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¿Qué puñetas pasa aquí?

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Muy sencillo. Nueva tanda de exceso laboral para los dos humildes autores de ente bloj. Vicisitud ya consiguió terminar el post de Ayn Rand, que más que un parto fue un big bang. Y ahora, anda montando cosas en las que salen fermosas pelirrojas cuando eran jóvenes.
Yo utilizo mi escaso tiempo libre para el onanismo y, secundariamente, terminar Videofobia 7, que ha quedado muy bien. Por no hablar de las preparaciones de Cine Basura y los diversos compromisos laborales. Recientemente, volví a viajar por trabajo. Esta vez a Berlín. Lugar en donde descubrí que usar pantalones térmicos está muy bien cuando andas por la calle a -10 grados, pero que, en cuanto merodeas corriendo por un edificio de reunión en reunión, supone que los espermatozoides se tuesten hasta convertirse en chanquetes. Y si encima me colocaba el portátil en el regazo, podía sentir cómo si de las pelotas estuvieran a punto de salir pollitos. Todo ello explica parte del estrés que me llevó a, en una reunión con unos coreanos distribuidores de cierta película de culto que busco para Canal+ Xtra, tener esta conversación:
Fox, el profesional: Entonces me mandas un link para que vea la película
Chino Cudeiro: Ok. ¿Me das tu tarjeta?
Fox, el profesional acelerado: No he traído.
Chino Cudeiro divirtiéndose: Bueno, pues apunto tu móvil.
Fox, el de los cojones hirviendo y sobaco sudado: A ver… +34 65… 65… a ver.. ¿7? No. Ese es de Snowy…
Coreana jefa, asombrada: Bueno, da igual. Lo miramos en el catálogo.
Fox, perdiendo los papeles: Es que no tengo memoria para los números. Ni siquiera me acuerdo cuál es el título de la peli esa coreana, Sector 8.
Chino Cudeiro, divirtiéndose: Sector 7
Coreana, descojonada: Esa sería la secuela, ¿no?
Risas.
Fox, desquiciado: ¿Lo ves? No me acuerdo. Espera, que os doy el del trabajo.
Chino Cuderio: Apunto
Fox, simulando compostura: 91 736 8204. Ah, no. Espera. Que creo que ese es el del tío del porno.
En ese momento, el muy seriote jefe jefazo que estaba al otro lado de la sala se levanta descojonándose sin ningún pudor. A la china le da el ataque. Yo meto mi cabeza justo dentro de mi orto. Pero, joer: aseguro que esa conversación no se les olvida. Al despedirse, obviamente:
Coreana risueña: La mejor reunión del mercado.
Otra cosa no, pero de mí no se olvida.
Pero a lo que iba. Si al menos las delicias de Berlín compensaran el problema del frío y el calor, habría sido un buen viaje. Pero no. A todo el que le hablo le parece fascinar la ciudad. Al final, deduzco que por lo animado de su vida fiesteira, el que los pisos sean baratos y que te puedas comer un kebab por 2’50 (pastillas para la acidez de estómago no incluídas). Pero a mí me parece más bien un sitio gris y satánico. No en vano, hace unos años, nuestra lectora y buena persona en general Lucía me comentó, justo al quedar en esta plaza:

-¿Ahora entiendes por qué la primera causa de mortalidad en Berlín Oriental era el alcoholismo?
Pero ni siquiera pude alienarme viendo edificios satánicos (en un arranque de incoherencia, quedé con el lector Antonio Saiz un miércoles por la mañana en el único barrio más o menos acogedor de la ciudad). No tuve nada de tiempo para escribir posts, que a esta altura de la vida del blog siempre suponen una responsabilidad. No es plan de ponerse, como estoy haciendo ahora, a redactar un diario vital chorra. ¡El público reclama más! Reclama un video mío haciendo el supermeneo. Pero eso no lo tendrán. Por ahora.
Así que ando comenzando un par de artículos, pero requieren cierta investigación adicional. Y para eso hace falta tiempo. Algo que he malgastado también viendo todas las películas de los Oscars para participar en la gala que retrasmitió Canal+. Total: pa’ na. PA NA. Porque al final llegó el día y nadie me sabía decir ni de qué iba a encargarme ni qué tenía que decir en mi aparición en directo. Así que, como vi que en el Twitter la gente insultaba inmisericordemente a todos los presentadores, decidí dar la hostia primero y regañar a los tuiteros. El resultado: varios personos ofendidos poniéndome una vela negra (WIN) y mis jefes preguntándose que para qué puñetas me habían llamado al programa.

Obviamente, por mi habilidad para colocarme en las fotos promocionales en el lugar adecuado.
Al menos me quedó la sorpresa de este inmerecido homenaje que Key Saez se marcó en Facebook unos dos minutos después de mi lamentable aparición en directo:

¡En Comic Sans! ¡La elección perfecta para un tributo sórdido! ¡Ninguna otra tipografía habría sido más adecuada!
Sé que este artículo tendría que haber aparecido antes de la emisión para promocionarla un poco. Pero pensé que me daría tiempo a escribir algo mucho más interesante. Error. Prometo portarme mejor y currar más. Con la excepción, claro, de pasarme por la muestra SyFy (lis). Y comenzar el siguiente Videofobia, que, sorpresa: es de encargo. Y hacer un viaje a Sevilla…
No, si no tengo remedio.

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