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Las cinco creencias religiosas que más me han hecho reír

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¿Un post anti- religioso? Probablemente no, pues aquí siempre nos vanagloriamos de escribir desde el amor. El objetivo de ente blós es abogar por una visión de la vida que se fundamenta en el elevado objetivo de tomárselo todo a cachondeo. Se trata de compartir la risa. Por lo tanto, quiero contaros las creencias religiosas que más hilaridad me causan.

Vamos, que es un post anti-religioso.

Sí: todas las religiones tienen aspectos que no sólo se prestan a la chanza, sino que más bien le pagan a la chanza el viaje, la alojan en un hotel de lujo y le hacen una mamada. Pero hay algunos que siempre me han llamado especialmente la atención por su excesiva chunguez y factor ¿comorrr?. Todos sabemos que el que dios sea su propio padre es una creencia la mar de simpática, pero ya estamos acostumbrados a ella, por lo que difícilmente nos va a provocar risas. Es un chiste que ya nos conocemos, como aquel muchas veces comentado de dios (¡qué cachondo!) mandando a Abraham a matar a su hijo para luego decirle que mejor no, que todo era de coña, que hay que tener sentido del humor, chaval.

¿Cómo he elegido mis favoritas? Pues me he centrado en religiones más o menos conocidas del primer mundo. No me he fijado en creencias de cultos extintos (esos mitos nórdicos o los maravillosamente calentorros dioses griegos), alternativos o paganismo actual: es mucho más divertido cuando las anécdotas provienen de religiones con potentes departamentos de prensa y relaciones públicas. Claro que seguro que hay muchas chorradas que, bien desconozco, bien os parecen más divertidas. Así que os animo a cumplir el objetivo de este tipo de posts y compartir hilaridad con otros momentos vicisitúdicos ausentes de esta lista.

Caca en el campo de batalla:
La Biblia es un libro complicado para este post. Concedo que creerse a pies juntillas el Génesis da bastante risa, pero mi educación religiosa fue católica. Esto es, de esas que son conscientes de lo simpático y, por qué no decirlo, gilipolla de todo el relato. Como muchos toman el honroso camino de ‘pero si todo es sólo una metáfora’ para que pueda convivir su claridad mental con las leyendas de su tradición, se pierde un poco del morbo de hacer chanza del tema. Lo normal, en el caso de hablar con un católico, es escuchar algo así como: «el antiguo testamento, bueno… es sobre todo parábolas y pseudo historia que tampoco hay que tomarse al pie de la letra.; lo importante está en el Nuevo Testamento». Cierto es que esa parte de la Biblia también incluye cosas como El Apocalipsis. Pero en este blog estamos en contra de las drojas, así que no hablaremos de ese libro. Sin embargo, los Evangelios en sí tampoco sorprenden en lo relativo a creaciones sórdidas. Por supuesto, están llenos de más eventos mágicos que toda la saga Dragonlance. Pero puedo imaginar cómo surgieron todos esos milagros:

Discípulo de Mesías 1: “Pues mi Mesías era la hostia. Un día estábamos todos muertos de hambre e hizo que brotaran bayas de un arbusto”
Discípulo de Mesías 2: “Eso es cojonudo. Pero el mío era mejor. Estaba un día dando un sermón y el tío se enrolló un huevo. Como la gente no se había traído bocata, cogió unos panes y unos peces, los multiplicó, les quitó la salmonelosis y nos dio de comer a dec… cien… ¡miles de personas!”.
Discípulo de Mesías 3: “Sin duda, awesome. Pero el mío se sale. Un día estábamos reunidos en un establo y, a pesar de la olor, con mucha hambre. Así que convirtió todas las boñigas de vaca en bocatas deconstruidos de foie y crema de higos con un coulis de espuma de chope”.
Discípulos 1 y 2: “Va a ser que ahí, ya, te has pasado una mijilla”.

El sospechar que todo se trata de narraciones hiperbólicas quita parte de la sorpresa y el ¿comorrr?. Como siempre en estos casos, es mucho más divertido fijarse en los libros de la Biblia ante los que todo católico y casi todo cristiano corre un velo de aleación de acero y adamantium acompañado de toses y silbidos de disimulo. Hablo de Deuteronomio o Levíticos, esas grandes fuentes de descojone.

Allí puedes encontrar desde consejos sobre cómo y cuándo lapidar a tu familia hasta, bueno… cuándo lapidar a todo el mundo. Por no hablar de las impurezas de la menstruación o la pesadilla de mi novia, ese pasaje en el que dice que, si me muero, tiene que casarse con mi hermano y ponerle mi nombre a su primogénito.

