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Los diez momentos más gay de la historia del heavy metal

3.1
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Verano del ’99: estoy en un local de Chueca – el mítico Rick’s – con mi camiseta gay-ceñido-alternata-pastillera de Iron Maiden. La clase de camiseta ante la que un portero de sala “cool” no sabría cómo reaccionar: probablemente, su movimiento de agarrarme por los hombros para echarme a patadas se interrumpiría a mitad de camino. El caso es que, a la que iba a irme, un onvre me detiene y me dice:

– Oye, perdona, no es que te esté entrando ni nada de eso, pero… ¿a ti de verdad te gusta Iron Maiden?
– Pues sí.
– ¿Y entiendes?
– Pues… – me avergüenzo un poco, cual turista sexual – estooo… no.
– ¡Lo sabía! Joder, es que yo sí entiendo y me gusta el metal, pero todas estas mariconas nada más que escuchan pedorreces y este chunda chunda de mierda.
– Hombre, ahora que Rob Halford ha salido del armario seguro que más de uno se anima…

Quise decirle que conocía a gays a los que les gustaba el metal, pero no era el caso. Lo que sí conocía era a mucho freak metaleiro con graves problemas a la hora de definir su identidad sexual.

Semanas después, en otro local de Chueca, presencié una maravillosa actuación de los Ailoveyus. Entre sus playbacks predecibles – zarzuela, coplas, Jeanette – me sorprendieron cuando, vestidos en plan Kiss, tocaron “The Ripper” de los Judas. “Nunca le des la espalda al destripador” fue un verso que, en aquel local, cobró todo su sentido.

El caso es que, la estética del metal, con sus cuidados cardados – aún estoy calculano cuántas horas de peluquería hay en las fotos del “Rust in Peace” de Megadeth – sus leotardos, su afán por cantar más agudo que Kate Bush – la versión de Angra de “Wuthering Heights” es una cumbre de la historia de la música – y sus épicas bárbaras en las que tíos melenas llevan espadas como penes… En fin, que no me queda claro por qué Doña Concha Piquer es más relevante para el mundo gay que cantantes que deciden tener nombres como Jani Lane, Dee Snider, Rikki Rocket, Nikki Sixx, Tracii Guns o Alice Cooper.

Sé que no digo nada nuevo. De la misma forma que muchas películas tenían el mito de ser gay “sin querer”, mucha gente – como los del VH1 – han usado toda esta parafernalia gay para reírse un poco bastante del metal y, de paso, obviar todos sus méritos musicales. Que nadie espere encontrarse eso en este blog: TODO el mundo de la música es ridiculizable. Si quieres cachondearte de Poison, lo mismo se puede hacer con Radiohead, John Lennon, Bob Dylan, Marvin Gaye o Massive Attack. De hecho, ya les gustaría a todos los incompetentes que he citado haber grabado algo tan bello como el “Turbo Lover” de los Judas. Que vaya quedando clarito que, para un servidor, como dijo Kai – no, «gay», no, Kai – Hansen “Heavy Metal is the Law”.

O, como dijo Eric Adams hichando su pecho de bárbaro: “If you are not into metal you are no my frieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeend”.

Así pues, homófobos del mundo, ya podéis dejar de ir leyendo, porque aquí no se trata de ridiculizar a nadie restregándole su homosexualidad por el orto, no. Antes bien, lo que estamos diciendo a una gran mayoría de lectores es que…

(Gracias, Devil, por descubrirme esa foto)

Por culpa de gentuza como Boris Izaguirre, sólo se conoce la imaen del gay bien locaza, bien fashion victim, ultraconsumista, cool que ha logrado convertir Chueca en una sucursal de Barcelona (a. k. a. Gafapastown)… Paro para no decir cosas aún peores. Pero la realidad es que la inmensa mayoría del colectivo gay no encaja en ese arquetipo: el look pijo-hetero o freak-hetero suele ser el dominante, y sus ganas de no dar la nota hacen que nadie los considere. De hecho, sus vínculos más importantes son con el colectivo freak.

