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Guía para turistas sórdidos: Vigo

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¿Tiene usted ya plan para estas vacaciones? ¿Busca consejo sobre lugares bellos a los que ir? Como sórdido de pro no comparto el concepto tradicional de sitio «bonito», es decir, un pijerío provinciano quiero y no puedo ser Francia tipo San Sebastián o cualquier otro pueblo mediocre con sus señoronas paseando arriba y abajo por la playa o la calle Mayor, su iglesia románica y sus aburridas fiestas en honor a algún santo de tercera que ni siquiera ha dejado su dedo incorrupto ni su sangre que se licua el viernes santo: para recomendar estos parajes ya está el canal Viajar, la guía Michelin o, mejor, la sección de viajes del Pronto; eso sí, soy tolerante e intento ver el lado positivo hasta en las formas de turismo más abominables: precisamente porque ir a los sanfermines es de las peores cosas que puede hacer el ser humano, los toros de los encierros hacen una hermosa labor de darwinismo social. Por todo ello, si están pensando en acercarse a las tierras gallegas, les recomendamos huir de la vulgaridad y desmarcarse de las hordas de turistas del montón que visitan la catedral de Santiago o la zona de la marina en Coruña. ¡¡Sean sórdidos y vengan a Vigo!!

Para comenzar con buen pie el recorrido por la ciudad, lo ideal sería llegar en tren: poco antes de la estación serán recibidos por el impactante y singular paisaje urbano conformado por unos edificios conocidos como Las Conejeras; como ven conservan su belleza y peculiar estilo desde tiempo inmemorial, aunque desde que han abierto un Carrefour en las proximidades y hay mayor presencia policial y menos trapicheo de estupefacientes en la zona se ha perdido algo de la esencia del lugar.
No obstante, si vienen por carretera pueden tomar la primera salida de la autopista y atravesar el mítico barrio de Teis, en el que les recomiendo hacer una parada. Podrán de esta forma pasear por la calle Sanjurjo Badía, cuyo ancho es muy inferior al alto de los edificios que la circundan por ambos bandos y las dimensiones de cuya acera les permitirán a usted y a su familia o amigos vivir la siempre gozosa experiencia de tener que desfilar en fila india (y si está usted algo relleno, el michelín ya le sobresaldrá por la calzada). Apartándose un poco de esta avenida principal, podrán disfrutar de la vista de los enormes depósitos de combustible que en las leyendas urbanas de mi infancia tenían a pequeña escala el mismo poder aniquilador de los célebres botones rojos de la guerra fría. Pero las gentes de Teis son todavía más dignas de mención que su barrio: hace poco más de diez años protagonizaron los enfrentamientos callejeros con la policía más feroces que se recuerdan en la historia de la ciudad, con contenedores ardiendo y meses y meses de movilizaciones …. porque en el barrio querían poner una empacadora de basura. La psicosis colectiva hacía que los vecinos se quejaran de los malos olores antes de que la planta comenzase a funcionar y aún sigo recordando los gritos de Principe, Cuiña, comede a merdiña y demás éxitos del extenso hit parade de las manifestaciones. Durante mi primer año como docente tuve el privilegio de trabajar en un instituto que reunía entre su alumnado a lo más selecto de Teis y de Las Conejeras, pueden imaginarse lo inolvidable de la experiencia.
Si se despistan y no salen de la autopista en Teis, la siguiente salida les dejará al lado del parque dedicado a la escritora María Xosé Queizán, uno de los más importantes nombres de la literatura gallega contemporánea, es decir, cuatro profesoras de gallego amigas suyas dicen que leen sus libros y además escribe unos cuantos artículos en el más célebre diario local, el Faro de Vigo; no se preocupen si nunca han oído hablar de ella, los vigueses tampoco, puesto que todo buen vecino de la ciudad sabe que, una vez leídas la crónica del partido del Celta y las secciones de anuncios por palabras y esquelas, el resto del periódico sólo sirve para sentarse encima si el banco está sucio o para envolver el bocadillo; tal vez por ello, los vecinos de la zona no tienen reparo en que los perros hagan sus vicisitudes encima de la placa dedicada a la autora, costumbre que hace que el ámbito sea más conocido por el nombre popular de Parque dos Cas (parque de los perros en dialecto ourensano). El otro interés del Parque dos Cas reside en estar situado frente al centro de rehabilitación para toxicómanos del barrio, por lo que sus bancos suelen ser centro de reunión del más escogido ambiente yonqui de la ciudad; ¿para qué aburrirse con los realities de la tele pudiendo tener insultos, broncas y peleas en directo al lado de casa?
