando el hormigón chorrentoso y prestando papel de plata a todos aquellos necesitados de tan preciado bien en
tan adecuado entorno.
Esta sección – que tendrá su pestaña específica el día que
hagamos del todo la migración al dominio .es – comienza con una de mis joyas de
la corona.
La ciudad de la luz (de la luz que dan los incendios en las
banlieues, claro)
Para iniciar esta serie no tenía otra opción que elegir la
que es, de rue, mi ciudad favorita. Si tuviese tiempo y dinero, no me costaría
encontrar la excusa para estar viajando a París todos los días impares. Y, la
verdad, unas cuantas excusas sí que he encontrado, pero nunca me atreví a
contactos con el satanismo que fuesen más allá del centro Pompidou o una visita
a la Défense (sólo para darme cuenta de que las torres Aillaud, que desde allí
se veían, era mucho más demenciales: pena que, entonces, no tuviese armado el discurso
sobre Satán).
Sin embargo, varios posts de arquitectura después, volví a
París para estar unos seis días. Y entonces fue cuando pude decir: “Vale, ya
hemos visto todo lo bello, esta mañanita vamos a dedicar un par de horitas a
lo chungo”. El resultado, con las adecuadas instrucciones para
hacerlo, es lo que les voy a exponer, con varias opciones de ruta para esta
escapada romántica a hacer en pareja.
Mapa de la ruta
¡No se asusten! ¡La mitad de la ruta es un trayecto en
tranvía! (Nunca esperen de un vago y un maleante como yo que les obligue a
épicas caminatas).
Gracias a tener las rutas en este formato de Wikiloc, pueden
descargarla  y usarla, a través de Google Maps en su teléfono móvil. Tanto serviría el acceder
a la página de la ruta como usar apps específicas para smartphones. Para iPhone, podrían abrirla con la propia
aplicación de Wikiloc. En Android aún no hay la aplicación oficial, pero sí varias opciones. Acaban de sacar la aplicación oficial para Android.
Como pueden ver, la ruta plantea varias posibilidades: hacer
los tres tramos que se describen a continuación, o sólo el tramo Port d’Ivry a Mairie d’Ivry o, directamente, pasar al destino final (Mairie
d’Ivry), que es la guinda del pastel. Personalmente, recomiendo el recorrido
íntegro, porque hay que saber esperar los clímax, porque la fiesta nunca para y
porque París bien vale un aquelarre.
Tramo 1: Cité Universitaire
Nuestro trayecto podría comentar en la parada de RER Cité
Universitaire, pero creemos que, satánicamente hablando, se estaría cometiendo
un error: en esa parada se sale a un agradable y frondoso parque, de nula
estética yonkarra que termina desembocando en unos solemnes edificios
decimonónicos que dan la bienvenida al campus. ¡MAL! Lo inteligente es bajarse
en la siguiente parada del RER: Gentilly. ¿Por qué? Porque, de esa manera,
habrá pasado al lado “satánicamente correcto” del Boulevard Péripherique (la
M-30 gabacha, para entendernos). Allí le recibirán, mientras avanza hacia la carretera de circunvalación, viviendas joviales de este
tipo.
Camine paralelo al Boulevard Périphérique en el sentido de las agujas del reloj y podrá darse el gusto de cruzarla
por un puente mientras se encamina al primer Satán merecedor de aplauso de
nuestro trayecto: la Fondation Avicenne.
Si, desde el puente, le apetece tirarse al Péripherique – no
le culpo – tire el dado y pase a la página 63 (o no pase, porque ya sabe el final: aquí
conocemos todos las leyes de la física, salvo Steve Jobs, pero ya no está para
decirme que gracias a su dietas los coches no le atropellarán) en caso
contrario, siga leyendo y disfrutando, más de cerca, de los sutiles matices de
enta ovra (en la que, por cierto, lanavajaenelojo residió un verano
estudiantil).
Paseando un poco por el campus podemos encontrar edificios
de solvente diseño satánico, pero, para qué negarlo, lastrados un poco por la
notoria falta de sordidez y originalidad: todas las ciudades universitarias son
un excelente parque temático del hormigón en todos los países del mundo.
Maison Heinrich Heine
Casa de Irán
Casa de la India
Sin embargo… ¿Por qué animarnos con la Cité Universitaire Parisina?
Muy sencillo, por pura mitomanía satánica. Hablamos, claro está, de… ÉL.
A los pilotis poligoneros aún les queda MUCHO que aprender del maestro.
Eso era el pabellón suizo de Le Corbusier. Cierto: no
estamos ante la grandeza mefistofélica de su Unité de Marsella o sus ganas de
joder de la Église de Sant Pierre en Firminy. Sin embargo, la siguiente ovra del Corbu de este agradble parque temático,
sí que tiene más chiste: la casa de Brasil.