Hace dos años, en la feria del libro de Madrid, se dio la feliz coincidencia de que la editorial ultrafreak de Alberto Santos (donde me compré un libro sobre la historia de los X-Men) compartía caseta con una relevante editorial gay. Los dos propietarios eran amigos y comentaban lo feliz de la idea. “Es que los freaks y los gays suelen formarse en ambientes parecidos y tienen muchas cosas en común. Vamos, que quien se compra aquí un libro de Chris Claremont podría ojear el Querelle de Brest aquí al lado”. Enmadramiento, ser una secta dentro de sí mismos… El caso es que los freaks que allí iban estaban entre temerosos y seducidos.

Por eso, como blog freak y antihomófobo que es éste, os proponemos que nos déis vustras manos de hermanos del metal y que, con nuestro bárbaro torso al aire, nos pongamos en contacto con esas zonas reprimidas de nosotros mismos mientras nuestro espíritu hecho de viento negro, fuego y acero vocifera al infinito “Death to false metal!”.

Después de una ardua labor de investigación, he conseguido dar con diez momentos de os harán sentir el poder del metal a la vez que disfrutáis de la suavidad de Mimosín. No ha sido tarea fácil: por el camino se han quedado cosas como los videoclips de Poison (el glam metal, denostado por mucho “metaleiro de pro” siempre busca cierta mariconez aposta); o el momento en el que Eternal Wrath y su cantante Lord Byron decidieron expresar su homosexualidad a través del black metal (género cuyas reglas principales son a) no seas gay, b) sé “auténtico”, c) si no eres “auténtico”, eres gay); o el momento en el que Metallica mezclaron sangre con semen en la portada del “Load” (todos los que vimos el Vhs sodomita titulado “Sangre sudor y mierda” sabemos que esa portada era tan poco inocente como el maquillaje que llevaban en las fotos). Y qué decir de cuando Bruce Dickinson decidió emular el disco más gay de Freddie Mercury (“Barcelona”) haciendo una versión de Queen a dúo con Montserrat Caballé?

Ha costado llegar a este top ten, pero, por fin, puedo decir, con orgullo gay: “Con todos ustedes, los diez momentos más gay de la historia del metal”

10. Sodom le ponen nombre a su grupo

Muchos grupos nunca llegan a grabar nada porque no consiguen superar esa mítica primera discusión consistente en “¿Qué nombre le ponemos al grupo?”. Cuando ya se llega el extremo de llamarle a la banda BASF Ferro 90 min. (léase la casette en la que se va a grabar la maqueta, y así te ahorras tinta del Bic), el grupo deja de existir fulminantemente.

Thomas Angelripper decidió thrashear y no perder el tiempo en esa pollez. Pensó en el primer nombre de destrucción bíblica que se le ocurrió y, claro, reflexionar sobre qué carallo pasaba en Sodoma hubiese puesto en peligro, recordemos, la grabación de la maqueta. Me gustaría pensar que, el día de su primera actuación, hubo un bello malentendido en los camerinos. Y que, por culpa de ese malentendido grabaron, en su segundo disco, el mítico himno «Sodomy and Lust».

Décadas después, los deathmetaleros californianos Gomorrah repetirían el mismo error. ¿O no era realmente un error? (Como dijo el Perich “En Gomorra pasaba lo mismo que en Sodoma, pero sin mantequilla. Eran más bastos”.)

9. Ronnie James Dio compone el “We Are The World” del metal

Vaya usted a saber por qué, en los 80 Michael Jackson y su “We Are The World”,debieron de convencer a la gente de que el horterismo gay-benéfico era algo “normal”. Y al bueno de Ronnie James Dio le dio por conquistar la inmortalidad a golpe de laca, hombreras, buenos sentimientos hacia África y… Rob Halford. Bueno, Rob y un all-star del metal ochentero que sigue constituyendo uno de los más épicos atentados contra la capa de ozono.

Éste fue el maravilloso resultado, la canción “We Are Stars”:

Mi único consejo es que cojan las letras pletóricas de satanismo, destrucción y cock rock de los discos de cada uno de estos artistas y las comparen con la de “We Are Stars”. Díganme luego si no estamos presenciando la mayor salida del armario colectiva de la historia.

Otra forma de verlo es que el desaforado frikismo de Dio – inmerso en su huevera de metal y su mundo de Dragones y Mazmorras – siempre dio pie a maliciosos comentarios sobre su sexualidad. Ver “We Are Stars” como un grupo de amigos ayudando a salir a Ronnie del armario es una perspectiva interesante.

