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El post épico, que podría haber sido más largo (no en vano he leído la autobiografía de William Shatner), pero tampoco hay que pasarse, de Star Trek

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Muchas veces, me pongo a escribir un post y no me salen los chistes. Es la dureza de tener un blog que, básicamente, se basa en decir chorradas para que la gente se ría. Ese es el momento de echar mano de los chiquitismos, ese tipo de comparación humorística inmortalizada por Chiquito de la Calzada y que los andaluces han convertido en toda una seña de identidad. De hecho, habría que cambiar el himno de nuestra comunidad por algo así como:
La bandera blanca y verde,vuelve tras siglos con más guerras que Bush jugando al Risk
A decir Paz y Esperanza, bajo el sol que da más calor que la antorcha humana con una manta eléctrica

Y, de paso, podría ponerse una melodía nueva que, si bien será sin duda peor, al menos podría cantarse en actos oficiales sin que la cosa parezca un casting de Factor X.

El caso es que los chiquitismos son un buen recurso para un chascarrillo rápido en plan “me estoy poniendo serio; voy a colocar una morcilla en este párrafo que no sea decir caca”. Al principio me costaba mucho hacerlos. Pero pronto les cogí el tranquillo. El truco es pensar en cualquier personaje popular (sobre todo de series de televisión o película ochenteras) y buscarle una exageración. Mi favorito es Lovecraft, aunque los sospechosos más habituales son, cómo no, ‘El equipo A’ y ‘Bola de Dragón’.

Lo que me extraña es que NUNCA haya hecho un chiquitismo pillando a Star Trek de referencia. Porque mira que es fácil cachondearse de esta saga. Es más, en un blog como éste, es raro que nunca se haya hablado de ella. Así que ya toca, porque si hay un fenómeno freak extremo, es el de los Trekkies. Lo siento, Lucas: ellos fueron primero.

La excusa ha sido el visionado de 30 minutejos de la nueva película de J.J. Abrams en la que se retoma la gloriosa franquicia de señores en esquijamas (palabra absurda que me trae recuerdos de mercadillos y fiambre de chope). Como hizo Bryan Singer con Superman, este señor ha decidido ser fiel al original, mantener la continuidad y ni mentar la anatémica palabra ‘reimaginación’. Esa que tan de moda se puso a principio de los 2000 para justificar el volver a vender las mismas franquicias y sacarle de paso un dinero en DVD y derechos televisivos a las versiones antiguas. Lo cual tampoco es tan mala idea, digo yo. Como con las visitas al excusado, el concepto en sí es deseable y a partir de él salen desde cosas duras e inodoras hasta nocilla maloliente.

Efectivamente: cuando no sé qué tontería decir, recurro a la caca. Y así soy feliz.

¿Y qué tal ha estado la cosa? Pues no voy a decir nada todavía. Sobre todo por un motivo inapelable: me he puesto a escribir esto antes de verlo. Así que hagamos historia:

A pesar de estar predestinado desde mi nacimiento a caer en las redes de Gene Roddenberry (creador de la serie, por si alguien no lo sabía), yo entré tarde en Star Trek. Por algún motivo extraño, nunca vi la primera película (la serie me pilló nonato, lo cual es un impedimento para ver la tele). Así que por mi infancia fueron pasando posters la mar de chuletes que prometían un mundo tremendamente interesante. Pero, miren ustedes por dónde, tampoco las alquilé en video. Sí: estamos hablando del que pilló varias veces ‘Ator, el poderoso’. Y no: yo tampoco entiendo qué pasó.

Finalmente, un bonito sábado de mayo, mi madre decidió que quería ver Eurovisión. Era la época de gentuza aburrida como Serafín Zubiri o Mikel Herzog, cantantes con pinta de las juventudes del PP que me daban más bien asquito, antes de la llegada gloriosa de Dana Internacional y el hoy olvidado pero inmenso ‘Otto te ama’, aquel que en el año que ganó el travelo se dedicó a restregar su paquetíns en la cabeza de un pijillo sentado en primera fila. Así que yo me fui a la tele donde tenía conectado el Spectrum a ver ‘Misión: Salvar la tierra’, título con el que Paramount escondió en su estreno en salas ‘Star Trek IV’ a la vista de que la popularidad de la saga en nuestro país era similar a la audiencia de un reality de Cuatro. De hecho, hasta la grabé, pues recordaba que obtuvo varias nominaciones a los Oscar.

