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La teoría de la vicisitud andaluza

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Sí: un post sobre política. Pero, al menos, tiene un toque de política-ficción, con lo cual el componente geek ya lo salva un poco de la ignominia. De la ignominia temática, no de la literaria.

Pero a lo que iba. Voy a hablar de uno de los fenómenos políticos más idiotas que existen: el nacionalismo independentista. Esta creencia (pues tiene más de eso que de pensamiento racional) se basa en dos pilares. El primero es en el absurdo concepto de que unas fronteras cambiantes a lo largo de los años hace que la gente sea distinta. Pero eso es mentira, porque:

– Todas las personas cagan, independientemente del país.
– Todos necesitan comer para así poder cagar.
– En cualquier lugar, aunque te la sacudas como un martillo, la última gota va al calzoncillo.

Esto es, todos somos iguales en lo que realmente importa. Que venga alguien y me diga que yo tengo más que ver con Chaves por ser Andaluz que con mi amigo Ken, gay canadiense residente en Boston fan de Strawbs, Camel y grupos oscuros de progresivo. Pues no. O que he de ser más parecido a Paco de Lucía por haber nacido en Algeciras que a The Devil Rules the World, con quien comparto gustos en mujeres y, lo que es más curioso, en hombres.

Pero siempre saldrá alguien que defenderá que la herencia cultural hace que la gente de distintas regiones sea diferente. Pues qué queréis que os diga: mi herencia cultural principal es la victoria de la Alianza Rebelde en ‘La guerra de las galaxias’, y el que los ingleses sean mis enemigos porque tienen Gibraltar y hundieron la Armada Invencible es algo que me da concretamente que igual.

No, amigos: el nacionalismo es un sentimiento que está bien sólo si no se toma en serio. Sirve para cosas como para apoyar a españoles en competiciones deportivas, descojonarte de tu país en Eurovisión, contar chistes de ‘Un alemán, un gallego…’, la creación del Idioma Mundial o alegrarte que la estrella número uno del porno sea Nacho Vidal. Para el cachondeo, vamos.

Sin embargo, hay gente que, como no es freak, tiene dinero y se aburre, se dedica a la causa de pensar que el tipo de al lado es diferente por el mero hecho de ser de otra parte. Y de ello suele deducir que la solución a todos sus problemas es independizarse, pues no hay duda que de que la gente que lo gobierna es distinta a ellos y sólo quiere sojuzgarlos. Ese es el segundo pilar del nacionalismo independentista. Una soberana memez, porque, ¿acaso no saben que quienes realmente gobiernan sus vidas son Billy Puertas, Emilio Botín y quien sea que posea la cadena de Starbucks? ¿De verdad piensan que unos políticos, sólo por haber nacido en un radio cercano de kilómetros van a gobernarles de manera diferente?

Dicho todo esto, el problema que surge es el siguiente: distinguir qué es un acto válido de recuerdo del pasado y manifestación de tradiciones y qué es una imposición política llevada a cabo por una panda de aburridos que utilizan el nacionalismo como excusa para justificar su poder. Ahí entra una teoría desarrollada por el Ciudadano Soberano y un servidor que voy a bautizar ahora mismito como ‘La Teoría de la Vicisitud Andaluza’. Que se enuncia tal que así: “Cualquier acto de afirmación nacional que, trasladado a Andalucía parezca ridículo y de vergüenza ajena, es una memez”.

A continuación enumeraremos los típicos puntos principales de todo nacionalismo independentista con su correspondiente ejemplo andaluz:

1.- Cultura: Si para algo sirve el nacionalismo, es para temas culturales. Imaginemos que la Junta de Andalucía Independientista propone que en todos los institutos se lea ‘La Casa de Bernarda Alba’ por aquello de estar escrita por un andaluz. Resultado: La chavalería es a) más culta y b) se da cuenta de que Andalucía puede ser perfectamente igual que La Mancha en su chunguez. No hay vergüenza ajena aquí. Si acaso un poco de mala leche si luego obligan a leer a Góngora.

2.- Actos Oficiales: Supongamos que viene un dignatario internacional y que hay un acto de recepción. Imaginemos que, en lugar de a un tipo levantando la pata, le plantan delante en plena pista de aterrizaje a una pareja bailando una sevillana de ‘Raya Real’. ¿Acto inhumano de incomparable crueldad o primera muestra de la cultura local? La respuesta está clara.

3.- El territorio histórico: La Junta de Andalucía Independentista podría considerar que la nueva Al-Andalus tiene derecho a anexionarse los territorios históricos posteriores a la unificación de los reinos taifas por Yusuf Ben Tasfin. Y si eso es un poquito demasiado, aceptará en su lugar Murcia, Extremadura, el Algarve, las Islas Chafarinas y cualquier localidad que empiece por “Al”. Menos, claro está, Alcobendas.

