cine

¿Qué es una mala película?

4.8
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Sí, amiguitos: esta es la pregunta definitiva que nos ronda a todos en la cabeza. Nada de si hay vida después de la muerte (eso tiene fácil respuesta: ya veremos), quienes somos (yo, Paco, gracias), de dónde venimos o por qué siempre acabamos teniendo cuatro o cinco calcetines desparejados en el cajón. No. Lo que no pone nunca a nadie de acuerdo es la respuesta a esta pregunta inmortal. Y yo, Paco Fox, voy a liar las cosas un poco más.

Porque es muy difícil establecer criterios. En una película entran en juego tantos elementos de valoración que lo mejor es, primero, centrarse en qué tipos de películas suelen llevar la cariñosa etiqueta de ‘bazofia’ o, en ámbitos más familiares, ‘bazofia inmunda’.

Básicamente, las películas sobre las que la gente suele defecar caen más o menos en uno de estos tres grupos: Las terribles desde el punto de vista técnico/artístico, las superproducciones sonrojantes y las simplemente aburridas de cojones pero que pocos se atreven a criticar. Todas tienen una cosa en común: siempre (y repito, SIEMPRE) encontrarás a alguien que le gusten. Tú no podrás explicártelo, pero la realidad es así de dura. En el fondo, hay gente que disfruta cuando le pegan. ¿Por qué no ibas a encontrar a una persona que adore ‘Manos, The Hands of Fate’, ‘Catwoman’ o cualquiera de Angelopoulos? Y es que, amiguitos, cada uno busca en una película aspectos y valores distintos. Y lo que para unos es inadmisible, para otros es esencial. Lo que para unos es un guión sin sentido, para otros es una obra maestra de Lucio Fulci ¿Podría ser que la respuesta a qué es una mala película fuera que… depende?

1.- LA BAZOFIA UNIVERSAL

Son aquellas películas cuyo visionado puede causar desde orzuelos hasta ardor de estómago, pasando por risas incontroladas. Es la mierda realizada por aficionados, el producto de incompetentes o gente con habilidades tan limitadas que no podían superar lo usualmente limitado del presupuesto. No estamos hablando de filmes de serie b. Ni siquiera de los seriales de los cuarenta. Estamos tratando con la inmundicia cinematográfica. Películas en las que ningún apartado artístico supera la categoría de espantoso: planificación estéril, continuidad inexistente, diálogos de porno alemán, montajes de video de comunión y, sobre todo, una desvergonzante falta de originalidad.

Este tipo de bazofia límite comenzó sus días en tenderetes de exhibidores itinerantes. Con la imposición del código Hays de censura, se empezaron a producir películas de ínfimo presupuesto que se exhibían fuera de los circuitos tradicionales. Generalmente, se trataba de cosas que, con una coartada de supuesta denuncia social o pseudos-científica, buscaban mostrar escenas prohibidas por el código. Así surgieron clásicos del cine terrible como ‘Reefer Madness’, de Louis J. Garnier (director de cierto éxito en el mudo caído en desgracia) o ‘Maniac’ y ‘Marihuana’, ambas de Dwain Esper, el abuelo del cine cutre.

A partir de aquí, la chunguez extrema no ha abandonado nunca los circuitos de distribución. Desde Phil Tucker hasta Larry Buchanan, siempre había alguien con ganas de coger una cámara y demostrar que él también podía hacer una película. Ahí tenemos, por ejemplo, a Hal Warren. Un comerciante de fertilizantes de El Paso que un buen día decidió que podía hacer una película tan bien como cualquiera. Y no. No pudo. Lo que le salió fue algo que sólo puede describirse como una experiencia cercana a un enema. Su ‘Manos, the Hands of Fate’ es, por ahora, la peor película que he visto. Y quizá la que tenga el título más redundante.

La red está plagada de otros ejemplos de películas chungas pero fascinantes en su incompetencia, sobre todo si se produjeron en Italia en los ochenta. En general, la afición por este tipo de finstros se extendió por los Estates en los 90 con la emisión del programa ‘Mystery Science Theatre 3000’, en el que un tipo y dos marionetas (representados como sobras delante de una pantalla de cine) se cachondeaban de los despropósitos que les colocaban delante. Una forma imaginativa que tenía la cadena de dar salida a productos vergonzantes que no podían emitir de otra manera. Con la popularidad de Internet, llegaron numerosas páginas que se han estado dedicando a cachondearse del trabajo de los demás. Algunas incluso han llegado a comentar películas del recientemente fallecido Bruno Mattei, demostrando que el masoquismo es todo un modo de vida.
Recientemente, la revolución de las cámaras digitales ha hecho que las películas de micropresupuesto se multipliquen como gremlins en un parque acuático. Lo cual significan que los fans de la mugre tienen material para rato. Particularmente no me interesa demasiado meterme en esos berenjenales. Porque sin el beneficio de la nostalgia, tragarse algo de gente como los hermanos Polonia puede ser mortal.