Pero mi favorito se encuentra en el Deuteronomio, capítulo 23:

“Cuando emprendas una campaña contra tus enemigos, evita cuidadosamente toda acción indecente. Si alguno de ustedes ha caído en estado de impureza a causa de una polución nocturna, saldrá fuera del campamento y no volverá a entrar en él. Pero al llegar la tarde se lavará, y al ponerse el sol entrará de nuevo en el campamento. Tendrás, asimismo, un lugar fuera del campamento para hacer allí tus necesidades. También llevarás una estaca en tu equipaje, y cuando salgas afuera para hacer tus necesidades, cavarás un hoyo con la estaca y luego lo volverás a tapar para cubrir tus excrementos. Porque el Señor, tu Dios, recorrerá el campamento para protegerte y para poner a tus enemigos en tus manos. Por eso tu campamento será un lugar santo, y el Señor no debe ver en él nada indecente. De lo contrario se apartaría de ti”.

Primero: si te corres encima con un sueño húmedo, ya te estás saliendo del campamento y quedándote con el pegote en los calzones todo el día. Entonces, tienes dos opciones: o vas justo al lado del perímetro, con lo que todo el mundo se cachondeará de ti a sabiendas del porqué estás como un gilipollas fuera del cercado, o te internas en territorio enemigo a la espera de que te pillen y, sí: se cachondeen de ti por ir con la guarrerida pegada a los genitales.

Sin embargo, la segunda parte del párrafo es mucho mejor, pues incluye chiste de caca, lo cual eleva su puntuación sórdida. Porque el Señor te protegerá cuando te dediques a matar a otra gente, pero como pise un truño en el campo de batalla, te pueden ir dando. Que esas cosas le cabrean mucho: no olvidemos que siempre va con túnica, pero en el cielo no se llevan zapatos.

La increíble humanidad menguante:
En principio, el Libro del Mormón tenía dos entradas en este post. Pero no me pareció justo que los de la Iglesia de Jesucristo de los S…etc se llevaran dos puestos de cinco. Así que pensé que el Corán TENÍA que tener algo que me hiciera gracia.
Dado que este libro sagrado comparte gran parte de la mitología con la Biblia, estaba forzado a aplicar las mismas salvedades que me encontré con el texto cristiano. Estuve leyendo un poco el Skeptic’s Annotated Quran a la caza de la sordidez, pero nada me convenció más allá de Salomón hablando con las hormigas guerreras y cabreándose con un pájaro que no ha acudido a su llamada (libro 27). Y tampoco me apetecía leerme todo el libraco, pues la mayor parte de las cosas más que sonrisas, despiertan en mí las ganas de tirar el libro por la ventana. Cosa que habría hecho si no fuera porque lo estaba leyendo online y un monitor cuesta una pasta.
Así las cosas, se lo comenté a una amiga. Ella empezó a hablar de cómo su madre se enzarzó en una discusión con una vecina de esa religión sobre creacionismo frente a evolución. Ninguna novedad, pensé yo. Para eso, ya tenemos a los beligerantes ultracristianos americanos. Pero luego añadió un detalle sórdido:
“Y le dijo que Adán medía 30 metros”

Increíble, pensé. Seguro que es una de esas interpretaciones chungas del texto original. Y, mira por donde, ahí tenía razón. No es que no sea una enseñanza válida: no en vano, lo comentó una creyente con todo el convencimiento del mundo. Pero no proviene del Corán, sino de un libro llamado ‘Sahih Bukhari’. Se trata de de una colección de textos de la tradición Sunni del siglo IX. Una concienzuda búsqueda por los internetes me llevó a esta perla:

“Narrado por Abu Huraira: El Profeta dijo: «Alá creó a Adán en su forma completa, de sesenta codos (alrededor de 30 metros) de altura. (…) Desde entonces (los descendientes) de Adán (esto es, la estatura de los seres humanos está empequeñeciendo contínuamente) hasta el tiempo presente.” (Libro 27, Número 246).

Así que los musulmanes ganan por goleada a los cristianos en cuanto a la vicisitud de su mito de la creación. No sólo no hay evolución hasta llegar al hombre actual. ¡Es que el hombre actual se ha ido haciendo más achaparrado! Da igual lo que digan los registros históricos. Adán era el pisha, un chicarrón de cojones. Lo bueno es que si eso es verdad, entonces yo, con mi mierda de 1’68, estoy más adelantado que el resto de la humanidad. ¿Significa eso también que los enanos de los siglos pasados eran viajeros en el tiempo? ¡Cuántas cuestiones serias y apasionantes plantean la lectura de los textos sagrados!

