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Life in hell: de vuelta en la universidad

Buenas noites:
¿Quieren saber como llegué a recibir un email con este delirante encabezado, escrito no por un alumno gallego de la ESO con cinco suspensas para septiembre, sino por el señor decano de la facultad de Filología y traducción de Vigo? ¿Desean averiguar cómo puede continuar un texto que empieza con buenas noites? (Y sí, el resto está a la altura del encabezado). ¿No? Entonces son ustedes gentes cabales y de orden; pero si su respuesta es sí, han pasado el filtro detector de sórdidos y están en condiciones de leer lo que viene a continuación.
Supongo que muchos de ustedes, amigos sórdidos, tienen espinitas clavadas del pasado o, como decía Garci, asignaturas pendientes que les hacen preguntarse de tanto en tanto como habría sido su vida si su amor platónico del instituto les hubiera hecho caso, si se hubieran ido a vivir a Australia o a Cantalejo de Arriba cuando su tía soltera les invitó a pasar una temporada por allí, si hubieran aceptado tal trabajo, etc. En ocasiones la vida ofrece la posibilidad de resarcirse y una segunda oportunidad de cumplir con esos planes eternamente postergados y en ese caso …..¡¡en ese caso hay que decir NOOORL!!
No nos engañemos, si en su día no lo hiciste es porque NO era buena idea y será todavía peor hacerlo cuando ya ha pasado el momento. En el fondo sabes que tu amor perdido del instituto en realidad era una pedorra, que Australia no es la solución, que en ese otro trabajo habrías sido igual de inútil y te quejarías lo mismo o más de tus jefes y compañeros que son igualmente inútiles, y que el cuarentón que se hace jipioso y se mete en clases de Reiki, la madre que empieza a fumar porros para recuperar el tiempo perdido o el yuppie que pide una excedencia para encontrarse a sí mismo en un viaje místico a la India y se deja el pelo largo para disimular sus entradas siguiendo la senda de Anasagasti no son ejemplos a seguir. Vean si no a Jarabe de Palo, que renunció a una vida ajetreada de ejecutivo agresivo para dedicarse a lo que siempre había querido hacer … y a lo que siempre habíamos temido el resto de los mortales; vender seguros es mucho más digno que cantar Bonito. ¿A que si James Cameron hubiera seguido siendo camionero, Bustamante se hubiera quedado en el andamio y James Blunt no hubiera dejado el ejército el mundo sería un lugar mejor?
Sí, vale, para dar consejos como estos, o sin duda más interesantes, no me necesitan ustedes a mi, ya se los da Anaraida a las clientas telefónicas de su Tarot de los ángeles o similar en la televisión local de Carabanchel. Pero esta introducción es un intento de justificar que, ya talludito y con un trabajo más o menos respetable, me diera por volver a la universidad y a meterme en clase con gentes diez años más jóvenes que yo para estudiar Traducción e Interpretación. Como en mi época había estudiado una carrera técnica tenía la idea romántica de que en las facultades de Humanidades el alumnado sería menos cuadriculado, con más interés por cuestiones culturales, que mejoraría mi nivel de idiomas …. si ya están pensando acertadamente que soy el mayor pardillo del reino, pues todavía no han leído nada.
En esto que llega servidor a la facultad de Filología y Traducción de Vigo y se encuentra con la curiosa idiosincrasia de una facultad de letras y su espíritu de esfuerzo y trabajo. La primera sensación es de alborozo al ver que estudiar un par de horas el día antes del examen le convierte a uno en la lumbrera de la clase; los alumnos no obstante no tienen un minuto libre agobiados por el estrés de las fiestas variadas y, como no, las actividades políticas. En Galicia se mantienen naturalmente clásicos irrenunciables e intemporales como la causa propalestina pero el galeguismo consigue dominar en una peculiar simbiosis con las rastas y lo perrofláutico. En ninguna biblioteca ni cafetería universitaria falta un curioso cartel de culto a los “Reis da Galiza”; curiosamente, casi todos ellos eran monarcas del reino de León lo que debería convertirlos en invasores según las tesis nacionalistas. No pregunten tampoco por qué este ensalzamiento de la monarquía entre gentes que se supone que son republicanas, ni por qué el prolusismo lleva a estos aguerridos detractores de los imperialismos norteamericano y español a fascinarse por la lusofonía, que no sólo es pura exaltación del imperialismo (portugués en este caso) sino que ni siquiera es original y se limita a copiar cutremente a la francofonía, pero estas son las cuestiones que se dirimen entre cafés, partidas de mus, conciertos de cantautores y vanos intentos de comerse algo en las fiestas del fin de semana.
Como es lógico, el alumnado y el profesorado se complementan a la perfección en el microcosmos de la facultad de humanidades, en el que se desarrolla un curioso pacto tácito por el cual los profesores fingen que sus alumnos saben algo y los aprueban siempre que asistan a sus clases y les hagan la pelota, y los alumnos devuelven esta generosidad fingiendo a su vez que los profesores y sus clases sirven para algo y asistiendo a ellas.

