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Ente onvre: Sólo una cosa los convirtió en jrandes

En general, la serie ‘ente onvre’ celebra la vida de personas que han convertido su idiosincracia en un arte. Iconos semi-anónimos o desconocidos cuyas múltiples hazañas han de ser relatadas en este blog. Hoy, sin embargo, me voy a centrar en dos jrandes que, con sólo una acción de gran calado, han ganado mi corazón y mi respeto eterno (o durante el tiempo que pueda pemanecer cuerdo hasta que el visionao de cine-colonoscopia me provoque una lógica degeneración neuronal).

Daniele, el onvre de las pizzas y los pedos:

Hay veces que conoces a una persona e, instintivamente, sabes que nada te gustaría más que agarrar una máquina del tiempo y atizarle en la cabeza. Gracias a peich, ese no fue el caso el día que me presentaron al jran Daniele. Mi Snowymary y yo habíamos viajado a Italia por el mismo motivo que lo debería hacer todo el mundo: porque el italiano hace gracia. Secundariamente, porque es país de grandes actrices porno. Aunque quizá para mi novia eso no era un factor. O sí.

Resulta que ella hablaba mucho por teléfono con una chica de Roma por motivos laborales. Así que quedamos con su amiga y su novio, de nombre Daniele. Desde el momento en el que nos recogieran en coche en nuestro hotel, el buen señor ya mostraba indicios de onvría. Nada más conectar el GPS para guiarse por el equivalente romano a la M30, empezó a explicarnos cómo el aparato era, concretamente, ‘A fuckin’ shiiittt’, concepto que amplió momentos más tarde cuando la voz femenina anunció en italiano:
Tome la segunda salida
Justo en una biforcación de tres carriles. Daniele, sin perder la compostura, comenzó a gritar:
Which one, mothefaaaaackerrrrdddd?!!!! Mai which onnnee?!!!!!

Este exabrupto en presencia de extraños puede ser considerado normal. Al menos en ciertos paises mediterráneos. Claro que pasar a continuación a mantener una extensa conversación sobre pedos sin duda parecería extraño a gente menos interesante y, por lo tanto, de esas a las que se les llama ‘educadas’, pero que yo conozco como ‘coñazo que debería quitarse el palo del culo’. O, al menos, compartirlo.

Pero no es esa gran diatriba gaseosa el motivo de la jrandeza de Daniele. No. Lo mejor llegó cuando fuimos a un restaurante viejuno, de esos con camareros de blanco y pajarita. Parecía que Alberto Sordi, genio de la comedia con el mejor apellido posible para este blog, iba a aparecer por la puerta en cualquier momento. Interrumpiendo una animada discusión sobre las virtudes o defectos de Alvaro Vitalli (Snowymary y su amiga probablemente reprimiendo las ganas de estrangularnos), vinieron a tomarnos el pedido. Momento en el que Daniele se desmarcó con el mejor menú de cena ever:

De primero, una pizza margarita. Y de segundo (así, sin pensarlo ni dudarlo), un calzone.

Una épica del salvajismo gastronómico y la redundancia alimentaria que hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas de admiración. Sí: verdaderamente, era todo un onvre.

Jackie Wright, el héroe ignoto de la comedia:

¿Quién era el señor Wright? Su nombre es totalmente desconocido, pero se trata de todo un icono del audiovisual. Un cómico que probablemente era mi favorito en la infancia, justo por debajo de Bud Spencer y Terence Hill. Un hombre que tuvo clubes de fans. Todo esto sin soltar ni una palabra y prácticamente con un solo chiste del que, encima, era sólo un sujeto pasivo.

Porque Jackie Wright era… el calvo de Benny Hill. Llegar a ser una estrella mediática únicamente por ser viejo, feo y dejarse pegar en la calva es algo que sólo está reservado a gente muy especial.

Algunos dirían que él sólo recibía y que realmente hacía muy poco. Pero no sólo, como vago redomado, reclamo la gloria a los sujetos pasivos (yo, mejor abajo y descansadito), sino que además alabo el saber hacer de ente onvre, pues nadie recibía las tortas como él. El arte de ser un secundario ha sido cantado en muchas ocasiones. Pero Wright llevó esta habilidad roba escenas a niveles por encima incluso de las excelsas apariciones cinematográficas de Stan Lee. Y sólo con poner cara de molestia. ¡Pero qué cara!:


La historia de Jackie es algo triste. Procedente de una familia del Ulster de doce hermanos (imágenes de ‘El sentido de la vida’ acuden a mi mente: ¡Cada esperma es sagrado!), se dedicó parte de su vida a tocar el trombón, ese sórdido rey del metal. Me refiero a los instrumentos, no al género. Aunque, miren ustedes por dónde, siempre pensé que el trombón era lo que le faltaba a Iron Maiden para pasar de ser grandes a una bazofia absoluta.Hasta los cincuenta y muchos no comenzó a aparecer en televisión. Pronto llamó la atención de Benny Hill, con lo que comenzó una relación más importante para el panteón de la comedia que la de Bruno Mattei y el guionista Claudio Fragasso. Cuando su show se emitió en Estados Unidos en el 79, su fama se disparó. Llegó a tener clubes de fans y ofertas para su propia serie. Pero el pobre onvre ya tenía una edad, y se vio forzado a retirarse debido a problemas de salud, los cuales se alargaron hasta finales de los 80. ¡No permitamos que esta mala suerte haga que Jackie caiga en el olvido! Todos los sórdidos tenemos el deber moral de aprendernos su nombre, para que, de ahora en adelante no sea sólo ‘El calvo de Benny Hill’, sino ‘El calvo de Benny Hill cuyo nombre yo sé, hay que ver cuánto dato absurdo almaceno en mi cerebro’.

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