Hago ¡chas! y desaparezco de tu lado.
Pasamos ahora a ese tipo de creyentes que lleva con orgullo su oligofrenia y se creen todo lo que pone en sus escrituras sin interpretaciones ni metáforas. Los fundamentalistas protestantes han tomado una preponderancia inusitada últimamente, sobre todo por sus lazos al gobierno Bush. Muy publicitada está siendo su cruzada creacionista, que cree que el hombre era desde su nacimiento como Raquel Welch y vivía con los dinosaurios. ¡Cuánto mal hicieron ciertas películas de la Hammer! Alternativamente, algunos creen que los fósiles de dinosaurios los colocó dios en la tierra vaya usted a saber por qué. La razón más obvia: por la risa.

Sin embargo, ya he comentado que lo de creerse al pie de la letra el Génesis no es tan whatthefuck como para escribir sobre ello. Prefiero centrarme en la curiosa interpretación que algunas iglesias evangélicas hacen de la segunda venida de Jesucristo, conocida como ‘El Rapto’.

Esta simpática creencia de birlibirloque proviene de la lectura peculiar de varios pasajes del nuevo testamento. Y por ‘peculiar’ quiero decir concretamente ‘estando muy aburrido y sosteniendo el libro al revés’. Consiste en pensar que, un buen día, los cristianos de verdad desaparecerán sin más en plan David Copperfield. Lo cual quedaría muy cachondo si estás haciendo un truco de magia, pero algo peor si andas pilotando un avión.
Que es justo lo que pasa en la película de Kirk Cameron ‘Left Behind’.

Porque, si bien es verdad que esta creencia no es tan sórdida ni vicisitúdica como otras de este post, lo que yo quería era buscar una excusa para hablar del subgénero de cine-colonoscopia menos conocido en este país: ¡Las películas evangélicas cutre-apocalípticas!

En 1972, un tal Russell S. Doughten Jr., que había coproducido el flim protagonizado por un chicle rosa gigante y Steve MacQueen ‘The Blob’, decidió que era el momento de realizar una ¡ÉPICA! producción sobre la Segunda Venida llena de escenas de acción. Claro que, por problemas de presupuesto, la cosa se quedó más bien en una mezcla de discursos religiosos, gente fea y algunas hescenas de alción, que todo conocedor del glosario de este blog sabe que no son lo mismo.

El título era ‘A Thief in the Night’, y se convirtió en un notable éxito a pesar de lo que los más aventureros lectores pueden comprobar por sí mismos en You Tube (que la tiene enterica): que da bastante vicisitud. La trama gira en torno a una chica rodeada de grimosos chavales religiosos con guitarrita (sí, de esos que se llevaban el instrumento a las excursiones para dar por culo en el autobús) y malvados ateos gamberros con bigotón que ha abandonado el recto camino. Cuando un buen día todo el mundo desaparece, ella entiende que no ha subido al cielo. Comienza entonces el periodo que esta creencia piensa que transcurrirá hasta la verdadera segunda venida, durante el cual el diablo se adueñará de la tierra. En este caso, como una especie de gobierno totalitario disfrazado de ente unificador pacificador: la eterna desconfianza de los estadounidenses hacia las instituciones encarnada en película postapocalíptica. Al final, la película se adhiere a la compleja escuela narrativa de ‘Los Serrano’ revelando que todo… ¡era un sueño! Pero… ¡no! Al poco de despertarse, la chica se da cuenta de que realmente está ocurriendo. Como en ‘La invasión de los zombis atómicos’, pero sin zombis con abrigos de cuello vuelto. O sea, mucho peor.

El objetivo de estas películas estaba claro: acojonar al personal para que empezara a rezar. Que, bien mirado, es lo que buscan prácticamente todas las religiones. Pero no nos salgamos del tema. No creo que muchos se acojonaron, pero los creyentes claramente disfrutaron de la cosa, pues acabó teniendo tres secuelas. ‘A Distant Thunder’ (1978), en la que los cristianos no evangélicos son perseguidos y decapitados; ‘Image of the Beast’ (1980), con más dinero y en la que empieza ya el cachondeo de las plagas (lluvia ensangrentada, langostas y otras bromas divinas) y, finalmente ‘The Prodigal Planet’ (1983), que ya no vio nadie.

