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Anecdotario vicisitúdico: cómo NO plantear una película

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Andaba con Snowymary y un amigo montador comiendo en un popular (por los precios) restaurante japonés madrileño, en una calle a medio camino entre Ópera y Callao. Y todos sabemos lo que eso significa: la probabilidad de estar rodeado de guays o, peor todavía, actores y artit-tas haciendo gala de su capacidad para hacer croché con los palillos es mayor que en un concierto privado de Anthony and the Johnsons and Johnsons en el mercado de Fuencarral.

Al lado nuestro había lo que yo creía que era una pareja compuesta por un chico y una chica, aunque más tearde se me informó de que, en realidad, se trataba de dos mujeres. Digo que ‘se me informó’ porque no me lo creo. O, mejor dicho, no me lo quiero creer. Que todavía me da un vuelvo el estómago cuando pienso en ello.

La pareja estaba hablando de sus proyectos cinematográficos. Por lo tanto, ¡eran ARTIT-TAS! Así que, como no podía ser menos en dos porteras como mi amigo y yo, pegamos la oreja.

Al principio, creí que estaban charlando sobre alguna película extremadamente aburrida que habían visto en los cines Golem. Hablaban de planos largos en carreteras desiertas recién sacadas de un empacho de cine independiente americano. Pero no: según parecía, estaban pensando en conseguir subvención para su propia producción.

Pues, sabes, planos de paisajes así como áridos. Que el paso del tiempo se note.
– Como en Soria, ¿sabes? Se puede hacer donde fuimos de vacaciones.
– ¡Ah sí! Un sitio perfecto.
– Y con personajes, no sé, profundos. Complejos.

Y ahora viene lo bueno. Atención. Que no me lo he inventado. En serio:

– Y, ¿DE QUÉ PODRÍA IR LA PELÍCULA?
– Pues, no sé, podría ir de una camarera.
(…) Trozo de la conversación que no escuchamos, pues el cerebro había empezado a procesar la frase recién captada y estaba ocupado con un complejo ataque de descojone que dejó mi CPU como si me hubieran instalado un Windows Vista (…)
– Pero eso sería demasiado sórdido, ¿no?

Estaban planteando hacer la pelí. Hablando de los planos. Hablando de financiación. Y no sabían de qué iba. Ni puta idea de la historia que querían contar. Eso sí, con personajes profundos y planos generales largos en paisajes áridos.

Pues lo peor de todo – me dijo mi amigo, realizador de un programa de actualidad de cine – es que me veo entrevistando a uno de estos gilipollas dentro de un par de años y aguantándome las ganas de reirme en su cara.

Y es que cada vez me llama más la atención el hecho de que la génesis de muchas películas no sea el querer contar una historia, sino más bien imitar los géneros que te gustan grosso modo y meter una trama a posteriori. Muchos gritarían ‘¡Posmodernidad!’. Yo diría: ‘¡Eso no me lo dices en la calle!’. Pero mientras que a la gente se le llena la boca de ‘Kill Bill’ al hablar de este fenómeno aplicado al cine, creo que se olvidan de que cierto tipo de películas sin tiros ni espadas pueden ser malos ejemplos de flims construidos a base de referencias.

Sabesosea, Tokyo es, osea, lo más. Porque Lost In Translation es, ¿sabes tú?, la hostia. Así que, voy a hacer una película sobre Tokyo, porque, es como, osea, el símbolo de la alienación, tú.

Y así, sale lo que sale. ¿Que te gusta las road movies en plan Jarmusch? Pues te marcas una peli de planos largos en Soria. Con un personaje tan español como el de ‘La Camarera en Fuga’(tm). Si al menos fuera a ver al Cristo de Medinaceli, pues tendía un pase. Pero sospecho que más bien estamos hablando de una chica con falda corta y delantal replanteándose su vida mientras fuma un pitillo en una carretera por la que no pasa nadie. Lo cual tiene su lógica, especialmente si andas por Quintana Redonda. Claro que, ya puestos, una vez allí podría liarse con con jebi de fuertes convicciones judías que le enseña el poder del metal y de follar como conejos para que, juntos, repueblen la provincia con un ejército de niños con chupa de cuero que 100 años en el futuro acaben conquistando Alfa Centauri.

Pero, por desgracia, sospecho que no sería ese tipo de película. Gracias a dios.

Ese cine que algunos llaman ‘culto’, otros ‘cultureta’, yo ‘de los Renegríos’ y muchos más ‘me cago en su puta madre yo mejor me salgo y me tomo una cerveza’ no suele evaluarse desde este punto de vista. O se hace, curiosamente, en positivo. Como lo normal es que presenten dramas en apariencia sesudos, la mayoría no ve el elefante bailando sevillanas en la habitación: la falta de historia derivada de ser sólo un homenaje a los autores favoritos del director. A veces, sus génesis son iguales de equivocadas que las de las películas de género cuyas influencias son más obvias. Porque siempre hemos sabido que en el mundo del cine de fantástico o de acción hay muchísimo de esto. Probablemente más que en el cultureta. Y, si no lo sabéis, despertad. Que los directos a DVD están llenos de películas cuyo nacimiento fue algo así como:

Tío, vamos a hacer una película de zombis.
– Sí, tío, así con chistes pero con mucho gore y eso.
– Sí, así con una escena en la que un zombi le extirpa el bazo a una tía por el ojete.
– Mola, tío. Así, como Jackson en Braindead.
– Sí, pero con un toque Romero de crítica.
– ¿Y de qué iría?
– Pues no sé. De una camarera. El resto ya lo pillaremos de ‘La noche de los muertos vivientes’.

En ambos campos hay ejemplos de flims cuya concepción es obviamente tan errónea como esta. ¡Estad atentos! Freaks y culturetas, como muchas veces he dicho, están más cerca de lo que les gustaría. Con la posible excepción de un über-nerd al ladito de Cat Power o Cristina Ronsenvinge. A ese sí que le gustaría estar más pegadito de lo que indica el decoro.

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