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El ataque de los clones de combate 2 (- Cerebro 0)

Continuamos con el listadillo de clones sonrojantes que no se incluyeron en la primera parte, bien porque ni siquiera me gustaban las películas originales que copiaban, bien porque había tal cantidad de bazofias que me daba la misma sensación de vértigo y mareo que ‘El ultimatum de Bourne’.Clones cibernéticos: Terminator y Robocop
Justo eso me ocurrió cuando me puse a pensar en estas dos películas. Y es que, por si no teníamos suficientes plagios del flim de Cameron, tres años más tarde Verhoeven se descolgó con otro robot para darle más ideas a miles de productores de serie B.

¿A que no averiguan quiénes fueron los primeros en apuntarse al carro? Premio para los que han pensado en los italianos (y sonoro cachete estilo Bud Spencer para los que no. ¿Es que no habéis aprendido nada a estas alturas?). ‘Destroyer: Brazo de Hierro’ (AKA ‘Vendetta del Futuro’, AKA ‘Mani di Petra’) no intentaba plagiar la trama de ‘Terminator’, sino que se contentaba en apuntarse a la moda cyborg con un cartel la mar de resultón. Su principal carta de presentación era que el protagonista estaba, por aquellos entonces, disfrutando de un papel relevante en ‘Falcon Crest’, la mejor telenovela de la historia. Podéis leer (y descojonaros) más en este reciente artículo de Viruete y Pedro J. Tena sobre la película.

El segundo clon del que tengo memoria sí que iba más desvergonzadamente a liar al personal. ‘Retaliator’ era el típico título que ponían malandrinamente para que la despistada de tu madre se confundiera a la hora de alquilar la película. Sin embargo, la trama vuelve a no ser el calco habitual en esta serie de artículos. En la película Sandahl Bergman, bailarina conocida por su papel protagonista en el primer Conan, era una terrorista que es capturada por la CIA, convertida en un cyborg y mandada a oriente medio a arreglar las cosas. ¡Eso sí que era un plan, y no lo de Bush y Ansar!

Unos meses antes se había estrenado con resultados muy discretos otra película cuyo título intentaba aprovecharse del éxito de James Cameron. Se titulaba ‘The Vindicator’, y era bastante cutre a pesar de estar distribuida por la Fox (al igual que ‘Vendetta del futuro’ en España. ¿Qué coño se había metido esta gente en los ochenta?) Lo gracioso del tema es que la trama era más similar a ‘Robocop’… ¡un año antes del estreno de la de Verhoeven! Sé que más de uno pensará ahora en rastrear la película por curiosidad, pero no es necesario. En serio. Es de esas cosas que no son ni lo suficientemente entretenidas ni tan cutres como para ser graciosas. Trata de un científico que trabaja en un supertraje chachipiruli y, tras ser eliminado por un rival y quedar hecho una penita, acaba renaciendo en plan Robocop . El cyborg resultante estaba diseñado por Stan Winston, pero contra todo pronóstico era menos memorable que una misa con Solbes de cura. Aunque bien pensado…

A continuación, los indonesios se descolgaron con una tal ‘Lady Terminator’, pero como no recuerdo que tuviera edición española, voy saltármela olímpicamente. Así que pasaremos directamente a una producción de Hong Kong cuyo objetivo era el reciente éxito de Verhoeven, de título Robo Vampire. Esta cosa sí que apareció en una de esas pequeñas distribuidoras que seguían surgiendo como pelotillas umbilicales incluso a finales de los 80. La portada me produjo gran sonrojo, pues mostraba un dibujillo de Robocop cogiendo por el pescuezo a un vampiro mandarín (que son como zombis, pero disfrazados para salir en las instrucciones de ‘Misterios de Pekin’). Según he leído, la cosa fue producida por unos tipos sin escrúpulos especializados en películas de ninjas resultantes de aprovechar material de distintas fuentes. Más o menos como los menús del comedor de mi trabajo y con idéntico resultado nocivo para la salud. La trama viene a mezclar el usual señor que muere y es resucitado como un cyborg (esta vez con un traje que simularía perfectamente metal si éste fuera un material acolchado) con traficantes de droga, vampiros y la coherencia narrativa de Uwe Boll con una indigestión de Bratswurtzs. Naturalmente, tuvo una pseudo-secuela, de título ‘Counter Destroyer’, en la que amortizaban un poquito más los veinte duros que costó el disfraz de robot.