En esto último algunos objetarán que, dada la trifásica forma en la que se conceden los puestos de profesor en las universidades, difícilmente pueden preparar para el ejercicio de una profesión o de la investigación docentes puestos a dedo que en su vida han trabajado ni investigado en nada. Evidentemente ninguna habilidad profesional ni investigadora se va a aprender en la universidad, pero lo cierto es que este profesorado puede enseñar y ejemplificar a las mil maravillas la realidad de la vida del futuro licenciado en humanidades: cómo ser trepa y colarse en los departamentos de la facultad, cómo seguir viviendo de papá, mamá y las becas del estado hasta los treintaytantos a cambio de vomitar en los domingos de resaca cientos y cientos de folios sobre un tema que no le importa a nadie y menos a quien escribe la tesis, cómo colarse en la administración por la puerta de atrás y luego presionar hasta que te dan una plaza fija, etc.

Cuando pasado un mes de curso este habitat universitario ya está sobradamente estudiado y asimilado, ¿qué hacer? Lo más sensato que recomendaría Anaraida sería huir corriendo de allí, pero, como decía una rima sórdida de Mecano, cuando tomo una decisión soy peor que Napoleón o, si prefieren una referencia cock rock de Van Halen, Finish what you started. Puestos a continuar, la forma de encontrarle algún aliciente fue convertirme en el tocapelotas de la clase y sugerirle con sorna típicamente gallega a la profesora de traducción de textos científicos que azufre y sulfuro NO son sinónimos puesto que eso es como decir que el cloro es lo mismo que la sal de la comida (que es un cloruro), o dedicarme a subrayar y corregir las no pocas erratas de redacción y de ortografía que encontraba en los enunciados de los exámenes.

