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Los discos más sórdidos de ex Beatles

A todos nos gustan los Beatles. Son como ABBA, pero en heterosexual. En mayor o menor medida, es difícil encontrar a alguien que, como mínimo, no les tenga cierto respeto y le guste una o dos canciones. Yo pertenezco al masivo grupo de personas a los que básicamente se contentaban con escuchar los grijits del álbum rojo y (sobre todo) el azul y tampoco molestarse mucho más. Pero recientemente me dio un vahído y empecé a investigar más. Tras unos meses de audiciones y lecturas, llegué a la conclusión de que seguía siendo un tío de canciones muy concretas y no un fan fatal. Y de lo siguiente:

– Que Lennon tenía su talento, pero era también al mismo tiempo el proto-perroflauta y cultureta full time del grupo, siguiendo el modelo de Rimbaud de artit-ta torturado de oscuro pasado, pero sin la obligatoria tendencia al suicidio. Aunque teniendo en cuenta que se casó con Yoko Ono, estoy dispuesto a revisar esta última afirmación.

– Que Ringo era el sórdido que estaba por allí un poco de casualidad. Como todos los baterías, vamos.

– Que Harrison era el pesado místico. Pero que al menos gracias a él tenemos ‘La vida de Brian’ y la mejor canción de Ringo (It Don’t Come Easy). Él quería un mundo más espiritual, pero realmente logró hacer uno mucho mejor para la sordidez.

– Y que McCartney era… Bueno… McCartney era el bueno de verdad.

Y sí: esta frase la digo por joder y para que se arme una pelea similar a las de los fans de Genesis con o sin Gabriel en los foros de progresivo o cualquier discusión sobre cualquier tema en los foros de la IMDB.

Pero todos sabemos que hasta los más grandes tienen momentos de debilidad. Scorsese hizo ‘Kundun’. Camilo José Cela dijo que escribió ‘La cruz de San Andrés’. Y Chuck Norris protagonizó ‘Juntos para vencer’. Así que hasta estos pioneros de la música tienen su lado sórdido. Bueno, aparte de Ringo, que los tiene todos así. Pero, curiosamente, es quien está en el último puesto de esta lista de algo de sordidez y mucha vicisitud:

4.- Ringo Starr: Sentimental JourneyUn LP que debería haber estado en la “Lista de Discos con Valores”. En su lugar, escogimos uno equivalente de Robbie Williams por un único motivo: por joder. Por abrir el artículo con un tipo que absolutamente nadie espera en un blog llamado ‘Vicisitud y sordidez’. Porque, seamos sinceros: Ringo siempre ha sido el Beatle de Féber. Gracias a su carisma nunca podremos decir que era el Beatle de Falomir, pero está claro que siempre ha sido el chiste del grupo. Hasta en ‘El Enano Rojo’ se metían con él.

Lo cual es erróneo, claro. Ringo es un genio. Del cachondeo y del güisqui. Pero un genio. Porque pocas personas te hacen sonreír con su mera presencia. Feck: con su mera voz. Nunca podrá escribir ‘Eleanor Rigby’, pero tampoco lo necesita: su misión en este mundo es recordarnos que se puede ser feo y molar. Ringo es el colega lamentable que no sólo te quita la novia, sino que además sigue siendo tu mejor amigo porque, coño, es EL RINGO. Feck, yo siempre llamo a los demás ‘Lennon’, ‘Harrison’ y ‘McCartney’. Pero Ringo es Ringo. Y tampoco sería nunca Starkey. Sería EL PUTO RINGO.

Pero esto iba de su carrera discográfica. Ringo se graduó de los Beatles con un solo par de canciones acreditadas a él en solitario, la más famosa de las cuales, ‘Octopus’s Garden’ resultó ser básicamente es un clon de combate de ‘Yellow Submarine’. Pero que, miren ustedes por dónde, me gusta más.

Como cuando compuso aquella tonada sólo se sabía tres acordes de piano y otros tantos de guitarra, tenía que hacer algo rápido mientras aprendía esto de componer. El grupo se disolvía como ñordo en retrete inglés y había que mantenerse en el candelero. Su solución sólo puede venir de alguien con una íntima relación con Justerini & Brooks:

Hacer un disco con las canciones que le gustaban a sus padres y parientes cercanos cuando eran jóvenes.
Así que nuestro héroe se metió a crooner sinátrico y editó un LP de temas de los años 30, 40 y 50. Sólo que con arreglos de amiguetes famosos. El resultado es una sordidez espectacular, sobre todo cuando Ringo intenta hacer una canción sentida desde lo más profundo de su corazón. Lo cual es imposible: todo lo que canta ente onvre suena a cachondeo. Y a jrandeza.

