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El post épico en tres partes sobre Franco Battiato (III): Gli anni ’90 e ’00

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Mediados de los 90: mi amigo Manolo y un servidor abandonamos una tediosa clase de estortura económica para irnos a ver una peli sobre comunismo y waterpolo. ¿Puede haber algo mejor? La peli en cuestión era “Palombella Rossa” de Nanni Moretti – la he visto 10 veces y recito sus diálogos como Garci lo hace con “Casablanca” – y, en un momento dado, al protagonista, en plena piscina, le da un flashback y rememora un debate televisivo en el que le preguntan qué significa, a día de hoy, ser comunista. La respuesta que da es historia del cine (casi del nivel de “Dillinger é Morto” o “Femme Fatale”). Aquí la tenéis.

Nunca había sido muy fans, en su momento, de “Nómadas” o “Yo quiero verte danzar” (hoy me gustan, pero distan mucho de ser mis favoritas) pero con esa genial versión del “E ti vengo cercare” un nuevo mundo de sensaciones se abrió ante mi y, de la mano amiga de Paco Fox me he hecho talibán de nuestro sórdido siciliano favorito.

Precisamente talibán es la palabra para definir a Battiato en los inicios de la década de los 90, que es la parte que me ha tocado, después de los excelentes análisis de los 80 por lanavajaenelojo y de los 70 por Paco fox. En 1991 se publica “Come un cammello en una grondaia”. De pronto, desaparece el Battiato autor de perlas como “La primera gota blanca qué impresión/ Y qué placer extraño…” y, en su lugar, tenemos un disco serio, trascendental y plenamente orquestal, sin rastros del Casio PT-1 que tanto regocijo nos dio en la década de los 80. Para rematarlo, Battiato se dejó una barba que, a buen seguro, le costó unas dos horas de retraso en cualquier aeropuerto. Ataviado con esa pinta de integrista islámico perpetró un disco que es unánimemente definido como lo más soporífero de su discografía. Fue tan ingenuo incluso de pensar que, con aquellas canciones, podría seguir triunfando en España (sí, lo tradujo). Claro, no coló. Por ese motivo la gente piensa en España que Battiato se acabó con el final de la década. Craso error. Y es que parece fácil poner a parir al “Cammello…”, pero la realidad es que, con su barba y su orquesta, el disco tiene varias obras maestras. La única canción mala de cojones la compone un tal Brahms, con lo cual se demuestra que, en realidad, a nadie le gusta la música clásica. Quienes os digan que sí les gusta en realidad son hologramas. O agentes del CESID. Como la gente de Soria o Teruel. ¿A que no conocéis a nadie de ahí? Lo dicho: todo son tapaderas del CESID.

Quiero destacar “Povera Patria” que, en Italia, es todo un himno. Como montador demagógico y efectista que soy, en una ocasión edité un bello documental llamado “Mafia: la cara sucia de Italia”. Durante unos veinte minutos perpetré una orgía de asesinatos, llantos, funerales, más muertes y recuerdos de los supervivientes que ponían los pelos de punta. Presentaba a alguien, conseguía que te cayese bien y, acto seguido, atentado de la mafia. Por eso, cuando oigo “Povera Patria”, hecha en pleno furor de los asesinatos de Falcone y Borsellino (con esos sublimes bigotones), cuando oigo a Battiato perder toda la ironía y llamar a “los gobernantes: cuántos perfectos inútiles bufones (…) esa gente infame que no conoce el pudor” mientras el público italiano le aclama, cuando le oigo intentar tener esperanza para acabar con un “la primavera, mientras tanto, aún tarda en llegar”… Pues, qué le voy a hacer, lloro todas las veces. Al lado de “Povera Patria”, el sentimiento NO EXISTE en el resto de la música. ¿Queda clarito? Después de ente onvre, un vacío insondable (¿Alguien dice por ahí Dylan, Lennon, Jeff Buckley? ¿Estamos de coña o qué?). Aquí tenéis esa obra maestra. 

Para el siguiente disco, siguió en la misma onda, pero ya se colaban guitarras y épica rock para arreglar el muermazo. Sobre todo en “Atlantide” y “Caffé de la Paix”. Lo que ocurre es que, como genio que es, Battiato logró armonizar su barba de talibán con el hecho de que la protagonista femenina del videoclip de “Caffé de la Paix” fuese su amiga… ¡¡¡Antonia Dell’Atte!!! Y es que hay maestros de la sordidez y luego está il nostro Franco. “¿Pero es que es famosa en España?” preguntaba. Por cierto, esa mujer grabó varias versiones de Battiato en su disco. ¿Alguien lo tiene?