Ni que decir tiene que estas prácticas no elevaban precisamente mi índice de popularidad entre el profesorado de la facultad y que por lo tanto el mismo aprovechaba la menor oportunidad para suspenderme. Algunas veces estos roces se solucionaban de forma curiosa; por ejemplo, un día un profesor me estaba echando un rapapolvo por mi disparatada idea de compaginar el trabajo con unos estudios prácticos como los de traducción, que requerían mi disponibilidad y mi presencia en todas las clases, hasta que me preguntó en que trabajaba y resultó que yo era a mi vez profesor de su hijo (aunque de los pringados que se sacan su plaza por oposición y no a dedo), momento en el cual su tono cambió, se convirtió en pura amabilidad y hasta se disculpó por su borderío anterior.
El caso es que las desavenencias se quedaron en la mera anécdota y la sangre no llegó al río hasta la aparición de cierta profesora cuya desfachatez e incompetencia dejaban en pañales al resto, lo cual tiene no poco mérito. Su tono de voz ligeramente alto (su clase se podía seguir sin problemas desde fuera del edificio) o su práctica habitual de dedicar buena parte del tiempo de clase a que los alumnos hicieran un ejercicio tan inútil y carente de sentido como la explicación previa mientras ella corregía el trabajo que no había hecho en casa no eran datos muy prometedores, pero las cosas se pusieron peor cuando nuestra amiga empezó a llegar a clase con retraso (se entiende retraso de más de media hora, porque menos tiempo entra en lo habitual, al menos en la universidad de Vigo), a faltar y a dejar de responder correos electrónicos. Cuando en su despacho apareció un rótulo que rezaba no habrá tutorías hasta nuevo aviso y me enteré por Radio Macuto de que esta mujer llevaba semanas sin ir a trabajar y que el examen final se había pospuesto, me quedé muy extrañado ya que en la secretaría de la facultad no tenían ninguna noticia de ese cambio de fecha. Pregunté en el departamento si el día del examen se mantenía dado que la profesora estaba de baja y la respuesta de quien me atendió fue no está de baja, tuvo un permiso de unos cuantos días, por enfermedad de un familiar, que terminó hace varias semanas
El examen final según todos los papeles oficiales iba a ser dos días después y la profe seguía sin dar señales de vida; cuando estaba pensando en llamar a Iker Jimenez para que investigara esta desaparición, recibí por fin un correo electrónico en el que la susodicha me confirmaba que el examen se posponía indefinidamente y me contaba las vicisitudes de salud de su hija, una información de la que francamente me habría parecido más elegante por su parte prescindir; o si no, que mandara al menos un mp3 adjunto con música de violines para darle la ambientación adecuada a la lectura de tales desdichas.

En fin, Madre Coraje acabó volviendo a «trabajar», aunque de forma intermitente y con retrasillos ocasionales de una hora u hora y media de nada (naturalmente en cada una de estas ocasiones sacaba a relucir su drama familiar y parecía que éramos nosotros los que, kleenex en mano, teníamos que disculparnos en lugar de ella), y el examen se acabó celebrando sólo mes y medio más tarde de lo previsto. En un nuevo alarde de profesionalidad y celeridad, las actas no aparecieron hasta unos dos meses después y cuando lo hicieron, mi nota, que en la remota fecha del examen había sido un aprobado, se había convertido en un suspenso. Con ciertas partes de mi anatomía algo hinchadas, pedí explicaciones y Madre Coraje, en su enésima muestra de eficiencia sin par, me dijo que lo comprobaría y que le escribiera al cabo de quince días puesto que antes no tendría acceso a la información (es decir, no pensaba acercarse por el trabajo). El acta no fue modificada hasta tres semanas más tarde; la guinda que me acabó de tocar o más bien estrujar mis partes previamente hinchadas fue el no leer ni escuchar en ningún momento vocablos del tipo lo siento, disculpas, perdón o alguna de estas cosas que los mortales que no estamos a la altura de esta mujer decimos de vez en cuando.
La historia debería haber acabado ahí, pero Don Quijote a mi lado era un hombre práctico y realista, así que me dirigí a la oficina del decano con un escrito en el que informaba de todas estas vicisitudes (y de otras que no he puesto porque si no este artículo impreso iba a parecer la guía de teléfonos), con lo que desencadené involuntariamente una explosión surrealista cuyo primer manifiesto reproduzco a continuación. He aquí la respuesta que recibí del decanato ante mi reclamación; para que los amables lectores no se abran las venas leyéndola completa, he subrayado los greatest hits:
Buenas noites:

a pesar de estar de vacacions, respóndolle:

1º A revisión de exámes é competencia dos departamentos, polo que deberá

dirixirse ao departamento preguntando por este asunto.

2º Respecto ao suposto incumprimiento que vostede denuncia da citada profesora (e esto sí é competencia do decanato), he de informarlle de qu non teño constancia escrita da sua reclamación. Pero, unhaa vez presentada a su queixa oral, recollín toda a informaición necesaria e he de decirlle que a profesora ….., debido a unha circunstancia de extrema gravedade de carácter familiar, viuse obrigada a modificar algúns horarios de clases e titorías e que en todo momento mantivo informados aos seus alumnos destes cambios.

