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Catorce hechos conocidos por todos que, en realidad, son mentira

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Cuando no estoy viendo cine-colonoscopia, mi mayor afición es escuchar… bueno, no. La verdad que mi segundo mayor hobby es perder el tiempo con la pleisteichon. Pero, a continuación…

…Ahora que lo pienso, tampoco es lo que quería decir. Ciertamente debería poner primero “mirar internet buscando música”. Pero, sin duda, suelo pasar muchas horas…

… Joer. A la mierda la introducción. Lo que quería decir es que el post de hoy va sobre escepticismo.

Así que:
Cuando no estoy viendo cine, jugando a la play, buscando música, leyendo tebeos, bajando porno o hurgándome la nariz con la dolorosa intención de arrancarme los pelillos traidores que sobresalen, dedico mi tiempo a escuchar podcasts sobre escepticismo o a leer cosas sobre el tema.

El escepticismo es un enfoque vital que suele describirse como “posición práctica, filosófica, científica y epistemológica en la que se cuestiona a las pseudociencias y, en general, a las veracidad de afirmaciones que carecen de evidencia empírica suficiente”. Yo, sin embargo, creo que es más fácil de entender al grito dual de ‘¡No me creo ná de ná! ¡Dame pruebas!’. Porque ya me han tomado el pelo demasiadas veces con leyendas urbanas, horóscopos y, peor todavía, acojonamiento sobre que pelársela sea malo como para seguir siendo crédulo.

Es una postura muy interesante que arroja numerosas ventajas:
1.- Permite saberse de memoria todas las falacias lógicas con el triste objetivo de creerte vencedor en cualquier discusión que, en realidad, no ha llegado a ninguna parte.
2.- Conduce a ponerse muy pesado con todos tus amigos religiosos o devoradores de remedios de medicina alternativa para que lleguen a odiarte cada vez que surge el tema.
3.- Ofrece la oportunidad de aprenderse un montón de datos curiosos para entretener a las amistades en las pocas ocasiones en las que no estoy hablando de sordideces, cine o mis problemas de estómago.

Y por ahí es por donde va a tirar este post. Un artículo menos sórdido y vicisitúdico de lo habitual. Pero, qué puñetas: que este blog tiene ya cuatro años. En términos de blogosfera eso ya pasa la mayoría de edad y entra en esa época cascarrabias viejuna del ‘yo hablo de lo que me da la gana’.

Representación precisa de la imagen física y mental de un blog de cuatro años.

Así que veamos la tremendamente chorra… quiero decir, interesante lista de quince cosas que casi todo el mundo da por ciertas pero que en realidad no lo son.

Mención especial: No tenemos siete libras de carne sin digerir en nuestros intestinos
Por supuesto, tenía que decir algo relacionado con la caca. Pero, lamentablemente, esta leyenda fisiológica no es demasiado conocida en nuestro país, por lo que se queda con una mención honoraria y un poco repugnante. Porque a lo que conduce esta creencia es a algo poco extendido en España: que un señor entre en una consulta seudo-médica, le enchufen un tubo por el culo y le saquen toda la guarrerida que lleva dentro. ¡Con lo bonito que es coger cualquier lectura de encefalograma plano y sentarse a defecar con toda tranquilidad! Porque, a no ser que tengas un épico tapón que no se arregle ni con un litro de zumo de ciruelas (¡bebida de guerrero klingon!), no hace falta que te enchufen un tubo a traición: no tenemos carne sin digerir durante años en los intestinos. Como cualquiera que se haya sometido a una buena colonoscopia sabe, en 24 horas aquello se queda tan limpio que la señora de la lejía del futuro, el mayordomo de Tenn y Mister Proper se ponen tan felices que acaban montando una orgía a tres bandas. Mister Proper es el bisexual. Claro.

Todo esto es una leyenda que supongo que se hizo popular gracias a uno de los pilares de nuestra cultura: Superdetective en Hollywood. Yo nunca le hice mucho caso a esta curiosa afirmación que soltaba alegremente Judge Reinhold. Sobre todo porque (¡gran revelación!) no era un gran fan de la primera parte. Mi mente juvenil disfrutaba más de los filtros de Tony Spot y la monstruosidad de Brigitte Nielsen de la secuela (el que la hubiera visto desnuda en Interviú por aquella época sin duda ayudaba).

