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Mis vicisitudes personales: ¡La mejor entrevista de trabajo ever!

Durante la accidentada visita reciente al festival de Sitges… Un momento. No puedo pasar por alto este punto. Dejemos clara una cosa, con elegancia y templanza:

LA ORGANIZACIÓN DEL FESTIVAL DE SITGES ES UNA PUTA MIERDA

Tras un viaje ex profeso desde Madriz, correr como locos para coger el tren y llegar a la proyección de Carlosaurio… resulta que, a pesar de estar anunciado, habían decidido unilateralmente no proyectar el corto. Más cabreados que Hulk después de una depilación nasal, nos salimos de la sala sin ver la película de Miyazaki y mientras un pobre hombre presentaba la obra que había desplazado a la nuestra. Y digo lo de ‘pobre’ porque, encima, parece ser que tomó asiento, se apagaron las luces… y no pusieron su película.
Tras mucho insultar, accedieron a poner el Carlosaurio en el maratón de madrugada y pagarle un hotel a uno de los miembros de nuestro equipo (un gran onvre que firma sus realizaciones como ‘Günther’) que iba a volver el mismo día. El resto (Vicisitud, La Navaja en el Ojo, Snowymary y yo) tuvimos que apechugar con nuestro dinerito gastado y volvernos en el tren a Parchelona (nada de pagarnos un taxi). Vicisitud volvió (en transporte público la ida, claro) para la proyección nocturna. El resto decidimos quedarnos haciendo el gambitero con Milgrom, Portrait y varios amigos living Gafapastown la nuit. Mejor en compañía de blogueros potórricos (¡uno de ellos con bigotón!) que en ese festival-colonoscopia.

Así que vamos a ello otra vez:


Como ya comentaba, durante la accidentada visita a la mierda de festival de Sitges quedamos en Parchelona con los amigos Milgrom y Portrait, de los blogs ‘Con opinión de todo’ y ‘Pruebas de estupidez’. Al poco de conocernos, se puso en marcha dentro de mí ese complejo mecanismo que yo llamo ‘Automatismo de Ponerme Enorme y Totalmente en Evidencia y Causar Amplia Vicisitud (APETECAV)’ y que mi novia gusta en denominar ‘Ay, Paco, Dios Mio, Qué Hago Aquí’ (AKA ‘Quiero el Divorcio’). Sin necesidad de catalizador alcohólico, pues todavía no había ni tocado el mojito que había pedido (¿Qué bebida creían que iba a tomar yo? ¡Pues una cuyo nombre me recuerda a caca, por supuesto!), comencé a hablar de mis recuerdos más lamentables. Pero, claro: varios de los presentes eran lectores de este blog. Y no es plan de repetir batallitas. Así, me di cuenta de que hay dos anécdotas que todavía no he contado por aquí.
La primera es que, aunque soy blanco y pecoso, tengo la pisha extrañamente morena.

Ala, ya lo he soltado. Sí, ya sé que normalmente lo que cuelga es un poco más oscuro que el resto de la piel. Pero en mi caso era suficientemente llamativo como para otorgar munición a todos mis primos para cachondearse de mí cuando jugábamos al strip poker de niños. Sí: suena a una práctica muy perturbada y, por qué no decirlo, gilipolla, para pasar el rato con los parientes. Pero la infancia y primera adolescencia es así. O más bien no y es que el agua contaminada de las playas de Algeciras realmente nos había afectado mentalmente. Lo cierto es que ninguno de mis primos es homosexual y la primera vez que jugamos a eso continuamos la tarde acudiendo al Continente a robar tubigums y un póster de Samantha Fox.

Pero no ahondemos en este vergonzoso tema de autodestrucción pública, que, además, entra de lleno en las categorías de ‘información innecesaria’ e ‘imagen mental que no queríamos tener’. Pasemos a la segunda y principal anécdota que relaté a los pobres amigos y residentes en Barcelona.