Un sabio dijo una vez: los viajes en el tiempo mejoran o empeoran cualquier película. Bueno, en realidad se refería a los dinosaurios. Y es una frase absurda. Que tampoco me vale para llegar a ninguna parte, excepto al hecho de que entré en la saga por la puerta grande. Y es que es la mejor película de la serie, por dos motivos: que viajan en al pasado y que Spock le dice a Kirk ‘Puñeta, me estaba comunicando’ y ‘¡Claro que sí, carajo!’.

Y es que muy rápido pillé lo que hacía especial a esta serie: la dinámica establecida entre los tres personajes principales, con el Spock racional (excesivamente racional en este capítulo por aquello de haber estado muerto), el McCoy de los sentimientos y el Kirk de la dualidad entre ambos extremos por su personalidad impulsiva y su calidad de capitán de nave. Por eso no me haría fan de la Nueva Generación, Voyager, DS9 o Enterprise. Fue bastante de agradecer que no incluyeran a Eddie Murphy como se pensó en un principio, en esta secuela. Porque no tenía sitio dentro del grupo principal. Su personaje pasó a ser mujer y se convirtió en el típico ‘love interest’ para que tampoco molestara demasiado al verdadero triunvirato protagonista. Además, ya sabemos lo que pasa cuando se mete a un cómico negro en una película fantástica…

Con el tiempo me di cuenta de que el primero de los dos motivos por los que me gustó la película era también extrañamente relevante: los mejores momentos de la serie son aquellos en los que viajan en el tiempo, un mecanismo narrativo que ha hecho que incluso siga leyendo la saga de literatura masoquista de Thomas Covenant. Porque si se hace bien, es fascinante. Y si se hace mal, al menos te entretienes señalando las incongruencias. A veces, hasta algunas películas malas con viajes temporales dan origen a nuevos subgéneros cinematográficos (véase aquí).

No puede ser casualidad que la película más laureada de la tripulación original sea la cuarta (vale: a muchos le encanta la segunda, con guión del mismo tipo, by the way). La mejor de la Nueva Generación es ‘Primer Contacto’, con su correspondiente viaje al pasado. El capítulo más reconocido de la serie original es ‘The city on the edge of forever’ en el que no sólo retroceden a los años 30, sino que además (SPOILER, leñe) sale Joan Collins siendo atropellada, una delicia sólo comparable al momento en el que un bicho lovecraftiano se come a la pesada de Raquel Meroño en ‘Dagón’ (FIN DEL DOBLE SPOILER). De las series posteriores no hablaré, porque no soy un experto, pero no olvidemos que uno de los episodios más recordados de ‘Deep Space 9’ es aquel en el que retroceden al momento en el que la tripulación original está de cachondeo con los pompones vivientes de los tribbles.

Por eso J.J. (ojalá se apellidara Jameson) ha decidido (SPOILER) utilizar para su película el viaje en el tiempo. (FIN DEL SPOILER) Pero sigamos sin adelantar acontecimientos. Que he llegado a este párrafo y todavía no es el día de ver el cacho de flim. Sólo hablo de lo que se dice por los internetes.

Por supuesto que no todo es Gran Cine ™ en esta serie. De hecho, tampoco los son los ejemplos ya nombrados. Y gracias a dios. Aunque ya me gustaría ver al fan de filmoteca usual alabando las delicias de ‘La ira de Khan’. Cosa que yo mismo hice cuando llegué a la Facultad de CCI. Una vez, en segundo curso, confeccionamos una lista de nuestras películas favoritas. Y allí estaba yo, con dos cojones, poniendo ‘Regreso al futuro’, ‘Star Trek IV’ y ‘Cristal Oscuro’ al ladito de ‘El apartamento’ y ‘El padrino’. Desde entonces tuvieron una idea de perturbado sobre mí que se prolongó el resto de la carrera y se ha mantenido incluso hasta hoy en día en mi trabajo. La correcta, dicho sea de paso.