Años más tarde, el tema de la limpieza intestinal volvió a salir en Tres mujeres para un caradura (para mí, la mejor comedia desconocida de la historia, con frases como ‘No podría ser mujer: me pasaría todo el día en casa jugando con mis tetas’. O ‘Tus pechos… son raros’. ‘¡Claro!’-responde Sarah Jessica Parker- ‘¡Porque son de verdad!’). El caso es que Steve Martin va a hacerse una limpieza de colon junto a una Sarah Jessica Parker pre-cara de caballo, por aquello de purificar los kilos de carne sin digerir. Ella sale muy feliz tras el proceso y él… pues básicamente con cara de acabar de recibir una limpieza de colon. Siempre me pregunté cuál era el interés de esa terapia. Mis pesquisas en el mundo del escepticismo respondieron a mi duda, con lo que puedo concluir que ser escéptico, además de para dar por saco a los amigos, también sirve para aumentar tu disfrute de películas sórdidas. ¡Magggnífico!

Pero ya está bien de la mención especial. Feck, que le he dedicado más tiempo que a todas las afirmaciones de la lista. Pero es que ya sabéis: la caca. Es lo que tiene.

14.- Las papilas gustativas no se distribuyen por zonas de la lengua.
Una de esas cosas que todo el mundo sabe desde que era niño. Lo bueno de esta leyenda es que nos la contaron. Lo probamos. Vimos que era mentira. Nos convencimos de que éramos tontos o de que no lo hacíamos bien. Nos lo creímos.

Pues no. Cada papila gustativa reconoce todos los sabores. Incluso el de la lombarda rehogada del comedor de mi trabajo. Los sentidos son taaaan crueles (además, de, a propósito, ser más de cinco. Pero ese es otro tema que no se tratará en este artículo porque se prestaba a chistes tan obvios que tuve que borrar el párrafo avergonzado por mi propia falta de originalidad).

13.- Usamos el 100% de nuestro cerebro.
Todos los que abogan por cualquier fenómeno parasubnormal físico (desde telequinesis hasta telepatía, pasando por viajes astrales y la capacidad de entender sin ayuda la trama de El año pasado en Marienbad) suelen justificar su supuesta existencia recurriendo al razonamiento de que, dado que no utilizamos el 100% de nuestro cerebro, estos poderes provienen de las zonas que sólo unos elegidos pueden activar.

Pues no.

Sí que usamos todo el cerebro. Sólo que no al mismo tiempo. Sólo tenéis que pensar qué ocurre si pones el horno, la secadora, los fogones, la tele, la pleisteichon, todas las luces, el ordenador con la mula, desfragmentado el disco duro, renderizando unos videos y descargando porno del rapidshare: Que Windows se cuelga y que, encima, te toca pagar una factura de la luz de la hostia.

Lo normal es que no hagas todo a la vez. Hay tareas que realizas muy de vez en cuando, como desfragmentar el disco duro o conectar la plancha. Otras, constantemente, como respirar o utilizar la epilady en el escroto. Pues lo mismo hace el cerebro: normalmente se activan las zonas que controlan toda serie de funciones básicas, desde las involuntarias hasta las más habituales: mover los músculos, pensar en sexo, rascarte la caspa o pensar en sexo. Claro que hay zonas que pueden pasar mucho tiempo inactivas, como la que controla la capacidad de seducir a las mujeres. Mucho tiempo. Mucho.

12.- Los camaleones no cambian de color para camuflarse: es por estados de ánimo
Pues eso. Que los camaleones no son versiones terrestres de Depredador. Lo suyo es reflejar cómo se encuentran. Imaginen ustedes lo divertido que sería que el hombre fuera así. Efectivamente: supondría la desaparición del pagafantismo.