Casi al mismo tiempo, nuestro viejo conocido Bruno Mattei seguía a lo suyo. El mayor experto en plagios de la historia del cine estrenaba ‘Robo War’. Y ahora viene lo bueno: si bien el título quiere recordarnos a ‘Robocop’, en realidad se trata de un plagio de ‘Depredador’, pero sustituyendo al extraterrestre aironmaidénico por otro señor vestido de lata. ¿Por qué contentarse con un plagio si puedes tener dos? ¡Pero qué grande era Bruno! Esta curiosa filosofía fílmica volvió a ser aplicada en ‘Shocking Dark’, que fue estrenada en medio mundo con el sonrojante título de ‘Terminator 2’. Lo mejor de todo es que el robot asesino de turno aparecía sólo al final de la película, mientras que el resto era un clon de combate de Aliens. Obsérvenlo:Gracias a dios, esta cosa no pasó por salas en España, por lo que la verdadera secuela de Cameron pudo retener su título original (cosa que no ocurrió con ‘Tiburón 3’, como podéis leer en la anterior parte de este artículo). Pero el descaro italiano de autoproclamarse secuela de una película de otros es algo que me maravillaba. Todavía recuerdo la vergüenza ajena que sentí cuando alguien engañó al Plus para que emitieran una tal ‘Reanimator 2’ que, en realidad, era un finstro dirigido por el mismísimo George Eastman (Giancarlo Montefiori para propósitos fiscales), protagonista de todas las películas postapocalípticas de los 80. Todas.

En el 89 llegaría uno de los clones más recordados:’R.O.T.O.R.’. La cosa, que vi hace bastantes años en, cómo no, una tele local, plagiaba ‘Robocop’ (el bicho se supone que es policía…) y ‘Terminator’ (…pero es malo), añadiendo los robots más ridículos a este lado de ‘El Abismo Negro’. El resultado era bastante vicisitúdico, sobre todo porque el androide sólo es un señor de cuero con casco de motero… y bigotón.

Los últimos estertores de los 80 nos trajeron ‘Alientator’ (cosa espacial con una culturista haciendo de androide asesino en el espacio) y ‘Cy-Warrior’, clon tardío de ‘Terminator’ que, encima, plagiaba el póster de ‘Destroyer’. Sí, amigos: SIEMPRE se puede ser más cutre. Y aunque las películas originales empezaban a estar lejos en el tiempo, los 90 vieron cómo, gracias a los estrenos de sus secuelas, los plagios seguían apareciendo Pero yo por aquellos entonces sólo estaba interesado en la pornografía y, encima, comenzaba a vivir mi breve Etapa de Inmadurez Cinematográfica Cultureta (E.I.C.C.), por lo que nunca vi cosas como ‘American Cyborg: Steel Warrior’ (Última película distribuida bajo el sello Cannon que copiaba tanto a ‘Terminator 2’ como a ‘Cyborg’ de Albert Pyun), ‘Cyber Tracker’, ‘The Demolitionist’ o la más reciente ‘Full Metal Yakuza’. Y, ahora que contemplo esta lista, compruebo que fue para mejor.

Como nota final, vale la pena reseñar un título: Future War. No es que se trate de un clon de combate: es tardía (de 1997) y la trama, si bien incluye sus momentos copiados de ‘Terminator’, es tan extraña (con dinosaurios, cyborgs y viajes en el tiempo) que no puede decirse que sea un plagio, sino más bien una indigestión. Pero lo mejor es el eslogan:

“Past Predator, Present Alien, Future Terminator”.

Tres por uno. Como una oferta del Carrefour. E incluso rima. Qué jrandes.Gremlins y otros bichos cachondos:

No había nada más grande en los ochenta que una producción de Spielberg. Ni siquiera Bonnie, la mecánica de ‘El coche fantástico’. Por lo tanto, eran las principales candidatas a ser clonadas. ‘Gremlins’ está entre las ideas más importantes que surgieron de la Amblin. No sólo debido a que fuera novedosa, sino principalmente porque en poco tiempo consiguió que hubiera en el mundo más muñecos de Gizmo y Spike que rayas cinéticas en un manga.
Los clonadores, por supuesto, se pusieron manos a la obra y a la fotocopiadora para intentar aprovecharse de la moda de los bichitos graciosos y con mala leche.