Así que lo que voy a hacer es realizar un rápido repaso a la sordidez de la saga original y las películas:

La serie original:

Como todo producto televisivo, la serie tuvo sus altibajos. Y luego llegó la tercera temporada, que podría decirse que también sufrió altibajos sólo si se considera ‘alto’ a El Fary y ‘bajo’ a mini-yo. Como muestra, puedo decir que me regalaron las tres temporadas en DVD el mismo día. A lo largo de varios meses vi la primera y la segunda. Dos años más tarde, había terminado la tercera como un campeón. Todavía hay gente que piensa que ‘Heroes’ o ‘Perdidos’ han caído en calidad (yo mismo tiendo a decirlo sobre la primera y el exceso de ‘idiot plot’ del que hace gala). Nada en comparación de lo que ocurrió en Star Trek cuando largaron al productor-creador original y a los guionistas decentes. Además de recortar el presupuesto, pasando de los conocidos ‘escenarios de cartón piedra’ a los pronto muy familiares ‘escenarios semi vacíos de cartón piedra’. Señalaré los cuatro capítulos más dolorosos que se me vienen a la cabeza. Porque este artículo lo hago sin refrescar la memoria por internet. La cantidad de información sobre el tema que atesora tiene que ser tal que posiblemente que me confundiría. De hecho, estoy seguro que si pones ‘Star Trek’ en Google, la red se autodestruye (vaya, ya estoy copiando chistes de ‘The I.T. Crowd’)

Spock’s Brain:
EL EPISODIO que atrae más cachondeo de toda la serie. Y, encima, fue el que abrió la tercera temporada, en lo que sin duda era una maniobra por parte de los productores para exigir la cancelación prematura e irse de vacaciones. Lo más triste es que el guionista fue Gene L. Coon, que fuera autor de ‘Space Seed’, el célebre capitulo sobre Khaaaaaaan.
Esta cosa parece más bien una parodia. La trama gira en torno a una premisa que hace que pierdas la confianza en el futuro de la raza humana como especie: Unas señoras espaciales le roban a Spock su cerebro. No hay problema: el vulcaniano puede vivir 24 horas sin tal órgano e incluso ver ‘Está pasando’. Junto a Kirk, viajan al planeta de donde proceden las ladronas. Allí encuentran a una tribu subterránea perdida de shavalinas (¡como en las pelis cutres de los cincuenta y sesenta!) que…

Wait for it…

… necesitan un cerebro de tío…

¡¡¡Imbe…

… para controlar todos los sistemas de la ciudad…

…cili…

… porque ellas son demasiado idiotas.

…dad legendaria!!!

Lo más mítico de todo no es el machismo de chiste de comedor del Opus del guión, sino que McCoy controla todo el cuerpo de Spock con sólo tres botones. Y mi madre desesperada por ordenar los canales de la TDT. Si se puede hacer que una persona ande e incluso cague (escena que, por desgracia, no nos ofrece el episodio) con ese número de comandos, ya podrían los diseñadores de mandos a distancia aplicarse el cuento.

Sin embargo, en el terreno tecnológico, el episodio tiene un factor que lo hace más curioso todavía. En un momento determinado se habla de unos ‘motores de iones’, palabro inventado que un freak de la serie ayudó a desarrollar y que existen en la actualidad gracias a él. ¿Era Gene Coon un visionario? ¿Un Nostradamus de la vida? Que venga Rob Halford, que seguro que él tiene la respuesta.

Plato’s Stepchildren:
Una vez más, un episodio relevante por motivos extra-cinematográficos que, sin embargo, es una puñetera bazofia.
Kirk y la alegre pandilla llegan a un planeta habitado por tipos con toga. Pero no en plan Jim Belushi en ‘Desmadre a la americana’, sino al estilo antigua Grecia, lo cual es más aburrido en cuanto al alcohol y la juerga, pero mucho mejor para todo aficionado al placer prostático. Los tipos, que viven según los escritos de Platón, tienen lo que el filósofo griego siempre deseó: superpoderes. En concreto, mentales. Así, se dedican a tratar a los del Enterprise como marionetas. Todo desemboca en la escena más involuntariamente hilarante en la que se puede ver:

¡Spock bailando una especia de Fandango Sideral!
¡Kirk recitando Shakespeare como si estuviera aguantándose una diarrea!
¡Spock cantando!
¡Kirk haciendo de caballo montado por un enano!
¡Kirk dispuesto a darle latigazos a Uhura en plan peli porno de Ed Wood!
And last but not least, ¡Kirk besando a Uhura!