Sin embargo, y aunque la serie alcanzó cierta popularidad en la sociedad americana, el mercado de pelis de explotación cristiana no se desarrolló tanto como se podría esperar. Pero llegó el fin del milenio. El estreno de ‘The Omega Code’, una película cristiana disfrazada de thriller apocalíptico sorprendió a todos los analistas con una taquilla respetable. Sobre todo porque estaba protagonizada por el Chico Boll Casper Van Dien. El éxito fue aprovechado por unos hermanos evangélicos canadienses para inundar el mercado con más películas sobre el tema. Comenzaron por realizar secuelas a un directo a video anterior llamado ‘Apocalypse’, siempre con actores de tercera como Jeff Fahey, o señores perturbados como Gary Busey. Pero su obra más conocida es la serie ‘Left Behind’, basada en un bestseller, y tremendamente influida por ‘A Thief in the Night’. El proyecto interesó al ultracristiano Kirk Cameron, lo que sólo podía significar una cosa: que los no-evangélicos se iban a reír de él más que si el prota hubiera sido Juanito Navarro. Con el presupuesto más alto de la historia de un fin religioso, la cosa funcionó, una vez más, sólo entre los ya creyentes.

Un error que no cometería Walden Media, que ya se encargaría de mantener los discursos de ‘dios te ama’ en el subtexto para hacer que la serie Narnia fuera un éxito tanto de cara a la taquilla como a la hora de conseguir que quisiera arrancarme las neuronas por vía nasal cuando fui a ver la segunda parte. La próxima bazofia mainstream inspirada en estas cosas será ‘Knowing’, con Nicolas Cage y su pelucón. Quedan avisados.


Thetans y Xenu: el origen mamario de la vida en la tierra
No sé si Michael Bay es religioso. Pero desde luego, no me extrañaría que leyera los postulados de la Cienciología y gritara: ¡Awesome!
Como se tratan de conocimientos secretos de esta iglesia (que no secta; todas las religiones son sectas. Sólo que algunas tienen, con el tiempo, la suerte de reunir a más seguidores que otras: el tema se reduce a un concurso de popularidad), no puedo constatar si lo que se dice de ella es verdad. Pero si salió en South Park, me lo creo:

O sea, que el megamalo estelar con nombre de teta (Xenu) capturó a muchos extraterrestres, los lanzó a un volcán, sus espíritus con nombres de teta (Thetans) se elevaron, fueron capturados otra vez, les lavaron el cerebro en plan método Ludovico, fueron soltados y se metieron en los cuerpos de los hombres.

Claro. Si es que era obvio. Cómo no se le ocurrió antes a nadie.


Más dioses interestelares y castigos divinos en forma de bronceado: el cachondeo mormón:
Llegamos a la que considero la religión más hilarante del mundo. No porque no existan creencias más ridículas, sino por la relación vicisitud – importancia social de la que nos ocupa, con un candidato a presidente en sus filas e, incluso, todo un estado de los EEUU para ellos: La iglesia de Jesucristo de los Sa… abreviando: los mormones.

Su texto sagrado, el Libro del Mormón viene a decir, básicamente, que una tribu israelita viajó a América antes del descubrimiento. Todo ese relato está escrito en unas placas doradas que un tal Joseph Smith (un nombre que sería equivalente más o menos a ‘Pepe Pérez’) se encontró enterradas y tradujo con la ayuda de un ángel llamado Moroni (quiten la ‘i’ o añadan una ‘c’. ¡Este hombre nos lo puso tan fácil para que nos cachondeáramos de él!) A partir de aquí, se crea un texto lleno de citas a otras biblias, a libros coetáneos e incluso a Shakespeare, así como a civilizaciones de las que no hay prueba alguna arqueológica. Por no hablar de un excesivo uso de construcciones que ‘suenan a bíblico’, de las que se cachondeó hasta ese dios del bigotón que fue Mark Twain.

También existe otro libro casi más vicisitúdico: el de Abraham. Un texto tan obviamente fraudulento que hasta un par de escisiones mormonas no lo aceptan como canon (¡rechazan textos DEL PROPIO FUNDADOR de su iglesia!). Se trata, según John Smith, de la traducción de unos papiros egipcios que relataban la vida de Abraham. Pero eso no es lo más importante. Lo mejor es que este es el libro que introduce el concepto de… ¡dios interestelar!

