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Lecciones de cine: cómo montar porno

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Si ahora yo dijese, “pues acabo de montar la última peli de Spielberg…” probablemente algunos me preguntarían dos o tres anecdotillas de ese meapilas y hasta ahí llegaría la conversación. Sin embargo, es un hecho empíricamente constatado que si dices “He montado cine porno” consigues animar cualquier reunión social. Incluso las más muermazo.

Pues sí, amigos, mi currículum tiene esas oscuras o brillantes páginas. El caso es que son las páginas que, at the end of the day, más le interesan a TODO EL MUNDO. Incluyendo a la gente más fina y elegante con la que he tenido la honra de trabajar. Por eso, en un afán culturizador, y para ayudar a todos aquellos creadores que quieran aventurarse por las procelosas aguas del semen… digo, del pon-no, aquí van una serie de lecciones magistrales sobre el montaje de este noble género cinematográfico.

1.- LA REGLA FUNDAMENTAL
Independientemente del material que te toque montar, todo buen montador de porno heterosexual (no discrimino: ésa ha sido mi experiencia) tiene que tener en cuenta que, una vez comienza la acción, TODO plano montado en la escena debe contener, como mínimo, o un coño, o unas tetas o un culo en pompa. Ocasionalmente, podría aceptar una cara jadeante de la actriz. Pero esa es la excepción. Ergo, CUALQUIER plano que no contenga alguno de esos elementos NO DEBE SER MONTADO. Los montadores inhábiles de toda la vida suelen recurrir al catastrófico recurso de un primer plano del actor jadeando para conseguir transiciones más “limpias” y mantener el raccord. ¡¡¡¡Error!!!! Cualquier usuario de porno (desde Paul Feig hasta el último lector de este blog) sabe que LO PEOR que te puede ocurrir al ver una de estas pelis es que la eyaculación coincida justo con el primer plano del actor. ¡Trauma! ¿Y qué sucedería si el actor tuviese, además, bigotón?

Creo que no tengo que seguir explicando más ¿no? Sé un montador creativo: si tienes problemas de continuidad, seguro que tienes mil planos detalle de la actriz a tu disposición. Pero ¡por Peich! ¡El careto del actor, jamás!

2.- Mantener el ritmo


En ese sentido, lo mismo es “El acorazado Potemkin” que “En busca del arca perdida” que “Eduardo Manospenes”. Todo es una cuestión de ritmo.

La primera aproximación del montador primerizo al porno consistirá en quitar todos aquellos momentos en los que el actor “pincha hueso”. En efecto, el brío que los buenos profesionales suelen poner en sus “performances” hace que, más de una vez, el miembro se salga. Hay que eliminar – vía cambio de angulación de cámara – esos momentos de “volverla a meter” que hacen que baje la intensidad del momento y la erección del espectador. Ni que decir tiene que los casos – más abundantes de lo que se cree – en los que el miembro erecto quiere volver a entrar pero, oh dolor, pincha hueso produciéndose una anormal doblez en el pene han de ser eliminados del montaje. ¿Es que no piensa uno en la empatía masculina?

Para montadores más expertos: cuando se rueda – lo habitual – con más de una cámara, hay momentos, especialmente en el sexo anal, en el que el actor está particularmente inspirado (esto es, uno sufre – y mucho – por la actriz). Sé capaz de localizar esos momentos. Atesóralos. Y lo que es más importante: no dudes en REPETIR esos momentos al cambiar de ángulo de cámara. El porno es necesariamente rítmico y reiterativo, nadie notará que es exactamente igual. La sensación será la de decir “¡Campeón!”. Pero, claro, si el montador es mediocre y cambia de cámara “cuando toca” el actor perderá el ritmo y caeremos en el “así también folgho yo”.

3. El porno es “producción en cadena”

El porno es siempre cutrón, barato y cada película, por sí sola, no da muchos beneficios. El truco está en organizarse para producir MUCHO. Y eso significa montar rápido. Y también industrialmente. Así que lo mejor es tener fórmulas que “funcionen” para ir montando rápido pensando poco. Pongamos un ejemplo práctico:

– En la mayoría de los casos, el principal coste de producción es el contratar a las actrices. Esto es así porque, normalmente, el actor (y, en muchos casos también director) es uno de los socios de la productora. Algunos dicen que el “socio tecnológico”, por aquello de aportar la herramienta de trabajo. Así pues, el paso número uno es decir “¿De cuántas actrices dispongo?”. Acto seguido, se divide la duración de la película entre el número de actrices. Así pues:
90 min/ 5 actrices= 18 minutos por polvo

Sí, ya lo sé, son polvos muy largos, pero así de cutre puede ser este submundo.