Tal momento marcó el primer beso interracial blanco-negra de ficción de la historia de la televisión americana (un episodio antes, Kirk se había enrollado con una china, pero se ve que para las perturbadas y racistas mentes de la época no era algo tan grave). Pero había trampa: era en contra de sus voluntades, manejados por seres extraterrestres con toga. A tomar por culo el mito del Star Trek progresista. Con todo, hay que darles crédito a los productores, porque sabían que algunos se iban a cabrear. Y al gran Shatner por su exabrupto al ver que el personaje que iba a besar a Uhura en el guión era Spock: ‘¡Si alguien va a besar a Nichelle, ese voy a ser yo!… quiero decir… ¡El capitán Kirk!’. 5 puntos de calentura por ello más 10 de complemento de estilo por chulería interracial. Baby, baby.

The Way to Eden:
¡Jipis espaciales! El Enterprise acoge a un grupo de comuna chunga en busca del mítico Planeta Eden. Sí, niños: más o menos como la trama de ‘Star Trek V’. Pero ya llegaremos a eso más tarde. Los tipos intentan que la tripulación se una a ellos y así robar la nave enseñándoles las delicias de la vida hippie, que era como la del perroflautismo, pero con más LSD, más colorines, Vietnam en lugar de Palestina y mejor música. El motín comienza tras un concierto en el que Charles Napier (el de Rambo y las pelis de Russ Meyer) aterroriza a la tripulación cantando con una especie de espada de tómbola de feria:

Finalmente, llegan al planeta en cuestión, en el que todo es la mar de mono, pero hecho de ácido. Algunos mueren, el líder de la secta (cuyas orejas parecían un par de tortillas de camarones pochas) se suicida. Actitud comprensible para todo aquel que ha tenido la suerte de ver esta cosa, posiblemente responsabilidad del productor que sustituyó a Roddenberry en la tercera temporada, el cual importó la idea de su anterior trabajo al frente de esa chunguez llamada ‘Lost in Space’.

And the Children Shall Lead:
Pues más o menos lo mismo que la anterior, pero con niños y un líder que parece el fantasma sideral de Montserrat Caballé. Que además, estaba interpretado por un famoso abogado de la época que hasta representó a Jack Ruby. Pero seré sincero: no recuerdo mucho de este episodio. Y no: no pienso volver a verlo. Sólo sé que no pasaba nada y que me aburrí bastante. Porque si hay algo peor que una serie de ciencia ficción coñazo es una serie de ciencia ficción coñazo con niños insoportables.

Una vez cancelada la tercera temporada, se produjo una nueva… ¡pero de animación! En ella hasta repitieron la mayoría de los actores, por aquello del paro y la necesidad de comer. Hace años me bajé algunos capítulos, pero, por mucho que los guiones a veces estuvieran escritos por los autores de la serie original, ni yo estoy lo suficientemente loco como para tragarme una animación matinal cutre de esas en los que las que sólo se movían las bocas y los personajes corrían como si tuvieran palos en el orto con el mismo pasillo como fondo interminable. Que los productores eran esos de Filmation, los temibles autores de ‘He-Man’ y otros programas infantiles menos abiertamente gays.

Aquí acabo con las series, porque no he visto suficientes capítulos del resto y seguro que hay por ahí gente mucho más versada en el tema. Según parece, aquellos que buscan emociones colonoscópicas, no deben dejar de ver capítulos de la Nueva Generación como ‘Sub rosa’ (una especie de fanfic para niñas adolecentes de la temible última temporada) o, en el caso de Deep Space Nine, ‘Profit and Lace’, ejemplo de televisión dolorosa que ha alcanzado proporciones míticas en la red.

Las pinículas:
‘Star Trek, The Motion Picture’ era un título que dejabas las cosas claras: “Esto no es una serie. Ya sé que estáis sentados en el cine y lo lógico es que penséis que es una película. Pues tendréis razón. Lo es. Pero se desarrolló como una serie. Claro que nos hemos gastado más pasta. Pero no es la serie. Eso era para geeks”.

En vista del éxito de ‘La guerra de las galaxias’, la Paramount decidió convertir la secuela televisiva de Star Trek (conocida como ‘Phase II’) en una película con efectos especiales. Recalcamos este punto, porque en algún momento de la producción se mantuvo el concepto de ‘efectos especiales’, pero empezó a perder protagonismo el de ‘película’, siendo sustituido por el más habitual en este blog ‘tremendo rollo’.
El director fue Robert Wise y el resultado, si bien era interesante, fue un pequeño desastre. La cosa hizo dinero, pero el montaje puso tanto énfasis en los efectos que la película acabó siendo bastante aburrida. En parte también debido a que básicamente se lanzó con un montaje provisional. Con las prisas para el estreno, al pobre Wise (que comenzó como montador de, atención, ‘Ciudadano Kane’) no le dio tiempo de hacer pases y ajustar el metraje. El resultado: el DVD que circula hoy en día es uno de los pocos casos en los que el director’s cut es más corto que el original. Para el remontaje, Wise utilizó la técnica de ‘pasar por la tijera’, complejo proceso que consiste en coger todos los planos con efectos de la película y quitarles dos segundos.