PD: Si no te escuchas el “Holy Diver” y el “Last in Line” al menos una vez al mes, eres un mamón.

8. Rainbow deciden abrir sus conciertos con “Over the Rainbow”

Uno de mis máximos referentes morales, el cura jesuita francés René Laban, en su libro “Música Rock y Satanismo”, se escandalizaba de que Ritchie Blackmore hubiese decidido llamar Rainbow a su grupo. Para René Laban, el arco iris es una muestra de la alianza de Dios con su pueblo después del diluvio universal, y un satanista como Ritchie Blackmore hacía chanza de un símbolo tan sagrado.

Así dicho, tiene sentido, pero… ¿Qué ocurre cuando tus directos comienzan con la voz de Dorothy de “El Mago de Oz” diciendo “We are not in Kansas anymore… We must be over the Rainbow”? Vamos, llega a estar René Laban en ese directo – en vez de hablar de oídas – y diría “Ritchie Blackmore es algo peor que un satanista… ¡Es un mariconazo!”.


A partir de ahí, imagínense un grupo llamado “Arco Iris”. Podrían ser siete e ir cada uno de un color al igual que Parchís. Pero Ritchie debió decidir que tener a mi idolatrado Joe Lynn Turner como cantante ya aportaba colores para todo el mundo.

Aprovecho para decir que, al igual que John Waters, no entiendo cómo al colectivo gay le gusta una peli tan ponzoñosa como “The Wizard of Oz”. ¿Para qué carallo quiere volver Dorothy a su huerto miserable en Arkansas? ¡Con lo que mola la reina japuta!

7. Gigatrón te peta el cacas

Al final de ese épico himno

cock rocker que es “Te peto el cacas”, unos inspirados Gigatrón esputan: “Como decían los Poison, al que nos llame maricones le metemos de hostias y nos follamos a su hermana”. Invocar a Poison para defender la propia heterosexualidad es una pérdida de papeles que sólo puede provenir de un genio o un demente. O las dos cosas.

Eso es lo realmente genial de “Te peto el cacas”: el ser la más desacertada afirmación heterosexual ever. Esta oda sodomita termina con un “Por eso me llaman el supositorio del metal” que no se le hubiese ocurrido ni a Paco Clavel con sobredosis de poppers. Ni siquiera a José Luís Moreno con siete bolas chinas disciplinadamente introducidas por el ano. Desde luego, ese día Charly Glamour pasó a la historia como la caña de España y el azote – en el cachete – del rock.

Cuando le puse a Dillinger el cd de Gigatrón, sólo pudo musitar, consternado ante el derroche lírico de Charly Glamour, “Macnamara canta mejor y es menos maricón”.

6. Celtic Frost graban “Cold Lake”

El metal está en los genes. O en los testículos, ahora no me acuerdo de los tecnicismos. Pero si naces en California, tu alma metálica se tendrá que expresar a través de las mechas rubias, los leotardos fosforito y una cierta dosis de rimmel. Por el contrario, si naces en Suiza, el metal te llevará directo a los brazos de Satán, ¡uh! cegará tus ojos en la cripta de los rayos ¡uh! Y tu gritos necrománticos resonarán en el círculo de los tiranos ¡uh! Esas son las mejores diversiones – junto con el campeonato mundial de ping pong para paralíticos de Montreux – que te ofrece un país tan jovial como la Confederación Helvética.

Celtic Frost, en sus inicios, hicieron los mejores discos de metal demente de la historia. Obras de experi-metal como “Into the Pandemonium” les consagraron como el grupo “de culto” definitivo dentro del gótico/death/doom. Fue justo entonces cuando Thomas Gabriel Warrior decidió, como The Mammas and The Pappas, que qué bonito hubiese sido ser californiano, y tumbarse al sol en LA. Así, cuando toda la escena musical europea esperaba con ansia ver con qué nuevos infiernos góticos les sorprendería Thomas, el bueno de Warrior se descolgó… ¡con «Cold Lake», un disco de glam metal!