El primero en apuntarse al carro no fue Roger Corman. Ni los italianos. Misteriosamente fue Charles Band y su nueva compañía Empire Pictures. Band nunca ha sido onvre de clones. Y esta película no es la excepción. De hecho, la trama no tiene nada que ver con ‘Gremlins’, y los bichillos ni siquiera son los protagonistas. Pero eso no quita que se cambiara de nombre al proyecto y se promocionara como una comedia de horror, sobre todo en su edición videográfica, en la que aparecía uno de los monstruos saliendo de un retrete con el maravilloso slogan ‘They’ll get you in the end’. Lo cual elevaba automáticamente el interés de la película: ¿Iría la cosa de un truño del infierno presto a reclamar su lugar en el mundo? Aunque esa duda me asaltó durante parte de mi tardo-infancia, curiosamente no ví el flim hasta hace cosa de un año. Una experiencia decepcionante, pues decubrí que no había chistes de caca.
Como fue de las primeras en aprovechar el éxito de ‘Gremlins’, la cosa tuvo tres secuelas que no he visto, pero me consta (esto es, que lo he leído por internet) que la cuarta es tan cutre que sustituyeron las marionetas por unos señores bajitos disfrazados.

Un año más tarde llegó el clon más conocido. Curiosamente, se trataba de una película de bastante enjundia si la comparamos con el resto de truños de los que estamos hablando en esta serie de artículos. ‘Critters’ fue una de las primeras producciones de New Line tras el éxito de ‘Pesadilla en Elm Street’ (y haber participado en ‘Ator 2’. Que es muy divertido recordar estas cosas y pensar que luego hicieron ‘El señor de los Anillos’). Se trataba de la ópera prima de Stephen Herek, un tipo que pasó luego a hacer ‘Las alucinantes aventuras de Bill y Ted’, ‘El Profesor Holland’ y hasta un piloto llamado… ejem.. ‘El joven MacGyver’. El flim no estaba nada mal, y las marionetas eran carismáticas. Gracias a ello, tuvo una secuela para cine y dos para video rodadas simultáneamente. La primera de ese binomio es conocida por tener a Leo Di Caprio y, por lo que recuerdo, era lo suficientemente decente como para estrenarse en salas en España. La segunda iba hacia donde todas las sagas cutres acaban viajando tarde o temprano: a la secuela en el espacio.

Al año siguiente, Roger Corman, apuntándose inusualmente tarde a la moda, produjo ‘Munchies’. Para su propio clon de combate, el tipo contrató como directora a la mismísima montadora de ‘Gremlins’, a la que probablemente conociera por haber salido, al igual que Joe Dante, de su factoria setentera de cineastas. Lo único curioso del proyecto fue que el título y nombre de los bichos viene a traducirse en slang como ‘el hambre que te da después de fumarte un porro’, con lo cual nadie puede acusar a Roger de no ser consciente de lo ridículo de sus producciones.
Nunca he visto el resultado, pues para cuando llegó a mi videoclub yo ya estaba curtido a la hora de oler truños de combate. Algo que hoy en día me habría llevado, precisamente, a alquilarla. O, mejor dicho, bajármela de internet. Según he leído, mis instintos, que otras veces tantas malas pasadas me han jugado (como cuando proclamé orgulloso que esa nueva ‘Whitney Huston’ no llegaría a nada), estaban en lo correcto y la película es chunga. Lo que no quitó para que Corman produjese dos secuelas en las que cambió totalmente el diseño del bicho y el género, pasando la épica saga al terreno de cine infantil cutre con trama plagiada, miren ustedes por donde, de ‘E.T.’. Y con la ayuda de Jim Wynorski, lo cual nos evita tener que verlas para emitir un juicio sobre su calidad.

Finalmente, y absurdamente tarde, unos tipos con tres pesetas y un surtido de choped para el catering, se desmarcaron con ‘Hobgoblins’. El finstro es tan malo que se convirtió en uno de los episodios más reverenciados del muy nombrado por estos lares ‘Mistery Science Theatre 3000’, lo cual le ha proporcionado suficiente fama como para ser morador habitual del ‘Bottom 100’ de la Internet Movie Database.
Lo peor del flim es lo increiblemente doloroso de las actuaciones (que acaban de dar origen al término ‘interpretación-colonoscopia’), lo plano de la realización y lo ridículo del ochenterismo desaforado del conjunto. Pero las marionetas también son responsables de la hilaridad que produce la película, pues, como Monchito y Macario en un cuarto oscuro, casi puedes sentir cómo hay alguien metiéndoles la mano por el culo. En parte porque, si bien se suponen que miden lo mismo que un gremlin, tienden a flotar mágicamente a la altura de los pomos de las puertas, tal y como puede comprobarse hacia el final de este video:La fama de bazofia de culto de ‘Hobgoblins’ ha sido tal en los últimos años, que está pendiente de estreno… una secuela. Del mismo director. Sí, ya lo sé: esto prueba que dios existe y que escribe chistes.