Caminando un poco hacia el centro de la ciudad, se encontrarán con las míticas torres de García Barbón, que desafían a cualquier ley urbanística, civil o del decoro y cuyo constructor es tan paragüero que no dudó en ahorrar costes poniendo unas instalaciones birriosas de luz y agua a pesar de vivir él mismo en la azotea. Bin Laden, ¿cuándo te das una vuelta por Vigo?
A continuación podemos cambiar de calle para apreciar esta estatua informe que supuestamente representa a Rosalía de Castro; como ya expliqué una vez que para mi esta mujer era una plasta que se pasó la vida lamentando haber dejado atrás su aldea y su huerto miserables, me parece suficiente homenaje. Desde luego la estatua queda totalmente eclipsada al situarse muy próxima a esta glorieta que recibe, por razones fáciles de comprender, el nombre popular de La Paellera. Imagínense La Paellera hace unos años, cuando ni siquiera estaban los delfines colocados por nuestra nunca bien ponderada ex-alcaldesa Corina Porro, más conocida por Perli Porro, sobrenombre que recibía de pequeña por ser como una perlita. Perli rocks! Desde el llorado Leri la política viguesa no contaba con un personaje tan carismático.
Acercándonos al puerto, llegamos a otro de los enclaves de parada obligatoria en la ciudad: aunque parezca increíble esta plaza está a pocos metros del puerto y pertenece a una serie de iniciativas denominadas abrir Vigo al mar. Vigo no sé, pero los funcionarios de la Xunta de Galicia sí se abrieron al mar ocupando despachos con vista directa a la Ría y creando este finstro de cemento que, como no, recibió un premio de arquitectura; para mayor despropósito, la iniciativa empresarial en la que pensaron para darle vidilla fue una serie de terrazas a imitación del puerto de Barcelona sin tener en cuenta pequeños detalles como que en Barcelona los arquitectos permiten que se vea el mar desde las terrazas y que por la noche no hace una tremenda rasca durante diez meses al año. El pueblo en su sabiduría ha pasado olímpicamente de esta área comercial y ha visto el uso lógico al que tal plaza estaba destinado: el skate por la tarde y el botellón por la noche se practican con alegría en ella.
Tras quedarse obnubilado por la Plaza del Botellón es probable que al turista sórdido le resulte en comparación muy anodina la zona contigua del puerto deportivo; y es que el pijerío de medio pelo venido a menos del Club Náutico no es admisible: o se erige algo épico al estilo de Puerto Banús, que por sus zorras teñidas expuestas en los yates y sus joyerías al lado del mar debería ser lugar de peregrinación, o nada. Pero con una mirada perspicaz pronto podremos reparar en detalles que sacan al puerto de su convencionalidad, como este medio estanque medio detritus de agua de dudoso color cuya función es uno de los grandes misterios de la ciudad. ¿Y qué me dicen del hotel Bahía de Vigo y su fachada setentera? Aunque sigue destacando por su personalidad, por desgracia ya retiraron el cartel que anunciaba en la planta baja ¡la marisquería más grande de España! ¡con 9000 plazas!
Tras el puerto deportivo, siguiendo el mar se llega al Berbés, lo que en otros tiempos fue el puerto pesquero y el origen de la ciudad, hoy transformado en una veramente horrenda plaza de cemento con otro extraño estanque-detritus; proseguir pegado al mar lleva a adentrarse en Beiramar, una interesante zona en la que si usted deja el coche aparcado se encontrará a su vuelta a una señorita apoyada en él que tal vez le haga atrevidas proposiciones. En una esquina de la foto, pueden ver el mítico Kiosko de las almas perdidas, que a pesar de su nombre no es un kiosko sino un bar cuya concurrencia imagino que hace honor a su nombre.
Otra posibilidad es dejar de seguir el mar y adentrarse en tierra; podrá usted visitar el eternamente pendiente de restauración Casco Vello de la ciudad, que otrora albergaba la zona de vinos pero que, tras la migración de la juventud a otros barrios, ha quedado como refugio para algún bar independentista o que parece salido de Torrente 3. Una lástima ver tan apagadas unas calles que vivieron tantas sórdidas escenas de borrachera adolescente…. Uno de los portales que se ven en la foto fue en tiempos el local donde las consumiciones eran más baratas de toda la ciudad, un ámbito en el que lo más aconsejable era beber la cerveza con pajita, como hacíamos yo y mi amigo Chema; éramos lo suficientemente temerarios para ir, pero posar la boca en las botellas superaba el nivel de vicisitud que considerábamos asumible.