Tras este pequeño contratiempo, se decidió cambiar las cosas. Echaron a Roddenberry y, con un presupuesto menor, pero un guionista menos pretencioso, se hizo ‘Star Trek II: La ira de Khan’, protagonizada por Ricardo Montalbán, una melena cardada y un falso pecho-clembuterol. La película acababa con la memorable muerte de Spock. Claro que era mentira: ya una vez le quitaron el cerebro y sobrevivió. Se trataba de un ardid para que Leonard Nimoy accediera a aparecer en la película, con la promesa de que dirigiría la tercera. Así pues, ‘Star Trek III: En busca de Spock’ es una cosa extraña cuya única razón de existir era darle el gustillo a un actor de realizar una película sin tener que actuar y hacer puente para la siguiente secuela. Claro que merece la pena ver a Christopher Lloyd haciendo de malo Klingon, poniendo exactamente las mismas caras que Doc Brown.
Tras el éxito inesperado de ‘Star Trek IV’, William Shatner pidió a los productores que le dejaran dirigir la siguiente. Y los pobres accedieron. El tipo volvió al tono pretencioso, con un guión que contaba la historia del hermano de Spock y su grupo sectario en busca de Dios y el planeta en el que nació el Universo. Efectivamente, como en el capítulo chungo antes reseñado. El buen capitán Kirk diseñó una película sobre el sentido de la vida con Sean Connery en un papel carismático y un final épico y barroco con ángeles, demonios y gigantes de piedra. Lo que salió fue una cosa que incluía a Uhura haciendo un baile erótico a sus 56 años, un desconocido en lugar del escocés que hizo lo que pudo y un final chungo con los protagonistas hablando con una cara gigante. Lo que pasó es que el presupuesto fue quedándose en nada y, para empeorar las cosas, fue el verano de ‘Indiana Jones y la Ultima Cruzada’ y ‘Cazafantasmas 2’, por lo que la ILM estaba demasiado ocupada. Los efectos quedaron en manos de unos chapuceros que hicieron parecer buenos a los de ‘Superman IV’. Todo acabó con un desastre en taquilla y el estreno directo a video en nuestro país. Pero me encantaba el póster.

Así que para ‘Star Trek VI: The Geriatric Country’ se volvió a contratar al director de ‘Star Trek II’ para arreglar la cosa. Y salió bien. Lo cual no puede decirse de ‘Star Trek: Generations’, primera película de la Nueva Generación tras varias temporadas en televisión, que consiguió lo increíble: ser más lenta y aburrida que ‘The Motion Picture’ y hacer que Kirk pareciese un pringado, incluso con la voz de Constantino Romero en la VE. Lo cual es inadmisible.

Luego llegaría ‘First Contact’ (correcto), ‘Insurrection’ (incorrecto) y ‘Nemesis’, conocida por ser la que se cargó la teoría de ‘las pares buenas, las impares malas’. Aunque a mi no me pareció tan chunga. Símplemente no aportaba ideas nuevas. Sospecho que su fracaso tuvo más que ver en primer lugar con una oleada generalizada de mala prensa por parte de los fanboys interneteros (hoy conocidos como los batmanbeguínicos), que desanimó a los menos interesados en la saga. Y, en segundo lugar, por mero agotamiento. Eon Pictures supo darle un vuelco a James Bond cuando la serie todavía recaudaba dinero, pero parecía agotada. Paramount no se arriesgó a hacer lo mismo. Ir un paso más allá de ‘Insurrection’ sin hacer nada no fue buena idea.

La saga estaba muerta y la única opción era empezar de cero. Lo cual nos lleva a la nueva película.

La idea de narrar los años de academia de Kirk y Spock lleva dando vueltas por la serie desde hace mucho tiempo, sobre todo tras el desastre de ‘Star Trek V’, cuando el productor Harve Bennett intentó rodarlo con el título de ‘The Academy Years’. Tras la crisis de ‘Nemesis’, reapareció, impulsado por el productor de los últimos años Rick Berman, como guión titulado ‘Star Trek: The Beginning’, el cual no incluía a los personajes clásicos, pero sí el tema de la Academia. Nuevamente, acabó en la basura. Hasta ahora.