4.- El hecho diferencial: Existe un hecho diferencial andaluz. Y es contar chistes. Así que imaginemos lo que todo andaluz de pro debería hacer: entrenar a sus hijos en casa para poder igualar las cimas del humor que son Chiquito de la Calzada y Paco Gandía. En la Andalucía Independiente, los hermanos Calatrava serían modelos de conducta.
5.-. El ADN andaluz: A algunos ceporros les ha dado por reclamar incluso una herencia biológica distinta. Pues Andalucía no puede ser menos. Ya lo estoy viendo: el verdadero andaluz deberá cuidar los rasgos externos propios de su raza, y el Estado velará por la imagen de la nación. Por lo tanto, se establecerán rigurosos controles que medirán el tamaño de las patillas y la cantidad de pelo en el pecho con el que se puede salir a la calle. En el caso de tener problemas capilares, las Seguridad Social pagará injertos para que ningún habitante se sienta desplazado. Así mismo, todo andaluz con piel anormalmente blanca podrá tomar sesiones de rayos UVA, y todo aquel con la piel negra podrá acceder a lo que sea que se hiciera Michael Jackson. Todo inmigrante con deseos de establecerse en Andalucía deberá cumplir sus requisitos de color y pelambrera, así como memorizar la discografía completa de Manolo Escobar y Camarón.


6.- La publicidad en el extranjero: Todavía me estoy riendo de la exposición en el Metropolitan de Nueva York financiada por el gobierno catalán en cuyos paneles se avisaba que Cataluña era la verdadera región civilizada a principios de siglo y que fue la única que se opuso a Franco. Así pues, la Junta de Andalucía Independentista aprenderá del ejemplo de otras regiones. Destinará partidas especiales de su presupuesto a publicitar en otros países el concepto de que se trata de una nación distinta a España. De entrada, llevará una moción a las Naciones Unidas para que se prohíba mostrar mujeres con traje de gitanas y tablaos flamencos en publicidades de otras regiones Ibéricas. A partir de ahí, establecerá una comisión que estudiará formas de separarse del resto de regiones. Su campaña ‘España no es toros y flamenco: eso es sólo Andalucía’ sólo será igualada en repercusión por ‘Los Reyes de Castilla y la Aniquilación de la Cultura de Al Andalus’ y ‘Nosotros Tenemos La Alambra y los Catalanes una Catedral a Medio Construir: Chincha-Rabiña’.

7.- El idioma: El punto fuerte de justificación independentista. El razonamiento es ‘Hablamos distinto, luego somos un país distinto’, el cual lleva a ‘Para ser independientes, tenemos que hablar distinto’. En su desesperada carrera por conseguir más tajada para tener más de donde robar, los políticos independentistas de medio mundo corren desesperados en busca de un idioma. En lugar de utilizar la comunicación para unir, se usa para desunir. Alguno dirá que este punto no podría adaptarse a Andalucía. ¡Pues se equivoca!. Sólo vayan a estas páginas para comprobarlo: http://www.andalucia.cc/andalu/y http://www.geocities.com/Baja/1404/andalu.htm. Atención a este extracto sacado al azar de la segunda de las direcciones:
Er periqo ehte era uno q’abía , i abrá otabía, en un qayehón de Lérida. Ze pazaba er día qorgao en un barqón qe daba a lâ paerê trazerâ de la qatedrà nueba i empezaba a dà la lata ar qlareà er día, antê qe lô gayô. I yo, qomo rezurta q’ehtaba huhtamente ponzima, puê no yegaba a zentì er dehpertaó.”

Sí, amigos: hay quien aboga por un idioma andaluz. Ya imagino a un maestro riñendo a los alumnos por pronunciar las eses finales. A los niños dando clases particulares para poder hablar como en un sainete de los Álvarez Quintero. Y lo que es mejor: a los consiguientes movimientos independentistas de los ceceantes contra los seseantes. ¡Hay que aplastar la imposición idiomática del centralista y opresor gobierno sevillano!

Menos mal que hay gente que todavía sabe cómo es la manera adecuada de tomarse este tipo de cosas:

Quedarían pendientes otras medidas que podría tomar el supuesto Gobierno Andaluz Independiente (Deporte nacional: el salto al paso, Sevilla: ciudad libre de cocido madrileño), pero creo que ya os hacéis una idea suficientemente clara de que casi todo lo nacionalista, visto desde el prisma de la vicisitud, nos invita al cachondeo. La gente se toma demasiado en serio algunos temas que no se lo merecen. Es muy triste ver como hay personas que dedican su vida y sus esfuerzos a estas idioteces en lugar de a algo más provechoso. Como, por ejemplo, a escribir chorradas en blogs y contar chistes malos. Qué se le va a hacer: es mi gen determinante andaluz.

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