3º ete decanato no só non considera que teña existido dexación de funcións da citada profesora, senon un desexo moi encomiable de cumprir coas suas obrigas profesionais a pesares da situación familiar grave pola que atravesaba.

Un cordial saúdo.

……

Decano de la FFT

Vale, a quienes no sean gallegos este texto, que no se trata de un correillo entre amigos sino lo que el señor decano entiende por una respuesta oficial a una denuncia escrita, no les sacará tanto los ojos de las órbitas, pero creo que hasta quien sólo se ha acercado a Galicia un fin de semana en su vida a comer percebes (o ni eso) sabe que se dice boas noites. El concepto de castrapo se eleva en esta m…. misiva a alturas hasta ahora desconocidas por obra del decano de una facultad donde se imparten filología gallega y filología hispánica, es decir, una de las máximas autoridades lingüísticas de Galicia. Celebramos que el señor decano desconozca el concepto de corrector ortográfico, así como el de vergüenza, y que ello le convierta en un seguidor de nuestras teorías acerca del idioma mundial; la universidad siempre en la vanguardia. A esta muestra de ingenio y estilo en lo formal se le une el desparpajo de no he leido su reclamación pero no está justificada. Amigos, apliquemos esta filosofía de vida en otros ámbitos y tendremos un mundo más jovial: presento mi tesis sobre La Celestina, no he leído el libro pero me han dicho que es bueno, o no tengo ni idea de lo que ha dicho el presidente de gobierno sobre esto pero me parece mal. ¿A que esto convierte a Rajoy con lo de mi primo me ha dicho que el calentamiento global no es para tanto en un aprendiz?

Como, en una jugada de una inteligencia sólo comparable a la de Forrest Gump o Curry Valenzuela, puse esta reclamación antes y no después de que salieran las notas de otra asignatura que también impartía esta mujer (lo sé, debería de tatuarme pardillo en la frente) no creo que les sorprenda saber que en mi examen aparecieron como hongos errores gravísimos merecedores de un suspenso, por lo que la denuncia ante el decanato se vio acompañada de una reclamación de revisión del examen ante el departamento.

Fue el inicio de una pesadilla burrocrática que convertiría a Kafka en un autor de best-sellers joviales; tras innumerables llamadas y protestas por fin recibí, mucho más tarde del plazo establecido, la respuesta del supuesto tribunal de revisión de examen, que por lo pésimo de la redacción, la torpeza de escribir mal hasta mi nombre (entiendo que mi segundo apellido, Álvarez, es demasiado raro y complicado para pedir que unos profesores de filología lo sepan escribir bien en un documento oficial), y la inquina que desprendía sospecho que fue escrita por la propia Madre Coraje y luego firmada por sus coleguit….. esto, por los miembros del tribunal.

Cuando en septiembre por supuesto mi examen volvió a estar, según la profesora, salpicado de errores si cabe más graves y pedí otra revisión, el “tribunal” ni siquiera se molestó en inventarse otros fallos; me mandó el mismo papel de junio aunque, eso sí, apurando sus habilidades profesionales al máximo y consiguiendo logros tan inauditos como escribir mi nombre correctamente; amigos, el sistema funciona. Por cierto, la directora del departamento donde ni sabian que Madre Coraje no estaba viniendo a clase luego declaró por escrito que la profesora había actuado siempre de acuerdo con ellos. Ignoro cuántos centímetros le ha crecido la nariz desde entonces.
En fin, que afortunadamente se trataba de una asignatura optativa, por lo que pude matricularme de otra, teniendo cuidado de elegir a una profesora que no fuera amiguita de estos y que tuviera una cierta ética profesional, que no abundan pero las hay, y me licencié por fin, de lo contrario me vería ahora al menos en décima convocatoria. Y aprendí a ser suficientemente listo como para no haber publicado esto hasta que ya tengo el título de licenciado en las manos y que me echen un galgo …
Así que ya saben, amigos, si están pensando en volver a la universidad …. dediquen ese tiempo a ver porno en Internet, algo sin duda más útil para la sociedad, más gratificante, y que les hará aprender mucho más. Buenas noites.

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