Sórdido y fresco

Lo que hice en mis vacaciones: pues escuchar gaitas

Recientemente me compré ‘El más allá’ de Lucio Fulci en Blu Ray. Para los que no la hayáis visto, os diré que trata de un hotel en el que, vaya usted a saber por qué (los italianos ochenteros y la lógica en los guiones: tan unidos como la nocilla y la fabada), se abren las puertas del infierno. ¿Qué tiene esto que ver con mis vacaciones? Pues dentro de un par de párrafos os lo digo.
Mi muñeca se fue a tomar por culo hace varias semanas por entregarme al feo vicio de hacer deporte, algo que no sólo me resta credibilidad freak, sino que ha logrado que durante un breve periodo de tiempo pudiera mover las tetas. Pocas cosas generan más felicidad. Sin embargo, la lesión ha hecho que me sea muy difícil escribir. Así que el blog se ha quedado aparcado mientras me iba de vacaciones a Escocia con muñequera con el mismísimo diseño del parato de lanzar redes de Peter Parker. Treinta y seis años y andando por la calle presionando la parte metálica de la palma de la mano del complemento ortopédico: tan triste como emocionarse por saber mover las tetas.

Escocia es una nación que ya se ha paseado por ente bloj en una ocasión en el que considero el mejor primer párrafo de la historia de Vicisitud y Sordidez. Que no es ni de Vicisitud ni mío, sino de mi
amigo Marlow. Claro que hay una cosa que marca la seña de identidad sórdida del país del kilt y del sporran. No son los deportistas con bigotones de los que hablaba el post enlazado. Ni las enormes cantidades de cagarrutas de ovejas que te encuentras por el campo. Ni siquiera los atentados estomacales como el haggis, el black pudding y el Irn Bru (como era de esperar, me he traído una botella para torturar a las futuras visitas a mi casa que no hayan catado este néctar de dioses; de dioses tarados, por supuesto). Es el instrumento del infierno. La gaita.

Una bolsa de echar ruido de la que ya hemos hablado y que estuvo omnipresente durante mi periplo. De hecho, en la isla de Skye asistí a una especie de concierto callejero para turistas a cargo de la banda de gaiteiros locales. Snowymary resumió todo en una frase tras tres canciones:
Paco: La verdad es que ya nos podemos ir. Total, todas suenan más o menos igual. Igual que mi estómago después del desayuno con haggis.
Snowymary(Dicho con toda la inocencia del mundo): Ah, pero… ¿es que no han tocado la misma tres veces?
¿Os acordáis que comencé este mini post de actualización vital hablando de ‘El más allá’? Pues ahora vamos a ello. Ya sé qué es lo que abre las siete puertas del infierno de las que hablaban Fulci y Europe. Es ento:
Pero lo mejor no es que se dediquen a versionear clásicos del rock con gaitas. Es que, además, se llaman ‘Red Hot Chilli PIPERS’. ¡Instrumentos del infierno y chiste forsálico todo en uno!
Disfrutad con su We Will Rock You con cita incluida a… ¡Eye of the Tiger!:
Y, por si pensáis que hinchan la bolsa escrotal sólo a base de clásicos del rock, aquí tenemos algo más reciente y, para mí, su obra cumbre en lo que se refiere a atchonburikismo:
A mi muñeca rota le queda todavía un mes de recuperación, pero más o menos puedo escribir a una velocidad aceptable. Así que ando preparando dos posts que no sé si serán ÉPICOS, pero desde luego que sí que extensos. Por no olvidar el hecho de que ‘Videofobia 6’ lleva una semana en montaje. ¡El curso comenzará en breve y no tenemos intención de parar de decir gilipolleces! ¡Ni de mover las tetas en presencia de todos nuestros conocidos! ¡Rock y gaitas para todos!

(Y no olvidéis haceros fotos en todos los retretes de todos los castillos que visitéis en vuestra vida)

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