Remontar el Casco Vello le llevará a la Puerta del Sol viguesa donde podrá contemplar el monumento más relevante de la ciudad: me encanta ver la cara entre el horror y la estupefacción que se les queda a los turistas cuando contemplan de cerca el Sireno, estatua icónica y emblemática donde las haya. Para seguir viendo las maravillas de Vigo conviene armarse de paciencia para subir cuestas y adentrarse por la Herrería, el barrio chino de la ciudad, donde ejercen su profesión las madres o abuelas de las señoritas de la orilla del mar de las que hablaba antes. Después del día cinco de cada mes, cuando la tercera edad ya se ha gastado la pensión, el barrio está muy tranquilo y la clientela es escasa.
En lo alto de la Herrería se encuentra el Ayuntamiento, edificio también notorio y representativo de la arquitectura viguesa, como pueden ver. No entiendo que Perli Porro prefiriera trasladar la alcaldía a un señorial edificio del centro, pero todo lo que haga Perli estará siempre bien. Si son capaces de subir todavía alguna cuesta más, deberían entonces comenzar a escalar el monte del Castro: los mediocres dirán que hay que hacerlo para contemplar las vistas de la Ría desde lo alto, pero la auténtica razón de que valga la pena la caminata es ver esta simpar Cruz de los Caídos. ¿Acaso no está usted de acuerdo en que el edificio del Ejército del Aire y toda la zona de Moncloa es lo más bello de Madrid? ¿La Karl Marx Allée no es acaso lo mejor de Berlín? ¿Cómo que no? Conmuévase ante la sobriedad y el gigantismo de la arquitectura producto de los regímenes autoritarios, hombre (o mujer). Y si no lo hace allá usted, pero luego a ver cómo me explica que el Vaticano sí es bonito.
Pero tampoco se trata de dejar al pobre turista exhausto ni de olvidar las dos razones por las que alguien viene a Galicia: marisco y playa. Para lo segundo, debe usted dirigirse a Samil, la playa de Ourense, a primera hora de la mañana del domingo cuando llegan todos los autobuses de las excursiones. Es entrañable ver a las familias llegar y bajar a la playa aparcando a la abuela en uno de los escasos merenderos para que guarde el sitio. La vista desde la playa es magnífica, sobre todo por el edificio de la isla de Toraya que evoca el idílico paisaje de Benidorm. Bañarse ya es harina de otro costal y empresa sólo recomendable para valientes; mi señora madre lo intentó una vez y durante los días siguientes padeció extraños picores; también es cierto que ahora se supone que la depuradora funciona a pleno rendimiento y que la playa vuelve a ser apta para el baño, así que si les gustan los desafíos y quieren emular a Fraga en Palomares, adelante. Naturalmente, como en cualquier lugar civilizado, el topless es más que habitual en la playa, lo cual desata las iras de algunos elementos extraños como La Persianitas, cuya historia merece ser leída.
Lo mejor de Samil, en todo caso, es el bar regentado por uno de los personajes más ilustres de la ciudad, doña Karina Falagan. Antigua dueña de las más importantes casas de citas de Vigo, Karina intentó reciclarse como hostelera y convertirse en benefactora de la ciudad, pero era demasiado sórdida para conseguirlo: su carrera política en el Partido Popular se acabó cuando le atizó a una diputada socialista del parlamento autonómico que le había hecho reproches sobre su pasado vinculado a la prostitución. Por suerte para la imprudente parlamentaria, Karina tenía un brazo escayolado en ese momento, de lo contrario su oponente se habría llevado el doble de tortas. Fraga la echó del partido, pese a lo cual nuestra heroína no mostró arrepentimiento alguno: si no hay huevos, hay ovarios. Al contarle esta fascinante historia a uno de mis compañeros del blog, el respetado sórdido Don Panadero, como hombre de acción que es quiso entrar inmediatamente en el local de Karina, que como siempre se encontraba vacío con la excepción de algún turista despistado mientras la música de Julio Iglesias y Raphael sonaba a todo trapo. La anfitriona no lucía ninguna de las pamelas que la han hecho famosa pero en cambio obsequió a Panadero con un memorable momento al ir éste al servicio y encontrársela en la puerta. ¿Vas al de hombres o al de mujeres?, le preguntó. That’s Karina.
Habría más anécdotas que contar de los múltiples barrios que pueblan la ciudad. El Calvario, por ejemplo, patria chica de Siniestro Total, o Bouzas, cuyos habitantes no quieren ser de Vigo: si Carod Rovira piensa que el separatismo lo ha inventado él, es que sabe muy poco de la vida. Si después de esto siguen queriendo visitar Santiago, Sanxenxo o La Toja en lugar de extasiarse con Las Conejeras, el Parque dos Cas, La Paellera, el Sireno o el bar de Karina, no están ustedes a la altura de este blog.

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