Sórdido y fresco

Los diez momentos de Fraga que me formaron como persona

Caiga bien, caiga mal, en una cosa coincidimos todos: que los políticos son como los toros o como los pilotos puteros de F1. Los de antes, eran mejores.

Dentro de ese grupo de políticos políticamente incorrectos, cuyos exabruptos producían un atchonburike que degeneraba en admiración – antes de que Aznar recondujese toda esa sensación al asco más absoluto – Don Manuel era, sin duda, y con permiso de Arfonzo, el más jrande de todos.


Criado en un hogar sociatila gallego, Fraga terminaba siendo, gracias a su actitud ‘over the top’ el clásico ‘the one you love to hate’ (Jei, si dices un anglicismo en una frase eres un gilipollas, si dices dos… feck, no encuentro un término, será que Jordi Costa tiene razón cuando dice que, de rozarme con Paco, se me erosiona el caudal léxico). Por ese motivo, con su muerte aún reciente, no me considero ni con ganas ni con capacidad de considerarle un “político de pura raza padre de la constitución” o un “asesino franquista”. Para eso hay otras webs. Hoy sólo quiero reconocerle como algo que, para mí, realmente fue: una parte de la infancia que me formó como persona. Para bien y para mal.

A quién quiero engañar: para mal. Allá va la socorrida fórmula del top ten:



10. Queremos ve-la ría

Vigo es una ciudad meritoria: está en un impresionante emplazamiento natural, con uno de los pedazos de costa más estéticos de España y, además, tiene unas cuestas espectaculares que permitirían ver la ría desde cualquier sitio. El mérito vigues es, dadas estas condiciones, el lograr edificar de tal forma… ¡que no se pueda ver la ría desde ningún sitio! Únicamente en el Paseo de Alfonso XIII se podía lograr tal cosa. Es por ese motivo por el que algún iluminado decidió instalar tremendas vallas publicitarias. La más memorable fue la de las elecciones del 82 de Alianza Popular. Un artit-ta grafitero que dejó toda la obra de Banksy en nada me enseñó el valor de una pintada bien entendida – y no de gilipolleces como pintarrajear “Farlopa”… ¿no podrían gastarse el dinero en farla en vez de en sprays? Todos seríamos más felices – cuando tapó la cara de Fraga con las palabras “Queremos ve-la ría, e non esta cagarría”. La valla no sobrevivió a las elecciones.

9. El baño de Palomares

Un freak show digno de los USA que demostró que sólo el aperturista Don Manuel podía regalarnos espectáculos de moda en el extranjero, aunque fuese con un bañador tan carente de erotismo. La jugada no le salió como esperaba: al final, todo el mundo pensó que la radiación de Palomares le había vuelto inmortal. Décadas después, me hice una foto en bañador en dicha playa. No la cuelgo porque, ante mi triste figura, los merecidos comentarios de “Ya te gustaría tener el sex appeal del Mr. Iribarne” terminarían de hundir mi autoestima.

8. “ Quick or Fast queimada somethin ai don apruf ”

Uno se pasa un mes en Londres y ni siquiera ahí logra huir de Fraga. En un programa de cocina sale Don Manuel explicando múltiples y variados matices de la gastronomía gallega con un nivelón de inglés que hizo crecer en mi mente el germen del idioma mundial. El jit, sin duda, el “ Quick or Fast queimada somethin ai don apruf ” que, al final… ¡resultó ser mentira! Al parecer – narrado en petit comité por un destacado miembro del PP – las convenciones del Partido Popular siempre incluían una queimada made in feito por Manoliño. Invariablemente, era tan cute, fuerte y poco quemada, que todo Peich tiraba su contenido a las macetas cuando Fraga no miraba.

7. Los tres males de España

Viendo en el telediario la campaña electoral del 82, Fraga me espeta “España tiene tres males: la crisis económica, la pornografía y el marxismo”. Moraleja: si vas a abrir la boca, que sea ÉPICO. Y todo en menos de 140 caracteres: que gran tuitero ha perdido internez.

6. El fraude de la selectividad

Creo que ni sacarme el carnet fue tan tedioso y estresante como los dos días del examen de selectividad. Y eso que una compañera de clase – que, de haber nacido yanqui, hubiese terminado en los vigilantes de la playa – hizo los exámenes con un microtop que mareó a los profesores que nos vigilaban, poco acostumbrados a aquello. El caso es que, una vez terminados los exámenes, relajado como nunca, veo en la televisión que alguien ha denunciado que las preguntas del exámen habían sido filtradas a algunos colegios y había que repetir las pruebas en su integridad. La reacción fue fulgurante: en dos horas mi señor padre nos llevó a mí y unos amigos a que llenásemos la Praza do Obradoiro. Hasta los guardias de tráfico que tenían hijos en COU nos facilitaban el tránsito. Y, al final, la guinda del pastel: Fraga llegó al Pazo de Raxoi y todos pudimos experimentar el placer de abalanzarnos sobre un coche insultando a gusto a un político por vez primera. Personalmente, me inspiré en la mejor pintada de la autopista de Rande: “Fraga pederasta”.