El departamento de cine porno del Canal Plus estaba en tiempos comandado por el recientemente fallecido y persona encantadora en general Carlos Aured, un onvre muy aficionado el cine fantástico y director de la épica (en el título) ‘El fontanero, su mujer y otras cosas de meter’. Cuando decidió retirarse, anunciaron que su plaza quedaba vacante. Y, automáticamente, todos mis conocidos me mandaron mails con el ‘¡Paco, tú deberías presentarte’. Entonces descubrí dos cosas: la primera es que tenía muchos amigos que pensaban en mi futuro laboral en una época en la que andaba algo aburrido como ayudante de producción. Y la segunda es que, aunque me querían, tenían la idea de mí como obseso sexual. Lo cual, bien pensado, tampoco está tan mal. Desde luego, mejor que la que tengo yo de cierto compañero de trabajo como sociópata en potencia cada vez que me habla de su fascinación por los asesinos en serie y la sodomía penitenciaria.

Acudí a la entrevista en el despacho de una chica de recursos humanos muy agradable y muy pijilla. Y, lógicamente, se desarrolló la mejor entrevista de trabajo que nunca he tenido. Muchas veces se califica una situación como ‘surrealista’. Este no es el caso. Aquí fue más bien ‘estupefaciente’ o, directamente, ‘descojonante’. Porque no me digáis que no es bonito estar en un ambiente laboral serio, en busca de un puesto mejor remunerado y con una chica joven y ligeramente tímida teniendo conversaciones como:

-¿Estaría usted dispuesto a ver cine de temática homosexual?
– Sí, en razonable medida. Tampoco es para arrancarse los ojos.
– ¿Consume cine extremo?
– ¿Extremo?
– Sado, lluvia dorada…
– Eeerrr… ya sabe… internet… la gente te manda mails…
– ¿Supondría un problema para usted visionar ese tipo de material?
– Si hay que hacerlo, se hace. No es que sea para hacerse pajillas. Pero, entiéndame, tampoco el resto.
– Claro, claro, que esto de ver siempre porno tiene cansar. Vamos, digo yo.

La conversación poco a poco se fue haciendo más distendida, con la chica soltando perlas sobre sus hábitos de consumo que tampoco voy a relatar aquí, so guarrillos. Pero siempre con un pie en todo tipo de porcalladas estilo:

-¿Consume usted cine porno?
– Mujer, cuando uno está aburrido… Yo me aburro mucho… Ya sabe… Concretamente… No. Bueno, de adolescente sobre todo.
– ¿La última vez?
– Ayer.

El caso es que pasé la primera criba y tuve una entrevista posterior con Carlos Aured. Como el puesto estaba básicamente dado antes de que saliera la convocatoria (estas cosas de empresa funcionan así), nos dedicamos principalmente a hablar un poco de sus experiencias en el mundillo del porno y, sobre todo, de cine. Que este hombre era un aficionado al fantástico de verdad. Como ya he dicho, un gran tipo.

De todas maneras, siempre pensé que tampoco era un trabajo que deseara con locura. Sí, te pasas el día viendo tetas. Pero tiene sus problemas. Como pensar constantemente en títulos (supongo que a los cinco años de hacer juegos de palabras con ‘culos’ y ‘mamadas’, la mente puede cerrar por defunción) o aquello que sospechaba y me confirmó una conversación que tuve con mi amigo Juan cuando se encargaba del Pay Per View de Ono:

– Qué, Juanito, ¿qué peli nos vemos hoy?
– Pues no sé, Paquillo. Podríamos ir al cine. O hacer sesión freak… ¡Un momento!… … … … Nada, que parecía que se le iba a cagar. Es que tengo puesta una peli de sado, que se vende bien y si cagaran no podría emitirla. Bueno que no sé
– ¿Fulci? Tengo varias películas de bárbaros bajadas de…
– ¡Ay ay ay ay ay ay! ¡Que se le cagó! Madre, que asquito. Ya no me vale ésta.

El mundo del audiovisual es duro.

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