Pero la gente ya se dormía con Battiato. Sus éxitos del Casio de antaño era versioneados finamente con orquesta en conciertos en los que Franco cantaba sentado haciendo gestos místicos con sus manos que lo único que lograban era exhibir impúdicamente la descomunal cantidad de pelorrios que había en sus dedos. Para rematarla, Battiato rompió el embargo económico a Irak dando un concierto benéfico en Bagdad cuyos beneficios irían destinados a los hospitales irakíes. El clamor popular fue unánime: “¡Battiato, aféitate la puta barba YA!”

Tal cosa ocurrió en su siguiente disco. Pero algo más terrorífico esperaba a los desprevenidos fans que le habían seguido siendo fieles: un filósofo siciliano llamado Manlio Sgalambro iba a ser su inseparable compañero de fatigas. Algunos dicen que su novio, lo cual me produce excesiva sordidez. El caso es que ese señor se dio a conocer cantando – si a eso se le puede llamar cantar – “La Mer” al final de un ballet compuesto por Battiato. Sí, un ballet. Los que habéis visto el vídeo de “Centro di gravitá permanente” podéis asombrarsus de cómo ente onvre osa mezclar su triste figura con la danza. Esta es una exhibición de las dotes vocales de Manlio.

Cuando vimos a Battiato en directo en Madrid, Manlio cantó “La vie en rose” en lo que podemos calificar como el momento cómico-taurino de la noche. Y es que sus pantuflas y chaquetilla prietamente abotonada le daban un look de señor de pueblo español bastante importante. Los cachondos del concierto jaleaban para que Manlio volviese a cantar otra coplilla, mientras los sudores fríos corrían por mi frente ante la perspectiva de que cantase “Me gustas tú” como ya hizo la vez anterior en España.

El caso es que su primer disco juntos, “L’Ombrello e la machina da cucire” era más bien un fistro. Y eso pese a versos como “Fornicábamos mientras las flores se abrían/ y todo lo invadía el olor de los peces putrefactos” o “Doscientos cincuenta millones de espermatozoides en un solo orgasmo/ un solo hombre puede poblar la Tierra” o a bellas invitaciones al suicidio. Parecía que Battiato estaba acabado, pero a la vuelta de la esquina nos esperaba su obra maestra.

“Era la puta más gorda que jamás hubiese visto” era el comienzo de una de las canciones más líricas de “L’Imboscata”. Esta OBRA MAESTRA ABSOLUTA logró un triunfo apoteósico en Italia y, desde hace varios años, múltiples encuestas eligen al tema “La cura” como la mejor canción de amor de la historia de la música italiana. Leed su letra y que alguien me diga que el “superaré las corrientes gravitacionales/ el espacio y la luz/ y envejecer no podrás” es igualable. O el “te protegeré de los fracasos que por tu talante fácilmente atraerás”. Paco Fox, talibán de esta copla, le explicaba a un canadiense que estos versos constituían la mejor canción de amor ever. Para demostrarlo, se la tradujo al inglés. Una décima de segundo después de darle al botón “enviar mail” se dio cuenta de que that’s gay

El resto del disco está a la atura de “La cura”, desde el rock de “Strani Giorni” o “Di Passaggio” a la ternura de “Ecco com’é que va il mondo” donde versos del tipo “Hacerlo contigo no debe ser cómodo/ Eres gorda como tres/ Aguien le dijo asquerosa montaña de grasa/ riendo movió la cintura como diciendo sí/ Jesús, claro que sí” eran recitados por un servidor de ustedes a compañeros de trabajo ante su lógico estupor. O qué decir de “A veces nos dormíamos los tres yo, tu madre y tú en la misma cama/ cuanta inocencia, que santa Trinidad/ era un gesto de afecto y de respeto”. ¡Cómprense “L’Imboscata” ya, leñe!

Acto seguido, Battiato se pasó al hard rock con “Gommalacca”, casi igual de magistral. Ante cosas como “Los aborígenes de Australia/ en un rito de fertilidad/ van derramando su esperma” sólo cabe maravillarse. O asustarse, como la clásica presentadora putana de programa de Telecinco. Sus preguntas a Battiato eran épicas: “Shock in my town/ Velvet Underground. ¿No es una rima un poco cutronga?” Franco respondía con calma. “Cara amica, Town… Underground… Hay una “d” de más. No es una rima. Es una asonancia…”. Olé sus huevos. O cuando la presentadora mostraba su turbación ante los versos “Voglio pratticare il sesso sensa sentimento”. “Cara amica, é solo una canzone…”.