Si quieren ampliar información sobre estas películas y alguna otra que se apuntaron a la moda sin ser clones propiamente dichos, acudan a este imprescindible artículo: http://www.lacoctelera.com/latumbasinnombre/post/2007/05/23/peliculas-bichejos. Yo lo hice. Y lo cloné.

Las películas de The Asylum:

En el anterior capítulo cometí un error: aplazar el apartado referido a The Asylum a la segunda o tercera parte. Pero metí una foto de ‘Transmorphers’. El resultado de cara a los lectores pareció ser como poner la primera parte de un porno de los 80 sólo con Amber Lynn y anunciar que Tracy Lords y Christy Canyon se montaban un dúo lésbico en la secuela.
Obviamente, la gente fue a informarse sobre qué puñeta era esta productora. Y se encontró con unos sinvergüenzas que en el último par de años se ha especializado, precisamente, en clones de combate. Así que seré breve:


The Asylum comenzó sus operaciones como pequeña productora de títulos principalmente de terror en 1997. Pero, un buen día, alguien, quizá por inspiración sobrenatural del dios de la caspa cinematográfica, decidió que la mejor forma de mantener el negocio era sistematizando y monopolizando lo que Corman y media italia habían estado haciendo desde hacía unas décadas. El plan no sólo era rodar clones de combate, sino, sobre todo, estrenarlas en vídeo al mismo tiempo (o incluso antes) que la película clonada. Puede que la idea surgiera a partir de la producción de ‘Way of the Vampire’, lanzada varios meses tras el estreno de la película-colonoscopia ‘Van Helsing’. No es que la trama se pareciera mucho (para empezar, es contemporánea), pero se curraron la carátula con unas intenciones plagiadoras bastante claras. A continuación, el director de la compañía, que siempre había sido fan de ‘La guerra de los mundos’, decidió que el camino a seguir estaba claro. Así nació el primer ‘mockbuster’ de The Asylum (que es como los periodistas actuales están llamando a estas producciones). Con la ligerísima coartada de que se trata de un libro de dominio público y todo el mundo puede acometer su propia adaptación, se lanzó a perpetrar una versión de combate de la novela de H.G. Wells para coincidir con el estreno de la de Spielberg.
El experimento fue un éxito, por lo que a finales del mismo año apareció ‘King of the Lost World’, su segundo clon con estreno simultáneo al de la película de la que se aprovechaba (en este caso, King Kong). Muchas más siguieron: Podéis ver una lista bastante completita en el artículo de wikipedia sobre la compañía (que yo sepa, sólo le faltan un clon de ‘Invasión’ y una tal ‘Exorcism: The Possession of Gail Bowers’, que para mí que tiene algo que ver con el éxito de ‘El exorcismo de Emily Rose’). Es bastante gracioso ver una curiosa combinación de plagios de blockbusters (‘Pirates of Treasure Island’) con algunos que se fijaron en películas que, al final fracasaron lamentablemente (‘Invasion of the pod people’). Sin olvidar la lista de actores de serie B y estrellas A caídas en desgracia que consiguen estos tipos para dar lustre a sus películas, posiblemente para asegurarse algunas ventas en el extranjero.

Lo mejor de todo es que ya tienen preparado el clon de ‘Cloverfield’, de título ‘Monster’. Lo cual es impresionante, teniendo en cuenta que la producción de J.J. Abrahams se rodó casi en secreto y que, hasta hace cosa de un mes, no se sabía ni de qué iba. Vamos: que hay que reconocer que la cosa tiene mérito.

En una reciente entrevista a la revista Empire, Michael Latta, el cachondo de director de la compañía, resumió su filosofía: ”Comparen nuestra ‘Guerra de los mundos’ con con la de Spielberg. La nuestra costó medio millón o algo así; la de Spielberg costó 250 millones. Con ambas películas vas a estar entretenido. Y ¿vas a entretenerte 500 veces más con la versión de Spielberg? Probablemente no.”’. Y no le falta razón. Ni poca vergüenza.

Continúen en sintonía para la tercera entrega, en la que visitaremos a aventureros con o sin látigo, extraterrestres cabreados y guarreridas sexuales. Y, si estoy de humor, ‘Star Crash’.

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