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Ente hanimá: las masturbaciones del mono Paco

«¿Llevas media vida contando esa historia y todavía no está en el blog?» me decía lanavajenelojo. Se refería, en efecto, a la epopeya onanística del mono Paco. Y, como en este blog tenemos tendencia a los arrebatos temáticos, me dispongo a continuar la corriente masturbatoria que con pulso de acero recuperó Paco Fox en su anterior artículo.

La verdad es que todo se pierde en la bruma de los tiempos – y de una época en la que, sin Internet, era difícil enterarse de nada – por lo que conmino a cualquier lector de Redondela o alrededores a que me corrija. Era, en todo caso, una época marcada por comportamientos extraños de los animales residentes en las tierras galaicas: todo comenzó cuando un cerdo murió por sobredosis tras haber ingerido un alijo de cocaína que sus dueños habían enterrado en la granja. Su fama fue, empero, efímera: en menos de una semana un pequeño mono llegaba dispuesto a asombrar a media España.

Como decía Paul Stanley, «it goes like this».

En 1990, un mariñeiro de Redondela se trajo un mono de África. Dado que gente civilizada como los suizos no dudan en tener, en medio de la ciudad – y cerca de zonas de botellón – un foso de osos en Berna, el alcalde Xaime Rei pensó que sería una buena idea tener al mono en una jaula del parque. La vecindad acogió la idea con agrado y, en poco tiempo, decidieron olvidar el nombre africano de la criatura para llamarle Paco.

El problema llegó el día en que, para espanto de esos defensores del «derecho natural» que opinan que los animales deben dictar nuestro comportamiento y leyes, el mono Paco comenzó a masturbarse compulsivamente. No sólo los padres de familia tenían que evitar a sus hijos el espectáculo de la alameda sino que, además, Paco era capaz de identificar la presencia de mujeres a su alrededor para machacársela con mayor ahínco si cabe.

El debate se calentó cuando las feministas entraron al trapo desempolvando la clásica solución de la castración. Como en las mejores épocas de Bobby Fisher o Karpov, en las que el ajedrez dejaba de ser deporte para convertirse en metáfora, el género humano masculino se sintió agredido por la propuesta castradora y buscaron a su campeón que defendiese al metafórico mono Paco. La guerra había comenzado y, lo peor, es que el campeón de los onvres era el ser más sórdido y ultramontano que podían haber encontrado en toda la provincia: Leri.

Ente onvre se hizo famoso, en su época, por decidir que «la playa es mía» y, además de organizar los torneos de fútbol playa, se dedicaba a pasear por Samil o el Vao acompañado de tremendos bigardos para obligar a las señoras que hacían topless a que depusiesen su inmoral actitud (sorpresas de la vida: acabó en el PSOE). El caso es que Leri se lanzó a la defensa del mono Paco y una ciudad como Redondela, que sólo tenía notoriedad por lo típico – sucesos varios con pederastia y violaciones en el pack – de pronto, apareció en el Telediario para estupor de todos los españoles, que constataban que todo lo que se decía de Galicia era cierto.

Las concentraciones se sucedían ante la jaula de Paco. A la que Leri llegó a «tomar medidas» – literalmente: medía la jaula, pero en las fotos de los periódicos parecía medirle la minga al mono Paco – las feministas se personaron para abuchear. Ése fue el momento que Paco eligió para dar el golpe de gracia.

Again, literalmente: golpeó a una paloma y la penetró analmente delante de la estupefacta congregación.

Los acontecimientos se precipitaron. Con carácter de urgencia, Leri se llevó al mono al zoológico de Vigo a una jaula de mayores dimensiones y, lo que es más importante: con tres monas para que eligiese a cuál pretendía beneficiarse. Ni que decir tiene que aquello no fue del agrado de las feministas, a las cuales Leri espetó, en un pleno del Concello de Vigo «Si les sobran trabajadoras en vías y obras del Concello, envíenlas al zoo de Vigo, donde necesitamos señoras y señoritas para solucionar el problema sexual del mono Paco». No comment.

Durante un tiempo Paco fue feliz en el zoo de Vigo. Algunos románticos han extendido el bulo de que, a la que murió su compañera sentimental, Paco falleció de pena y deprimido. La realidad es otra más acorde con su escandalosa historia: algún desalmado le arrojó comida con un imperdible en su interior. A la que Paco lo ingirió, el desgarro estomacal supuso su muerte.

Xaime Rei, alcalde de Redondela reconoció que aquello fue uno de los momentos más tristes de su carrera política. La ciudad consagró a su figura el entierro de la sardina que, desde entonces, pasó a llamarse «o enterro do mono Paco».

Pero, al igual que en el Episodio III, hay una rayo de esperanza al final: el mono Paco tuvo descendencia póstuma de la cual, el mítico Leri – quién si no – dijo «El hijo de Paco es todavía más gamberro que su padre».

Años después, Leri – una de las pocas personas con las que poder recorrer con toda tranquilidad el barrio de putas de Vigo – también murió y, con él, el poco protagonismo que le quedaba al mono Paco. Es nuestra la responsabilidad de transmitir las enseñanzas de ente hanimá a las generaciones venideras: para que contemplen la agonía de Paco, el último de una especie cuya historia será recordada y narrada con temor y admiración.

Es leyenda.

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