Los arreglos son espectáculos del atchonburike. Especialmente los de la canción más cachonda del disco, ‘Have I told You Lately That I Love You’, que son los más modernetes. El responsable fue, curiosamente, Elmer Bernstein, que convierte la versión en exactamente la banda sonora de una película de La Pantera Rosa. Algo que, obviamente, es mucho mejor que el soft rock aburrido lo que hizo Rod Stewart un tiempo después. Pero que da mucha más vicisitud.


Ringo: un tipo especialista en la vicisitud pero que es icono de este blog. Aunque sólo fuera porque uno de sus escasos éxitos se llamaba ‘Back Off, Boogaloo’. ¿Para cuando su retorno al cine junto a Paul Rodgers en una superproducción titulada ‘Back off Boogaloo 2: Electric Boogaloo, The Dark of the Moon’. No sé a qué espera Michael Bay.

3.- Paul McCartney: McCartney II
La llegada de los 80 dejó a los grandes de las décadas anteriores con el pie tan torcido como una mirada inquisitiva de Fernando Trueba. Había que adaptarse a los tiempos. Y eso era más o menos seguir la estela tecnológica de The Buggles. El resultado fue que la mayor parte de los clásicos de los 70 sacaron discos que invitaban a ser escuchados relajadamente para evitar las ganas de ir en busca de un cuchillo o unas cerillas para inmolarte en la entrada de la tienda de discos. Así tuvimos clásicos de la vicisitud ‘no sé qué hacer’ como el ‘Under Wraps’ de Jethro Tull, ‘Hot Space’ de Queen, ‘Dirty Work’ de los Rolling Stones o ‘Nido de águilas’ de Perales. Aunque este último era secretamente bueno. ¡Y los otros también, hombre ya!

Había que moen-nizarse, y McCartney, que siempre fue el más innovador de Los Beatles a pesar de lo que puedan indicar los discos en los primeros puestos de esta lista, se metió de cabeza y sin casco en el mundo del synth-pop con la temeridad de quien entra en el vaticano meneando el badajo y cantando La Internacional.

El single que abría el disco, ‘Turn it on’ era un tanto molesto, pero extrañamente pegadizo. Pero el armageddon llega con la segunda canción. Allá vamos:

Esto también fue single.

Y el disco alcanzó el número uno a pesar de ello. Los ochenta habían llegado y la cocaína se popularizó. Única explicación posible. Pero bueno: desde un punto de vista benevolente en el que no te entran ganas de quemarte los tímpanos con un soplete a la vigésima repetición de ‘Temporary Secretary’, los discos de McCartney siempre tienen una mayoría de temas agradables y currados.

Falso. Y aquí está la prueba:

Pero al menos, los jugueteos electrónicos de Paul daban a luz canciones. Lamentables, pero con un mínimo de melodía y un tanto de coña. Quizá porque aprendió del horror perpetrado por:

2.- George Harrison: Electronic Sound
Cuando hizo su morrocotudo documental sobre Harrison, Scorsese se centró en mil quinientas entrevistas al gurú de obviedades pseudo filosóficas Ravi Shankar y no habló nada de dos cosas importantes, a pesar de la agotadora duración del proyecto. Una fue el inmenso ‘Cloud 9’, disco de reton-no de Harrison junto a Jeff Lyne cuyo single ‘I’ve Got My Mind Set On You’ marcó mi infancia. Una falta imperdonable. Pero no tanto como desaprovechar la oportunidad de hablar de sus verdaderos dos primeros discos en solitario.

Uno es el coñazo de ‘Wonderwall Music’, banda sonora de una película, según dicen, cultureta-hippy (descrita por ahí como ‘Repulsión-light’) que hoy en día todo el mundo ha olvidado excepto los fans fatales de los Beatles y de Oasis, que homenajearon a ese flim con su canción más famosa. El disco es mucho coñazo de sitar, más o menos audible según la tolerancia personal de cada uno hacia el instrumento. Lo digo por si alguien se ha aburrido de sacarse pelillos de la nariz y quiere probar experiencias más fuertes. Porque a mí el sitar siempre me ha traído a la mente imágenes de vibraciones de ojetes. No sé por qué. Y mi psicólogo tampoco.

Pero lo que mola de verdad vino después.

George era uno de los músicos más forrados del planeta. Así que se compró unos juguetitos. Como esto de los sintetizadores era nuevo, el Beatle fue de los primeros en meterse en el tema. Y se puso a jugar con su Moog. Más o menos como el primer día que te regalaban un aparato y empezabas a toquetear sin mirar las instrucciones. Lo malo es que George grabó el resultado y, por aquello de tener su propia discográfica, pensó que la gente querría comparlo.

El hijoputa.