Mientras grupos como Motley Crue sabían exactamente qué sombra de ojos iba con cada cardado, los Celtic Frost debieron comprarse la edición de bolsillo de “Los camioneros también se pueden maquillar” escrito por Las Supremas de Móstoles. Especialmente dolorosos son las vaqueros con la cremallera abierta combinados con tirantes: seguro que, en un carnaval, tajado de queimada, Manuel Fraga utilizó ese estilismo para disfrazarse “de mariconsiño”, sólo que luego no grabó un disco de glam satánico.

Ataviados con esas pintas de manolones, atacaron temas tan indescriptibles como “Cherry Orchards”… ¡una oda a Marilyn Monroe! Los antiguos fans satánicos de los Frost tuvieron que presenciar el espectáculo de ver cómo los miembros del grupo arrancaban la canción tocándose recíprocamente sus mástiles para que luego Thomas, con esa voz surgida de las profundidades del infierno, intentase, en vano, sonar como el cantante de Poison.

Ni que decir tiene, esta obra “maldita” – y mi favorita – hundió el grupo. Intentaron enmendallo ante sus fans con el siguiente disco “Vanity/Nemesis”, pero cometieron el “error” de incluir en éste versiones de David Bowie y Bryan Ferry.

5. Gene Simmons llora
Un error común entre mucha gente consiste en creer que, en los 80, Kiss se “desmaquillaron”. Como ya me dijo lanavajaenelojo – que, a pesar de que haga artículos como éste me sigue aguantando – en sus discos pop-metal ochenteros, puede que Paul Stanley llevase más rimmel en una ceja que maquillaje Ace Frehley en cualquier disco de los 70. Sin embargo, el momento más gay de uno de mis grupos favoritos (feck, la imgen de mi avatar consiste en un servidor de ustedes maquillado como Gene) se produjo en los 70 con su disco más demencial, conceptual, sinfónico y pretencioso: “The Elder”.

La “historia” del disco incluye la “formación” de un joven que tiene que ir a un monasterio llamado “La Orden de la Rosa”. Viendo esa rosa en la aldaba de la portada, además de las recortadísimas melenitas y capas que los Kiss lucieron para este lp, muchos se peguntaron si la “Rose” de la orden no sería en realidad Rose Nylund de “Las chicas de oro”.

Todas esas sospechas se vieron finalmente confirmadas por el videoclip de “A World Without Heroes”. Gene Simmons, el demonio que escupía sangre, de pronto se ponía en contacto con su lado más femenino y terminaba… ¡llorando!

“The Elder”, como todas las grandes obras maestras, fue incomprendida y constituyó un monumental fracaso del que tendrían que reponerse con la heterosexual “I Was Made For Lovin’ You”. Pero mucha gente sabe que “A World Without Heroes” es un hito histórico, sobre todo la gran Cher… ¡que terminó haciendo su propia versión!

4. King Kobra crean la leyenda urbana definitiva

Puede ser cierto, puede no serlo… El caso es que Carlos Molinero me contó, en su momento una emotiva historia del grupo King Kobra que no me resisto a reproducir.

Todos conocéis a algún jevorraco contumaz… ¿no? De esos que te graban un disco de Slayer en una casette arreglada con celo, de los que se decoran la chupa vaquera con el bic porque no hay pelas para parches y, por supuesto, de los que no pillan el doble sentido cuando Rob Halford canta “No me verás/ Pero me sentirás”.

Bien, una vez dos jevorracos de ese jaez, se prepararon para el concierto de los hair-metaleros King Kobra. Estos dos chavalucos vivían convencidos de que, pese a sus pintorras, los King Kobra comían más pussy que nadie. Eso podría ser cierto en el caso de Tommy Lee de los Crüe, pero vean este videoclip de instrucción militar – de la BSO de “Águila de acero” – de King Kobra en el cual, de “escoria melenuda” pasan a ser “buenos soldados” y díganme por dónde ven un átomo de heterosexualidad:

Bueno, pues estos jevorracos decidieron que ese vídeo era la apoteosis de la masculinidad y, para la noche del concierto, tenían preparado un plan maestro: sabían en qué hotel y en qué habitaciones se iban a alojar los King Kobra.

– ¡Tío, King Kobra!
– ¡King Kobra, tío!
– ¡Qué orgías se montan los King Kobra, tío!
– ¡Tío, nos vamos a hartar de follar!
– ¡Todo tías y farlopa en el hotel, tío!