Pero en ese disco tan magistral brilla con luz propia la demencial coplilla “Shackleton”. Cuando algo empieza con Manlio recitando “Una catástrofe psicocósmica…” está claro que grandes cosas te aguardan. Intrigados por la épica de la canción, nos pusimos a investigar quién carallo era ese Shackleton. O Chequeltón. El señor fue un explorador antártico que se quedó encallado en el hielo durante año y medio. Dejó a casi todos sus hombres durante un año en un puto islote de mierda donde sólo se jalaban crudos los pingüinos que apedreaban. Y no perdieron la fe en su coraggioso capitano. Al final éste apareció para rescatarlos. ¡Y nadie la palmo! ¡Ni siquiera el secundario gracioso! Huelga decirlo, nos hicimos fans de Chequeltón. Entre otras cosas, porque decidió que era interesante jalarse a los perros para sobrevivir. Y no como aquel gilipollas al que Mecano dedicó su infame “Héroes de la Antártida”. Si eres inglés y respetas a los animales en vez de comértelos para sobrevivir, entonces es que eres un cretino que merece la muerte. Y una canción de Mecano en horas bajas. Si te jalas a los perros, es que eres un pisha y Battiato será tu recompensa. El caso es que nuestra militancia en Chequeltón nos hizo ver TODOS los documentales sobre su persona, su peli para el Imax, la miniserie protagonizada por Kenneth Bragas y, en el lamentable caso de Paco Fox, la peli muda que recogía todo el material que rodaron durante su expedición. Por supuesto, cuando vimos la miniserie, en el épico momento en que Chequeltón rescata a sus hombres, lanavajaenelojo corrió a poner el “Shackleton” de Battiato a toda pastilla. Mondo freak.

Ah, y una pollez. Estábamos lanavajaenelojo y un servidor comprando un libro de poesías de Battiato en Roma y, charlando, dijimos. “Pues a la vuelta hay que quedar con Paco Fox para ver este concierto de Battiato y la peli de Shackleton”. El dependiente nos oyó y dejó escapar un “Ah, Shackleton…” para luego confesarnos que él era un gran fans de Battiato pero que, en su opinión “30 anni fai, lui era veramente orrendo”. Frase que nuestros lectores del blog reconocerán rápidamente.

Después de dos obras maestras seguidas, Battiato se tomó un descanso con el correctillo sin más “Ferro Battuto” donde lo más destacable es que nuestro amado (por sórdido) Jim Kerr de Simple Minds hizo un dueto con Battiato en la coplilla “Running Against the Grain”. Match made in heaven, I have tosay. Y todo porque Jim era tan depravado que le había molado “Shock in my town”. Aquí tenéis el videoclip con los peores cromas en mucho tiempo. (Por cierto, en el reverso tenebroso de “Ferro Battuto” está que, en su versión española, la canción “Lejanías azules” consistió en un infame dueto con… ¡Mercedes Sosa!)

Además del “Ferro Battuto”, Franco se marcó una par de discos de versiones recogiendo lo más chungo de la música italiana, desde la pachanga playera (algunas de las cuales se pueden oír en la peli “Manuale D’Amore”) hasta el rok progresivo italiano. Sí, amigos, los malos hábitos setenteros son difíciles de olvidar. Y más en el siguiente y magistral disco de Battiato, “Dieci Stratagemmi”.

Ese disco recupera lo mejor del Battiato heavy y progresivo y, además, nos ofrece su mejor canción en el siglo XXI, “I’m that” donde hace un dueto con… ¡¡¡¡Cristina Scabbia!!! Aquí podéis ver el vídeo y esta es la épica canción donde Battiato demuestra que, 20 años después de “I want to see you as a dancer”, el inglés sigue sin ser lo suyo.


Pero el poder del metal… Ay, ese poder del metal… Y luego dice al principio del disco que se debate entre el sexo y la castidad. Por lo demás, “Dieci Stratagemmi” es glorioso en todos los aspectos: tiene sus rimas más cutrongas (“É vero que sull mar nero…”), crítica desaforada a Bush (“Eyacula precozmente el imperio”), canciones cantadas por Manlio (que luego presentan en el programa de Adriano Celentano, todo muy fuete), japonesadas y temas progresivos que no desentonarían en el “Pollution” (“To be a kangaroo/ To be a spider”). Y todo esto en 34 minutos. Con dos cojones. Porque Franco no cree en el formato cd, y si en los 80 le fue tan bien perpetrando sordideces en media hora ¿Por qué leches va a torturar a la gente durante 78 minutos?

Con esa filosofía ha elaborado su último disco, “Il Vouto”, recién salido del horno. A bote pronto, es más bien normalito. Nada que no hubiese hecho antes mejor. Pero, ojo, no está nada mal. Seguro que dentro de un año vocifero que es su obra maestra incomprendida. Por lo menos, el videoclip lo protagonizan un grupo de guarrillas punk italianas que Battiato acaba de descubrir. En el vídeo, Franco hace de su manager y Manlio – eze onvre – es el dueño del teatro donde actúan. Disfruten del audiovisual italiano. Los vídeos de Battiato, como han podido ver, demuestran por qué Italia es el país de Lucio Fulci o Bruno Mattei. Con “Il Vouto” nos despedimos de momento. Pero con una convicción definitiva: que sepan que por encima de Battiato no hay nadie. O que, como dijo Alfonso Guerra, “Ar que no le guzte Franco Battiato ez un capuyo”. O algo así.

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