Porque era esto:

Si, una vez pasados dos minutos de la primera parte, has sentido la necesidad de escuchar la segunda (básicamente, ruidos estomacales mezclados con estática, seguido de unos pitidos y mi posterior visita al servicio), sólo tengo una cosa que decirte:

Argjsdfogdjsdl sdopoasfpd osooooddd. Y lo digo, en consonancia con la obra de Harrison, desde lo más profundo del escroto.

1.- John Lennon ganando por goleada: Two Virgins, Life With Lions & Wedding Album
Como es bien sabido, siempre se puede encontrar una referencia de Los Simpson que te ayude a explicar cualquier cosa sobre la que escribas. Cualquiera. Así que:

Todos los Beatles comenzaron sus carreras en solitario con chungueces (las mencionadas de Ringo y Harrison, además de una banda sonora semi desconocida de McCartney). Pero Lennon ganó. De calle. Feck, más que de calle, de Vía Apia. Mira que ‘Electronic Sound’ era chungo. Pero lo que hizo el de las gafas redondas con la china (porque ya dijo José Viruete que todos los orientales son chinos, hasta el emperador de Japón) alcanza niveles de chunguez tan altos que da un giro de 360º y sigue siendo una chungez. Porque eso es lo que pasa cuando das una vuelta completa. Que estamos tontos.

Querría haber escogido un solo disco de estos tres. Que algunos llamarían ‘experimentales’, pero sólo comparándolos con los experimentos del III Reich. Por supuesto, tuve que pillarlos todos. Porque era como elegir quién es más imbécil en un congreso de presentadores de Intereconomía. Así que:

– Agarrándose el refajo 1: Two Virgins.

Un disco que yo creía normal básicamente porque lo he visto a menudo en tiendas. Y es que, obviamente, es una de esas portadas que nunca se olvidan junto con la ya aparecida en este blog de Tom Paxton (miren al final de este artículo).

Ahora es posible que blogger nos banee el blog. No por poner desnudos, sino por joderles las ganas de follar a un 98% de los lectores. El 2% restante son aquellos que ya me han visto desnudo y ya hace tiempo que, a raíz de ello, perdieron el interés erótico por el cuerpo humano. Y las ganas de vivir.

Se trata de la primera ovra de la serie de tres discos ‘Unfinished Music’. Y al menos una de las dos palabras del título es correcta. El LP empieza con estos dos señores hablando. Luego alguien se pone a silbar, con momentos de gran belleza sónica que, os juro, me recuerdan al ‘Oza oza’ del Instituto Mendoza. A veces, alguien juega con una guitarra como Harrison con su moog. De repente, parece ser que a la china le han mordido el labio interno vaginal un grupo de zombis de ‘Demons’. Es en este momento en el que la risa floja llega con muchas ganas de quedarse como única opción alternativa a invocar a Yog-Soggoth.

Un piano de juguete maníaco homicida entra para recordarnos que aquí debería de haber música. Lo cual excita de sobremanera a la china, que mete sáctamente el mismo gritillo que resulta de introducir el clítoris en la bandeja de un dvd y darle a open/close rítmicamente.

Estamos por el minuto 9 y ya más o menos os hacéis una idea de lo que va esto. Podría escuchar el resto del disco y seguir comentándolo. Pero sería joder el chiste. Porque en la cara B esperan a los aventureros delicias como sonidos similares a un pato siendo violado analmente con un dildo Jeff Stryker y trompetas interrumpiendo a la china mientras intenta hablar.

Trompetas humanitarias: ese gran invento.

– Agarrándose el refajo y apretándose el cinturón 2: Life with the Lions

Esta oda sónica a la vicisitud es un paso más allá del anterior disco. Mientras que ‘Two Virgins’ parece lo que hacíamos mis primos y yo con el casete grabador del Spectrum en las tardes de verano en las que no jugábamos al strip poker ni íbamos a robar pósters al Continente, aquí hay más… Aquí hay… ¡sentido! Hay… ¡metáfora! Al menos en la cara B.

La cara A sigue como lo habíamos dejado: Con la china gritando, pero esta vez en un concierto en lugar del retrete de su casa. El grito, similar al producido por un gato al que se le ha metido un arco por el orto para tocar con él un violín, marca el tono de toda la pieza: la eterna lucha entre seguir escuchando o tener ganas de invadir algún país de oriente próximo como alternativa menos dolorosa. Así se tira más o menos 25 minutos, con la voz acompañada por una guitarra distorsionada que parece querer estar en cualquier otra parte. Quizá en un concierto de Metallica. Quizá teniendo una cita con el ‘Metal Machine Music’ de Lou Reed. Quizá en el Arkhan Asylum.


Pero la cara B es la divertida, porque es la que representa el arte moen-no en su mejor momento: cuando se obceca en no reconocer que es una chorrada y pretende darse un significado serio y trascendente.