Nuestros dos héroes, una vez termina el concierto, consiguen colarse en el hotel. Sin embargo, en el pasillo, todo está extrañamente silencioso.

– Tío ¿no era aquí donde estaban los King Kobra?
– Sí, tío, en esas habitaciones.
– ¿Por qué no se oye nada, tío?
– Tío, no sé. Vamos a ver.

Empujan la puerta de la habitación y, ante sus atónitos ojos se encuentran con el guitarrista de King Kobra sodomizando al cantante. Ahora, si quieren, queridos lectores, yo les hago un primer plano de la cara de consternación de los dos jevorracos. Ustedes tienen que hacer con la boca el estrepitoso sonido de todos los principios de estos muchachos derrumbándose.

– ¡Los King Kobra son maricones, tío!
– ¡Tío, son unos putos maricones!

Cuenta la leyenda que, una vez disuelto el grupo, el cantante se cambió de sexo y ahora trabaja en un banco. Me gustaría saber qué cuenta la leyenda del destino de nuestros dos protas.


3. Rob se compra un látigo

“Siempre que veo el plano aéreo de ‘Sonrisas y Lágrimas’, en el que Julie Andrews canta ‘The Sound of Music’, pienso: ahí, en esas montañas de Austria, en ese plano, tendría que estar yo diciendo ¡Soy el Metal God!”

De esa forma tan bella, allá por el 2000 salió Rob Halford del armario. Y, en contra del pensamiento que dice que todos los jebis son unos homófobos, la comunidad metálica siguió considerando a Rob como “el Dios del Metal”.

Sin embargo, lo que le parece glorioso a esta lista – y por eso gana la medalla de bronce – son los veinte años que pasaron entre esa salida del armario y el momento en el que Rob se compró, en una tienda S&M, su primer látigo.

Si la comunidad metálica hubiese sabido, en los 70 y 80, quién era Tom de Finlandia o, en los 90, quién era Ralf König, probablemente las pintas de Rob hubiesen hecho enarcar la ceja a más de uno. Pero no fue así: las letras sexistas de los Judas se veían como algo próximo al cock rock (no, nadie pillaba lo de “Te doy dolor y placer”) y, en los camerinos, todos se jartaban a follar con tías mientras Rob se quedaba solo y torturado en su habitación.

Cuentan que fue, precisamente en Finlandia, durante una gira, que Rob decidió que no quería seguir hecho un Dillinger en su habitación. Así, salió del hotel y se zambulló en los bares de ambiente de Helsinki. Allí, oh sorpresa, se encontró con Freddie Mercury. Freddie se maravilló de la presencia de Rob en aquel ámbito y le dijo “¡Me encanta tu música!” “¡Y a mi la tuya!” respondió Rob. Allí nació una de las más míticas amistades entre los dos mejores cantantes de la historia. Hasta G. Sanz tendría que admitirlo. ¿Hubo sexo? Ahhhh…

Os dejo con el mejor himno cueril de la historia: Rob, en su Harley y con su látigo nos canta “Hell Bent for Leather”. ¿Hay algo mejor?

2. Manowar introducen el aceite como ingrediente del metal

“¿Te gustan las películas de gladiadores?” es, sin duda, la mejor frase de la historia del cine. Sin embargo, las pelis de bárbaros me parecen todavía más desmadradas: tíos melenas con músculos aceitosos y espadas como penes se dedican a dar placer al freak medio mientras a las madres les parece normal que su hijo vea “Tunka”. Bueno, normal normal…

Con “300” ya no hubo excusas y más de un freak se animó a salir del armario. Precisamente, esa película sacó del olvido a la banda de metal DEFINITIVA: Manowar. En youtube se produjo una guerra civil: un bando eligió hacer montajes de 300 con temas como “It’s Raining Men” o “Madre, soy cristiano homosexual” mientras que otro, con el miembro viril impertérrito ante la tablita de chocolate de Leónidas, se dedicó a ponerles música de Manowar.

Con el miembro viril impertérrito también debieron quedarse los fans que vieron fotos como ésta:

Ya no llegaba con el cuero, no, ahora había que añadir aceite. Mi pregunta es ¿Por qué Scott Columbus, el batería, no enseña sus pezones en todas las fotos? ¿Es que cree que con tener bigotón ya ha cumplido? Bueno, para mí, sí.