5. “No me mueva la cámara, señorita”

Una de las mayores misiones imposibles que este país ha conocido es el ponerle un asesor de imagen a Fraga: con buen criterio, Don Manuel siempre ha mandado al carallo a esa gente. El día que, grabando un mensaje institucional, a la realizadora le dio por ponerse creativa, Don Manuel le largó un merecido “¡No me mueva la cámara!” que terminó constituyendo mi credo artístico: ten algo que decir que sea importante, y no intentes hacer importante una chorrada sólo por la forma en que la dices. Muchos deberían aplicarse esa frase. Y muchos más deberían ser insultados por Fraga. Manda carallo en la Habana.

4. Karina Falagán y la cafetera marca Cona

Para la mayoría de españoles, poco versados en la realidad gallega – y hacen bien – la foto de un emocionado Fraga abrazando a Fidel Castro es el no va más del atchonburike. No entienden que, pese a ir toooo ciclaooo en el caso de Don Manuel, el carácter gallego es necesariamente esquivo (por supuesto, incluyo a nuestro actual presidente). Por ese motivo, siempre he aplaudido más la amistad de Don Manuel con la responsable de la primera barra americana de España y de que en las procesiones de Cristo de la Victoria de Vigo siempre se cruce delante del paso procesional una señora con exuberantes pamelas: Karina Falagán. La dueña de los locales Lady Hamilton y Jonathan protagonizó momentos como meter una teta en el café del señor que, en la barra del local, estaba al lado de mi padre, diciendo “¿Lo quieres con leche?”. Años después, le dijo a nuestro antiguo colaborador David Panadero cuando iba a los servicios del Jonathan “¿Vas al de hombres o al de mujeres?”.

Con todo ese background, no es de extrañar que acabase siendo la representante en Galicia de las cafeteras inglesas ‘Cona’ (coño en gallego). Lo glorioso, empero, fue verla hacer product placement de la marca en sus encuentros con Fraga. Eso creó en mí un credo estético que creo mantendré hasta la sepultura.

3. La entrevista de Playboy

Ya en los 90, otro de mis héroes de la época – el igualmente over the top Xosé Manuel Beiras, el líder del BNG capaz de hablar más rápido aún que Fraga, convirtiendo así el parlamento gallego en un show no apto para cardiacos – sacó a la luz una entrevista realizada a Don Manuel en el que éste se mostraba bastante partidario del franquismo y en la que no hacía gala de un credo precisamente democrático. Escandalizado, Beiras se dedicó a difundir la entrevista por los escaños del pazo de Raxoi. El matiz era que… la entrevista estaba en un Playboy. El efecto plástico de ver a sus señorías rulando una revista softcore en el parlamento sólo fue superado por el imaginar qué habría dado pie a esa situación: Xosé Manuel feliz, ojeando a la playmate de mayo mientras se acaricia la entrepierna… pasa la página y… ¡Don Manuel! ¿Dejó de tocarse o no? ¿Es Fraga un fetiche sexual inadmisible de la izquierda de la misma forma que Leire Pajín calienta a su pesar a la derecha de la caverna? ¿Fue Fraga mi fetiche sexual? ¿Uso a veces la Frase “imagina que Manuel Fraga te está dando un beso con lengua”? Sí, menos veces que “esa tía tiene más morbo que hacerle un beso negro a Txiki Benegas”.

2. El preservativo es una telaraña para el contagio…

Y, siguiendo con el sexo, en plena explosión del SIDA (aún recuerdo la foto de Rock Hudson en el Diez Minutos) hubo una concienciación sobre el uso del preservativo. Don Manuel, como buen pastor de la ultraderecha que había entrado a regañadientes en el redil, se opuso al uso del condón, pero, again, de forma atchonburikante. Sus palabras fueron “El preservativo es una telaraña para el contagio… y una barrera para el placer”. ¡Fraga revelando su lado humano y salido! Ahí, de pequeño, aprendí que el sexo TENÍA QUE ser sucio.


1. Perder por goleada las elecciones del 82

Ya lo conté en su época, pero me reitero. De pequeño, era el clásico empollón gafotas al que zurrar en el recreo y en el autobús escolar. El mundo que me rodeaba era, además, de chavales que, como yo, se adscribían al partido al que votasen sus padres. Así que vivía rodeado de fans de Don Manuel que veían en mis simpatías por Felipe (greatest ever, by the way) otro motivo extra para currarme. El día de las elecciones, pensé “Y ahora va a arrasar Fraga y menuda me espera en el recreo”. Al despertarme, le dije a mi madre “Ha ganado Fraga… ¿Verdad?” y ella se echó a reir. Y, aquel recreo, viendo lo jodidos que estaban muchos, descubrí no sólo que era un buen español que gozaba más del dolor ajeno que del éxito propio, sino que estuve muy agradecido a Felipe en su arrase y a Fraga en su calamitosa derrota por haber tenido mi primera sensación de “payback time”.

…Y, como cantaba Sammy Hagar, “feels so good”.

Muchas gracias por todo, Don Manuel.

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