Resulta que se grabó en un profundo estado de artisticidad mientras que estaban en el hospital tras un aborto de Yoko. Comienzan leyendo, como si fuera un cura cantando misa, todos los titulares sobre la noticia. Esto, gentes con suficiente pocas ganas de vivir que ha llegado a esta altura del post, tiene toda la gracia. Una pena que luego se pongan serios: Se escucha lo que me parece que es el sonido de un corazón de alguien que ha tomado siete Red Bulls y ha visto a Christina Hendricks desnuda. Según la Wikipedia, esto representa la infancia de John. Según yo, esto representa que lo mejor que puedes hacer si eres coleccionista de los Beatles es comprarte singles de los Wings.

Luego llegan dos minutos de silencio en plan John Cage por la muerte del bebé y, atención, “por toda la violencia y las muertes”, en palabras de la mismísima Yoko poseída por el espíritu de una participante en Miss Alabama Iletrada’66. Y sí: alguien lo ha subido a Youtube. Sus dos minutos enteros de silencio. Al menos, no fueron denunciados por los capullos de los herederos de Cage por royalties. Y digo ‘capullos’, porque sí que lo hicieron con el sórdido Mike Batt cuando éste metió en un disco una pista llamada ‘Un minuto de silencio’. En el momento en el que supo de la denuncia, Batt sólo pudo decir: ‘Mi pieza es mucho mejor que la de Cage: He sido capaz de decir en sólo un minuto lo que Cage sólo pudo decir en cuatro minutos y treinta y tres segundos”. Un sabio.

Y como ya no tenían nada más artí-tico que decir, se dejaron la grabadora encendida un buen rato, con lo que se supone que es el ruido de una radio encendida, pero que a mí me parece una conversación de móvil con sólo una rallita, y Lennon hablando de cosas que, la verdad, ni entiendo ni voy a molestarme en entender. Porque para entrevistas y ¡menos! música todavía tenemos…:

– Agarrándose el refajo, apretándose el cinturón y gritando ‘¡MI DINERO!’ 3: Wedding Album:
Hasta ahora, lo más divertido de estos discos no ha sido escucharlos. Bueno, eso también. Pero el mayor placer ha residido en leer ciertos comentarios orgásmicos en Youtube, con clásicos del atchonburike como “Hermoso… la historia de su amor” (sobre ‘Two Virgins’) o «Esto es asombroso. La simpleza vocal conecta realmente bien con mi cabeza. Desconozco la ciencia tras música meditativa de garganta y esas cosas, pero esto tiene el mismo efecto en mí. Me encanta esto. Me encata John. Me encanta Yoko” (sobre ‘Cambridge 1969’):

Para este tercer disco, el número de comentarios distintos a ‘Su puta madre’ o ‘Yoko destruyó a los Beatles’ (esa frase tan fanboy como ‘George Lucas violó mi infancia’ e igualmente chorra) baja ligeramente, aunque todavía tenemos momentos como: «Esto es hermoso e inspirador. Es como una intensa conversación que incluye cada emoción humana. Podría estar horas escuchando esto. Ojalá más gente apreciara este tipo de arte. (…) Me encanta esto

Esto es John y Yoko diciendo cada uno el nombre del otro durante toda la cara A del disco.


La segunda parte vuelve a comenzar con Yoko gritando ‘Paz’, pero que a mí me suena a un grito desesperado por ir al baño. Todo ello de manera menos salvaje que el anterior disco. Al fin y al cabo, se había casado ya y estaba más desfogada. Meándose, pero desfogada. De tal manera que deja de hacer el chorra a eso del minuto 5 y pasamos a una entrevista. Lo cual convierte al disco en un antecedente de los casetes con declaraciones de cantantes pop que solían aparecer a menudo en el Discoplay. ¡Tanta tontería avant garde para luego ser un pionero en algo que realmente importa!

El contenido de la conversación es tan interesante como escuchar hablar a Ravi Shankar, así que os dejo a vosotros para que vayáis al tubo a escucharlo.

Por lo tanto, ya sabéis lo duro que era ser un fan de Los Beatles en los tiempos antes de internet. Allá ibas tú a la tienda de discos, soltabas mil pesetas y te jalabas algunas de estas maravillas cuando lo que estabas esperando era que sonara algo más parecido a ‘While my guitar gently weeps’. Pero Harrison sabía que, al final eras tú el que iba a llorar.

O, si eres del estilo de lector Vicisitud y Sordidez, descojonarse. Que así es como hay que tomarse estas cosas.

Y una última cosa: Yo he participado en un video de felicitación navideña a Yoko Ono por parte de un compañero de trabajo que es amigo suyo. No es que tenga nada que ver con todo esto, pero siento que la vida es extraña.

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