Este grupo de finstros es el más fácil de condenar. Cualquiera con dos dedos de frente puede captar un guión realmente apestoso o un montaje de vergüenza. Pero eso hace que también sean las más divertidas de defender (ahí tenemos, sin salir de este blog, a Vitijito y su aprecio por ‘Gunan, el Bárbaro’). Si te embarcas en la empresa de resaltar alguna de sus virtudes que puedan eclipsar sus increíbles defectos, sabes que no encontrarás a nadie que esté de acuerdo contigo. Sobre todo porque, o bien no te están escuchando, o bien tu evidente aspecto de freak les ha acojonado.

2.- LAS CATÁSTROFES MILLONARIAS

El año clave para las malas películas fue 1980. Por aquellos entonces, comenzó a hacerse popular el libro ‘The Golden Turkey Awards’, un clásico de la literatura cinematográfica que glosaba los truños más pestilentes de la historia. Fue de enorme importancia por otorgar por primera vez el título de peor director ever a Ed Wood, siendo su película ‘Plan 9 From Outer Space’ la ganadora a peor película. Pero, por otra parte, el libro ya mezclaba las dos categorías principales de bazofia cinematográfica: la superproducción ‘El Exorcista 2’ se quedó muy cerca, si bien Richard Burton ganó el premio al peor actor. ¿Acaso el galés era un actor terrible? No. Pero por cada gran papel, perpetró varios otros gracias a dios hoy olvidados en los que demostraba una incompetencia irreal. Se trata de un castigo a alguien que trabaja por debajo de su talento. Lo mismo pasa constantemente cuando se tira por los suelos películas como ‘King Kong (1976)’ (también nominada en el libro), ‘Armageddon’ o ‘Campo de Batalla la tierra’. Al igual que había (y hay) actores peores que Burton, existen películas mucho peores que las nombradas. Pero el dinero gastado y la cantidad de profesionales implicados (algunos, hasta ese momento, de inmaculado curriculum) hacen que la virulencia del ataque sea proporcional.


Por otra parte, en 1980 también se estrenó ‘Can’t Stop The Music’, el despropósito que contribuyó al fin de la música disco y de los Village People. En una sesión doble con ‘Xanadu’ (¿puede haber algo más gay?), un buen señor tuvo una iluminación divina, y creó los hoy famosos ‘Golden Rapsberry Awards’, popularmente conocidos como Razzies. Estos premios acabarían convirtiéndose en una patochada concentrada básicamente en degradar a quien esté de moda degradar. Cayeron en el problema principal al que se puede llegar cuando sólo se considera ‘malas películas’ a aquellas que han tenido cierta relevancia en los medios: te unes al coro de acusadores. De ahí que nadie pudiera apreciar el valor de ‘Showgirls’, o que todo el mundo condenara ‘Instinto básico 2’ sin siquiera haberla visto.

Porque lo usual con estas películas no es condenarlas por su falta de calidad. Lo que realmente entra en juego aquí es una respuesta (similar a limpiarse el trasero con ortigas) al hype. Ente palavro se lo inventaron los americanos para designar la exagerada expectación que se genera alrededor de los blockbusters. Y para culturizaros, os diré que proviene tanto de ‘Hipodérmica’, por lo estupefaciente del hecho, como de ‘Hipérbole’, por lo exagerado.
Así pues, el odio exacerbado hacia ‘Armageddon’ no proviene tanto de su calidad como del propio hecho de ser un blockbuster (sí, el guión es inverosímil, sale Ben Affleck y el final parece un anuncio de Coca Cola. Pero tiene buen ritmo, buena imagen, hace gracia y nombran a Jethro Tull. Mucho mejor que ‘Apocalipsis Caníbal’, digo yo). Muchos no recuerdan que hay bastantes ejemplos de superproducciones de antaño que hoy son reverenciadas como clásicos simplemente por ser antiguas, pero que en su momento fueron el hazmerreír de todo el mundo. Ahí tenemos el fiasco de ‘La jauría humana’, que fue salvajemente saboteada por la crítica a pesar de no ser mala película.

Con todo, si se ve una película reciente como ‘Batman y Robin’ sin estar contaminado por lo que la rodea, es fácil llegar a la misma conclusión: esa sí que es una bazofia impresionante. Todavía me estoy preguntando qué estaba fumando todos los implicados directa e indirectamente en ese desaguisado.