  Que no le digan que el estilo moderno no representaba la
idiosincrasia de los lugares: ¡Qué habrá más brasileiro que usar los colores de
la bandera carioca pintando cachos de hormigón de verde y amarillo!
¿Inglés. parisino, brasileiro? Non, galego (I wish)
 Otros detalles constructivos, como la “honesta” forma en la
que se revela la estructura de la escalera están, tristemente, malgastados en
el espacio de un campus: ¡esos recovecos serían ideales para el adecuado uso
del papel de plata!
Más chutes, no
La casa de Brasil está cerca de los límites exteriores del
campus, y recomiendo salir fuera un momento para poder disfrutar su mejor cara:
aquella en la que más se parece a la Unité y en la que las pintadas logran quitarle
un poco de pijerío al satanismo universitario.
Lo de enfrente es una iglesia también utilizable como búnker anti-zombis.
Tramo 2: Tramway T3, Porte d’Ivry, Av. Maurice Thorez
Subiendo por esa calle a la que han salido, llegarán al
Boulevard Kellerman. Justo enfrente del estadio Charléty podrán – y deberán
–  coger el Tramway T3 en la parada Stade
Charléty. Montarse en el tranvía es todo un mundo de ventajas: la primera, no
pagar (un detalle de etiqueta satánica que nunca queda mal) y, la segunda,
disfrutar de este IMPRESIONANTE paisaje conforme nos vamos acercando al final
de la línea:
¿Zurullos de coña? No trabajo ese artículo…
Mesdames et monsieurs, lo que contemplan es el proyecto ‘Italie 13’. ¿Se acuerdan del Plan Voisin de Le Corbusier, cuyo propósito era destruir el barrio del Marais para hacer un poligonazo? Bien, puede que, allí, no lo consiguiera. Pero, en el 13eme Arrondisment, un fan fatal del Corbu llamado Raymond López convenció a las autoridades pertinentes de la “insalubridad y pésima construcción del barrio”. La demolición construcción de estas satánicas torres fueron la mejor forma que Raymond tuvo de vengar a su maestro. Eso sí, no logró toda la destrucción brutalista que se propuso ya que, en 1974, Giscard d’Estaing paralizó el proyecto. Dommage…
 El trayecto hacia Porte D’Ivry era, de todo punto, tan
sublime, que dos señoras mejicanas que teníamos sentadas en el asiento de
enfrente ¡se santiguaron! mientras decían “Dios mío, qué cosa tan espantosa”.
 Cuando bajé y pude ver adecuadamente el paisaje me convencí
de que la Santísima Trinidad tuvo que emplearse bien a fondo para poder hacer
frente a esa excelsa ovra de Satán nuestro señor en la tierra. La pregunta
entonces, era “Si esto se llama Porte d’Ivry, y está en el lado ‘bueno’ del
Péripherique… ¿Dónde carallo pienso meterme en este peregrinaje a la Mairie
d’Ivry?”. Y, a pesar de todo, inicié el camino.
Scream for meeeee Paaaaris!!!
Conforme se cruza el puente – esta vez sí, lo hacemos para
ir al lado “satánicamente correcto” de París – llaman la atención las creativas
y coloristas soluciones para mitigar el ruido de la circunvalación más
transitada de Europa.
La caca de colores.
Y, una vez se llega al inicio de la Mairie,  por la Av. Maurice Thorez, nada más girar a la
derecha en la Rue Barbés, uno se encuentra con una desquiciante plaza que nos
explicará la singularidad de este lugar:
Ir al Moulin de la Galette es taaaaaan mainstream…
En efecto, la Mairie D’Ivry es un distrito con un punto
pueblerino, de casitas bajas que oscilan entre cierto encanto gabacho o un
cutrerío desaforado. A priori, algo muy poco satánico. Sin embargo, dos
adoradores de Satán, Jean Renaudie y Renée Gailhoustet decidieron que iban a
renovar la villa de Ivry-sur-Seine según los preceptos del brutalismo. Pero no
de cualquier brutalismo, sino de su versión más puesta de ácido.
To ciclaooooooooo…
Ese adifisio era sólo un anticipo de la auténtica cumbre del
corazón de Ivry: el centro comercial Jeanne-Hachette. Para llegar hasta allí se
puede ir bajando por la Avenue Maurice Thorez mientras se aprecian solventes commie-blocks. Sin embargo, dicha avenida se reserva un coup de
théâtre: de repente, despliega encantos de la arquitectura tradicional, propias
del centro de la villa, en su burguesa Mairie y en su mona iglesia, bien poco
satánicas.
¡Basta de reminiscencias!
Pero todo es para cogerte con la guardia baja, porque, si te giras 180 grados, JUSTO ENFRENTE…
¡Nuestro señor hace acto de presencia!
C’est pas une rêve/This is not a dream
Tramo 3: Mairie d’Ivry
Si disponen de poco tiempo, o son muy impacientes, pueden
ahorrarse todo lo anterior y limitarse a tomar la línea 7 del metro hasta la
última parada: Mairie d’Ivry. Salir de la boca del metro es lo que se define