11.- El chocolate no hace que te salgan granos.
Ni las pajas. Pero supongo que lo segundo ya lo sabíais. O, si desconocíais la verdad, seguro que llegó el momento en el que considerasteis que un par de bultos más o menos os importaban un carajo. Pero muchos se han contenido más de la cuenta ante la perspectiva de abusar del mejor alimento del mundo mundial por miedo de acabar como el Capitán Adama.

Niño: te dije que no te rascaras.

El acné está causado por factores hereditarios, por bacterias, el estrés o esa época gloriosa llamada adolescencia en la que la gente es capaz de ver Crepúsculo sin partirse de risa. Esos momentos en los que, a propósito, también se dice que:

10.- Cortar un pelo no hace que salga más grueso.
Cuando eres joven, por algún motivo te dicen que, si empiezas a afeitarte pronto, la pelusilla se convertirá en unos señores pelos capaces de cortar el adamantium y que te obligarán a afeitarte todos los días para no tener la sombra facial de un campesino siciliano.

He aquí, por lo tanto, uno de los mitos que más daño han hecho a la humanidad. Daño estético, por supuesto. Porque si se unen aquellos adolescentes que no se afeitan porque creen que su bigotillo es guay (¡Aviso importante!: No lo es) a los que no lo hacen porque quieren retrasar el tener que darle a la maquinilla todos los días, el resultado es una debacle visual de chavalillos que parece que se han restregado un gato por debajo de la nariz y que sólo podrían gustar a Pier Paolo Pasolini. Sí: siempre he considerado Las mil y una noches un thriller de terror. Cada vez que salía un adolescente con pelusa, se me encogía el corazón.

9.- La orina no cura las picaduras de medusa
Friends, esa serie simpática en la que todos los personajes eran neuróticos o retrasados mentales, es la principal culpable de que este mito siga tan extendido. En cierto capítulo, a Mónica le pica una medusa. Así que Chandler le mea encima. El comienzo de un romance que nos brindaría los peores momentos de la historia de la serie. Que tengo entera en DVD. Nadie ha dicho que sea coherente.

Esta guarrerida puede que surgiera a raíz de un remedio de la abuela: el vinagre evita que las células urticantes se activen. Supongo que alguien pensaría que, como el vinagre huele fuerte y parece pis, ¡eureka!: una oportunidad de unir la propia depravación sexual con los primeros auxilios y, encima, quedar bien. El problema es que el pis tiene otros compuestos que lo que provocan precisamente es que las células urticantes se despierten y se dediquen a hacer atentados suicidas en tu piel.

La conclusión está clara: es mejor no ver Friends.

8.- Los emperadores no ordenaban la muerte con el pulgar pa’bajo.
Y tampoco enseñando el dedo corazón, aunque eso habría sido la hostia.

Aunque no tanto como esto.

La señal para que se cargaran a un pobre desgraciado era, en realidad, mostrar el puño con el pulgar hacia arriba. Como diciendo ‘De puta madre’, pero en el sentido de ‘Cojonudo, coge la espada y desangra a ese tipo para que todos nos divirtamos’. O, si estamos en algunas partes de oriente próximo, ‘vete a la mierda’, lo cual también tiene bastante lógica.

En realidad, la señal para perdonar la vida era meter el pulgar en el puño, como si envaináramos la espada. Toda esta confusión viene, curiosamente, del error de un solo hombre, el señor Jean Leon Gerome, que pintó este cuadro:

¡Mola!, pensaron en Hollywood. Y el resto es historia del error.

7.- La homeopatía no es un remedio herbal.
Como ya he comentado, ponerte sabiondo con temas de pseudociencia te convierte automáticamente en un pesado impopular. Mi experiencia, la muy capulla, suele decirme que, en los círculos en los que me muevo, siempre puedo hablar mal de cosas como la parapsicología o la astrología sin cabrear a nadie. Pero a veces no me avisa de ciertos temas que no debo tocar. El primero es, como siempre, la religión. No porque la mayor parte de mis conocidos sean religiosos. El problema es que me rodean bienpensantes que saltan a la defensa del derecho que tiene todo religioso a creer en la existencia de seres fantásticos con más pasión que los propios interesados. El segundo tema polémico, ya abordado en ente bloj, es el darnaísmo. Y el tercero es la homeopatía.