Así que alegremente me dirigí a tomarme unos canapés lamentables y una cocacola aguada como paso previo al masivo visionado del teaser y cuatro escenas del ‘Star Trek Beguins’ que se ha marcado Paramount. Allí apareció el señor JJ Abrams, muy director él, hablando rápido y con mucha gracia sobre la peli. Lo esencial que dijo: que nunca fue fan de la saga (más bien de ‘La guerra de las galaxias’) y que la película está hecha para la gente como él.

Claro que, curiosamente, eso no quiere decir que no haya sido fiel a lo que ya hay. Contestando a mis propias dudas (¡SPOILERS!):

¿Hay viaje en el tiempo?
Pues claro que sí. No vean ustedes la felicidad que me dio ver que una de las escenas incluía a Leonard Nimoy (¡todos firmes!) encontrándose con los jóvenes Kirk y Scotty en una especie de chatarrería. Y por si alguien tenía duda, intercambian el siguiente diálogo:
Kirk: Viajar en el tiempo es hacer trampa.
Spock: Es un truco que aprendí de un viejo amigo.

¿Se mantiene la esencial relación Kirk-Spock-McCoy?
Pues no. Porque, como era de prever, la película se va a centrar en una rivalidad entre los dos primeros. Sólo nos mostraron un diálogo McCoy-Spock en el que, gracias a San Feck, se mostraba la sorna del doctor.

¿Qué tal se ve?
Pues el diseño de producción y la realización me parecieron poco relevantes.

¿Y de qué iban las escenas?
La primera es la presentación de Kirk, intentando ligar con Uhura en un bar. La falta de originalidad no sólo hace acto de presencia, sino que llega ondeando el carallo y plantando un pino cuando el protagonista se mete en una pelea con unos cadetes, ese recurso tan viejo que sólo puede sacar adelante Clint Eastwood en ‘El sargento de hierro’. Luego aparece Bruce Greenwood haciendo del Comandante Pike (personaje conocido por los freaks por haber protagonizado el primer piloto de la serie) para blablabla medaigual.

La segunda es una especie de cosa casi cómica mezclada con tensión en el puente (eso significa una cosa: multitud de esquijamas) en la que hay hasta un breve plano de Minona Ryder en Vulcano. Que, a propósito sólo tiene seis años más que Zachary Quinto, que interpreta a su hijo. Lo cual plantea un nuevo concepto en el universo Trek: ¿Son los vulcanianos pederastas con fijación por las canijas?

La tercera fue la antes nombrada secuencia con Nimoy, el jran Simon Pegg como Scotty y el shavalín que hace de Kirk / niñato de instituto. Guiño a ‘Star Trek IV’ y una dirección artística que sigue planteándome dudas. No por mala, sino por poco relevante. Pero me jodió que se encendieran la luces. Quería más. Ahí vi clarito que el 8 de Mayo seré el primero en la cola del cine.

La cuarta y última era la Hescena de Alción. Kirk, Sulu y un camisa roja saltan en paracaidas a una plataforma sobre vulcano. Como ya avisó el propio JJ, el último la palma, pues hay tradiciones que no pueden obviarse. Kirk a leches y Sulu a espadazos (¡Harold haciendo acrobacias!) se pelean con tres romulanos en un momento la mar de entretenido que termina con Chekov teletrasportando a ambos antes de acabar espachurrados en el suelo.

Fidelidad al original, pero pensando en nuevos espectadores. El concepto me parece valido. Lo visto, interesante. Ya veremos cómo acaba.

Esto es todo. Tampoco es plan de meterme a hablar de la sordidez del mundo de los fans de la serie. He visto los documentales ‘Trekkies’ y ‘Trekkies 2’ y sé que ahí se encuentra un pozo maravilloso de nerdismo desaforado, del tipo que a mi me gusta. Porque hay que admirar esa gente tan finstra como para aprender a hablar Klingon, un idioma cuya génesis está en un par de palabros inventados por James Doohan (Scotty). Porque lo más grande que se le puede decir a una persona sería algo así como ‘eras más freak que escribir una ópera en klingon e interpretarla frente al Palacio Real’.
¿Lo veis? Ya he hecho un chiquitismo con Star Trek. Y ahora que lo pienso, creo que tampoco he hecho nunca uno con ‘La guerra de las galaxias’…

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