No nos engañemos: en el 87 y el 88 (las fechas de sus dos obras maestras absolutas “Fighting the World” y “Kings of Metal”) las mujeres apenas oían heavy metal (luego sí que muchas disfrutaron con los cachetes desnudos de sus héroes vistos a través de los pantalones de cuero). But way back then… ¡Esas fotos estaban fechas para el disfrute de sus fans masculinos! Y alguno habría que colgase un póster del musculoso Joey DeMaio en su habitación (no, yo no: un servidor tenía sus pósters de Maiden). El caso es que los Manowar siempre se enfadan cada vez que se saca el tema gay. “¿Por qué lo dicen? ¿Porque somos una hermandad del metal y nuestros fans se dan las manos?” Bueno, mi recuerdo principal de las misas de mi colegio era el momento de “Podéis daros fraternalmente la paz” y, acto seguido, muchos aprovechaban para darse tremendos muerdos. Así que menos coña con lo de la “hermandad”.

Still, lo que hace grandes a Manowar, y merecedores de la medalla de plata es que, como titanes de la épica que son, todo se lo toman en serio. El cachondeo de “Te peto el cacas” es sencillo, pero un “We are gonna kick your ass” que pretende seguir siendo hetero es algo maravilloso. Sólo ellos tienen derecho a proclamarse los reyes del metal, “other bands play Manowar kills!, death to false metal!” Aquí os dejo con un vídeo que testimonia su poder y, al final del cual, tenéis un bello y viril strip-tease de Joey DeMaio.

1. Accept graban “Balls to the Wall”

Una portada como ésta no necesita más comentarios: así se gana una medalla de oro de calle. Aquí ya no hay ni excusa épica, ni bíblica, ni bárbara, ni hostias en vinagre. “Balls to the Wall” es una cumbre del metal sin la cual la infancia de todo niño queda incompleta. Y sí, su portada también es necesaria.

El guitarrista Wolf Wolfmann, años después, comentó que sabía que se metían en un terreno pantanoso con aquella portada, pero el ánimo de “provocar” le pudo. Los jebis, turbados ante tal bizarrada proveniente de una banda que, el año anterior, había hecho historia del metal más cañero con el enorme “Resteless and Wild”, quisieron pensar que ese detalle de entrepierna era del cantante: Udo Dirkschneider. Y, claro, Udo tenía que ser maricón. Una nueva muestra de lo pésimos fisonomistas que pueden ser los heavys medios cuando su sexualidad se tambalea. ¿De veras creen que un enano de metro cuarenta como Udo puede ser el dueño de esa recia y peluda entrepierna? “Udo no es homosexual. Si acaso, no es sexual en absoluto” decía el señor Wolfmann.

Así y todo, lo poco que pudiese haber de “deliberado” en la portada quedaba cuestionado por la potencia de su genial segundo single “London Leatherboys”: “Chicos de cuero de Londres/ El placer de la medianoche…/¿Qué habéis hecho?/ Chicos de cuero de Londres/ ¡Todos juntos!”. Que no me vengan con leches que eso era una canción sobre moteros. O aunque lo fuese: los bares de moteros ya han quedado muy desprestigiados desde “Batman Forever”.

Como despedida os dejo con una candidata a best heavy song ever. Esas “Balls to the Wall” donde asumimos que un grupo de jevorracos derrumba una pared con la sola fuerza de sus testículos. ¿Se la agarrarían recíprocamente a la hora de mear? Ah, preguntas…

Recordad, hermanos del metal:

Quizá hoy en día, las nuevas generaciones, gracias a grupos como Evanescence, Nightwish, The Gathering y, sobre todo, la inmensa Cristina Scabbia se crean que están “a salvo” de descubrir nuevas facetas de su sexualidad. ¡Cuidado! Discutir sobre cuál de esas cantantes es la mejor y si, a su lado, todas las demás son unas pedorras es algo que está a la vuelta de la esquina. “¿Cómo criticas la forma de cantar de Cristina en el ‘A Tout Le Monde’ de Megadeth?” es EXACAMENTE lo mismo que decir “¿Cómo puedes criticar a Barbra Streisand en ‘Yentl’?”.

No, si al final la culpa de todo la va a tener Barbra Streisand

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