Yo no comprendía muy bien por qué la gente hacía caso de una cosa tan chorra. Hasta que me dio por no ser idiota y escucharles. Entonces fue cuando comprendí que la mayor parte de los usuarios no saben de qué va esta pseudociencia en realidad, y piensan que se trata de una rama de la herbología.

¿Pero qué es la homeopatía si no se basa en las propiedades medicinales de las plantas? Ahora viene lo bueno: es tan ridículo que no tengo ni que molestarme en hacer chistes:

Esta teoría se la inventó un señor a finales del XVIII, esos tiempos en los que ‘medicina’ significaba algo así como ‘va a venir un señor para putearte antes de que la palmes irremediablemente’. Así que pensó en otra manera de atacar los males del cuerpo que no implicara resultados como ‘empeoramiento seguro’ o ‘un pie en la tumba’. Una forma nueva, moen-na, atrevida y, por supuesto, chorra. Pero para eso están las hipótesis: para hacerlas, comprobar que son erróneas y pasar a formular otra. Paso que el señor este nuca dio.

El inventor de esta seudociencia partía del mismo y erróneo concepto que el resto de médicos de la época: que los males se producían por el desequilibrio de los cuatro humores del cuerpo (no-hacer-chiste-malo-no-hacer-chiste-malo). Así que pensó que, en lugar de machacar a los enfermos con sanguijuelas, que hacía feo y no servía para nada, lo mejor era darle una dosis de algo que provocara los mismos síntomas. Esto es, si tienes cagalera, dar unas espinacas con ciruelas bañadas en chocolate. (No voy a extenderme con esto: suena como el mismo principio que las vacunas, pero no lo es. Si tienen interés, investiguen, que esto no es un blog de ciencias y yo nunca aprobé la asignatura. Ni siquiera en EGB).

Pero, claro: una cosa es dar cebolla para el que suele tener ojos enrojecidos y otra es dar fabes a quien ya tiene gases. ¿La solución? Diluir el remedio. Pero mucho. Mucho mucho mucho. Es más, cuanto más de diluye, más eficaz es. Lo cual quiere decir que la disolución ideal de la homeopatía básicamente es muuuucho más que echar una gota en todo el océano. Así que lo que te recetan es realmente agua con azúcar. Claro que ahora es cuando la cosa se pone divertida: como todo esto parece una chorrada inútil, concluyeron que el agua retiene memoria de la molécula que entró en contacto con ella. Gracias a esta nueva invención, consiguieron que dejara de sonar a tontería y que pasara a sonar a gilipollez extrema. Recuerden ustedes la canción de Los Toreros Muertos ‘Mi agüita amarilla’ y luego pregúntense cómo selecciona el agua de qué se acuerda o no.

Así que: no es remedio herbal. No es algo como las vacunas. Es sólo otra pseudociencia con un nombre bien elegido. Es como si yo pillara los artículos de este blog y lo llamara kontosología. En griego, todo suena mejor (no-hacer chiste-malo-anal-no-hacer-chiste-malo-anal)

6.- Los cortes de digestión no son cortes de digestión
No corran ustedes a tirarse alegremente a las gélidas aguas de las Islas Cíes tras haberse zampado una fabada. No sólo porque su pisha implosionará y conocerá de cerca al interior de su cuerpo, o porque sus pezones saldrán disparados y le saltarán un ojo a un pez. Sobre todo porque tirarse de golpe al agua fría un día de calor de golpe tras opípara comilona sigue siendo mala idea. Sólo que la sabiduría popular, como suele ser normal, se equivoca al poner el énfasis donde no debe. Lo importante es el no meterse de sopetón cuando estás muy acalorado. Lo de la digestión es una cosa secundaria. Y por supuesto que sí se puede nadar tras comer.