como “llegar y besar el Satán”.
Sólo Ramón de Pitis podría mejorar más la salida de un metro.
Por supuesto, el hecho de que sea un centro comercial
rodeado de viviendas les permitirá – si tienen valor – el aventurarse por
escaleras y recovecos que Jean Renaudie diseñó en afilados ángulos agudos: la
idea era que, con su creativa planta, los residentes evitarían ser vistos por
sus vecinos. Misión cumplida: el problema era todo lo demás.
 Rampas adoquinadas por las que era casi imposible subir sin
resbalar, escaleras que eran el resultado de seccionar en 45º grados una
escalera “normal”, con lo que había que poner el pie con mucho cuidado para no
hostiarse y… como consecuencia del diseño en ángulos agudos, una pura oda al
recoveco yonkarra/botellónico bien importante.
Doom modo extra-hard
Pero, claro, con una planta que quedaba tan molona en el
plano… ¿Cómo no le iban a dar el premio nacional de arquitectura? ¡Yo lo
hubiera hecho!
¡Y sin usar Photoshop!
 Esto es lo que se llama “replantear la kasbah pero con
sobredosis de hormigón”. Con cuidadas fotos y declaraciones selectas los
arquitectos responsables de esta oda a Satán podrían justificar que su ovra era
del agrado de la comunidad que en ella residía. Pena que
internez, por aquello de dar la palabra a la gente, permitiese que sus
residentes dijesen, en una página “Ce que je aime et ce que je ne aime pas de la Mairie d’Ivry“. El resultado fue demoledor: la arquitectura tenía la
pole position, mientras lo más estimado por sus residentes era… la línea 7 del
metro que, sin transbordos, podía dejarles en 10 minutos en pleno centro de
París.
 Comprendo que alguno desée huir a ese centro de París ya, pero ya que
se han pegado la paliza, no pueden menos que deambular por la zona y, entre los
restos del botellón, extasiarse ante la Place Voltaire: la zona de viviendas en
la que sus modestos residentes pueden dejar que sus mini huertos miserables se
pudran con alegría mientras se encaminan a su lógico destino: ser ceniceros,
papeleras, o cagaderos para los gatos que han colonizado este entorno.
No, en las viviendas tampoco he hecho Photoshop.
 Si siguen la ruta y llegan a la Avenue Daniel Casanova,
podrán ver una opción de viviendas… ¡con la fachada plana! Es una claudicación
imperdonable por parte del arquitecto, y crea un efecto de “Satán
travelo” que no nos agrada: ¡satanismo hasta el final!
Jean, eres un cagao.
 Desde la propia avenida pueden, también, contemplar la
antigua y decimonónica alcaldía – ‘Mairie’ – de Ivry Sur Seine. ¡Ha terminado
convertida en un “borrón en el paisaje” totalmente fuera de lugar en
esta apoteosis del brutalismo puesto de hongos y de commie blocks recios y
viriles!
Muy mal.
Dando una vuelta más, terminarán llegando al metro de Mairie
d’Ivry, donde termina esta nuestra primera jran aventura satánica juntos.
Pueden subir a esa rue-dans-le-ciel (yo me perdí).
Algún lector, con memoria, me preguntará “¿Y por qué ha
dicho usted que esto era una escapada ROMÁNTICA por París?”. Por un motivo
muy sencillo: sometan a su pareja en esta tortura, métala en el metro y, en
menos de diez minutos – es decir, mientras aún dura el shock – salga en Censier
Daubenton para encontrarse con el entorno de la Rue Mouffetard. El contraste
generará un “¡Que boniiiiiitooooo!” que, posiblemente, sea el momento
turístico más romántico, bello y pasteloso de sus vidas.
Esto ha sido el primer capítulo de una saga que, sin duda
alguna, cambiará sus vidas para MUCHO peor. Pero… ¿A quién no le apetece un
desahogo satánico de vez en cuando? Por hacer un símil musical, lo que a todos
nos gustaría oír toda nuestra vida serían cosas como el ‘Sentimental Journey
de Ringo Starr, pero… ¿Por qué no disfrutar de chorretones de sangre contra las
paredes de Auschwitz de vez en cuando?
Sé que esa última frase ha sonado muy mal, pero no pienso
cambiarla. Quien no se haya escuchado trescientas veces el ‘Angel of Death’ de
Slayer ni come virutas ni caga metaaaaaaal.
Ni adora a Satán, claro.

Vota esta publicación

¡Haz click en una estrella para puntuarla!

Puntuación media / 5. Recuento de votos:

Como has encontrado útil esta publicación ...

¡Síguenos en las redes sociales!

Lamentamos que esta publicación no haya sido útil para usted!

¡Mejoremos este post!

Vicisitud y Sordidez

https://vicisitudysordidez.com

Utilizamos cookies para brindarle la mejor experiencia posible en nuestro sitio web. Al continuar usando este sitio, usted acepta nuestro uso de cookies.
Aceptar