Por lo tanto, para saber sí una superproducción es realmente mala, hay que seguir tres pasos:
1.- Hay que verla. Parece de Perogrullo, pero la mayor parte de la gente no ha visto las películas que más critica. Me pasó recientemente, a raíz del estreno de ‘Rocky Balboa’, con ‘Rocky V’. Todo el mundo la ponía a caer de un burro, pero sospecho que muy pocos la habían visto y que todos hablaban de oídas.
2.- Olvidar fobias y filias. O, dado que eso es imposible, intentar abstraerte.
3.- Comprobar si tiene algunos valores. No dejar que un aspecto devore la imagen total. Antes de decir sin remordimientos que es una bazofia, hay que pensar que no hay que pedirle la misma pena a un carterista que a un asesino en serie. Porque Spiderman 3 puede tener numerosos fallos, pero también sus cosas buenas. No se la puede comparar con, por ejemplo, la putridez de ‘Catwoman’.

Pero cuidado: La defensa de estas películas puede ser problemática. Muy a menudo se convierte en una pose. Más a menudo todavía, puede que sea motivo de encarcelamiento y/o separación matrimonial. Sin embargo, es difícil resistirse a enarbolar la bandera de un flim hasta el momento destrozado por crítica y público. ¿Acaso no sería maravilloso crear batallones de críticos suicidas que entraran en la cafetería de la filmoteca gritando proclamas a favor de ‘Unos peques geniales’? Sí, pero sólo si se hace desde el profundo convencimiento de que se trata de una gran película. En cuyo caso, probablemente se haga también desde una institución psiquiátrica.

3.- LOS PESTIÑOS PRETENCIOSOS

Muchos hemos tenido esa terrible experiencia. No, no me refiero, como sin duda estáis pensando, a ir al servicio en casa ajena y encontrar que no hay papel. De lo que estoy hablando es de pagar por ver una película de esas con dibujitos con premios de festivales antes del título y acabar golpeándose la cabeza con el asiento de enfrente para a) no dormirse y b) intentar, si hay suerte, eliminar las neuronas que almacenan el recuerdo de haberte gastado el dinero.

Son esas películas que idolatran tus amigos que todavía están en su Etapa de Inmadurez Cinematográfica Cultureta (EICC). Casi todos los aficionados al cine la sufren en mayor o menor medida hasta que acontece la Gran Iluminación Lucasiana (GIL) cuando descubres que Spielberg y Bruckheimer merecen tanto respeto como Bergman o Godard. Son aquellos que se dejaron engañar por el jeta de Lars Von Triers con la idiotez del Dogma. O que hace años no dejaban de hablar de Abbas Kiarostami. Esos que recelan de cualquier película no sancionada por los popes de la crítica.

Porque también existe un hype cultureta. El mercado de cine ‘de prestigio’ se mueve por los mismos derroteros que el mainstream. De repente, por festivales y programas de humor como ‘Días de Cine’, se empiezan a encumbrar algunas películas iraníes (en los 90) u orientales (en los 2000) que sólo pueden causar sopor.

Las reacciones posibles a esta situación son:
a) Morirte del aburrimiento, pero no atreverte a decirle nada a tus conocidos de la cola de los cines Golem.
b) Morirte de aburrimiento, decirlo, pero intentar explicar que la película tiene sus propias reglas y que el ritmo pausado emana de la observación con espíritu de entomólogo de la realidad.
c) Morirte de aburrimiento, decirlo y añadir que es una película tan mala como ‘Batman y Robin’ y ‘Ator 2’.

Hay que darle la vuelta a como se juzgan estas películas. Una especie de fuerza estreñimiento mental universal nos impulsa a que pongamos a caer de un burro cualquier comedia o película de acción, pero que consideremos un valor el hecho de que trate temas dramáticos.

Concluyendo:

Cada vez que vayamos a descalificar una película, primero hay que pensárselo bien. ¿Estoy insultando algo sólo porque no me gusta alguno de los aspectos que presenta? ¿Y si tiene otros valores? Hay que aprender a observar el posible interés oculto en una película pobre y bazofiera. Hay que evaluar si la incompetencia en una superproducción ha sido general o, al menos, hay matices que pueden salvarla ante los ojos de otros. Y hay que abandonar la idea de que cualquier drama es automáticamente salvable sólo por su temática o porque lo diga Cahiers Du Cinéma. O, mejor todavía: olvidar todo lo dicho en el artículo y, simplemente, reirse de todas las películas. Hasta de las buenas.

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