Lo que pasa es que, al meterte en agua fría, la frecuencia cardiaca baja y se contraen vasos sanguíneos superficiales para mantener la temperatura corporal y que el cerebro reciba un mayor aporte de oxígeno. Y no lo digo yo: que lo he leído en internet. Si te metes bruscamente en agua muy fría después de haber hecho ejercicio (gracias a dios, esto nunca me pasará a mí) y consumido un almuerzo brutal en Julio a las 3 de la tarde, la frecuencia cardiaca puede ser tan baja que no llegue sangre al cerebro.

Pero bueno: lo de los cortes de digestión surge del hecho de que, si tienes el estómago trabajando al 100% y recibiendo mucho aporte de oxígeno, el cerebro anda más falto de sangre. Más o menos como les pasa a todos los hombres cuando se empalman. O eso dicen algunas personas malintencionadas.

Por lo tanto, es posible que exista un riesgo ligeramente mayor de que el cerebro no reciba oxígeno. Pero tu estómago estará de puta madre. La digestión la harás genial. Si no te mueres.

Así que lo de las dos o tres horas para meterte en el agua es una engañifa. No hay nada intrínsicamente peligroso en la combinación de comida y agua. Lo que no tienes que hacer es ser un bestia y meterte de sopetón en agua muy fría estando excesivamente calentorro. Quiero decir, acalorado.

5.- Los cinturones de castidad no son un invento medieval.
Hay muy poca evidencia de la existencia de estos artilugios en el medievo. Y las escasas representaciones pictóricas de aparatos similares muestran que quien poseía la llave no era el marido que se iba de cruzadas, sino la propia mujer como instrumento de defensa. En realidad se trata de una invención de las perturbadas mentes de la época victoriana. Como se ha ido demostrando, todos los cinturones que había en museos eran falsificaciones del XIX, época en la que además se fabricaron muchos con el aterrador objetivo de evitar que la chavalería se hiciera pajas.

De hecho, El Libro del Buen Amor, una de las grandes muestras de nuestra literatura medieval, cuenta una técnica mucho más simpática de controlar las infidelidades que el infame cinturón. Es la maravillosa historia de Pitas Payas, aquel que, según contaba el Arcipreste de Hita en su maravillosa obra de humor, caca y folleteo (¡me siento orgulloso de las letras hispánicas!), pintó un cordero en el vientre de su mujer y se marchó dos años. Si volvía y se había borrado, es que había habido cuernos.

Sí: esta gran obra es básicamente un chiste. Y, efectivamente, lo de lavarse en la Edad Media, como que no. Y lo de follar a perrito, se ve que tampoco. Lo cual me recuerda…

4.- Los perros no follan en estilo perro
¿Cómo follan los perros? Pues como perros. He aquí una afirmación de la que Perogrullo estaría orgulloso. Pero es igual de falsa que decir que ‘Los misioneros follan estilo misionero’ (supongo que fornicarán como les dé la gana. Con la mano, como todos. O eso espero).

En realidad, los perros se aparean (¡qué correcto y elegante utilizar esta palabra!) dándose la espalda. Ciertamente, empiezan montando, pero esto es básicamente una posición de ‘¡Cuidadín, que aquí mando yo!’. Luego se dan la vuelta y se quedan bien enganchaditos.

Así que piensa en esta reconfortante noticia la próxima vez que la mierda del perrito de tu vecina se te agarre a la pierna. No sólo puedes dar por hecho que no te va a manchar los pantalones, sino que puedes descojonarte de su intento de decirte que es más chulo que tú. ¡Atención, mujeres! Esto no es aplicable a seres humanos. Si un integrante de nuestra especie se pone a restregarse en tu pierna, ya sabes que te tienes que preparar ante la posibilidad de tener que limpiarte los pantalones luego. O llamar a la policía. Sí. Creo que es lo mejor.

3.- Las pirámides no fueron construidas por esclavos judíos.
Yo he hecho muchas locuras. De pequeño, vi Los 10 mandamientos en el cine. Años más tarde, y sin que me obligaran, fui a tragarme El Príncipe de Egipto únicamente porque ponían delante el trailer de La amenaza fantasma. Por lo tanto, pirámides, faraones y esclavos judíos es algo que doy tan por sentado como que si me emborracho me pongo encantador justo minutos antes de que estalle mi estómago.