– Una vez definida la duración, se establece una tolerancia de más menos tres minutos según lo bien que trabaje la actriz.
– Con la duración, además, si el actor es disciplinado y sigue unos parámetros de jodienda aristotélicos (recordemos la frase de “Clerks 2”: “You don’t go ass to mouth”) es recomendable el establecer una escaleta del polvo para saber en qué minuto tiene que ir sucediendo cada cosa y así no aburrir al personal. Una que yo hice en su momento, para un polvo de 18 minutos, era tal que así:

1:30 primera teta
2:30 empelote completo
3:30 bajada al pilón
4:30 el sable
5:30 vaginal postura 1
7:30 vaginal postura 2
8:00 interludio oral
9:00 vaginal postura 3
10:30 entrada del amigo (opcional)
11:00 pollo asado (opcional)
13:00 anal
15:30 cubana (opcional)
16:00 última felación
17:00 bendición en la cara
Algunos critican esta aproximación, y no sin razón, pero creo que es una guía válida para saber si te estás engolfando mucho en una determinada secuencia. “¿Qué es el “pollo asado”?” me preguntaron. “Pues el momento en que la actriz está ensartada por los dos extremos”. Vamos, para mi estaba clarísimo.

4. ¿Cómo monto la “tensión sexual”?

Ah, ahí ya hay que saber. Para mi es esencial crear un misterio al principio. Esto es, que te apetezca MUCHO ver “lo que pasa a continuación”. Pero no tanto que le des al Fast Forward. La belleza del porno está en saber que vas a conseguir tu recompensa, así que vale la pena esperar un poco para valorarla. La cuestión es: ¿Cómo sacar provecho a actrices que, a la que no sean indigentes, apenas saben hablar el idioma de la producción? Compleja tarea: hay que buscar momentos de gran belleza como “Is it because is like a big lollipop?” frase reminiscente del bello “Te gusta… esa piruleta… ¿verdad?” Que le decía mi reverenciado Randy Spears a Savannah.

En otras ocasiones, las actrices son francamente excelentes, y es tu deber que la escena que montes les sirva como “videobook” para aspirar a la próxima producción de Almodóvar. En todo caso, y como ya expliqué en el punto anterior, respeta la regla de “Enseña una teta al minuto y medio de escena” (caso de polvo de 18 minutos).


5. ¿Cómo monto las eyaculaciones?
Recordemos que el porno es producción en cadena. En el caso de “majors” como Private, tienen reglas específicas: se debe mantener toda la eyaculación en el mismo plano, sin cortes.

Supongo que eso se hace para que la gente no diga “Y, en el cambio de plano, aprovechan para añadir leche condensada”. No es un mal motivo, pero creo que hay ocasiones en las que hay que realizar montaje en el propio momento de la eyaculación. Para mi, se hace necesario montar cuando, por imperativos de producción, el actor ha superado la barrera del cuarto polvo en una jornada de rodaje y la eyaculación puede resultar ridícula. En ese caso, hay que cambiar de plano, durante la eyaculación, y procurando repetir unos diez frames en cada cambio. Así se consigue un jovial efecto de abundancia que tampoco grita “¡trampa!”.

En cualquier caso, JAMÁS se debe poner un primer plano del actor antes de la eyaculación. Sí, ya sé que, a veces, comienzan a machacársela y no llega nunca aquello. Pero, repito, HAY OTRAS FORMAS de lograr ese paso de tiempo. Aunque sea encadenando (recurso que no recomiendo: baja el rollo y hace que todo parezca menos real, yo prefiero crear la ilusión de “tiempo real”).

6. ¿Cómo monto el sexo anal?
Por su laboriosidad, recalco el que hay que buscar los momentos de máxima velocidad y, llegado el caso, repetirlos en distintos ángulos. Por supuesto, otra peculiaridad de estas escenas suele ser el evitar el “momento lenteja”. No hace falta que explique más cosas.

Excepcionalmente, en el caso de que una actriz se niegue a practicar el sexo anal, puedes “engañar” al espectador montando una inserción falaz para luego, cambiar a un plano equívoco. Que cada uno se haga las ilusiones que quiera.

7. ¿Debo ser creativo y artístico?

Por defecto: NO. El montaje del Hollywood clásico es el que mejor sienta al porno: narración omnisciente e invisible. Los que hemos sufrido ciertas cosas de Andrew Blake te diremos que meter planos al ralentí y en blanco y negro sólo baja el rollo. Sé un buen montador, pero sé clásico.

Tampoco vale, pese a la cantidad de calorros que compran dvds porno, el montar con estilo de piezas sobre tuning. Que no, joer, que el estilillo de videoclip salchichero no pone. En el porno, sigue teniendo vigencia todo lo que escribió Aristóteles en su poética.

Eso sí, la elipsis favorita de Paco Fox y un servidor es una de una escena bollo en la que se besan, abrazan y, a la que caen abrazadas en la cama, ya están en bolas. Digna de Michael Kahn.

8. ¿Me la puedo machacar mientras monto?

¡¡¡NORL!!! Pierdes tiempo, concentración y, lo más importante, no sabes evaluar cuánto debe durar un plano. En el cine clásico es fácil saber cuándo cortar: una vez el espectador lo asimila. Pero en el porno todos los planos se entienden rápido, y el tiempo que debes dejar es el justo para que todo espectador que quiera “llegar” en ese plano, pues tenga tiempo para el último acelerón. Y, si no quisiere llegar ahí, que no dure tanto que le aburra. Needless to say, si te has tocado, ya no eres un espectador imparcial.