Según el texto, Dios es uno de los seres divinos que crearon el universo (¡el mormonismo es politeísta!) que vive en un planeta llamado Kolob. Allí, sus dos hijos Jesús y Lucifer compitieron por el curro de Salvador de la Humanidad, básicamente presentando sus proyectos. El que ganó fue enviado vaya usted a saber cómo a la tierra. Lucy se cabreó y, no me pregunten cómo, se dedicó a ser mala gente con los terrestres.

A partir de aquí, se construyen varias doctrinas polémicas en el sentido de que cualquiera que las lea se descojona, por lo que muchos mormones tienden a negarlas por ser interpretaciones:

Según algunos, Jesús fue una vez un hombre santo en una existencia previa (¡politeísmo y reencarnación!) El ‘Padre eterno’ impregnó a la virgen María con su espíritu tras tener… contacto físico. Efectivamente: es un dios de la escuela Zeus de ‘si tienes que preñar a alguien, mejor lo haces tú, que para eso eres dios’.

Así que algunos concluyen que si eres un buen mormón, también te puedes convertir en un dios como Jesús, y, con suerte, tener tu propio planeta para poblar, pero sin posibilidad de juego online. Claro que luego, mediante el fornicio con muchas mujeres, podrás poblar tu mundo particular con los ‘hijos espirituales’ resultantes, que habitarán en los cuerpos de los habitantes.

Joder, con esto ni me tengo que esforzar en hacer un chiste.

Sn embargo, no hay que irse a un libro polémico para encontrar la cumbre de la vicisitud, la sordidez y el comorrr de esta religión. El propio Libro del Mormón nos lo pone en bandeja cuando dice:

“Y él había causado la maldición que les sobrevino, sí, incluso una dolorosa maldición, debido a su inquidad… por consiguiente, siendo ellos blancos, y extremadamente rubios y encantadores, para que no fuesen atractivos para mi gente, el Señor Dios provocó que recayera sobre ellos una piel de negrura. Y así dijo el Señor Dios: Provocaré que ellos sean odiosos para tu gente.” 2 Nephi 5:21-22

Explicando: había un pueblo (llamado los Lamanitas) que eran unos pendones malvados y se dedicaban a hacerle la puñeta a los buenos de la función, los nefitas. Dios, para evitar que ambos pueblos se mezclaran y como maldición definitiva, les impuso el castigo más grave que se pueda pensar: los bronceó. O sea, que los convirtió en los indios. Sí, amiguitos: cuando el 7º de caballería se dedicaba al eterno pasatiempo humano del genocidio, para los mormones simplemente estaban limpiando a los descendientes de una tribu israelita maldita.

Pero dios no es tan malo. A algunos les quitó la terrible maldición:
“Ocurrió que esos lamanitas que se habían unido con los nefitas se contaban entre los nefitas.; y se les retiró su maldición, y su piel se convirtió en blanca como la de los nefitas. Y sus hombres jóvenes y sus hijas se tornaron extraordinariamente rubias, y se contaron entre los nefitas” 3 Nephi 2:14-16

Por lo que se puede leer entre redundancias constantes (Smith me recuerda en su estilo a mis trabajos de facultad, en los que escribía tres veces lo mismo para que el resultado final hiciera bulto), dios tiene una obsesión por las rubias blancas que ni Landa en ‘No desearás al vecino del quinto’. De hecho, hay otro pasaje en el que Jesús hizo, cual detergente atómico, que la piel de los nefitas fuera más blanca todavía para que fueran tan blancos como él. (3 Nephi 19:25-30)

Repito: esta gente tiene un estado para ellos. Enterico.

Ahí están las cinco. Algunos dirán que se ha tratado sólo de un ejercicio de ir con mala idea a coger sólo los puntos más ridículos de creencias que tienen muchos más aspectos positivos. Y tendrían razón. Pero aquí nos reímos de todo sin problemas. Incluso de las cosas que nos gustan. ¿Acaso no hemos hecho artículos glosando las sordideces de Battiato, el Spectrum o Bergman? Pues, de la misma manera, todo aquel que sea religioso también puede disfrutar de este artículo. Y si no, que se relaje un poco. Aunque sospecho que, por mucha llamada a la calma que haga aquí, éste no será el artículo más popular en la historia de Menéame.

Y, por supuesto: es lícito comparar una religión con el Spectrum. Como ciertas creencias nos han demostrado, nunca hay que tomarse estas cosas demasiado en serio.

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