Pero nadie dice que los judíos construyeran las pirámides. No sólo porque ni siquiera la Biblia lo ponga. El motivo principal por el que se sabe que es un mito es porque parece ser que ni siquiera había esclavos judíos en el Egipto de los faraones. Ni judíos de ningún tipo, ya puestos. Momias que retornan a la vida, por supuesto. ¿Pero judíos? Ni una prueba.

Los constructores de las pirámides fueron señores asalariados. Con un trabajo bastante puteante, claro está. Pero al menos cobraban. Y los primeros datos de judíos en Egipto son de muchos siglos después de la época. Así que no les quitemos mérito a esos señores que se curraron construir esas grandes obras de arquitectura que nos hacen exclamar a grito pelado: ¡Horus es mi Señor!

2.- El frío no hace que te resfríes.
Efectivamente. Todos esos consejos maternales de “Abrígate cuando salgas”, “Has cogido frío y ahora seguro que te pillas un trancazo” o el inmortal “No salgas con bermudas, que además de estar a 5 grados me da vergüenza verte con calcetines blancos de lana” son mentira. El resfriado es un virus y, por lo tanto, se contagia. No se genera espontáneamente por las bajas temperaturas ni hay más posibilidades de pillarlo por tener frío.

Pero es obvio que nos resfriamos más en invierno. La teoría principal es que en esta estación se cogen más catarros porque se pasa más tiempo en el interior, en contacto con otra gente. Una causa más para convertirse en un Dillinger y no relacionarse con nadie más allá del facebú.

1.- En la Edad Media no creían que la tierra fuera plana.
Existe esa idea de que en la Edad Media, todo el mundo era un poco gilipollas y las cosas eran terribles. Bueno, un poco putas sí que las pasaban. Pero muchos de los hechos que se creen saber de esta época son falsos. Sí: había mucha mierda. Sí: la esperanza de vida era la misma que la de un homosexual corriendo con el rabo al aire en el centro de Kabul. Pero se dicen muchas cosas que son falsas (como que Ricardo Corazón de León era tan guay como Sean Connery, cuando en realidad fue uno de los peores reyes de Inglaterra) y se olvidan otros datos de suma importancia (como el arte de los juglares de tirarse pedos a voluntad).

Una de las grandes mentiras es creer que todo el mundo pensaba que la tierra era plana. No digo que no pudieran existir campesinos de llanuras de interior que no tuvieran una idea clara de las cosas. Pero la gente en general sí que se había dado cuenta de que cuando subes a una montaña se ve más lejos y de que los barcos desaparecían en el horizonte. Feck, si los cálculos de navegación han de tener en cuenta que la Tierra es esférica.

Pero ahí llegó Washington Irving, escribiendo una biografía de Cristóbal Colón utilizando el método más extendido de investigación hasta la llegada de Wikipedia: sacarse los datos del escroto. Así, metió en su libro una bonita escena en la que las autoridades eclesiásticas acusan al héroe de hereje por decir que la tierra era redonda. Muy emocionante en términos de una película estilo familia Salkind, pero erróneo desde el punto de vista histórico. ¡Si hasta San Agustín, en el siglo V, ya se preguntaba qué puñeta habría al otro lado del globo y concluía que, aunque hubiera tierra, tendría que estar deshabitada! ¡En el siglo V!

Medievales, sí. Tontos, no.

Con esto acabo por ahora. Han sido mis catorce hechos que todo el mundo da por ciertos, pero que son mentira. ¿Por qué catorce? ¡No me digáis que con cuatro años de blog no lo sabéis!

Así que, sin más dilación… ¡pasemos a los comentarios! ¿Quién será el primero en atacar otros falsos mitos? SEE: ¡Uñas y pelo que crecen porque sí! SEE: ¡Estrellas que ya no se corresponden con los signos del zodiaco! SEE: ¡Agujas directas al corazón como en Pulp Fiction! SEE: ¡Los ocho vasos de agua al día que hacen que mees con alegría! AWESOME!

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