Además, conozco el caso de montadores a los que han pillado jugando con la pilila en la sala y ha habido gran cachondeo. Por eso yo monté un especial sobre el salón de Barcelona con la puerta abierta: para que nadie dudase de mi responsabilidad.

Y porque todo dios quería ver, claro.

9. ¿Cómo debe ser el trato con el director?

Por tu propio bien, conviene que sea extremadamente profesional. Y eso no es nada fácil. He aquí una de las tesituras en las que me he visto envuelto:

El director entra en la sala de montaje portando una bolsa del Sabeco con varias cintas mini dv. Viene del hotel de dos plantas más abajo, recién follado. Evito darle la mano antes de sentarnos a hablar de “negocios”.

Primero definimos qué dvds quiere y con qué tipo de autoría. Mientras el actor-director enuncia que “Guarreridas españolas vol. 1” será uno de los probables títulos, un servidor de ustedes y una compañera de producción tomamos nota. Pero no tanto por profesionalidad como por evitar ver la pantalla del ordenador. Sí, lo han adivinado: mientras se digitalizan las cintas, nuestro interlocutor aparece en pelotillas tirándose a una enana para celebrar el triunfo del Athletic de Bilbao. ¿Alguna vez han hablado así de negocios? Al lado de esto, aquella entrevista de trabajo de Peter Griffin (“-¿Dónde se ve usted en esta empresa dentro de tres años? -¿Tirándome a su hijo?”) es una tonterida.

Por supuesto, sumidos entre tanta piernografía, la chica de producción intenta cambiar de tema, “¿Eres de Bilbao? Yo soy de Pamplona…” sólo para que, una hora más tarde, a la que el director la ve sin gafas diga “Pero que guapa es… Si es que parece del portada del Vogue”…

Así pues, mejor mantener las distancias.

Sin embargo, a veces, esto no es posible. Recuerdo ahora el terrorífico momento que se produjo cuando yo terminé de digitalizar una cinta.

El polvo había concluido y el actor, recién eyaculado, se dirige hacia la cámara. Ni Harriet Andersson en “Un verano con Monika” había interpelado así al espectador. Ese onvre dice las siguientes palabras a la cámara: “Esto es para el montador”. Temeroso, me giro y veo mi sala vacía. ¡Soy el único montador que hay aquí! ¡Ente onvre me está hablando!”. El actor-director prosigue “Esto es para la escena en la que le quito las sábanas a la chica que duerme, pues ahí tienes que poner mis pensamientos…”

Y entonces comienza lo veramente dantesco:

“Pero mírala qué buena está, si es que está jaca paca… Qué tersura de su piel, qué labios vaginales de núbil y virginal princesa de los mares… Santa Virgen de los remedios ¿por qué haces que me sucedan estas cosas tan guarras? ¡Que empalmamiento llevo! ¡Que empalamiento le voy a hacer a esta casta muchacha! Señor mío Jesucristo, no puedo menos que realizar la cópula con esta hembra. Ayudadme, todos los santos en esta tesitura, en esta veleidad…”

Todo esto dicho mirando al tendido con los ojos en blanco. A la que coloqué, sin más, el track de audio sobre la escena ¡encajaba a la perfección! Ni era ni un segundo más largo o más corto. Genialidad enferma, indeed. Por eso, no puedo evitar que en ese sacrosanto “mensaje al montador” hay más verdad y sabiduría fílmico sobre el montaje que en toda la obra de Eisenstein.

10. ¿Debo mantener el anonimato?

Un servidor, en un primer momento, lo hizo. Firmé Karina Flanagan en mis primeras producciones húngaras pero, a la que el nivel bajó, me plantée usar un “seudónimo del seudónimo” para no “manchar el buen nombre falso de Karina Flanagan”. Y entonces vi que era ya un depravado.

En otra ocasión, le enseñé subrepticiamente el “mensaje al montador” a alguien. Creí que todo era anónimo, pero un cable estaba enviando la señal de vídeo al exterior de la sala. La multitud que afuera se congregó no podía dar crédito.

En todo caso, la experiencia me demuestra que, mientras no seas actor o actriz, la participación en el porno es sólo motivo de regocijo entre las amistades. Incluso gente fina y elegante han preguntado cómo conseguir mi pretérita obra porno, lo cual demuestra que, aún trabajando en los más elevados estratos del audiovisual, la gente conserva sus valores.

Then was then and now is now. Un poco de porno en la vida está bien, pero no te mantiene a medio plazo. Si alguien quiere probarlo inocentemente, puede practicar de forma harto Light con este link y, si quiere rock’n’roll all night, puede atacar esta oferta de trabajo. Eso sí, espero que apliquéis todas las enseñanzas aquí aprendidas.

…Y, por supuesto, saber desde ya que frases como “esta escena me la monto con la punta del nabo” o “montar a carallo sacado” o “voy follado” o “¡Qué raccord más guarro!” van a ser vuestro pan de cada día.

Ah, y no volveréis a tomar espárragos con mayonesa durante una buena temporada.

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